Skip to content

«Barcelona o muerte»: mujeres y hombres en busca de un futuro desde Senegal

Desde septiembre de 2020, la cantidad de pateras de migrantes provenientes de Senegal que han llegado a las islas Canarias ha llamado la atención de los políticos y ha conmovido a la opinión pública, conocedora de los repetidos naufragios y la consiguiente pérdida de vidas humanas en las costas de Dakar.

Según el Ministerio del Interior español, más de 16 700 migrantes han llegado a Canarias en 2020. Se estima que al menos 414 personas han muerto durante este año al intentar llegar el archipiélago español.

Los emigrantes del África subsahariana han vuelto a tomar la ruta atlántica debido a los recientes acuerdos a los que han llegado Europa, por una parte, y Libia, Turquía y Marruecos por la otra, cuyo propósito es cerrar las rutas migratorias del Mediterráneo.

Hay un deseo general de entender las razones de estos aspirantes al «Barça wala Barsakh» (O Barcelona o la muerte), que provienen de horizontes geográficos y sociales muy variados. Las islas Canarias constituyen un trampolín hacia la España continental. De este modo, después de 40 días en uno de los campamentos montados en el archipiélago y sin una decisión judicial que obligue a su extradición del territorio, está previsto trasladar a estos migrantes a la España peninsular y liberarlos.

Este artículo, cuyo origen es el estudio «Inmovilidad social vs. movilidad social: Las causas profundas de la migración internacional», pretende descifrar las ideas preconcebidas acerca de las causas de la migración y mostrar el punto de vista subjetivo de los factores de la migración con el fin de dar cuenta de en qué condiciones se toma la decisión de migrar.

Ideas concebidas que conviene desmentir

Los últimos estudios científicos invitan a reflexionar sobre el vínculo entre migración y desarrollo, y nos recuerdan que quienes migran no son los más pobres. De aquí se derivan tres ideas relacionadas:

En primer lugar, la miseria por sí sola no vale, ya que las personas no se marchan de su país solo por una cuestión económica.

En segundo lugar, se ha demostrado que la migración tiende a aumentar el desarrollo del país de origen, sobre todo a través de las remesas, la transferencia de fondos y la creación de empleo por parte de los migrantes que invierten en su país de origen.

En tercer y último lugar, numerosas investigaciones destacan que el desarrollo aumenta la movilidad en lugar de frenarla: migrar requiere medios económicos de los que no dispone la población más desfavorecida.

De ahí nuestra voluntad de dejar atrás el enfoque de la migración por factores externos y pensar en las motivaciones «interiores», de entender el punto de vista de los aspirantes a marcharse y de aquellos que han vivido la migración.

No podemos negar que la esperanza por alcanzar una vida mejor tiene efectos en los desplazamientos de individuos o de colectivos, las concepciones economicistas y deterministas de las migraciones resultan aún incompletas e insuficientes para la plena compresión de las causas de la migración senegalesa actual. Con el fin de defender la necesidad de adoptar otro punto de vista y de formular nuevas cuestiones, este artículo invita a dejar atrás estos enfoques que destacan los factores económicos, así como aquellos que priorizan el «paradigma aventurero».

Las entrevistas, realizadas en Senegal en 2019 a artesanos, pescadores, graduados universitarios desempleados, jóvenes con fracaso escolar, mujeres y hombres del mundo rural o urbano, aportan testimonios de las causas de la migración reciente de Senegal hacia Europa pasando por Canarias.

Migrar, una exigencia social

La crisis de los sistemas educativo y político ha conducido a la devaluación de los diplomas educativos y al desmantelamiento del mercado laboral. Estas circunstancias acentúan las desigualdades sociales y económicas y restan ambición a los jóvenes que quieren convertirse en actores del desarrollo. Esta pérdida de confianza en la eficacia de la administración pública y en la ética política se refleja tanto en el medio rural como en el urbano. Un adolescente de la cuenca del maní explica las deficiencias del sistema y las injusticias sufridas:

No nos debe sorprender que los jóvenes se marchen arriesgando su vida o tienten la suerte en los cayucos. Saben perfectamente que pueden morir, pero no pueden concebir seguir en esta miseria con sus estudios. Aquí, si no tienes medios económicos, eres insignificante, nadie te tiene en cuenta, y es por lo que la gente se va.

Estos planteamientos expresan la demanda de justicia social, en particular una demanda de igualdad de oportunidades en el ámbito laboral y educativo.

El ascenso social, en punto muerto

Esta demanda de igualdad de oportunidades en el ámbito laboral y educativo fue manifestada por aspirantes a la emigración, mujeres y hombres de entre 25 y 39 años, dotados de diversas cualificaciones profesionales.

Todos están convencidos de la calidad de sus competencias, así como de las oportunidades y del potencial de sus profesiones. Sin embargo, lamentan la falta de reconocimiento de sus destrezas y del esfuerzo realizado, y las dificultades que encuentran para mejorar su cualificación e incrementar sus ingresos. Un joven patrón de pesca de Mbour explica lo siguiente:

Si nosotros, los pescadores, tuviéramos un poco más de apoyo en nuestro trabajo, no necesitaríamos marcharnos a Europa, porque hoy en día, con nuestro trabajo, podemos ganar más dinero que los que están en Europa. Es una de las profesiones más rentables, pero no tenemos ni los medios suficientes ni los apoyos.

En general, los artesanos y los pescadores señalan la infrautilización del capital humano, que relacionan con la dificultad de ahorrar (debido a las cargas domésticas, a las condiciones de los préstamos no adecuadas a su situación y su contexto social, sobre todo cuando se trata de hipotecas o préstamos para un coche); a las dificultades para obtener ayudas públicas; y a «la competencia desleal, vinculada a los derechos de pesca y a los contratos de construcción, atribuidos a empresas extranjeras sin que estén obligadas a contratar mano de obra local».

Por todas estas razones, la migración se ve como una forma de adquirir una experiencia profesional reconocida y capacidad de ahorro gracias al acceso a ingresos más elevados (por el mismo trabajo), además de que implica cierto distanciamiento de las obligaciones familiares cotidianas.

«Lo que empuja a la gente a meterse en esta aventura», explica un aspirante a la migración encontrado durante la investigación, «es que es más fácil ahorrar en el extranjero que aquí».

«El que está fuera consigue ahorrar, por eso está bien visto; la familia no se da cuenta de que el que se queda no puede ahorrar por culpa de la familia», confirma otro.

Devaluación de los títulos académicos

Paralelamente, lo que afirman las personas tituladas, desde el bachillerato hasta la enseñanza superior (máster/ingeniero), no es ambiguo. Denuncian la devaluación de sus títulos, lo que conlleva su depreciación en el mercado laboral. Se trata de mujeres y hombres de entre 25 y 35 años, la mayoría solteros por falta de recursos para casarse.

Para estos jóvenes solo hay una pregunta: «los jóvenes nunca han estado tan cualificados; sin embargo, ¿se insertan mejor en el mundo laboral?». Esta pregunta, en el centro del debate, nos conduce a otras: ¿hasta qué punto la «masificación escolar» ha dado sus frutos en términos de movilidad social? Y a medida que se han ido extendiendo, ¿han perdido valor los títulos académicos, frente a la oferta de empleos cualificados que no crecen al mismo ritmo?

Estas preguntas que se plantean los jóvenes titulados expresan una doble aspiración: que se establezca equilibrio entre los títulos (conocimientos y habilidades) y los sueldos, y que, más allá de la esfera profesional, el título confiera estatus social.

Ahora bien, están convencidos de que hoy en día «el título ya no constituye un pasaporte fiable de acceso a un trabajo» y que «ya no es un indicador que priorice el mérito».

Se lo atribuyen a las empresas, que valoran el ahorro salarial por encima de los títulos, lo que provoca una baja cualificación del personal que hace que los criterios de contratación sean ambiguos y ampliamente impregnados de una lógica de nepotismo. A lo que se añade el «complejo de las empresas» que debilita el «valor de intercambio» de los títulos públicos nacionales en el mercado laboral. Aunque el título sea el mismo, las perspectivas de contratación difieren dependiendo de si hemos realizado (o no), aunque sea parcialmente, estudios universitarios en el extranjero, o si hemos adquirido (o no) experiencia profesional allí (Europa, Canadá, Estados Unidos, prioritariamente).

Un joven graduado en ingeniería mecánica da su testimonio:

He presentado mi CV a dos grandes empresas, una en Dakar y otra en St. Louis. Los respectivos directores de recursos humanos me han hecho la misma pregunta: ¿Conoces a alguien que trabaje aquí? A lo que respondí que no. Y ambos me dieron el mismo consejo: recoge tu CV, no pierdas tu tiempo y no me hagas perder el mío.

Por tanto, la emigración se concibe como una «estrategia compensatoria», aunque conlleve, en el país de destino, una degradación en el mercado laboral mayor que la experimentada en Senegal, y un recurso a las vías ilegales.

Sea como fuere, los criterios económicos y políticos por si solos ya no son suficientes para comprender la decisión de migrar y la elección de hacer la arriesgada «ruta de las Canarias».


Artículo traducido por Casa África. Traducción: Raúl González.


The Conversation

Nelly Robin no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Nelly Robin, Chercheure en géographie, Institut de recherche pour le développement (IRD)