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Activistas protestan por construcción de represa en el noroeste de Georgia

“¿De qué sirven los trabajos si nuestras casas se inundan?”.

Manifestante en Zhoneti con bandera en lengua georgiano que dice “estamos defendiendo nuestra patria”. Foto (c): Shota Kincha / OC Media. Usada con autorización.

Este artículo apareció originalmente en OC Media. Se reproduce con autorización, editado de acuerdo con el estilo de la casa GV.

Un proyecto hidroeléctrico previsto de 800 millones de dólares en los municipios de Tskaltubo y Tsageri, el mayor de Georgia, ha encontrado resistencia de los habitantes del valle del río Rioni.

El 22 de noviembre, los opositores del proyecto de cascada de la central hidroeléctrica de Namakhvani HPP se reunieron frente a las oficinas de Enka Renewables en Zhoneti, aldea situada a 20 kilómetros al norte de Kutaisi, capital de la provincia occidental de Imereti. Exigieron que la empresa abandonara sus planes de construcción de la presa.

“Llevamos tres años protestando, pero ahora hemos pasado a una fase más activa y acampamos aquí desde hace 29 días”, dijo a OC Media Varlam Goletiani, activista local de 27 años, antes de rezar el Padre Nuestro junto con otros manifestantes y marchar hacia la oficina de la empresa en Zhoneti.

Durante la manifestación, los manifestantes afirmaron que la Policía impidió que algunos simpaitzantes se les unieran.

Los activistas también han criticado al Ministerio de Protección Ambiental por precipitarse en los debates públicos sobre el proyecto.

“Hace dos años, a quienes teníamos preguntas sobre el proyecto se nos prohibió entrar en los lugares de discusión, estas fueron las infracciones desenfrenadas”, dijo Varlam Goletiani a OC Media.

El 22 de noviembre, el defensor del pueblo georgiano, Nino Lomjaria, se unió a las críticas y recordó a las autoridades que la participación en el proceso de toma de decisiones sobre los proyectos con impacto ambiental estaba consagrada en la Constitución.

El proyecto de la Central Hidroeléctrica de Namakhvani incluiría dos presas con una capacidad combinada prevista de 433 MW. El Gobierno dice que producirá 1514 GWh de electricidad por año, más del 12 % del consumo de electricidad del país.

Tres mil familias desplazadas

Zhoneti, reciente epicentro de protestas, se vería afectada principalmente por la presa y central eléctrica de 333 MW de la parte baja de Namakhvani, que incluiría un túnel de 4,4 kilómetros que engulliría el río Rioni.

Un informe sobre el impacto ambiental de 2019 de la agencia Gamma Consulting, con sede en Tiflis, grupo criticado por algunos defensores de la política verde por haber aprobado proyectos energéticos infructuosos en el pasado, confirmó que el proyecto sumergiría tres aldeas, y las tierras usadas por las personas de otras dos aldeas en el municipio de Tskaltubo.

Además, la planta del Bajo Namakhvani aislaría dos aldeas más, lo que provocaría el reasentamiento de un total de 297 hogares en el municipio de Tskaltubo.

“El Gobierno no se siente responsable de decirle a su propia población por qué van a construir esta planta hidroeléctrica, por qué la gente tiene que dejar sus hogares y convertirse en migrantes en su propio país”, dijo a OC Media Giorgi Ptskialadze, secretario general del grupo Mtsvaneebi (Verdes), que estuvo presente en la manifestación.

Dijo que el hecho de que el Gobierno prefiera centrales hidroeléctricas en vez de energía eólica o solar “planteó muchas preguntas”.

Los opositores también han advertido sobre el impacto en los medios de vida de habitantes a lo largo del valle del río Rioni, incluido el daño al turismo de la región, la biodiversidad, el patrimonio cultural, y una amenaza para toda la región.

Expertos y habitantes de Tvishi, aldea del municipio de Tsageri en la histórica región de Lechkhumi, han expresado su preocupación por los efectos del proyecto en la producción de vino. Dicen que las zonas de microclima local para los viñedos que cultivan las variedades de uva locales Tsolikauri y Usakhelauri podrían verse directamente afectadas.

Green Alternative, grupo de vigilancia crítico con los proyectos hidroeléctricos en Georgia, advirtió en 2019 que seguir adelante con el proyecto en una zona de riesgo sísmico “pondría en peligro la vida humana y los derechos de propiedad”.

El Instituto de Ciencias de la Tierra, con sede en la Universidad Estatal de Ilia, dijo en 2019 que si un terremoto dañara la presa de 105 metros cercana a Zhoneti, podría desencadenar una ola de 34 metros que golpeara la ciudad de Kutaisi en 19 minutos, y que el flujo también podría inundar 18 municipios del oeste de Georgia.

“Básicamente, Kutaisi y todo Kolkheti [tierras bajas] van a quedar sumergidos… ¡Estamos hablando de una ola de 35 metros de altura!”, dijo a OC Media Tinatin Mardaleishvili, ingeniero de procesos de 56 años.

Enka Renewables, la empresa responsable de la construcción de la Cascada, afirmó que actualmente se encuentra en la fase de “trabajo preparatorio” en Zhoneti.

La empresa no respondió a la pregunta de OC Media sobre qué querían decir con “trabajo preparatorio” o si planeaban reunirse con los habitnates del lugar que no estaban satisfechos con el proyecto.

Activistas paralizan construcción de represa

El 14 de noviembre, una semana antes de la última manifestación, la Policía disolvió una protesta de Salvar el Valle de Rioni, movimiento de base local, después de que los vecinos de Zhoneti y pueblos cercanos bloquearon la autopista que conectaba Kutaisi con el norte. Exigieron a la compañía que desocupara la zona y retirara su equipo de construcción.

Los manifestantes, que incluían mujeres, niños y ancianos, se encadenaron entre sí y bloquearon la carretera. Varios dijeron que habían resultado heridos como resultado de la respuesta policial.

La Policía también enfrentó a activistas el 29 de octubre, pero no logró impedir que levantaran una gran cruz en el lugar donde la empresa intentaba iniciar la construcción.

La dura respuesta de la Policía el 14 de noviembre, y el examen general del proyecto por parte del Gobierno, recibió críticas de varios grupos de derechos georgianos, como EMC y GYLA.

En una declaración conjunta del 19 de noviembre, un grupo de académicos georgianos también condenó lo que llamaron el “lenguaje de la fuerza” utilizado por el Gobierno contra las protestas. Instaron a las autoridades a “abandonar la presión en favor del inversionista” y a reconsiderar la política energética del país.

Preocupaciones ‘exageradas’

El 19 de noviembre, la ministra de Economía y Desarrollo Sostenible de Georgia, Natia Turnava, calificó de “exagerada” la preocupación por el proyecto de Namakhvani.

En diálogo con OC Media el 22 de noviembre, el organizador de la protesta, Varlam Goletiani, dijo que se habían “acostumbrado a declaraciones como esta”.

“¿Qué significa eso? Teníamos preguntas específicas, ahora hay una demanda en su contra… Dices algo específico y ellos dicen ‘el proyecto es importante’”.

El ministerio también ha dicho que la construcción del proyecto daría empleo a 1600 georgianos.

En respuesta a esto, Ramaz Tskhakaia, veterano de guerra de la ciudad de Martvili que se unió a la protesta del 22 de noviembre dijo a OC Media que los trabajos no servían de nada si perdían sus casas. “¡¿De qué sirven los trabajos si estamos inundados?!”.

Una de las apelaciones contra el proyecto aún pendiente la presentó en abril Alternativa Verde ante al Tribunal de la Ciudad de Tiflis.

El grupo impugnó una decisión del 28 de febrero del Ministerio de Protección Ambiental de Georgia para dar laprobar los cambios en el proyecto para ampliar la capacidad de la presa de Namakhvani-Zhoneti. Green Alternative argumentó que era necesario realizar una nueva evaluación del impacto ambiental y social para los cambios.

Ni el Ministerio ni Enka Renewables respondieron a una solicitud de comentarios.

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Publicado originalmente en: Global Voices (Creative Commons)
Por: Gabriela Garcia Calderon Orbe el día 4 December, 2020

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