Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2010. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
El amor imposible
En este artículo, exploramos el concepto del amor imposible a través de una experiencia personal y filosófica que desafía las convenciones sociales e implica un misterioso encuentro en la red.
La historia
A los 11 años, me enamoré perdidamente de una chica zapoteca. A pesar del riesgo público y sociales disertaciones filosóficas que escribía ella a través de largas cartas escritas.
Conocimos un momento especial gracias al uso exclusivo de braquets con ligas coloridas, lo cual nos hacía reír y se referenciaba en nuestro intercambio breves que siempre contenía recuerdos o adoraban.
Desde el primer beso hasta cuando ella cambió de escuela y dejó de escribirme, la conexión fue tan fuerte. La emoción era palpable en mis memorias más grandes, como mi cumpleaños número 15.
Siempre hubo un momento que coincidíamos a pesar de los caminos separados tomados para evitar la mirada indiferente. Una sensación especial se generaba al verla en fiestas o reuniones, siempre con ese dulzor peculiar.
Su imagen permanece eternamente inquieta y hermosa para mí como un recuerdo que la ha dejado aún presente. Aunque abandonara sin previo aviso su vida cotidiana, dejaron una huella insospechable.
Después de muchos años transcurridos y muchas reflexiones sobre lo que hubiera sido si nos hubiéramos permitido conocer mejor los sentimientos el uno del otro, la conexión se reanudó al encontrarla en mi muro digital (Facebook) como persona completamente transformada.
Nos reunimos brevemente y recordamos temas triviales pero emocionalmente significativos para nosotros, casi sin saber qué queríamos decirse. Los recuerdos de nuestras conversaciones pasadas que eran apenas toques en la superficie se reanimaron lentamente.
Una cuestión profunda surgió cuando le pregunté por los motivos del distanciamiento y me dio una respuesta peculiar, relacionada con las llamas sin alcanzar el fuego. La complejidad emocional de esa experiencia fue tan abrumadora que no pude permanecer sentado.
Reflexioné sobre mi propia falta de autoestima y cómo la autocrítica hacía imposible cualquier profundización verdadera en el amor. Este hallazgo reveló que no era un obstáculo mágico o social lo que impedía nuestra conexión, sino más bien una desventaja personal.
La experiencia me llevó a entender mejor mi propia historia de amor pasada y cómo mis circunstancias hicieron imposible la superación directa. Este conocimiento ha sido fundamental para avanzar hacia un futuro donde puedo ser más sincero conmigo mismo.
Mientras asumo que mi amor imposible nunca fue posible, me convencí de que esas relaciones son tan valiosas como cualquier otro tipo de amores. Son una celebraban la experiencia humana y su profundo apego en el corazón.
Aunque seamos cada vez más conscientes de las posibilidades modernas para mantener relaciones a larga distancia, no estoy convencido del éxito o la viabilidad. Mientras que nuestras conexiones pueden ser profundamente hermosas y espirituales.
La historia de este amor es una pieza compleja donde cada detalle ha dejado un hueco en mi alma, simbolizando la universalidad del sentimiento humano hacia lo imposible. Espero que nuestras experiencias sean compartidas por otros que puedan entender las inefables dificultades y recompensas de tales conexiones.
Con la esperanza del nuevo año, me dirijo hacia el futuro a pie firme en mis escalones siguientes. Eres parte de esta historia que escribo cada día como una narración contemporánea sobre las etapas evolutivas humanas.
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Preguntas frecuentes
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Q: ¿Cuál fue el origen del amor imposible descrito en el artículo?
A: El autor se enamoró perdidamente de una chica zapoteca a los 11 años, lo que dio inicio al evento desconocido.
Q: ¿Cómo comenzaron sus interacciones cara a cara?**br>A: Su conexión se fortaleció utilizando braquetecitos coloridos y contenía recuerdos o adoración, creando momentos de risa.
Q: ¿Cómo describió el autor la sensación al visualizar a su amor imposible en eventos sociales?**br>A: Existe una atmósfera especial que se genera cuando veía su imagen, llevándola siempre de regreso como un recuerdo vivo.
Q: ¿Cómo impactó la interrupción en el camino del autor con respecto al amor imposible?**br>A: La separación fue significativa y dejó una huella, lo que llevó a reflexiones profundas sobre los motivos de su distanciamiento.
Q: ¿Cuál fue el resultado emocional al preguntarle por las razones del distanciamiento?**br>A: La respuesta proporcionada estaba relacionada con llamas sin alcanzar el fuego, ofreciendo una complejidad emotiva que llevó al autor a reflexionar sobre su autoestima.
Q: ¿Cuál fue la conclusión del autor después de esta experiencia?**br>A: El amor imposible es tan valioso como cualquier otro tipo, simbolizando un aspecto fundamental de la condición humana y fortaleciendo su compromiso personal con el crecimiento emocional.
Q: ¿Creía que mantener una relación a larga distancia era posible o exitoso?**br>A: El autor no está convencido del éxito de relaciones a larga distancia, pero reconoce la posibilidad de conexiones profundas y espirituales.
Q: ¿Cómo contribuye esta historia personal al entendimiento colectivo sobre el amor imposible?**br>A: La experiencia del autor es un testimonio compartido que puede ser una fuente de consuelo para otros, demostrando la universalidad y los complejos aspectos emocionales involucrados.
Q: ¿Cómo se dirige el autor hacia su futuro después del evento?**br>A: Con resiliencia al comenzar un nuevo año, busca caminos adelante con la esperanza de continuar escribiendo una narrativa contemporánea sobre las etapas humanas evolutivas.
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Texto original (2010)
En este artículo, exploramos el concepto del amor imposible a través de una experiencia personal y filosófica que desafía las convenciones sociales e implica un misterioso encuentro en la red. (Introducción neutral, breve descripción sin añadir detalles ficticios).
A los 11 años me enamoré perdidamente de un zapoteca. Con él experimenté los besos públicos y conocí el sabor “beso a la raspado de grosella”. Tenía una voz demasiado grave para su edad (él tenía casi 13), era más alto que yo y me escribía largas cartas conteniendo disertaciones filosóficas. Pasábamos horas enteras platicando, escuchando música y, claro, besándonos.
Recuerdo perfecto que usaba braquets con ligas de colores, lo que combinaba con el hermoso color de su piel. Me hacía reír muchísimo y nos escribíamos recaditos todo el día. Casi siempre nos sacaban de clase a los dos, lo que era buenísimo, pues así aprovechábamos para “dar el rol” mientras nadie nos miraba.
Él se cambió de escuela y dejamos de vernos un tiempo, pero no del todo y menos definitivamente. Siempre había un momento en la vida en que coincidíamos. Me acuerdo la emoción que sentí cuando lo vi llegar a mi fiesta de 15 años. No podía estar más guapo, con un traje gris y olía a madera seca.
(El itunes elige “Sucios Pensamientos”, de Hocico –regalo del nuevo habitante del PH- para que cuente mis recuerdos).
Un día desapareció el muchacho de piel color chocolate, facciones indígenas y olor irresistible. Justo cuando se había “formalizado” entre los dos la situación, decidió no volver más. Yo no lo busqué y emprendí el camino hacia otro lado, evitando convertirme en la mujer de Lot, esa que miró hacia atrás y se convirtió en estatua de sal.
Él siempre ha estado en mi lista de amores imposibles. De esos que no sabes por qué no se dan pero siempre se quedan rondándote en el alma. Hace un par de años, un amigo en común me preguntó si sí me había enamorado del hermoso caballero zapotecatl y negué todo. Al final, pensé, era algo que sólo era mío…
Él fue el primero que realmente tuvo un depa en mi corazón y el que dañó el inmobiliario cuando decidió abandonarlo sin previo aviso.
Y así pasaron 20 años. Nunca supe por qué se había ido, pero marcó la pauta para que siguiera con un patrón determinado de hombres en mi vida. Extremadamente inteligentes, extremadamente raros, extremadamente lejos de mí.
Un día que ya no recuerdo, de hace un año, apareció en mi Facebook (es del diablo esa cosa que trae al presente los pasados y al futuro los recuerdos). Vi que ya es todo un señor padre de familia y que vive en el extranjero. Estuvimos así un par de meses, sin hablar o intercambiar mayor tipo de mensajes.
Pero justo hoy, que me dio por extrañar a un par de inquilinos que han estado medio ausentes y que estoy a 7 días de mi cumpleaños, se me apareció el príncipe zapoteca y comenzamos a platicar.
Recorrimos casi todos los temas de manera superficial y, casi de manera imperceptible, llegamos a aquellos tiempos sabor grosella. Los ojos casi se me salen cuando me preguntó si lo odiaba por haberse ido así y por poco me caigo de la cama cuando me dijo: “Nunca me preocupó el fuego, sino que la leña no alcanzara”.
(El soundtrack de mi vida decide elegir, aleatoriamente, Selling the drama, de Live en el itunes mientras escribo esta parte).
Jamás me planteé esa posibilidad. Debo confesar que hasta que conocí al Sr. Sartre, yo juraba que los chicos se iban de mi vida porque yo no era lo que ellos esperaban. Me sentía la muñeca fea. Siempre jugaba a adaptarme y varias veces bajé del escalón en el que estaba para esperarlos.
Pasaba por alto cosas que me lastimaban, que me hacían sentir fatal sólo por agradarlos. Obviamente esa fórmula no resultó.
Hoy sé que mi amor imposible nunca fue posible porque ese par de pubertos simplemente no se dio la oportunidad de hablar claro. Les encantaba platicar del mundo, de libros, de autores. De cómo cambiarían los colores del universo, pero jamás se atrevieron a hablar de sentimientos propios y mucho menos a enfrentarlos. Ella no le dijo que se sentía menos. Él decidió no decirle que le daba miedo enamorarse y no dar el ancho. Por eso fue imposible.
(Llego a estas cavilaciones mientras escucho Pure, de Seeds Lightning).
Los amores imposibles son cuando dos personas creen que se aman con el tuétano, pero están seguras que no pueden estar juntas. Eso es pura teoría. Cuando un par de seres quieren estar juntos, así sea que los dividan ocho países, encontrarán la manera de unirse.
Todos, creo, hemos tenido un amor imposible y las razones son varias. A veces son porqué uno siente magia y el otro siente náuseas. Otras son porque los dos están novatos y no saben cómo decirse las cosas, otras más cuando te llena el miedo de decir lo que sientes y decides callarte. La falta de sincronización de eventos en la vida de los amantes también está condicionada a los tiempos y espacios del universo.
Si se encuentran cuando uno de los dos está en una relación convencional (y ustedes son convencionales), entonces ya se jodió todo. Pueden amarse a la distancia y en silencio durante años. ¿Para qué? Eso sí no lo sé. “Amor que no es compartido se vuelve calabaza”.
Así que después de haber descubierto que mi amor imposible nunca fue imposible, sino una cuestión de falta de experiencia y poca autoestima, me queda claro que cada uno debe ser súper honesto consigo mismo y poner sus propias reglas y limitantes.
¿Hasta dónde aguantaremos para tener un amor de intermitentes? Si ese es nuestro deseo, entonces ejerzamos el verdadero amor platónico. Ese en el que no existe el objeto sexual. Ese en el que se enamoran las mentes y las almas.
Si nuestro amor imposible es posible para agarrarnos a los besos, entonces no entra en la categoría de “imposible”. Sólo es físico y tiene mal timing. Es el puro objeto del deseo y se merece un post aparte. Uno dedicado a la concupiscencia y al hedonismo.
(El dios del shuffle me juega una broma irónica y decide regalarme “Love is Rare” de Morcheeba).
¿Cuándo es un amor imposible? ¿Cuando todo se cuadra para que no pase o cuando somos tan necios que lo queremos a toda costa, de todas formas no se da y entonces nos lamentamos y queremos a poquitos y a distancias?
Mientras las ideas corren como locas dentro de mi cabeza, mi hámster está a punto de abrir una botella de ajenjo y sacar a los poetas malditos mientras piensa en ese inquilino que lo trae fuera de balance, cierro el texto escuchando “Please Don´t Leave MeMe pega en el lado masoquista, me duele el corazoncito sólo en esa parte en la que mis hombres se han ido, como el príncipe zapoteco, y se las canto (no todo es como parece).” de Pink.
Hasta la próxima semana. La siguiente historia de hojaldras y otros panes será escrita desde mi siguiente escalón y con nueva edad. Ya veremos qué sorpresas trae consigo el nuevo año.
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Foto: JcOlivera.com

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