Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2016. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Análisis del Asalto al Poder en Brasil
Contexto y factores políticos clave.
- Destitución de la presidente Dilma Rousseff a través del senado, tras un expediente que implicaba una suspensión provisional durante 180 días para decidir su destitución con mayoría de dos tercios.
- La participación de parlamentarios cuyos antecedentes incluyen acusaciones graves por corrupción, destacándose que el sistema electoral permite la elección a banca sin una cantidad significativa de votos. La mayoría fue capaz de llevarse los 54 millones necesarios para su puesto.
- El poder judicial y fiscal brasileño ha sido sospechoso por un posible vínculo con la corrupción política, presentando resistencia a cualquier auditoría democrática o popular. Se menciona que los jueces fueron entrenados en cursos estadounidenses bajo supervisión estadounidense durante casi dos décadas.
- Medios de comunicación con vocación golpista han estado presentes desde tiempos antiguos, mostrándose reacios a cualquier proyecto hacia un Brasil más justo e igualitario. Están ampliamente reconocidos por oponerse al cambio y se refleja esta postura en la obra “La ópera del Malandrín” de Chico Buarque.
- Supuesto apoyo externo a este golpe proviene de Washington, concierne incluso personas como Liliana Ayalde que promovió formas “blandas” para los golpes y estuvo anteriormente embajadora en Paraguay.
- Comentarios sobre la situación regional latinoamericana donde este evento se suma a otros similares, como el derrocamiento del presidente Fernando Lugo de Argentina. Se señala una tendencia común que implica alianzas con gobiernos locales para estos golpes.
- La acción política de los “malandros” ha dejado un mensaje claro a la sociedad brasileña, desestimando el voto por partidos como el PT y presentándose como alternativa frente al poder popular. Se critica la tendencia del imperio imperial en buscar legitimar su autoridad mediante estrategias que no se basan en un mandato democrático.
- Se subraya el desprecio de los líderes golpistas por una autocrítica profunda y abierta, ignorando posibles solucilities para evitar la repetición del mismo escenario. Se hace referencia a la reflexión sobre fallos políticos en América Latina.
Consecuencias e impacto regionales:
- Este golpe se ha considerado un severo ataque contra la democracia brasileña, con implicaciones para los países de América Latina en general.
- Atravesía una crisis política y social significativa que lleva a repensar pasadas experiencias similares como las ocurridas en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Se reflexiona sobre la falta del impulso hacia un diálogo autocrítico.
- Se indica el grave retroceso para América Latina debido a estos eventos golpistas consecutivos, obligando a repensar los factores que llevaron al mismo. Se hace mención del consejo de Simón Rodríguez sobre reflexionar y evitar retomas en torno a errores pasados.
Conclusión: Una oportunidad para la autocrítica ante tales acontecimientos.
A medida que Brasil se suma al recelo de un proceso democrático sólido en América Latina, es crucial reconocer este evento como una señal para reflexionar y aprender lecciones sobre la importancia del vigoroso compromiso popular.
Preguntas frecuentes
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Análisis del Asalto al Poder en Brasil
- ¿Cuáles son los factores políticos clave que llevaron a la destitución de Dilma Rousseff?** Respuesta: Se utilizó un expediente para implicarla, con una suspensión provisional durante 180 días y requería mayoría dos tercios en el senado.
- ¿Cuáles son las acusaciones graves de corrupción contra miembros del parlamento?** Respuesta: A pesar de tener antecedentes de corrupción, se les permitió ocupar la banca sin necesidad de un gran número de votos.
- ¿Qué papel juega el poder judicial y fiscal en Brasil en relación con la corrupción política?** Respuesta: Se sospecha que están vinculados a ella, mostrándose resistentes ante auditorías democráticas o populares.
- ¿Cómo han influido los medios de comunicación en el golpismo brasileño?** Respuesta: Los medios con vocación golpista se oponen al cambio hacia un Brasil más justo e igualitario, como lo refleja la obra “La ópera del Malandrín”.
- ¿Qué papel juega Washington en estos eventos de golpe?** Respuesta: Se presume que ha estado apoyando este asalto a través de personas como Liliana Ayalde, anteriormente embajadora.
- ¿Cómo se relaciona esta situación con otros eventos similares en América Latina?
- La tendencia de derrocar a presidentes popularmente electos parece ser un patrón común, y los golpes se han coordinado con gobiernos locales.
Consecuen0ns e Impacto Regional:
- ¿Cuáles son las implicaciones para la democracia latinoamericana?** Respuesta: Este golpe es visto como un ataque severo contra ella, contribuyendo a una crisis política y social en el continente.
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Texto original (2016)
En este artículo analizamos cómo un grupo de bandidos tomó el poder en Brasil, destituyendo a la presidenta Dilma Rousseff por medio del senado y culminando con Michel Temer al frente. Se examinan los factores políticos y sociales que impulsaron este evento, incluyendo acusaciones de corrupción dentro del Congreso brasileño, el papel supuestamente intervencionista en la formación ideológica de jueces y fiscales por parte de paralegales estadounidenses, y los esfuerzos reaccionarios ejercidos a través de medios de comunicación. Se discute también cómo este golpe afectó el equilibrio político-social en la región latinoamericana y se reflexiona sobre las consecuencias para la democracia brasileña, invitando a una autocrítica profunda ante tales acontecimientos.
Una pandilla de bandidos tomó por asalto la presidencia de Brasil. La integran tres actores principales: por un lado, un elevado número de parlamentarios (recordar que sobre unas dos terceras partes de ellos pesan gravísimas acusaciones de corrupción) la mayoría de los cuales llegó al Congreso producto de una absurda legislación electoral que permite que un candidato que obtenga apenas unos pocos centenares de votos acceda a una banca gracias a la perversa magia del “cociente electoral”.
Tales eminentes naderías pudieron destituir provisoriamente a quien llegara al Palacio del Planalto con el aval de 54 millones de votos. Segundo, un poder judicial igualmente sospechado por su connivencia con la corruptela generalizada del sistema político y repudiado por amplias franjas de la población del Brasil. Pero es un poder del estado herméticamente sellado a cualquier clase de contraloría democrática o popular, profundamente oligárquico en su cosmovisión y visceralmente opuesto a cualquier alternativa política que se proponga construir un país más justo e igualitario.
Para colmo, al igual que los legisladores, esos jueces y fiscales han venido siendo entrenados a lo largo de casi dos décadas por sus pares estadounidenses en cursos supuestamente técnicos pero que, como es bien sabido, tienen invariablemente un trasfondo político que no requiere de mucho esfuerzo para imaginar sus contornos ideológicos. El tercer protagonista de esta gigantesca estafa a la soberanía popular son los principales medios de comunicación del Brasil, cuya vocación golpista y ethos profundamente reaccionario son ampliamente conocidos porque han militado desde siempre en contra de cualquier proyecto de cambio en uno de los países más injustos del planeta.
Al separar a Dilma Rousseff de su cargo (por un plazo máximo de 180 días en el cual el Senado deberá decidir por una mayoría de dos tercios si la acusación en contra de la presidenta se ratifica o no) el interinato presidencial recayó sobre oscuro y mediocre político, un ex aliado del PT convertido en un conspicuo conspirador y, finalmente, infame traidor: Michel Temer. Desgraciadamente, todo hace suponer que en poco tiempo más el Senado convertirá la suspensión temporal en destitución definitiva de la presidenta porque en la votación que la apartó de su cargo los conspiradores obtuvieron 55 votos, uno más de los exigidos para destituirla. Y eso será así pese a que, como Dilma lo reconociera al ser notificada de la decisión senatorial, pudo haber cometido errores pero jamás crímenes. Su límpido historial en esa materia resplandece cuando se lo contrasta con los prontuarios delictivos de sus censores, torvos personajes prefigurados en la Ópera del Malandro de Chico Buarque cuando se burlaba del “malandro oficial, el candidato a a malandro federal, y el malandro con contrato, con corbata y capital”. Ese malandraje hoy gobierna Brasil.
La confabulación de la derecha brasileña contó con el apoyo de Washington -¡imaginen como habría reaccionado la Casa Blanca si algo semejante se hubiera tramado en contra de alguno de sus peones en la región! En su momento Barack Obama envió como embajadora en Brasil a Liliana Ayalde, una experta en promover “golpes blandos” porque antes de asumir su cargo en Brasilia, en el cual se sigue desempeñando, seguramente que de pura casualidad había sido embajadora en Paraguay, en vísperas del derrocamiento “institucional” de Fernando Lugo. Pero el imperio no es omnipotente, y para viabilizar la conspiración reaccionaria en Brasil suscitó la complicidad de varios gobiernos de la región, como el argentino, que definió el ataque que sus amigos brasileños estaban perpetrando en contra de la democracia como un rutinario ejercicio parlamentario y nada más. En suma, lo ocurrido en Brasil es un durísimo ataque encaminado no sólo a destituir a Dilma sino también a derrocar a un partido, el PT, que no pudo ser derrotado en las urnas, y a abrir las puertas para un procesamiento del ex presidente Lula da Silva que impida su postulación en la próxima elección presidencial. En otros términos, el mensaje que los “malandros” enviaron al pueblo brasileño fue rotundo: ¡no se les vuelva a ocurrir votar a al PT o a una fuerza política como el PT!, porque aunque ustedes prevalezcan en las urnas nosotros lo hacemos en el congreso, la judicatura y en los medios, y nuestro poderío combinado puede mucho más que sus millones de votos.
Grave retroceso para toda América Latina, que se suma al ya experimentado en la Argentina y que obliga a repensar que fue lo que ocurrió, o preguntarnos, en línea con el célebre consejo de Simón Rodríguez, dónde fue que erramos y por qué no inventamos, o inventamos mal. En tiempos oscuros como los que estamos viviendo: guerra frontal contra el gobierno bolivariano en Venezuela, insidiosas campañas de prensa en contra de Evo y Correa, retroceso político en Argentina, conspiración fraudulenta en el Brasil, en tiempos como esos, decíamos, lo peor que podría ocurrir sería que rehusáramos a realizar una profunda autocrítica que impidiera recaer en los mismos desaciertos. En el caso del Brasil uno de ellos, tal vez el más grave, fue la desmovilización del PT y la desarticulación del movimiento popular que comenzó en los primeros tramos del gobierno de Lula y que, años después, dejaría a Dilma indefensa ante el ataque del malandraje político. El otro, íntimamente vinculado al anterior, fue creer que se podía cambiar Brasil sólo desde los despachos oficiales y sin el respaldo activo, consciente y organizado del campo popular. Si las tentativas golpistas ensayadas en Venezuela (2002), Bolivia (2008) y Ecuador (2010) fueron repelidas fue porque en esos países no se cayó en la ilusión institucionalista que, desgraciadamente, se apoderó del gobierno
y del PT desde sus primeros años. Tercer error: haber desalentado el debate y la crítica al interior del partido y del gobierno, apañando en cambio un consignismo facilista que obstruía la visión de los desaciertos e impedía corregirlos antes de que, como se comprobó ahora, el daño fuera irreparable. Por algo Maquiavelo decía que uno de los peores enemigos de la estabilidad de los gobernantes era el nefasto rol de sus consejeros y asesores, siempre dispuestos a adularlos y, por eso mismo, absolutamente incapacitados para alertar de los peligros y acechanzas que aguardaban a lo largo del camino. Ojalá que los traumáticos eventos que se produjeron en Brasil en estos días nos sirvan para aprender estas lecciones.
Por Atilio Boron / Rebelion.org (CC)
Foto: “Impeachment” – PRB Nacional (CC)

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