- Estudio del derecho humano a una vivienda digna durante el confinamiento sanitario
- Preguntas frecuentes
- Estudio del derecho humano a una vivienda digna durante el confinamiento sanitario
- Texto original (2020)
- Cómo son nuestras ciudades
- Qué es una “buena casa”
- Cuando la vivienda es sinónimo de especulación
- Desahucios y pisos turísticos
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
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Estudio del derecho humano a una vivienda digna durante el confinamiento sanitario
En este artículo se examina la situación actualizado respecto al derecho humanista de disponer y disfrutar de un espacio habitable que cumpla con los estándares sociales, bajo condiciones impuestas por las emergencies sanitarias. Se resalta cómo el hogar se ha transformado más allá del mero refugio físico para convertirse en la ubicación de permanencia obligatoria durante esta cuarentena domiciliaria.
- La vivienda se convierte en un espacio de confinamiento necesario independientener sus características y habitantes, o su aislamiento absoluto. Ahora todo lo que hace la gente debe ser llevado al interior del hogar.
La pandemia nos obliga a reflexionar sobre las implicaciones de habitar en una buena vivienda, según el artículo 25.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y qué constituye un hogar “decente” que contribuya positivamente al calidad de vida.
- Cómo es nuestras ciudades: llena de infraviviendas, con viviendas inadecuadas para el bienestar humano en la era del Siglo XXI. Las precarias viviendas son lujosas por lo menos a nivel estético y espacial.
- Los desahucios causados por especulaciones inflacionistas que ponen en riesgo los hogares de las personas vulnerables, reflejando la falta de políticas sólidas para evitar tales situaciones. Se aboga por parar el confinamiento obligatorio y se considera un acto humano respetuoso.
- La crisis urbanística actualizado en Lima con una tercera parte de los hogares viviendo bajo condiciones extremas de pobreza, expuestos a la humedad sin tener acceso al agua corriente y sufriendo un espacio habitable inadecuado.
“Nada mejora a las personas tanto como una buena casa” (Patrick Geddes). Se hace referencia para ilustrar la importancia de viviendas que puedan adaptarse y crecer con los habitantes, similares al proyecto del Siglo XX en Viena por Margarete Schütte-Lihotzky.
- La especulación inmobiliaria ha reemplazado las ideales de la autocreación y adaptabilidad vivienda, transformando el hogar en un mero producto capitalista. Se evidencia a través del impacto dejado por el “boom” constructivo que llevó al estancamiento de proyectos de viviendas.
- “Lugares sin vida”, como recuerdan las calles urbanas en Lima, donde los pisos turísticos se han convertido casi instantáneamente en evidencias del impacto negativo. Se plantea la necesidad de reconsiderar modelos que basados en la extracción económica.
- “La reconstrucción de la convivencialidad”, como propugna Ivan Illich, se presenta con el potencial de liderazgo individual y comunal hacia una sociedad centrada menos en rendimientos productivos y más en prácticas éticamente sólidas basadas en libertad compartida y interdependencia.
“Esperemos que la experiencia actual nos enseñe a retomar el ideal de convivencialidad” (Kathrin Golda-Pongratz). Como arquitecto, urbanista e investigadora en las políticas sociales para inclusión urbana y sostenibilidad ambiental, enfatiza la importancia del reflexionar sobre cómo podemos mejorar el tejido de nuestras ciudades.
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Preguntas frecuentes
Estudio del derecho humano a una vivienda digna durante el confinamiento sanitario
- ¿Cómo se ha transformado la percepción de un hogar como espacio de confort y seguridad?
En condiciones del cuarentón domiciliario, el hogar no es solo refugio físico sino obligatorio para mantenerse aislados debido a emergencias sanitarias. - ¿Qué implicaciones tiene vivir en viviendas inadecuadas?
Las precarias y infraviviendas, aunque pueden ser estéticamente atractivas, representan amenazas para el bienestar humano. La falta de acceso a servicios básicos como agua corriente agrava la situación. - ¿Cómo afecta la especulación inmobiliaria al derecho a una vivienda digna?
La especulación ha reemplazado los ideales de autocreación y adaptabilidad, impactando negativamente en proyectos sostenibles. - ¿Qué modelo alternativo se puede adoptar para mejorar la convivencia comunitaria?
Se promueve una red social menos enfocada a los rendimientos productivos y más al respeto por libertades compartidas, como un aspecto fundamental de las políticas sólidas. - ¿Qué se espera aprender del confinamiento sanitario para mejorar el tejido urbano?
Se anticipa que la experiencia actual podrá replantearse y retomar ideales de convivencialidad, como una forma más humana e inclusiva.
Texto original (2020)
La introducción para el artículo mencionado anteriormente sería algo así (no superando las tres líneas): Este artículo examina la situación actual del derecho humano a una vivienda digna en el contexto de un confinamiento impuesto por emergencias sanitarias, destacando cómo este espacio se ha convertido en más que simplemente un lugar para vivir. También explora las precariedades existentes y aborda cuestiones relacionadas con la construcción insostenible e inhumanas de viviendas urbanas contemporáneas, así como los efectos adversos del especulador imobiliario en la creación de infravivienda.
Con la orden de #quedateencasa o #stayhome, los gobiernos nos obligan en estas semanas a la cuarentena domiciliaria, para evitar que la pandemia afecte a más personas alrededor del mundo. El espacio donde vivimos, de repente, se ha convertido en el lugar de permanencia obligada, independientemente de cuáles sean sus características, cuántos sean sus habitantes y de dónde se encuentre este hogar.
Pocos momentos en la historia contemporánea nos han hecho notar de una manera tan radical qué significa habitar en una buena vivienda. Ahora que todos estamos confinados en ella, no podemos escapar, salir a trabajar, a caminar, a tomar un café, a hacer deporte, a jugar en el parque, a leer en un banco, a conversar, a discutir, a pensar. Todo tiene que ocurrir en la casa donde vivimos, en permanente proximidad con los que compartimos la casa o en la absoluta soledad.
Nunca fue tan pertinente reflexionar sobre el derecho humano a una vivienda digna (fijado en el articulo 25.1 de la Declaración de los Derechos Humanos) y sobre lo que realmente es una vivienda “adecuada” y lo mucho que aporta en términos de calidad de vida. Lo que significa tener una vivienda espaciosa y bien distribuida, con vista a la naturaleza, con luz natural, con buena ventilación y con un espacio exterior, un balcón, un jardín o un terrado accesible desde ella, y qué privilegio es vivir así en pleno siglo XXI.
Cómo son nuestras ciudades
No hay que mirar muy lejos para darse cuenta de que la ciudad en la que vivimos está llena de infraviviendas: viviendas sin luz, con ventanas a unos minúsculos patios interiores; viviendas compartidas entre personas que se turnan entre trabajar y dormir; viviendas superpobladas en las que el individuo no tiene donde retirarse a un espacio privado; viviendas mal construidas donde se escucha cualquier sonido del vecino; o, como las describe Juan José Millás, “viviendas con menos metros cuadrados que las banderas de la patria que ondean en las fachadas de los edificios oficiales”.
Y, si miramos más lejos, la situación es aun más preocupante. En Lima, por ejemplo, alrededor de una tercera parte de los hogares se encuentran en una situación de elevada o extrema pobreza. Las precarias viviendas son de materiales ligeros que no protegen ni del frío ni del calor y exponen a los habitantes a la humedad, constantemente presente en la atmósfera de la capital de Perú.
Familias como los Cotrina Vigo, que viven en las laderas de una colina húmeda, en la periferia de la capital. En una casa precariamente construida de 9 metros cuadrados, sin agua corriente, sin siquiera espacio para una mesa, con el piso de tierra y una única ventana dando a un vertedero de basura abierto, deben experimentar el actual confinamiento como una tortura, encerrados en un lugar del que solo quieren salir.
Qué es una “buena casa”
“Nothing fixes people like a good house” (“Nada mejora a las personas tanto como una buena casa”), sostuvo el biólogo y urbanista Patrick Geddes hace más que un siglo. Geddes analizó el rol de la autoconstrucción asistida de viviendas en el contexto de la creación de una nueva ciudad industrial en India justo después de la primera Guerra Mundial.
Esta “buena casa” es una casa que puede crecer según las necesidades de sus habitantes y adaptarse a las circunstancias vitales, y con la que el habitante se identifica. En este sentido, vale la pena recuperar muchos experimentos interesantes basados en la idea de la “casa creciente” puestos en marcha en los años 20 y 30 del siglo pasado por Margarete Schütte-Lihotzky en Viena o Martin Wagner en Berlín.
También las ideas expuestas por John F. C. Turner en su artículo “Housing as a verb”, que describe la autoconstrucción asistida en el Perú de los años 60 como una alternativa a los estáticos programas de vivienda estatales. Turner concibe la vivienda como un proceso, no como un producto. El “fijar” del que habla Geddes se puede entender en el sentido de consolidar, fortalecer emocionalmente, hacer sentirse parte, compartir y convivir.
Cuando la vivienda es sinónimo de especulación
Las políticas y las prácticas de la producción de vivienda, sin embargo, se han alejado mucho de estos valores a lo largo del siglo XX. Han abusado de los sueños, ideales y anhelos relacionados con la vivienda. La han convertido gradualmente en sinónimo de la capitalización de tierra, búsqueda de beneficios y especulación en las regiones metropolitanas alrededor del mundo.
España se ha sumado a esta práctica de un modo particularmente preocupante durante el “boom del ladrillo”. Aún hoy, los márgenes urbanos ofrecen un testimonio implacable del impacto de la burbuja inmobiliaria, cuyo inevitable pinchazo ha comportado la paralización de los proyectos de vivienda. Son recordatorios monumentales del naufragio de los sueños suburbanos y simbolizan las consecuencias negativas de las políticas urbanísticas especulativas descontroladas.
Desahucios y pisos turísticos
Mientras tanto, faltan viviendas asequibles en los centros urbanos. Otra evidencia de que la vivienda se ha convertido en puro producto son los desahucios de personas, muchas veces vulnerables, que se ven incapaces de pagar las deudas de la adquisición de su vivienda o el aumento desmesurado de su alquiler. En este sentido, hay que aplaudir a la decisión de parar los desahucios en estos tiempos en los que la pandemia nos ata a la vivienda, como la única decisión humanamente aceptable.
No sorprende que cada vez más personas tengan interés en formas alternativas de convivencia. Las cooperativas de vivienda son un excelente ejemplo de retomar la idea de la vivienda como proceso. Esperemos que el inesperado y abrupto frenazo al rendimiento de tantos pisos turísticos por el confinamiento nos haga repensar este modelo de ciudad, basado en la extracción de beneficios económicos de una población temporal, aceptando la expulsión de la población permanente de los barrios y poniendo en riesgo su tejido social.
Ojalá podamos aprender de esta experiencia de profunda crisis lo que Ivan Illich llama “la reconstrucción de la convivialidad”: convivencialidad como lo opuesto a la productividad industrial y el rendimiento capitalista basado en el dogma del crecimiento. Convivencialidad basada en el liderazgo de cada uno y no tanto en un estado fuerte o en la economía; convivencialidad como valor ético intrínseco de una sociedad en la que la libertad individual se realiza en interdependencia con otros y en relación con el entorno en que vivimos y donde nos importa cómo vive el otro.
Kathrin Golda-Pongratz es miembro del Ateneu de Memòria Popular, vocal del Institut de Passats Presents del Ajuntament de Barcelona y miembro electo de la Academia Europaea.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Kathrin Golda-Pongratz, arquitecta y urbanista, profesora en la UIC Barcelona School of Architecture, Universitat Internacional de Catalunya
