Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2010. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
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La huelga de hambre de Beatriz Juárez García
Nombre: Beatriz Juárez García
Comienzo huelga de hambre: 3 de mayo del año no especificado en el texto
- Edad: 48 años
- Puesto en LyFC: Departamento de personal – contratos verbales.
- Lugar antes de comenzar la huelga de hambre, Beatriz había perdido seis kilos de peso y alimenta a sus dos hijos con provisiones enviadas desde Michoacán por su padre jubilado.
- Ella describe una infancia en el rancho de El Pedregal donde jugaba al beisbol, buscaba agua y disfrutaba del ambiente libre. Años más tarde se casó con un hermano cercano para tener hijos.
- Comenzó a trabajar en LyFC como gerente de contratos cuando tenía 39 años y amaba su trabajo, lo que implicaba gestionar las altas y bajas del personal. Sin embargo, la empresa fue cerrada el diez de octubre del año no especificado.
- La huelga es un acto reflejo directo del estrés económico y laboral en México; Beatriz lucha por los derechos básicos a través de resistencia física, desafiando el rechazo institucional como la Iglesia Católica.
- Sentimiento frente al destino: Aunque se siente más humana y viva después del inicio de su huelga, también confiesa sentirse desengañada con respecto a Dios y las instituciones que representa.
- Ella busca ayuda legal para sus familiares afectados por la terminación no pagada de servicios básicos como electricidad y luz debido al cierre de LyFC, pidiendo apoyo ante su incapacidad económica actualizada.
- Ella siente un profundo llamado para ayudar a sus nietos con una infancia comparable a la que tuvo en el rancho y frente a los desafíos laborales por proteger al país trabajador mexicano
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Preguntas frecuentes
Q: ¿Cuándo comenzó Beatriz Juárez García su huelga de hambre?
Respuesta: Comenzó su huelga el 3 de mayo, pero sin especificar año.
Q: En qué posición laboral se encuentra Beatriz en LyFC y cuál es la naturaleza de sus contratos?
Respuesta: Trabajaba como gerente del Departamento de Personal, contando con contratos verbales.
Q: ¿Cómo describe el trasfondo familiar e infancia temprana de Beatriz Juárez García y cómo se relaciona esto con su experiencia laboral actual?
Respuesta: Nació en un rancho llamado El Pedregal, donde disfrutaba del ambiente libre; más tarde se casó con un hermano cercano para tener hijos. Tras trabajar como gerenta de contratos por 10 años hasta la clausura de LyFC y perderse el pago por servicios básicos no pagados, busca apoyo legal a causa del impacto en su familia.
Q: ¿Cuáles son las razones subyacentes detrás de la huelga de hambre y cómo Beatriz lucha por los derechos laborales?
Respuesta: Su huelga refleja el estrés económico y laboral en México, desafiando rechazos institucionales. Lucha para proteger sus familiares afectados debido a la terminación no pagada de servicios básicos.
Q: ¿Cree Beatriz que Dios tiene algo más que preparar en su vida tras experimentar el hormiguero y rechazo por parte de las instituciones?
Respuesta: Aunque se siente humano y viva después del inicio de la huelga, también confiesa sentirse desengañada con respecto a Dios.
Q: ¿Cuáles son sus metas futuras en términos de ayudar a su familia (ahijos e hijastros) y contribuir al desarrollo del país?
Respuesta: Busca apoyo legal para los familiares afectados por la terminación no pagada. También ve un llamado profundo para ayudar a sus nietos con una infancia comparable a la que ella tuvo, enfrentando desafíos laborales.
Texto original (2010)
La huelga de hambre de Beatriz Juárez García es un acto desesperado que refleja la crisis económica y laboral en México. Como empleada del LyFC, ella lucha por los derechos básicos a través de la resistencia física, después de perder su trabajo como consecuencia de una situación empresarial caótica impulsada desde arriba hacia abajo que afectó no sólo a ella sino también a toda su familia y hermanos. Su testimonio es un llamado urgente para reconocer la lucha del pueblo mexicano por sobrevivir en tiempos difíciles, pese al rechazo de instituciones religiosas e incluso el apoyo parcial que ha recibido la CFE ante sus desafíos.
“…Dice que en estos últimos meses, antes incluso de comenzar la huelga de hambre, ya había bajado seis kilos de peso. Alimenta a sus dos hijos a base de las despensas que su padre, jubilado de LyFC, le hace llegar desde su terreno de Michoacán: harina de trigo, frijol, maíz, lo que se pueda. Se sabe condenada a morir de hambre por aquellos que le han arrebatado el trabajo a ella y al resto de su familia…”
Nombre: Beatriz Juárez García
Comienzo huelga de hambre: 3 de mayo
Edad: 48 años
Puesto en LyFC: Departamento de personal – contratos verbales
Beatriz es una mujer de muchas capas. En apariencia dura y tímida, protege su jardín interior de las miradas curiosas bajo una densa coraza construida a base de formalidad e indiferencia. Una coraza de vidrio espeso a través del cual, como en un acuario, brillan los destellos de esas memorias iridiscentes que guarda en su interior. Dice que siempre fue delgada: ahora amenaza con desintegrarse al menor soplo de viento. Ella y su esposo, así como la mayoría de sus hermanos, trabajan en LyFC. Dice que en estos últimos meses, antes incluso de comenzar la huelga de hambre, ya había bajado seis kilos de peso. Alimenta a sus dos hijos a base de las despensas que su padre, jubilado de LyFC, le hace llegar desde su terreno de Michoacán: harina de trigo, frijol, maíz, lo que se pueda. Se sabe condenada a morir de hambre por aquellos que le han arrebatado el trabajo a ella y al resto de su familia. Sentada aquí, en la luz acuosa de un mediodía interminable, se camufla tras su pequeña estatura y su falsa insignificancia. Parece pequeña y frágil, pero es grande, enorme.
Entró junto con el resto de mujeres huelguistas a la Catedral en busca de asilo, donde sólo hallaron indiferencia. Había imaginado tal vez que esta iglesia católica a la que ella ama y respeta les brindaría algún consuelo. Cabizbajas y tristes, entumecidas tras pasarse varias horas sentadas –no se les permitió tumbarse, pese a los mareos que sufrían algunas de ellas-, deshidratas ante la falta de agua –apenas se les llegó a ofrecer un vaso de agua- y enojadas porque solo tras muchas horas de insistencia se les permitió utilizar los baños, las huelguistas de hambre se regresaron de la Catedral con la increíble noticia de que la antigua casa de Dios era ahora zona federal, custodiada por lo tanto por la Policía Federal. Confiesa sentirse desengañada, aunque no con Dios, sino con la institución que dice representarlo.
Confiesa sin tapujos haber sido indiferente a lo que ocurría a su alrededor durante mucho tiempo y haberse preocupado sólo por el bienestar de los suyos hasta que el brutal mazazo de la extinción de su empresa la despertó a un mundo convulso que en nada se parecía al que ella había soñado para sus hijos. Dice que ahora se siente más viva, más humana. Sabe que van ganando porque aquellos que hace seis meses los tildaban de huevones y rateros ahora llaman a sus puertas para preguntar cómo va eso del amparo al no-pago de luz, espantados por los desproporcionados recibos que les llegan de la CFE. Y cada vez son más los que se dirigen a Insurgentes 98 con su credencial de elector y el último recibo de LyFC para que les expliquen qué hay que hacer para ampararse legalmente. Allí, trabajadores de LyFC les tramitan la gestión y les explican que una vez amparados la CFE no podrá entrar legalmente a cortarles la luz hasta que se resuelva el amparo. Para aquellos casos en que la CFE logra desconectar la luz a pesar del amparo, LyFC dispone de un teléfono especial al que marcar para que sus trabajadores en resistencia realicen la re-conexión de las casas amparadas.
Beatriz dice que necesita hacer más por su sindicato y sobre todo por su país. Quiere dejarle a sus nietos –puesto que para sus hijos ya es demasiado tarde- la posibilidad de vivir una infancia como la suya, allá muy cerca de Marabatío, en el rancho de El Pedregal, donde ella fue intensamente feliz. Mientras su padre trabajaba para LyFC en la cercana presa de Tepuxtepec ella corría en pos de las montañas o, trepada a la burra parda, corría a bañarse en las heladas aguas del arroyo o en las pozas secretas escondidas entre barrancas. Dice -iluminada por el avasallador recuerdo de su infancia- que ella cantaba todo el tiempo subida a su burrita de suavísimo pelaje. Dice que era libre y que sentía que volaba, que jugaba a beisbol con sus hermanos en el atrio de la iglesia con el amable beneplácito del Padre, que miraba hacia las nubes en busca de figuras secretas. Sus únicas obligaciones eran estudiar, ir a buscar el agua a lomos de su burrita y ser feliz. Luego, cuando ella tenía siete años, su padre fue trasladado a México. Pasaron los años y ella, siempre inquieta y rebelde, decidida a seguir su propio camino, cambió muchas veces de trabajo y de destino. Conoció a su esposo a través de sus hermanos, se casó y tuvo hijos. A los treinta y nueve años comenzó a trabajar en LyFC en el departamento de personal. Gestionaba los contratos, las altas y las bajas de los miles de trabajadores de la empresa. Dice que amaba su trabajo. Ahora lamenta con más tristeza que rabia la desaparición de su empresa no sólo por ella y su familia, sino también por todos los que, a menos que la Suprema Corte de Justicia se muestre favorable a los trabajadores del SME, ya no podrán disponer de esa fibra óptica que tanto trabajo y dinero le costara instalar a LyFC y que debía proporcionar internet, televisión por cable y teléfono gratuitamente a decenas de millones de usuarios. El plan estaba ya en marcha, la fibra óptica instalada y la petición a COFETEL para empezar a operar se había realizado a mediados del 2009. Todo ello se derrumbó como un castillo de naipes el diez de octubre de 2009.
Los recuerdos de infancia iluminan a Beatriz como un fuego interior y transfiguran su delicado rostro revelando su esquiva belleza. Ya no es dura, ni distante, ni precavida. Sobre los que tenemos el privilegio de escucharla cae la luz de sus memorias, de un pueblo inundado de bugambilias moradas, de una muchacha libre trepada a las montañas buscando ver qué se esconde tras el amplísimo horizonte. No la mueve el odio sino el estandarte de un país de lujuriosa belleza, de un lugar de paz y libertad que ahora existe solamente en sus recuerdos. Cuando termina de hablar, las chispas de sus recuerdos permanecen todavía un rato flotando en el aire, dejando un sutil olor de bosque y un rumor de agua helada en el aire caliente de la carpa.
Estos testimonios originalmente son publicados en español por la periodista Altea Gómez en su blog: Un trabajador, una historia
