Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2016. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Impacto del Juicio Político contra Dilma Rousseff
Efectos internos:
- Desestabilización política en Brasil.
- Amenaza a los derechos sociales y económicos del pueblo brasileño por posibles medidas represivas después de un posible golpe.
Consecuencias para la economía:
- Posible inflación y reducción salarial a raíz del ataque al PT por sectores conservadores.
Impacto Regional en Latinoamérica y CELAC
Consecuencias para la democracia latinoamericana:**
- Esfuerzos por los regímenes populares a resistir el retorno al autoritarismo.
- Posible debilitamiento del orden regional multipolar en la región latinoamericana y Caribe. Esto se reflejaría particularmente si surgiera un golpe que promueve ideologías de derecha.
Repercusiones económicas a largo plazo:**
- Amenaza la dinámica regional del BRICS, particularmente con respecto al poder y posición de Brasil.
Preguntas frecuentes
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FAQs about the Impact of Judge Rousseff’s Trial on Brazil and Latin America
What internal political effects have arisen in Brazil due to Dilma Rousseff’s trial?
The trial has led to political instability within the country and poses a threat to social rights and economic security if repressive measures are enacted following potential unrest.
How could Rousseff’s conviction potentially affect Brazil’s economy?
There is a risk of rising inflation and decreased wages due to the conservative sector’s attacks on PT policies.
What impact could this have on democracy in other Latin American countries?
It inspires resistance among popular regimes against a return to authoritarianism and challenges the regional multipolar power dynamic.
How might this influence long-term economic relations within Latin America?
It threatens Brazil’s role in BRICS, potentially affecting intraregional cooperation and investment patterns.
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Texto original (2016)
En este artículo analizamos cómo una serie de factores internos y externos han contribuido al proceso político que lleva a cabo el juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff en Brasil, examinando las consecuencias potenciales para los derechos sociales, la economía del país y su influencia regional. —
Por Ángel Guerra Cabrera / Rebelión (CC)
Tragué sapos, pero pude presenciar casi hasta el final el denigrante espectáculo de los corruptos, ignorantes y desvergonzados diputados brasileños. En nombre de Dios, la familia y, hasta algunos, con loas a la dictadura militar, una holgada mayoría aprobó, sin fundamento jurídico, el inicio del juicio político a la presidenta Dilma Rouseff. Por eso ha tenido tan mala prensa fuera de Brasil y no ha recibido el apoyo público de un solo gobierno en el mundo.
Era el preámbulo del golpe de Estado, que marcha a todo trapo en las cúpulas, gestado por una coalición del capital financiero y el agronegocio internacionales capitaneados desde Washington. Sin subestimar el importante papel de los grupos económicos y mediáticos locales, la cadena Globo en particular, que junto a los demás medios dominantes tomó hace tiempo la dirección de los partidos opositores, dedicados a instigar el odio, la histeria y a calumniar un proyecto al que nunca pudieron vencer electoralmente. Esta cofradía atrajo al centro del plan golpista a las formaciones “aliadas” al Partido de los Trabajadores (PT), incluyendo al vicepresidente Michel Temer.
Es enorme la concentración de intereses que persigue destruir políticamente a Dilma y, por carambola, al PT y, sobre todo, a Lula da Silva, quien en lugar de ser reelecto en 2018, pues no tiene contrincante que se le acerque, podría acabar injusta y arbitrariamente en la cárcel. De esta forma, liquidar el Brasil incluyente construido por los gobiernos del PT, que sacó de la pobreza y la marginación a decenas de millones con planes asistenciales y de educación, salud y vivienda popular. Además de apoderarse de sus enormes recursos naturales, comenzando por el gigantesco yacimiento petrolífero Tupi.
Si el juicio político -o impeachment- contra la presidenta triunfara, permitiría, como ya ocurre en Argentina, un brutal y acelerado asalto a los salarios y a los derechos sociales de los trabajadores y los más desfavorecidos, con trasferencias millonarias de riqueza a una pequeña elite. Y esto no es todo, pues llevar hasta las últimas consecuencias un atraco de esa naturaleza a poblaciones que fueron muy beneficiadas socialmente en las dos últimas décadas exige despojar de sus ripios a la desvencijada democracia burguesa y avanzar hacia los que se prefiguran como mal disfrazados regímenes de fuerza.
A escala regional, la victoria del golpe significaría un duro golpe a la arquitectura de unidad e integración latino-caribeña, cuyas primeras piedras colocó el trascendental liderazgo de Hugo Chávez, Néstor Kirchner y el propio Lula. Esa alianza permitió la derrota del ALCA y coadyuvó al surgimiento de otros gobiernos populares. Posteriormente, con Evo Morales y Rafael Correa ya a bordo, encabezó, con la inspiración y el sólido apoyo de Fidel y Raúl Castro, la construcción de un entramado de instituciones regionales como la UNASUR y la CELAC, cuya deriva de independencia respecto a Estados Unidos podría sufrir un retroceso importante de consolidarse el golpe mediático-parlamentario-judicial contra Dilma.
El golpe en Brasil persigue cercenar de los BRICS al gigante suramericano, y con ello provocar una sensible grieta en el entramado emancipador de nuestra América y en el orden multipolar que ha ido emergiendo del ascenso de China, Rusia e India como importantes jugadores de la escena internacional.
Con las ramas judicial y legislativa y la policía federal minadas por la corrupción y ansiosas de retornar a Brasil “al mundo”, o sea, a la subordinación al imperialismo, incluidos los programas de “ajuste” estructural del Fondo Monetario lnternacional, el arma fundamental para derrotar el golpe es la movilización popular en las calles. Aunque el frente antigolpe prepara también una estrategia para la defensa de Dilma en el Senado, cámara que tiene la última palabra sobre si procede el impeachment.
Han venido creciendo importantes marchas del Movimiento de Trabajadores sin Tierra y el Bloque Brasil Popular y se espera que experimenten un salto el primero de mayo, cuando hay convocadas manifestaciones en todo el país contra el golpe y por las demandas del movimiento popular, cuyo centro será la ribera de Anhangabaú, en San Pablo.
Lula ha dicho que con el golpe la oposición busca llegar al poder de forma ilegítima e implementar autoritariamente una agenda neoliberal derrotada en las urnas y que habrá lucha por la democracia.
Ese es el camino. En Brasil, en Argentina, en Venezuela, en todas partes.

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