Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2011. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
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Fenómeno del consumo y fabricación aumentada de drogas sintéticas
La marihuana sigue siendo la droga más consumida en el mundo, afectando a aproximadamente 203 millones de personas. No obstante, hay una tendencia creciente hacia las denominadas “drogas permitidas”, tales como las metanfetaminas, que se utilizan para su producción y son conocidas por sus efectos estimulantes en el sistema nervioso central. Estos consumidores buscan un estado de alerta y ansiedad similar al provocado por otros estupefacientes reconocidos como la marihuana o café. La evolución del consumo de sustancias adictivas refleja cambios en el perfil sociológico, pasando de los vagabundos a trabajadores que necesitan energía para mantenerse durante sus días laborales.
- En España, la crisis económica ha llevado al incremento del consumo de drogas “más baratas” como el cannabis frente a sustancias con un coste mayor en términos monetarios.
“Drogas sintéticas”, que se encuentran disponibles y económicas, son una alternativa popular para divertirse o mejorar la energía laboral. Entre estos nuevos estupefacientes destacan los derivados de medicamentos antiparasitarios.
- “Más baratas y rápid0 paz: En Europa, se monitorea la presencia de catorce drogas sintéticas. Japón registra un total de treinta y uno en su evaluación ambiental.
“Una tónica barata y disponible”: Estas palabras resaltan el aspecto económico que impulsó la creciente popularidad del consumo ilícito. La Oficina de la ONU contra las Drogas ha expresado preocupaciones por este cambio.
- “La estrategia debe reorientarse hacia la prevención y no una política punitiva” – sugiere Antonio María Acosta, destacando un enfoque más humano para aquellos afectados por estas adicciones.
“No culpes ni discrimine”: Banki-Moon, Secretario General de las Naciones Unidas enfatiza que la adicción es una enfermedad y no un crimen. Este cambio en el pensamiento puede conducir a nuevas políticas para abordar este desafío social.

