Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2011. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Toma y Resistencia Continua del Pueblo Chachapa contra la Desintegración de Sus Tierras Comunales
Introducción:
Una comunidad rural mexicana, San Salvador Chachapa, representa un caso histórico y emblemático en su lucha por la conserva048n de sus tierras communales. Este artículo explora tanto los conflictos actuales como el pasado cultural significativo asociado a las presiones económicas y políticas que han conducido gradualmente al desplazamiento forzoso del pueblo hacia urbanizaciones industriales y residenciales.
Contexto Histórico:
En 1949, a pesar de un proceso legal por parte de la comunidad para recuperar tierras expropiadas, Chachapa perdió una disputa contra las haciendas privadas que se expandían en el territorio. A finales de los años 60 y principios del 70, con la creciente conscientización política nacional e internacional, los habitantes de Chachapa organizaron para recuperar sus tierras, liderados por líderes populares como Doña Genoveva.
Represión Política:
La resistencia del pueblo atrajo la ira del gobierno y el Ejército mexicano que respondieron con violencia. 13 personas en Chachapa perdieron sus vidas, mientras otros fueron encarcelados por su implicación.
Reconciliación a Través de los Niveles Gubernamentales:
En 1986 se realizaron negociaciones con Genoveva Sánchez como líder, donde Chachapa cedió tierras para reserva natural y infraestructuras urbanas. Esta acción marcó un cambio en la resistencia del pueblo.
Explotación por Parte de Organizaciones Extranjeras:
La Academia de Policía, financiada con fondos estadounidenses a través del Tratado Mérida firmado en 2008 para combatir el narcotráfico, se estableció utilizando tierras comunales. La presencia militar y la construcción han llevado al desplazamiento forzoso de campesinos.
Reactivación del Movimiento Campesino:
Con el regreso a una administración diferente en 2019, la comunidad se mobiliza para defender sus derechos sobre las tierras. Los jóvenes como José Agustín Maquino son líderes clave.
Obstáculos Legales y Financieros:
El gobierno ha presentado excusas para deslegitimar los documentos comunales originales, lo que lleva a la comunidad buscar recursos legales en España.
Conclusión:
Desafiando con éxito las presiones y represalias de años anteriores, el pueblo Chachapa persiste. Enfrenta desafíos para recuperar su patrimonio territorial utilizando medios legales y manteniendo la cohesión comunitaria.
Preguntas frecuentes
Q: ¿Qué ocurrió en San Salvador Chachapa en 1949?
A: En 1949, a pesar de una batalla legal para recuperar tierras expropiadas por parte de la comunidad, el pueblo perdió un conflicto contra las haciendas privadas que se expandían en su territorio.
Q: ¿Cómo reaccionaron los habitantes de Chachapa ante estos hechos?
A: A finales del siglo XX y principios del 70, con la conscienciación política en aumento tanto nacional como internacionalmente, los residentes organizaron para recuperar sus tierras bajo el liderazgo de Doña Genoveva.
Q: ¿Cuál fue la respuesta del gobierno mexicano a la resistencia comunitaria?
A: La resistencia atrajo ira hacia el gobierno y el Ejército, llevando a una violenta represión política que resultó en la muerte de 13 personas e incumplimiento legal contra otros residentes.
Q: ¿Cómo se abordaron los conflictos entre Chachapa y las organizaciones internacionales?
A: Las negociaciones en 1986 con Genoveva Sánchez, líder de la comunidad, resultaron en ceder tierras para crear reserva naturales e infraestructuras urbanas. Este cambio marcó un punto importante en su resistencia pasada contra las presiones externas.
Q: ¿Cuál es el impacto de la Academia de Policía en Chachapa?
A: La Academia, financiada por fondos estadounidenses a través del Tratado Mérida firmado para combatir el narcotráfico, ha establecido su presencia utilizando tierras comunales. Este cambio llevó al desplazamiento de campesinos y consolidación militar en la zona.
Q: ¿Cómo está progresando el movimiento por las tierras chachapana?
A: Con un cambio hacia una administración diferente en 2019, los jóvenes lideran como Doña Genoveva Sánchez y José Agustín Maquino para defender sus derechos sobre las tierras. Buscan recursos legales internacionalmente, específicimamente en España.
Q: ¿Cuáles son los obstáculos que la comunidad de Chachapa enfrenta?
A: El gobierno ha presentado excusas para deslegitimar documentos comunitarios originales, lo que conduce a esfuerzos por recuperar el patrimonio territorial utilizando medios legales y manteniendo la cohesión comunitaria. También enfrenta problemas legales y financieros significativos.
Texto original (2011)
En este artículo, el blogger explora la lucha continua del pueblo Chachapa contra la extinción progresiva de sus tierras comunales en Puebla. A través de las experiencias personales y testimonios históricos, se aborda cómo una comunidad ha resistido presiones durante varias décadas para mantener su modo de vida rural. Se discute el papel del gobierno mexicano y la influencia extranjera en esta toma de tierras condenando a los campesinos al desplazamiento forzoso hacia las áreas urbanas o industriales, marcado por un cambio cultural y económico irreversible que ha visto disminuir significativamente su autosuficiencia. Esta introducción busca ser neutral e informativa, resaltando no solo los conflictos actuales sino también el pasado histórico de la resistencia del pueblo Chachapa contra las incursiones y políticas que han deteriorado gradualmente sus tierras comunales. Mientras se examina este caso en particular como parte de un fenómeno más amplio, destaca los efectos persistentes tanto sociales como ambientales derivados de la desinformación sobre esta toma de tierra y el impacto subsiguiente que ha tenido en la gente anónima. La introducción concluye reconociendo a José Agustín Maquino, uno de los jóvenes líderes del pueblo impulsando un nuevo movimiento para revivir sus derechos sobre las tierras y recordar una vez más el valor intrínseco que estas poseen no solo para ellos mismos sino también para la historia cultural mexicana.
Majo Síscar. Publicado originalmente por Periodismo Humano. (CC)
Cándido Trujillo vive de y por los animales. Ahora sólo le quedan una sesentena entre cabras, vacas, caballos y hasta un burro. Pero antes tenía cerca de 200. Ya no hay terrenos donde pastorearlos. Su pueblo, San Salvador Chachapa, perteneciente al municipio de Amozoc, ha perdido más de 2.300 hectáreas de tierras comunales desde que él era pequeño.
“Antes era muy poco el alimento que tenía que comprar, un poco en la temporada seca sólo. Pero ahora, al no poder sembrar pasto ni tener tanto terreno, ya no sale”, cuenta resignado Trujillo. Es uno de los pocos campesinos que siguen viviendo exclusivamente del campo en su comunidad. Ahora para defender su modo de vida se ha construido una casita en uno de los pocos terrenos que les quedan y que está amenazado de ser expropiado.
San Salvador Chachapa, una comunidad de origen nahuatl, está en la conurbación de Puebla, una de las principales ciudades industriales de los alrededores del Distrito Federal, y no solo ha sido absorbida por la mancha urbana, sino que en el último siglo ha sufrido un largo proceso de despojo de tierras amparado por el gobierno. El conflicto se remonta a los años 40, cuando Cándido aún no tenía conciencia. Su pueblo tenía cerca de 2.500 hectáreas de tierras comunales, fruto de una concesión real en la época de la colonia y ratificadas por la reforma agraria impulsada en la Revolución Mexicana, cuyo máximo logro fue el reconocimiento legal de las tierras comunales de los campesinos. Pero en los 40, un alemán adinerado, Ernest Feldmann se asentó en el pueblo y con el permiso de las autoridades, estableció una hacienda en los terrenos de Chachapa. “El alcalde decidió que el pueblo no las necesitaba y se las ofreció a los Feldmann, que aunque no tenía dinero para pagárnoslas, le dijo pues agárrelas”, cuenta a Periodismo Humano otro de los viejos del pueblo. Sin embargo, los oriundos se opusieron y empezaron un proceso penal que acabó en la Suprema Corte de Justicia, que en 1949 ratificó la propiedad comunal de las tierras. No obstante, la resolución no tuvo efecto y los Feldmann siguieron adueñándose progresivamente de más y más tierras.
En los 60, con el crecimiento de la comunidad, los vecinos del pueblo necesitaban más terreno donde sembrar y pacer su ganado y empezaron a organizarse para recuperar sus tierras. Era un momento de agitación política a nivel nacional y muchos obreros de los nuevos barrios industriales de Puebla se sumaron a la lucha de Chachapa. Honorina Martínez recuerda cómo llegaban con autobuses pagados por la Universidad Autónoma de Puebla a apoyar al municipio. “Veníamos con doña Genoveva -una líder popular de la Federación Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos- que ayudaba a toda la gente que la necesitaba sin ningún interés. ‘Hay que unirse contra los ricos’, decía”, cuenta Martínez con una sonrisa. Tanto se implicaron, que finalmente ella y su marido acabaron mudándose a Chachapa y ahora es parte activa de la comunidad. Entre los 60 y los 80, los comuneros radicalizaron su lucha, hasta tomar la hacienda de Feldmann y enfrentarse con palos contra el Ejército. La osadía la pagaron cara. Paramilitares y autoridades mataron a 13 personas y encarcelaron otras tantas. Hasta que en 1986 tuvieron que sentarse a negociar o metían a la prisión a la líder, Genoveva Sánchez. Ese año Chachapa cedió 664 hectáreas más al Gobierno para una supuesta reserva natural a cambio de algunas infraestructuras en el casco urbano, unos pozos de agua y el pavimentado público. Y sobretodo, a cambio de quedarse callados y dejar de reclamar. Aunque eso no estaba firmado en el contrato, la represión y la concesión tuvo su efecto, y el pueblo se desmovilizó. Desde entonces el Gobierno les ha ido expropiando paulatinamente más terrenos, unas veces para construir carreteras, otras para oleoductos y plantas de Petróleos Mexicanos -la empresa estatal de crudo-, otras para urbanizar. La última, en 2008, les arrancaron 34 hectáreas más sin avisar. Tan solo recorrieron la barda, que separa sus tierras de la Reserva Natural.
l. Ahora sólo les quedan poco más de 150 hectáreas.
“Descuidamos los terrenos más lejanos y por ese descuido se adueñó de ellos este extranjero, pero para ello tuvo el amparo del Partido Revolucionario Institucional –que gobernó México más de 80 años- que manejaba todos los niveles del gobierno y lo arropó. Así, aunque el pueblo luchó, siempre se usó el Ejército y la policía para reprimirlo. El gobierno ha hecho abusos y queremos que se aclarezcan. Queremos un cambio, que se apoye a los campesinos”, explica enardecido a Periodismo Humano José Agustín Maquino, uno de los jóvenes de la comunidad que está impulsando las nuevas movilizaciones. Los comuneros de Chachapa se han hartado, especialmente al ver como el gobierno ha hecho negocio con las tierras que les expropiaron con presiones. En las 664 hectáreas que cedieron y que ahora componen el Parque Estatal Flor del Bosque inauguraron en mayo una Academia de policía financiada por la Iniciativa Mérida, un tratado de seguridad entre EEUU y México firmado en 2008, con la excusa de combatir el narcotráfico. Por este Plan el gobierno mexicano ya ha recibido cerca de 1.400 millones de dólares en equipo militar, tecnología y asesoría en técnicas de combate antiterrorista, que contemplan la presencia de agentes estadounidenses en territorio mexicano.
Además, el Parque revalorizó los terrenos que ya tenía en usufructo la familia Feldmann, que ha construido un residencial de lujo junto a la Reserva. ‘Haras, Ciudad Ecológica’ es una urbanización de alto standing donde se pueden comprar terrenos para construir casas unifamiliares desde 25o m2 por 25.000 mil dólares hasta 800 mil dólares por quintas ecuestres de 10 hectáreas. En la web corporativa, el residencial hace alarde de la buena conservación de este territorio, “gracias a que hace más de 80 años la familia Feldmann inició la difícil tarea de conservar una de las zonas boscosas más grande en la zona metropolitana de la Ciudad de Puebla”. Y en memoria de ello, le dedican un puente en el Residencial.
En realidad, las únicas condiciones de construcción que impone el residencial para calificarse como “ecológico” es construir una fosa séptica para las aguas grises y negras, y algunos materiales. Con esto, la indignación de Chachapa ha ido en aumento. “Ya está en marcha la academia y el campo de tiro, lo que se supone que iba a ser una reserva es un residencial tasada en miles de dólares, y ¿nosotros?”, espeta otro comunero.
“Ha hecho muchas irregularidades, para el puro provecho de ellos, con la excusa que nuestras escrituras son apócrifas, pero vamos a seguir peleando”, subraya Maquino. Por ello han pedido una copia apostillada de la Cédula Real original a España. Y están presionando por la vía legal para sentarse a dialogar con el gobierno del Estado, que este año, por primera vez en un siglo, cambió de color político. “Si tuviéramos esa cédula echamos para atrás lo que nos ha quitado el gobierno o si no, que nos indemnicen o que nos den terreno en otros lados, para que a los campesinos se les recompense de alguna forma”, explica Maquino, el encargado de hacer los trámites con los abogados. Pero de momento, les quedan 150 hectáreas que no están dispuestos a perder. Y por eso desde este verano han empezado a construir casas en sus propios terrenos de pasturaje, porque la ley mexicana reconoce la propiedad de las tierras a los que las habitan, después de ciertos tiempo de permanecer allí. “O le entrábamos a defender esto que queda o ya nos lo van a quitar”, resume Maquino. Aunque los cuartuchos van proliferando, son pocos los que viven allí diario. Cándido Trujillo es uno de ellos, pues allí tiene a los animales a mano. “Yo aquí estoy de maravilla, tengo los animales sueltos, la milpa (cultivo de maíz) cerca, y voy haciendo”, dice con una sonrisa que le ilumina el rostro. Tal vez si esto lo hubiesen hecho antes, dos de sus cuatro hijos que emigraron a los Estados Unidos en busca de trabajo, no se hubieran ido.

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