Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
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Influence of the COVID-19 Pandemic on Crime Patterns
Marc Balcells i Magrans, a criminologist at UOC – Universitat Oberta de Catalunya, examines how the pandemic has influenced crime patterns. The author highlights that while there’s been an observed decline in urban street crime during Spain’s confinement period—a drop of 73.8%, according to government data cited by Balcells i Magrans—this statistic masks a more intricate reality shaped by the pandemic.
- Reduced Street Crime: With people staying at home, traditional street crimes like carjackings and burglaries have declined due to lesser targets in public spaces. High-risk venues for these types of crime became largely empty during lockdowns.
- Increased Domestic Violence: The pandemic has led to an unfortunate increase in domestic violence as people spend more time at home and stress levels rise. This can lead to heightened tension, potentially resulting in a significant underreporting of such crimes.
- Cybercrime Escalation: As the world relies more on digital spaces for work and communication during lockdowns, cybercriminals have exploited vulnerabilities through various online attacks including ransomware, phishing, vishing (voice scams), smishing (SMS fraud) related to COVID-19.
- Cultural Property Theft: Exemplified by the robbery of Van Gogh’s painting “The Garden at Nuenen in Spring”, crimes against cultural property have occurred, showcasing a broader concern for non-human victims.
- Pandemic-Induced Racism and Extreme Poverty: Situations of racism escalating during the pandemic or extreme poverty leading to conflict in some regions, as well as emerging markets for illicde activities. These issues also manifest within delinquency patterns.
- Societal Impacts and Preventive Measures: Balcells i Magrans emphasizes the need to understand crime’s evolution during this pandemic phase, its variation across different regions, potential long-term changes post-pandemic, and advocates for scientific research as a tool in understanding these patterns which may help prepare preventive measures.
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Preguntas frecuentes
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Q: How has the COVID-19 pandemic influenced traditional street crime rates?A: The lockdowns and stay-at-home advisories led to a significant drop in urban street crimes like carjackings and burglaries due to fewer people being outside.
Q: What has been the impact of the pandemic on domestic violence?A: The increase in stress levels during lockdowns led to an escalation in domestic violence, with many incidents potentially going unreported due to heightened tension at home.
Q: How has cybercrime been affected by the pandemic?A: With a surge in online activities for work and communication during lockdowns, crimes like ransomware, phishing scams related to COVID-19 have seen an uptick.
Q: Are there concerns over cultural property theft due to the pandemic?A: Yes, exemplified by a high-profile robbery of Van Gogh’s painting during this period which indicates concern for non-human victims.
Q: How does the pandemic relate to societal issues like racism and poverty in terms of crime?A: Racism escalating or instances related to extreme poverty leading to conflict, as well as emerging markets for illicit activities have been observed during the pandemic.
Q: What is being done about understanding and preventing crime patterns due to COVID-19?A: Balcells i Magrans stresses on scientific research as a method in studying these evolving criminal trends which might help devise appropriate measures for the future.
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Texto original (2020)
El artículo analiza la influencia de la pandemia COVID-19 en el fenómeno delictivo. El autor, Marc Balcells i Magrans, comenta cómo las medidas sanitarias han alterado los patrones habituales de criminalidad y presenta datos que revelan una disminución significativa en delitos urbanos durante la confinamiento obligatorio. A su vez, se exploran casos específicos como el incremento de violencia intrafamiliar debido a tensiones adicionales por la crisis sanitaria global; un aumento en ciberataques aprovechando las condiciones alteradas del mundo digital y la vulnerabilidad creada por una mayor presencia en espacios cerrados. Además, se discuten los desafíos para vÍctimas de violencia intrafamiliar asegurándose que denuncien durante esta crisis. Se abordan también otros tipos de delitos relacionados con la pandemia y cómo estos pueden afectar diferentes sociedades dependiendo de las circunstanscias locales, destacando el robo cultural como un ejemplo particularmente perturbador en este contexto.

El criminólogo estudia empíricamente el delito y el delincuente. Nuestra labor incluye, entre otros aspectos, conocer la cantidad de delincuencia cometida en una determinada zona o establecer las causas de una conducta delictiva. La gran pregunta a la que nos enfrentamos estos días es cómo afecta la pandemia de la COVID-19 al delito. Según datos hechos públicos recientemente por el ministerio de Interior, la criminalidad ha descendido en España durante el confinamiento un 73,8%. Pero estos datos tienen detrás una realidad más compleja de lo que parece.
Estudiar la delincuencia no es tarea fácil en condiciones normales. No es tarea fácil porque el delito es una actividad que, salvo excepciones, se lleva a cabo con la intención de que no sea detectada. Por lo tanto, esta tarea se vuelve más ardua cuando estudiamos el impacto que ha tenido sobre el delito un fenómeno natural, una guerra o una pandemia: en estos casos, la labor del sistema penal (de la policía, de los tribunales) se altera y consecuentemente, conseguir datos fiables es más difícil que en condiciones de normalidad.
Menos delincuencia callejera
¿Y qué delitos estudiar? El abanico de conductas delictivas es amplio, como demuestran los códigos penales actuales, y ciertamente esta pandemia nos da muchos ejemplos. Empecemos por los que nos son más cercanos.
El hecho que la población se halle confinada tiene como consecuencia la caída de la delincuencia urbana: menos gente en la calle o la ausencia de aglomeraciones hace que el carterista o el atracador tenga menos blancos a los que atacar. El transporte público se vacía, así como los centros comerciales o las zonas de ocio, y el turismo desaparece de las zonas más concurridas.
Si a todo ello le sumamos mayor presencia policial por las calles para controlar el cumplimiento del confinamiento (un control formal) o que muchos de nosotros estamos en un balcón mirando esta nueva realidad que nos toca vivir (un control informal), el ladrón actúa bajo condiciones que no son ni normales ni ideales. En estos momentos, aquellos comercios con mayor exposición al público (farmacias o gasolineras, por ejemplo) son los pocos blancos disponibles a la delincuencia callejera.
Más violencia intrafamiliar
Por otro lado, pasamos más tiempo en casa: el adaptarnos a esta nueva situación no es fácil, y genera frustración y nerviosismo que mal gestionado puede llevar a situaciones violentas. Determinados estresores pueden disparar y acelerar estas situaciones: la ansiedad económica, el miedo, la depresión, la ira o la cohabitación continua, entre otros.
Estas situaciones son peores en casos de violencia intrafamiliar, donde agresor y víctima(s) se hallan en el mismo espacio y aislados (una situación que favorece al agresor, quien ve su control sobre la víctima aumentado exponencialmente). A diferencia de la delincuencia callejera, la probabilidad de que este tipo de delincuencia ocurra es peligrosamente mayor.
El nuevo escenario impuesto por la COVID-19 pone de manifiesto la falta de opciones de búsqueda de ayuda para víctimas de violencia intrafamiliar. La ausencia de denuncias por parte de las víctimas puede implicar un aumento de la cifra negra de la delincuencia (es decir, la delincuencia no registrada).
Aumento de los ciberataques
Por otro lado, las horas transcurridas en casa teletrabajando o simplemente delante de algún dispositivo conectado a internet también nos hace más vulnerables frente a ataques informáticos. En estos momentos somos más dependientes del ciberespacio que nunca: esta dependencia crea vulnerabilidad, explotada por los delincuentes a través de intentos maliciosos de lucrarse con esta situación.
La ciberdelincuencia está aprovechándose de la pandemia para atacar tanto a empresas como a individuales. Junto a los ya más tradicionales casos de ransomware o phishing, ahora encontramos también ataques de vishing (la comisión del delito a través del uso de mensajes de voz) o smishing (la comisión de ciberdelito a través de mensajes de texto), muchos de ellos relacionados con la pandemia.
Racismo, pobreza y violencia, acentuados
Si bien estos tres casos son los más cercanos a nuestro día a día, no hay que olvidar que la delincuencia reviste muchas más formas: hablo de ataques racistas y delitos de odio hacia personas de determinados colectivos (pensemos en ataques a determinados colectivos, por ejemplo, culpándoles de haber propagado el virus o ataques a personas que viven en la calle); de situaciones de extrema pobreza en áreas del planeta que pueden desembocar en situaciones de saqueo o incluso en enfrentamientos armados (violencia política); nuevos mercados ilícitos y oportunidades que serán explotados por parte de organizaciones criminales; entre muchos otros escenarios de índole delictiva.
Bienes culturales desprotegidos
Aunque los escenarios más preocupantes son aquellos que hacen referencia a una víctima humana, no olvidemos que nuestro código penal tutela otros bienes como el patrimonio cultural, por ejemplo. Muchas instituciones culturales se hallan altamente desprotegidas, como se ha podido comprobar con el robo del cuadro de Van Gogh “El jardín de Nuenen en primavera”: el robo se perpetró en un ataque nocturno al museo de Singer Laren en Holanda. Este es un claro ejemplo de la transversalidad delictiva generada por la pandemia.
Estamos todavía en una fase relativamente temprana de la pandemia, a la espera de la recopilación de diferentes estadísticas para ver si las predicciones realizadas se han cumplido o no. Los criminólogos seguiremos planteando importantes preguntas relevantes a nuestra seguridad: ¿cómo evoluciona esta cuestión? ¿Cómo varía de zona en zona? ¿Estas tendencias se mantendrán o cambiarán? ¿Qué pasará con las mismas una vez acabe la pandemia?
Hay que estar preparados y todo lo que se pueda ir analizando será avanzar en conocimiento sobre los efectos de la pandemia sobre el delito, y lo que es más importante todavía, avanzar en su prevención. Un trabajo que pasa por la investigación científica de alta calidad. Obtener conocimiento de estos temas es, en el fondo, conocernos mejor y estar preparados.
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Marc Balcells i Magrans no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Marc Balcells i Magrans, Profesor de Criminología y Derecho Penal, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

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