- Impacto a Largo Plazo de la Modificación Urbana
- Una Ciudad Saludable
- La Ciudad Resiliente
- Preguntas frecuentes
- Impacto a Largo Plazo de la Modificación Urbana
- Una Ciudad Saludable
- La Ciudad Resiliente
- Texto original (2020)
- Cambios, pero ¿qué cambios?
- La ciudad sana
- La ciudad de las delicias
- La ciudad resiliente
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
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Impacto a Largo Plazo de la Modificación Urbana
La pandemia nos ha obligado a reconsiderar nuestras conexiones urbanas y sociales. Este artículo examina cómo las transformaciones en el entorno urbano pueden promover una alimentación más sostenible, enfatizando cultivos urbanos como huertos de producción barrio y superalimentos que se cultivan en invernaderos verticales.
Una Ciudad Saludable
- Incrementar la masa forestal urbana para un aire más puro
- Promover el uso del ciclo del agua en diseños de fachadas y terrazas habitables afuera.
- Crear huertos urbanos en viviendas con techos que alberguen cultivos, como vegetales, árboles frutales o pequeñas plantaciones animales para productos lácteos
- Implementación del aprovechamiento de materiales naturales y la arquitectura sostenible.
- Incentivar prácticas resilientes como el empoderamiento ciudadano y la transición hacia modelos energéticos renovables.
- Adaptarse a los cambios climáticos mediante sistemas urbanos eficientes en recursos hídricos y capacidad asistencial ante emergencias sanitarias o bacterianas.
- ¿Cómo pueden aumentar las ciudades masas forestales para mejorar el aire?
Creando y protegiendo espacios verdes urbanos que puedan funcionar como corredores de biodiversidad. - ¿Qué prácticas resilientes pueden incentivarse para fortalecer la ciudad?
Incluyendo el empoderamiento de los ciudadanos y promoviendo energías renovables como fuente principal.
sustentable. Además: el diseño urbano debe considerar la escala aérea, creando espacios verdes que contribuyan al bienestar ambiental.
La Ciudad Resiliente
La resiliencia se convierte en una habilidad esencial para construir ciudades que puedan proporcionar cobijo, alimento y atención médica durante crisis. La solidaridad global emerge como un pilar clave de este concepto.
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Preguntas frecuentes
Impacto a Largo Plazo de la Modificación Urbana
¿Cómo pueden las transformaciones en el entorno urbano promover una alimentación más sostenible?
La reevaluación del tejido urbano impulsada por situaciones como la pandemia ha llevado a considerar cultivos urbanos y superalimentos cultivados en invernaderos verticales, contribuyendo así a un sistema alimentario más saludable y sostenible.
¿Qué medidas pueden aumentar la masa forestal urbana?
Incrementar los parques urbanos y plantaciones para mejorar el aire, además de crear jardines en balcones o patios traseros.
¿Cómo se puede utilizar el ciclo del agua en diseños arquitectónicos?
Incluyendo elementos como fachadas húmedas que retienen y recirculan el agua, y terrazas habitables con sistemas eficientes de recolección y riego.
¿Cómo pueden los huertos urbanos integrarse en las viviendas?
Implementando cultivos sobre techos que puedan ser jardincitos, permitiendo la producción directa de alimentos y contribuciones a un ciclo localizado de sustentabilidad.
¿Cuál es el papel del aprovechamiento de materiales naturales en arquitectura sostenible?
Utilizar recursos renovables como la madera certificada y técns, minimizando los impactos ambientales negativos asociados con la construcción.
Una Ciudad Saludable
La Ciudad Resiliente
Texto original (2020)
En esta era del confinamiento y la tecnología en nuestras vidas cotidianas, las ventanas nos ofrecen una nueva perspectiva sobre el urbanismo y los cambios arquitectónicos que surgen. ¿Cuál será el impacto a largo plazo de tales modificaciones? Este artículo explora cómo la transformación urbana puede fomentar un enfoque holístico para alimentarnos más sosteniblemente, promoviendo cultivos urbanos y superalimentos; así como examinando las innovaciones que podrían fortalecer nuestras ciudades ante futuras crisis.

En estos tiempos, más que nunca, vemos la realidad a través de la ventana.
Confinados en nuestras casas, las ventanas se han convertido en nuestras lentes de mirar, tanto de lejos como de cerca. También dentro de casa hay ventanas: la ventana de la pantalla del ordenador, la pantalla del móvil, o las ventanas que son los ojos de algunos de nuestros seres queridos con los que convivimos en nuestros hogares las veinticuatro horas del día.
En cada una de estas ventanas rebota incesantemente una pregunta que nadie puede hoy contestar con certeza, ¿y mañana?
Cambios, pero ¿qué cambios?
Mañana en el tiempo de la arquitectura y del urbanismo no es precisamente la inmediatez de las horas o de los días. Si esta situación engendra algún cambio en la arquitectura o en el diseño de las ciudades, la naturaleza de este cambio se asemejará a un mar de fondo de cambios lentos que nos llevarán a algún lugar dentro de una escala temporal de años.
Ese mar de fondo, sin embargo, podría surgir entorno a tres vectores fundamentales.
La ciudad sana
Como dice Richard Sennett, los problemas de salud pública fueron los que hicieron repensar la ciudad, porque las enfermedades afligían tanto a los ricos como a los pobres.
Es pertinente retomar el concepto de ciudad sana para ponerlo en primera línea. Debemos reflexionar conjuntamente sobre asuntos como el incremento de la masa forestal de las ciudades, capaz de producir un aire más puro; la erradicación completa del automóvil de combustión privado; y la introducción del aprovechamiento del ciclo del agua, recogida, reciclaje aguas grises, almacenamiento, diseño de fachadas captadoras de agua…
Tras estos temas se agolpan nuevas consideraciones prácticas como el diseño de una arquitectura de terrazas y balcones, de espacios realmente vivibles en el exterior; la capacidad de transformar los terrados de las viviendas en huertos de producción a escala de barrio; o el empleo masivos de materiales de origen natural. Estrategias y acciones que van de la escala ciudad a la pequeña escala arquitectónica.
Hay mucho urbanismo que recorrer en ese sentido. Y qué mejor que después de una crisis sanitaria empezar de verdad a ponerlo en práctica.
La ciudad de las delicias
Los huertos urbanos y las granjas urbanas, normalmente verticales, ya se han instalado en nuestro imaginario. Pero la puesta en práctica sigue siendo marginal o voluntarista, y por tanto, poco escalable.
Aún así, ya estamos tímidamente asumiendo que la mejor dieta alimentaria es la de kilómetro 0 (es decir, aquella que suma menos huella carbono). Y para hacer eso viable, hay que extender y escalar esa idea.
Por tanto, necesitamos aprovechar todos los espacios urbanos que tengan suelo en plena tierra, en la cota 0, y crear un cultivo por invernaderos en las cubiertas de los edificios, como antes apuntaba.
¿Eso va a permitir la autosuficiencia? Seguramente no al 100%. Pero solamente desde una producción de proximidad, tendrá sentido que para ciertos productos tengamos que ir un poco más lejos. Los cereales, la carne, y tantos otros, no se pueden cultivar en los parques o los jardines de nuestras ciudades. ¿Pero y todo lo demás?
¿Qué ocurre con ciertos alimentos, los llamados superalimentos, tales como las algas de espirulina y la chlorella, las bayas de goji, açal o de aronia, las semillas de chía y cáñamo? Muchos de estos alimentos, muy concentrados de proteínas y antioxidantes, requieren extensiones pequeñas que pueden perfectamente ocupar el terrado de los edificios de oficinas y de viviendas. ¿Para cuando una regulación que lo permita?
La ciudad resiliente
La resiliencia urbana es un concepto que se ha incorporado recientemente al vocabulario del diseño urbano avanzado. La idea de resiliencia urbana, es decir, la capacidad de generar una respuesta adaptativa tras episodios de estrés extremo, abarca una gran panoplia de conceptos y acciones específicas. Se trata de incentivar la capacidad de anticipación y empoderamiento ciudadano, y están íntimamente relacionadas con los procesos de transición hacia un nuevo modelo energético, la adaptación al cambio climático, la descentralización del uso del agua o la capacidad asistencial inmediata de grandes colectivos sociales.
Una ciudad diseñada en términos resilientes es aquella que de forma extremadamente eficiente y empática es capaz de dar cobijo, asistencia y alimento en mitad de una pandemia.
Es bien cierto que la idea de resiliencia se ha asociado a catástrofes de origen natural, huracanes, inundaciones, terremotos, etc., pero no cabe duda de que después de esta pandemia se ampliará a catástrofes virológicas o bacterianas de alcance global. Eso significa que la resiliencia se deberá orientar a que pueda ocurrir, al mismo tiempo y en una buena parte del mundo, una situación de catástrofe. Eso impulsará todavía más la solidaridad global, y debería también ayudar a que emerjan los conceptos de transformación urbana.
Como comenta el escritor y filósofo Paolo Giordano,
la epidemia nos anima a pensar en nosotros mismos como parte de una colectividad; nos obliga a hacer un esfuerzo que simplemente no haríamos en una situación normal: reconocernos inextricablemente conectados a los demás y tenerlos en cuenta en nuestras decisiones.
Qué mejor expresión de la idea de comunidad que el concepto de ciudad. Y qué mejor herramienta que la arquitectura.
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Miquel Lacasta Codorniu does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Miquel Lacasta Codorniu, Doctor Arquitecto, área de proyectos, Universitat Internacional de Catalunya
