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Cómo las empresas tecnológicas mundiales habilitan al régimen bielorruso – y a la revolución bielorrusa

¿Puede hacerse algo contra las empresas cuyos instrumentos facilitan la represión?

Manifestación de protesta contra Lukashenko en Minsk, capital de Belarús. Foto: Homoatrox / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.). Algunos derechos reservados.

Los bielorrusos siguen protestando contra el presidente Aleksandr Lukashenko, desafiando la violencia policial y el frío. Mientras la Unión Europea prepara su tercer paquete de sanciones contra funcionarios y empresas bielorrusos, aumentan los pedidos para que Occidente aplique una mayor presión económica, en particular para que considere la posibilidad de prohibir el suministro de determinados productos de tecnología de la información.

¿Esas sanciones podrían funcionar? Es cierto que desenredar las cadenas de suministro del país de Occidente no sería fácil. Pero en el mundo globalizado de hoy, no faltan opciones alternativas.

Prohibición bancaria

Una de las luchas más destacadas es desconectar a Belarús de SWIFT, red global de comunicaciones bancarias.

En diciembre, Golos (“Voz”), plataforma en línea creada por el equipo del candidato presidencial Viktar Babaryka, ahora en prisión, preguntó a los bielorrusos si apoyarían la exclusión de Bielorrusia de SWIFT. De los más de 400 000 encuestados, el 64V% apoyó la medida.

Tal vez SWIFT no sea una institución oficial de la Unión Europea, pero como cooperativa con sede en Bélgica tiene que cumplir las normas y reglamentos de la Unión Europea. En caso de que reciba instrucciones para desconectar a Belarús, como ocurrió con Irán en 2012, SWIFT apoyará efectivamente el pedido de la oposición bielorrusa de mayor presión económica sobre el régimen de Lukashenko.

El propio Lukashenko ha reconocido que las amenazas de desconectar a Belarús de SWIFT han tenido éxito al menos una vez. En su entrevista para la página web ucraniana GordonUA, justo tres días antes de las elecciones del 9 de agosto, el líder bielorruso relató su reunión de 2009 con el Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Javier Solana. “Le pregunté qué pasaría si reconociéramos la soberanía [de Abjasia y Osetia del Sur]… Estaba preparado para esa pregunta. Sacó un cuaderno y empezó a enumerar: “Señor presidente, Belarús se desconectaría inmediatamente de las transacciones SWIFT. Esa fue la sanción más grave”, recordó Lukashenko. El dirigente bielorruso continuó afirmando que, como Rusia no había proporcionado ninguna garantía para compensar a Belarús por esas pérdidas, dos territorios separatistas de Georgia nunca fueron reconocidos oficialmente por Minsk.

La idea ha vuelto a cobrar fuerza durante las recientes protestas. El 10 de noviembre, Nikolai Khalezin, director del disidente Teatro Belarús Libre, declaró que Occidente debería desconectar a Belarús de SWIFT como respuesta a la decisión de las autoridades de congelar los fondos para las víctimas de las represiones que habían sido recogidos a través de la campaña de crowdfunding #BY_help.

“Actualmente, el poder de Lukashenko se basa en la codicia de las fuerzas de seguridad, la cobardía de los funcionarios estatales y la indecisión de una parte de la población… La pirámide del poder percibe cualquier presión significativa de la comunidad internacional como una debilidad para los cimientos de la dictadura”, explicó Khalezin en entrevista con Global Voices. “Estas medidas privan a la dictadura de los recursos para pagar los salarios de las fuerzas de seguridad y los funcionarios estatales”.

Muchos en la oposición bielorrusa parecen compartir estas esperanzas. En noviembre, la candidata presidencial opositora Sviatlana Tsikhanouskaya repitió estos llamamientos.

Esto indignó a Lukashenko, que sostuvo que quienes pedían que se desconectara a Belarús de SWIFT querían “destruir el país”.

Pero entonces la línea a favor del Gobierno cambió, en un intento de restar importancia a esa medida.

Según el periódico Nasha Niva, a fines de noviembre el Banco Nacional de Belarús envió una carta a los bancos privados en la que les pedía que se conectaran lo antes posible al sistema del PESA de la Oficina de Servicios de Rusia. Esto significa que aunque la Unión Europea y Estados Unidos puedan convencer a SWIFT para que desconecte Belarús, todos los pagos importantes se enrutarán a través de los bancos rusos.

Luego, el 4 de diciembre, el analista afín al Gobierno Pyotr Piatrouski dijo a la agencia estatal de noticias BELTA: “Desde la década de 1990, cuando Belarús fue amenazada con sanciones, el país creó su propio sistema bancario nacional, Belkart. También estamos conectados al sistema ruso. Estamos conectados al sistema chino. En la actualidad, SWIFT no tiene el monopolio de permitir las operaciones monetarias”.

“Por otro lado, la desconexión de Bielorrusia de SWIFT supondrá un duro golpe para la oposición radical bielorrusa… porque la oposición no podrá obtener financiación a través de tarjetas bancarias”, concluyó Piatrouski en la misma entrevista.

La plataforma Golos descarta estos argumentos, afirma que “el sistema ruso que se creó como respaldo para la propia desconexión de SWIFT de Rusia no ayudará”. Los bancos de las partes comerciales no están conectados a SWIFT, mientras que el servicio SPFS solo permite transacciones en rublos, sostiene el comunicado, que prevé que la importación y la exportación se paralizaría en caso de desconexión.

Embargo comercial

Intentos anteriores de limitar el acceso a la tecnología utilizada por el Gobierno de Belarús no han tenido gran éxito. En 2011, la Unión Europea introdujo un embargo sobre cualquier arma y equipo que pudiera usarse para represión interna, como reacción a la violencia contra los manifestantes tras las elecciones presidenciales de diciembre de 2010. Estados Unidos también ha prohibido las relaciones económicas con diversos funcionarios y empresas bielorrusas, aunque en 2019 algunas sanciones se han retirado o congelado por la esperanza de normalizar las relaciones.

A pesar de estos esfuerzos, las granadas de aturdimiento usadas contra los manifestantes en las calles de Minsk hacia mediados de 2020 eran de origen checo. Aunque presumiblemente se compraron antes del embargo de 2011, la tecnología DPI (Deep Packet Inspection) usada para limitar el acceso a diversos sitios web independientes en Belarús es un producto de diseño contemporáneo. Fue elaborado por la empresa canadiense Sandvine, de propiedad estadounidense, cuyos representantes hicieron una demostración de la tecnología ante las autoridades bielaorrusas en fecha tan reciente como mayo de 2020.

Tras una investigación de Bloomberg y una protesta internacional, la empresa revisó su código de ética interno y terminó el acuerdo con Minsk. “Al terminar el acuerdo, Sandvine dijo que dejaría de dar actualizaciones de software y asistencia técnica para su equipo utilizado por el Centro Nacional de Intercambio de Tráfico controlado por el Estado, que gestiona todos los datos de internet que entran y salen del país. Pero eso no significa que el equipo dejará de funcionar, y se seguirá usando a corto plazo”, dijo un portavoz de la empresa a Bloomberg en septiembre de 2020.

Estos ejemplos son apenas una muestra.

Según un comunicado de prensa facilitado a Global Voices por bielorrusos en San Francisco, el verdadero alcance de la cooperación puede ser mucho mayor. Estos bielorrusos han estado protestando frente a las oficinas de las empresas de Silicon Valley por sus vínculos con el Gobierno bielorruso. Afirman que más de 20 importantes empresas mundiales de tecnología de la información están suministrando tecnología a las autoridades bielorrusas, como Seagate Technology, Kingston Technology, la filial de IBM Red Hat software, SAP SE, VMware Inc, Oracle Corporation, Broadcom Inc, Supermicro, Intel, NVIDIA y muchas otras. Las menciones de algunos de los productos de estas empresas (como VMWare, Seagate y Oracle) pueden encontrarse en el portal de licitaciones del Estado.

Aunque el hardware y el software occidentales se usan para alimentar los sistemas digitales de la mayoría de las instituciones estatales de Belarús, es importante señalar que algunas están más involucradas en la represión que otras.

“Supermicro, empresa de tecnología de la información de San José (California), ganó recientemente una licitación con la KGB de Belarús para el suministro de su equipo por 100 000 dólares. Antes de la licitación, la comunidad bieorrusa del área de la bahía de San Francisco les envió una carta sobre la situación en Belarús y les pidió que detuvieran la licitación”, dice una descripción de la protesta del 24 de noviembre.

Supermicro aún no ha dado una respuesta pública. Es plausible que los servidores de Supermicro ayuden al servicio de seguridad nacional del país a almacenar sus datos, aunque no se puede saber con certeza.

Pero detener la exportación de tecnología a un régimen represivo no sería tan fácil. En realidad, según el sitio web oficial de licitaciones del Estado de Belarús, los servidores de Supermicro se suministrarían a la KGB a través de la empresa privada bielorrusa MAP INFO. En teoría, la empresa estadounidense no participaría en el apoyo a la KGB de Belarús. Para evitarlo en la práctica, Supermicro tendría que dejar de vender su equipo a cualquier empresa privada de Belarús. Lo mismo puede decirse del programa de licencias de Vmware para servidores que utiliza el Centro de Información y Análisis de la Administración Presidencial, cuya licitación de septiembre de 2020 la ganó la empresa privada bielorrusa Kvadrosoft.

Aunque las empresas estadounidenses dejaran de cooperar con sus homólogos privados de Belarús, Tal vez no sea suficiente. Como mercado bielorruso es pequeño, los proveedores privados y estatales rusos podrían entonces entrar en el juego.

“Dada la escasez de recursos internos y la gran dependencia de la financiación externa para financiar el déficit comercial y el servicio de la deuda externa, toda restricción impuesta a los flujos de capital puede deteriorar considerablemente la situación económica y hacer que Belarús dependa más de la financiación rusa”, concluyó Julia Korosteleva en su estudio sobre la eficacia de las sanciones para Belarús, publicado por el Servicio Exterior de Acción Europea en 2012.

Ocho años después, ese sigue siendo el caso. También es cierto en lo que respecta a las cadenas de suministro. Los estrechos vínculos económicos con Rusia o Kazajistán, y las crecientes relaciones con China (y la dependencia), ofrecerían otra oportunidad a Minsk de adquirir el equipo o los bienes que le niega Occidente.

Es importante señalar que las tecnologías de código abierto también se pueden usar para muchos propósitos, y no cuestan nada. Ya se están utilizando no sólo para eludir la censura, ytambién para permitirla, como muestra el caso del operador móvil A1 de propiedad austriaca.

Cuando las autoridades bielorrusas intentaron cerrar el acceso a internet móvil en todo Minsk durante las acaloradas protestas, A1 pareció acceder a sus demandas. La empresa fue entonces objeto de escrutinio por parte de la prensa austriaca. Según Quirum Media Foundation, la filial bielorrusa de A1 utilizó el conocido programa informático Squid para filtrar el acceso a esos medios de comunicación independientes y a otros sitios web que disgustaban al Gobierno.

“Squid no es más que un software de código abierto gratuito que se puede instalar en un computador potente”, explicó Vadzim Loseu, analista y consultor de seguridad digital bielorruso con amplia experiencia en Belarús, Rusia y Kazajistán. “Su licencia no incluye ninguna limitación sobre el uso del producto de software para el filtrado de internet”.

Por su parte, A1 parece sugerir que hacer aplicar bloqueos de internet es el precio de hacer negocios en Belarús. En su respuesta a la carta abierta de la coalición KeepItOn, ONG que hace campaña contra el bloqueo de internet, el proveedor declaró: “Es obvio que la limitación del acceso a los servicios de internet va en contra de los intereses de la empresa y sus clientes. Sin embargo, A1 Telekom Austria Groups está obligada a seguir las normas legislativas y normativas locales en todos los países en que opera”.

Además, cabe recordar que, si bien Belarús es un mercado pequeño, tiene un sector nacional de tecnología de la información activo y bien considerado. Algunas empresas bielorrusas ya se quejan de haber tenido que enfrentar agresivas campañas en línea en las que se les acusa de tener vínculos con el régimen bielorruso. Por ejemplo, a mediados de 2020, varios canales de medios sociales dirigidos por la oposición acusaron a Synesis de proporcionar a la Policía tecnologías de reconocimiento facial con su software Kipod. En su defensa, la empresa explicó a Onliner.by que sus cámaras solo están en las estaciones de metro y de ferrocarril de Minsk, y solo pueden reconocer rostros específicos a partir de su base de datos existente, no a partir de las imágenes cargadas de las protestas, como especularon los usuarios en medios sociales.

¿Autocracia sin fronteras?

Al final, una cosa es segura: Belarús se ha globalizado lo suficiente como para verse perjudicada si las tecnologías y los suministros se vuelven menos accesibles, pero también lo suficiente como para poder reorientarse a mercados más grandes en el Este. Algunos productos de código abierto y el potencial de su propio sector informático también complicarían la eficacia de cualquier sanción unilateral. Entonces, ¿qué se puede hacer?

Un enfoque más eficiente por parte de Gobiernos y empresas occidentales podría consistir en ampliar las tecnologías a Belarús y hacerlas más accesibles. Ya tienen buenos ejemplos a seguir en el sector de la tecnología de la información: en agosto de 2020, la plataforma de mensajería Telegram y los proveedores de VPN segura salvaron a los bielorrusos del apagón total mediante el despliegue de herramientas contra la censura y el suministro de tráfico libre. La emisora Euroradio, con sede en Polonia y Belarús, también utilizó la tecnología móvil para lanzar una línea de acceso gratuito a sus noticieros a través del teléfono celular durante los bloqueos de internet.

“Imponer limitaciones a la distribución de la tecnología en 2020 probablemente sería imposible por la interconexión del mercado de software y hardware de Belarús. Muchas empresas están presentes en ese mercado y si Sandvine se va, alguien más podría ocupar su lugar mañana”, concluyó Vadzim Loseu, analista de seguridad digital. “En general, la responsabilidad de la censura y el filtrado de internet recae en los Estados u otras partes que aplican esas herramientas. Si tu vecino sigue golpeando a su gato con un zapato, puedes hablar con los productores y proveedores de zapatos todo lo que quieras, pero sigue siendo importante recordar quién está golpeando al gato”.

Este artículo es posible gracias a la asociación con Transitions, organización editorial y de formación en medios de comunicación con sede en Praga.

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Publicado originalmente en: Global Voices (Creative Commons)
Por: Gabriela Garcia Calderon Orbe el día 23 December, 2020

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