- El análisis profundo sobre el surgimiento del Estado Islámico
- Los componentes geopolíticos del Estado Islámico
- Reflexión sobre la intervención occidental en Oriente Próximo
- El papel histórico en la formación del Estado Islámico
- La influencia del islamismo e inestabilidad regional
- El impacto del legado colonial y modernas tensiones
- Referencias
- Preguntas frecuentes
- FAQs sobre la emergencia de regímenes extremistas y su relación con intervenciones occidentales: Estado Islámico/ISIS
- Texto original (2015)
- La periodista Olga Rodríguez publica la segunda parte de su entrega sobre el surgimiento del Estado Islámico analizando todos los componente geopolíticos como el financiamiento del grupo y el intervencionismo francés
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2015. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
El análisis profundo sobre el surgimiento del Estado Islámico
Para entender los factores que han contribuido al emerger de regímenes extremistas como el ISIS, es crucial reflexionar sobre sus causas y consecuencias. Los terrorismos relacionados con el Islam no son inherentes a la religión ni su etnia; en cambio, surgen del contexto político y las decisiones históricas alrededor del Medio Oriente. El surgimiento de grupos extremistas ha sido acelerado por la intervención occidental desde hace años.
“El paso al frente” francés, donde Francia busca mantener su influencia internacional, ha incluido operaciones militares en Libia y Malí. En el caso de Malí (2013), la intervención francesa llevó a un conflicto que contribuyó indirectamente a las condiciones propicias para grupos como el ISIS surgir.
Los componentes geopolíticos del Estado Islámico
- “Llegamos, vimos y murieron” (Hollande) al referirse a la masacre en París. Esta política militar de intervención ha tenido repercusiones negativas.
- La financiación del grupo e influencias políticas externas son fundamentales para comprender su dinámica actual y futura.
Reflexión sobre la intervención occidental en Oriente Próximo
“Síqueles que han aplacado, hermanos,” a un líder del ISIS durante una entrevista. Esto subraya cómo el grupo se ha alimentado de sentimientos anti-occidentales y resentimiento hacia las intervenciones extranjeras.
El papel histórico en la formación del Estado Islámico
- “Desde el golpe de estado contra Mossadeq” y posteriormente contra Irán, los movimientos árabes se han visto impulsados hacia extremos violentos.
- El apoyo financiero a grupos militantes en Siria ha sido un elemento constante desde la era colonial que desemboca en las presentes tensiones y conflictos.
La influencia del islamismo e inestabilidad regional
“El fin justifica los medios” (Voltaire) aplicado erróneamente por algunos para entender el motivo detrás de las acciones extremistas. Este punto muestra cómo la creencia en una causa divinamente guiada ha perpetuado conflictos que se han exacerbado con intervenciones militares.
El impacto del legado colonial y modernas tensiones
- “La conquista de Irak y la invasión más reciente en Siria (2013) han alimentado el caos que ha permitido a los extremistas prosperar.” Este relato resalta cómo las decisiones políticas pasadas, desde conflictos afganícos hasta guerras contemporáneas, crean un terreno fértil para la radicalización.
- “El fin justifica los medios” como una expresión de crítica hacia intervenciones que a menudo no buscan solucplantar ni dialogar con las complejidades culturales y políticas del Medio Oriente.
Para evitar la perpetuación del extremismo, es necesario examinar cómo cada intervención occidental ha contribuido a desestabilizar el terreno geopolítico donde surgen grupos como el ISIS. La reflexión y conciencia son los primeros pasos para buscar soluciones duraderas.
Referencias
- Artículo de revista sobre el surgimiento del Estado Islámico (Español)
- “Desde el golpe en Argelia hasta la invasión estadounidense,” explican las secuelas políticas y sociales.
- Análisis histórico del extremismo en el Medio Oriente (Español)
- “Los pasos al frente,” reflexiona la política contemporánea.
- “Las consecuencias de los medios” y “Justificación del fin justifican”, son citas que han sido utilizadas para ilustrar puntos clave en el texto (Español)
Preguntas frecuentes
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FAQs sobre la emergencia de regímenes extremistas y su relación con intervenciones occidentales: Estado Islámico/ISIS
¿Qué factores han contribuido al surgimiento del ISIS?
Los terrorismos relacionados con el Islam no son inherentes a la religión ni su etnia; en cambio, surgen del contexto político y las decisiones históricas. El conflicto que se originó tras la intervención francesa en Malí (2013) contribuyó indirectamente a condiciones propicias para grupos como el ISIS surgir.
¿Cómo han influido las políticas occidentales, como “llegar y morir”, en la dinámica del Estado Islámico?
“Desde el golpe de estado contra Mossadeq” y posteriormente contra Irán, los movimientos árabes se han visto impulsados hacia extremos violentos. Además, las decisiones políticas como la intervención en Irak (2003) e Siria (2013), junto con el apoyo financiero a grupos militantes desde tiempos coloniales hasta nuestros días, crearon un terreno fértil para tensiones y conflictos que alimentan el extremismo.
¿Cómo se relaciona la intervención occidental en Oriente Próximo con la radicalización?
“Desde el golpe de estado contra Mossadeq” y posteriormente contra Irán, los movimientos árabes se han visto impulsados hacia extremos violentos. La conquista del Irak (2003) e invasión más reciente en Siria (2013), junto con el apoyo financiero a grupos militantes desde tiempos coloniales hasta nuestros días, crearon un terreno fértil para tensiones y conflictos que alimentan la radicalización. Además, algunas intervenciones se perciben como una expresión de crítica hacia interacciones occidentales con el Medio Oriente.
¿Qué papel ha jugado el legado colonial en la situación actual del Estado Islámico?
El apoyo financiero a grupos militantes en Siria y otras regiones desde la era colonial hasta las presentes tensiones refleja un ciclo continuo de intervenciones que han alimentado el caos, permitiendo prosperar el extremismo.
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Texto original (2015)
El artículo de Olga Rodríguez ofrece un análisis profundo sobre el surgimiento del Estado Islámico, examinando las complejas geopolíticas involucradas desde la intervención francesa en Siria y Malí hasta los efectos emocionales prolongados a causa de conflictos pasados. Esta introducción establece que aunque algunos pueden culpar al Islam por extremismos violentos, tales manifestaciones no son inherentes al propio islam ni su etnia; más bien, surgen del contexto político y las decisiones históricas en un mundo donde la intervención ha tenido consecuencias catastróficas. La introducción señala que para entender el terrorismo relacionado con el Islam hay que reflexionar sobre sus causas ancladas en los conflictos pasados, así como las repercusiones de políticas contemporáneas y la intervención occidental alrededor del Medio Oriente. Esta introducción destaca cómo regímenes extremistas han emergido no solo debido a factores religiosos sino también por influencia política externa, conflictos pasados como el colonialismo francés en Siria o guerras contra la URSS que se tradujeron en grupos armados islámicos. El artículo invita al lector a considerar cómo las intervenciones militares y políticas de Occidente desde hace años han tenido un papel significativo, como el apoyo financiero dado por Arabia Saudí o EEUU, que ha impactado en la formación de grupos extremistas. Además, enfatiza la importancia del estudio histórico para comprender los problemas actuales y cómo estos son exacerbados por políticas contemporáneas y intervenciones extranjeras alrededor del Medio Oriente.
La periodista Olga Rodríguez publica la segunda parte de su entrega sobre el surgimiento del Estado Islámico analizando todos los componente geopolíticos como el financiamiento del grupo y el intervencionismo francés
Publicado originalmente en ElDiario.es
El ISIS afirma que ha acabado con Sykes-Picot. Aquél acuerdo, suscrito en secreto entre Reino y Francia en 1916, repartía entre ambos el control de Oriente Próximo.
En los últimos años Francia ha querido situarse en primera fila de la geopolítica, impulsando operaciones militares en Libia o Malí, con terribles consecuencias.
El extremismo violento que se ejerce en nombre del Islam no procede de ningún ADN connatural a una religión o a una etnia. En vista de lo que algunos insinúan estos días, hay que aclararlo.
El paso al frente de Francia
Dijo Hollande que la masacre de París es un acto de guerra, pero lo cierto es que Francia lleva participando en guerras desde hace tiempo.
En los últimos años nuestro país vecino ha querido situarse en primera fila de la geopolítica, en busca de una mayor influencia internacional. Para ello abanderó la defensa de la intervención militar en Libia, de la mano del filósofo Bernard-Henri Levy, quien ayer mismo pedía, en una huida hacia adelante, más tropas en el terreno sirio y más guerra.
Con la excusa de liberar una ciudad de las garras del ejército de Gadafi, una coalición militar liderada por Francia y Reino Unido -con compañeros de dudosa reputación- armó en 2011 a grupos yihadistas y a individuos que antes habían participado en la guerra contra EEUU en Afganistán.
Aquella operación prosiguió durante meses y no paró hasta que Francia y EEUU asesinaron extrajudicialmente a Gadafi. Fue llamativo que ambos países se disputaran, cual botín, la autoría de un asesinato que violaba la ley internacional.
“Llegamos, vimos, murió”
Libia quedó fragmentada y dividida en milicias armadas por Occidente, algunas de ellas extremistas. No importó. Hillary Clinton no pudo evitar aquello de “llegamos, vimos y murió”, comentando el asesinato de Gadafi. El salvaje oeste volvía a ser reivindicado. ¿Para qué hay cárceles y tribunales cuando se puede ejecutar a alguien sin más?
Libia se convirtió en arsenal de yihadistas armados que participarían en el horror actual que vive tanto ese país como Siria.
Francia también impulsó una intervención militar en Malí en 2013, enviando tropas galas al terreno.
Los papeles en Siria
Desde 2011 varios servicios secretos occidentales, así como unidades especiales de EEUU, estuvieron presentes en Siria, estudiando a qué grupos de la oposición apoyar y armar.
Ya en 2012 escribí en el libro “Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe” cómo Francia o Reino Unido, así como Arabia Saudí, Emiratos o Qatar, estaban ofreciendo apoyo logístico, militar o de inteligencia a diversos grupos “rebeldes”, algunos de ellos yihadistas.
La apuesta de Obama fue la estrategia del desgaste: dejar que los bandos implicados se debilitaran entre ellos, apoyando a determinados grupos de la oposición pero sin facilitar armamento pesado y evitando un desenlace.
Irán y Rusia estuvieron presentes respaldando al régimen de Bashar al Assad, que no dudó en golpear duro en sus bombardeos sobre zonas urbanas en un intento por acabar con la oposición, a costa de muerte y destrucción, lo que contribuyó al aumento del extremismo.
El ISIS en Siria
Con la llegada a Siria de una delegación del “Estado Islámico” de Irak en agosto de 2011 se puso en marcha el “Estado Islámico” de Irak y Siria, que se asentó en varias áreas suníes del país, algunas de ellas cercanas a la frontera de Turquía, donde han operado los servicios secretos turcos, que han hecho la vista gorda ante las idas y venidas de los yihadistas. Como apuntaba en la primera parte de este artículo, varios actores regionales se han beneficiado de la existencia del ISIS.
En 2013, tras la toma de algunas ciudades importantes de Irak, el ISIS se hizo fuerte y popular entre algunos sectores de jóvenes musulmanes marcados por la guerra o por la desafección. A ello ha contribuido su sofisticada campaña propagandística a través de Internet.
Sykes-Picot
El ISIS ha proclamado en un vídeo que Sykes-Picot se ha acabado, y muchos en la región opinan que estamos ante un segundo Sykes-Picot.
El acuerdo de Sykes-Picot, llamado así por el apellido de sus dos valedores, fue suscrito de forma secreta en 1916, en la I Guerra Mundial, entre Francia y Reino Unido. A través de él ambas potencias se repartían el control de Oriente Medio en caso de una victoria militar: Francia ejercería su influencia sobre los actuales Siria y Líbano, y Reino Unido sobre Transjordania (la actual Jordania y Cisjordania), Palestina e Irak.
Así lo acordaron y así se hizo, a pesar de que sus promesas a la población local habían sido otras. La independencia ansiada por los árabes cayó en saco roto. Sykes-Picot convirtió antiguas provincias del Imperio otomano en países, dibujó fronteras a su antojo y repartió un suculento pastel entre París y Londres.
Francia como metrópoli
Desde 1920 y hasta la década de los 40 Francia ejerció su control sobre la Gran Siria, que comprendía lo que hoy conocemos como Líbano y Siria. En Líbano se impuso un sistema de cuotas fomentado por París, interesado en beneficiar a los cristianos.
Ese sistema estableció la presencia en el Parlamento de seis cristianos por cada cinco musulmanes, a pesar de que estos eran mayoría en el país.
También contemplaba que la presidencia de Líbano estuviera en manos de un cristiano; el primer ministro debía ser un suní y el presidente del Parlamento, un chií, algo que permanece hasta hoy. Aquello estableció un reparto de poder en función de la confesión religiosa, y por tanto una división de facto entre las diferentes religiones y confesiones.
“La Cruz sobre la Media Luna”
En Siria Francia también ejerció su mandato imponiendo sus intereses, violando la independencia que el rey Faisal I había declarado en 1920 y declarando Siria como su “colonia”.
El oficial francés Goraud comandó sus tropas hasta Damasco, ocupó la ciudad y aplastó una revuelta popular contra el mandato de París, en la batalla de Maysalum. Tras ello, Goraud se dirigió a la tumba de Saladino, la pateó y, según se le atribuye hasta hoy, dijo:
“Despierta, Saladino. Hemos regresado. Mi presencia aquí consagra la victoria de la Cruz sobre la Media Luna”.
A pesar de la represión francesa, en los siguientes años se sucedieron varias revueltas en Siria y Líbano en contra de la dominación extranjera.
Las injerencias
En 1948, en territorio vecino a Siria, nacería el Estado de Israel, auspiciado por la ONU, las potencias occidentales y la URSS y con la oposición de los países árabes de la zona, que veían peligrar sus propios territorios.
Cuatro años antes, cuando dos rabinos habían ido a la Casa Blanca pidiendo un Estado judío en Palestina al presidente Roosvelt, este dijo: “Pensando en ello, dos hombres, dos hombres sagrados, vienen aquí a pedirme que permita que millones de personas sean asesinadas en una yihad”.
También entonces Hannah Arendt explicó su oposición al sionismo alegando que las políticas judías en Palestina dependerían de la protección de las grandes potencias. Y así ha sido. Occidente ha seguido desde entonces tomando partido por la ocupación israelí, que sigue en Cisjordania, Jerusalén Este, Gaza y los Altos del Golán de Siria.
La permisividad de Occidente con semejantes políticas, en comparación con sus castigos a los árabes, tiene sin duda consecuencias que habría que valorar.
La era colonial en Oriente Próximo y las injerencias -como el golpe de Estado de la CIA y Reino Unido contra el gobierno democrático iraní de Mossadeq- desembocaron en la creación de organizaciones árabes de resistencia armada o, en el caso iraní, en la revolución islámica del 79.
En los años setenta los movimientos árabes seculares dominaban la escena, pero empezaron a crecer algunos grupos religiosos islámicos, impulsados y apoyados por regímenes conservadores que querían menguar la influencia de ese nacionalismo árabe laico predominante hasta entonces.
El punto de inflexión
Y llegamos de nuevo al punto de inflexión: la guerra de Afganistán y los integristas islámicos que recibieron armas y financiación de EEUU o Arabia Saudí para combatir a la URSS en suelo afgano.
Al mismo tiempo Israel invadía Líbano, lo que provocó la creación de Hezbolá, que en 1983 perpetró un enorme atentado suicida contra el cuartel de los marines estadounidenses en Beirut y contra un puesto de mando francés.
A la vez en Palestina estalla la primera Intifada y, al calor de la represión israelí, surgió la oganización de resistencia armada palestina Hamás. También nacían la Yihad Islámica y grupos extremistas egipcios.
Pocos años después en Argelia, excolonia francesa, se producía un golpe de Estado para impedir que el Frente Islámico de Salvación, que había ganado las elecciones en primera vuelta, pudiera gobernar. De ese modo nació el GIA, Grupo Islámico Armado, que protagonizó uno de los primeros atentados yihadistas registrados en Francia.
Todo aquello supuso la consolidación del islamismo y el extremismo en los grupos armados que luchaban o por la independencia, o contra la ocupación, o simplemente ya por la yihad. El remate final lo pusieron la invasión de Afganistán en 2011, la ocupación de Irak en 2003 y el infierno que provocaron.
En 2006 nuevamente Occidente no quiso reconocer al ganador de unas elecciones democráticas cuando Hamás arrasó en los territorios palestinos. Posteriormente en 2013 en Egipto un golpe de Estado respaldado por sectores occidentales derrocó al gobierno de los Hermanos Musulmanes elegido en las urnas e instauró una fuerte represión, lo que ha provocado que algunos jóvenes egipcios, radicalizados, hayan viajado a Siria para unirse a la guerra.
Lo mismo ha ocurrido en Siria, donde la guerra y la represión solo han engendrado fanatismo y dolor.
Con cada intervención…
El exgeneral estadounidense Wesley Clark dijo hace unos meses que “EEUU usó el Islam radical para luchar contra los soviéticos en Afganistán. Rogamos a los saudíes que pusieran dinero; y lo hicieron”.
También este año un antiguo enviado especial de la ONU, Lakdar Brahimi, que trabajó en Irak y Afganistán, atribuyó la emergencia del ISIS a la invasión de Irak:
“No había justificación para la guerra de Irak y todos pagamos las consecuencias”.
Las guerras en las que Occidente lleva años involucrado no solo no han parado el terrorismo, sino que este ha aumentado.
Con cada bomba sobre determinadas zonas de Siria, con cada discurso desafiante, con cada retórica racista, el ISIS ganará nuevos adeptos no solo en Oriente Próximo, sino también en barrios deprimidos de Europa como en el que vivía uno de los terroristas de París.
Este escrito es un simple repaso, poco completo porque este formato lo impide, pero suficiente para mostrar que, a pesar de lo que algunos insinúan en programas y tertulias, el extremismo violento que se ejerce en nombre del Islam no procede de ningún ADN connatural a una religión o a una etnia; que no surge por ciencia infusa de la nada; que todo tiene un contexto político e histórico; que para buscar soluciones a los problemas hay que analizar sus causas.
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Foto: Day Donaldson | Flickr (CC)

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