- Evaluación epidemiológica y preparatoria para la COVID-19
- Perspectivas basadas en experiencias previas
- Recomendaciones clave para la sociedad civil
- Preguntas frecuentes
- Texto original (2020)
- 1. Cuantos menos casos simultáneos de infección, mejor
- 2. Si le preocupa el coronavirus, vacúnese contra la gripe
- 3. El personal sanitario y sus recursos son clave
- 4. A medio plazo, la epidemia podría desarrollarse en oleadas
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
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Evaluación epidemiológica y preparatoria para la COVID-19
A pesar del debate, la tasa de letalidad asociada con la pandemia de COVID-19 no parece ser inmanejable. Se espera que sea superior a los casos relacionados con las influenza estacional y similares al evento en 2009 pero inferior a coronavirus como SARS o MERS.
Perspectivas basadas en experiencias previas
- Contención de la epidemia: Se han prevalecido prácticas efectivas contra el SARS y MERS, pero no se puede garantizar su eficacia absoluta para COVID-19.
- Pandemia global con estacionalidad progresiva: Este fue el destino de la gripe H1N1 en 2009 y podría ser similar a lo que ocurra más adelante para COVID-19.
- Epidemia extraordinaria con impacto devastador: Un escenario histórico referido es la pandemia de gripe española en 1918, que podría ser evitado por medidas precautorias contemporáneas.
- Resultados finales del quinto coronavirus epidémico estacional: La acumulación de vacunas para la gripe anual y el desarrollo rápido pueden contribuir a mitigar este escenario posible con COVID-19.
Recomendaciones clave para la sociedad civil
- Reducción de casos simultáneos: Implementar medidas clásicas como el aislamiento y cuarentena puede disminuir la propagación rápida del virus.
- Vacunaciones contra influenza: La vacuna anual reduce tanto su propia incidencia como la de otras infecciones respiratorias, beneficiando a la salud pública y ayudando en el control sanitario.
- Equipo protectivo para los trabajadores de la Sanidad: Asegurar un suministro adecuado es crucial durante episodios críticos como este, evitando situaciones que puedan sobrecargar al sistema sanitario.
- Preparación para olas futuras de casos: La previsión y la adaptabilidad del personal sanitario son fundamentales frente a posibles fluctuaciones en los niveles de incidencia con el cambio estacional, especialmente considerando las dos hemisferios.
Información adicional: La tasa de letalidad para COVID-18 se está estimando empíricamente y es sensible tanto a factores virales como ambientales específicos del caso. Se reconoce la importancia temporal en el conocimiento acerca del denominador, dado que los trabajadores sanitarios dependen completamente de las vacunas estacionales para protección.
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Preguntas frecuentes
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Q1: ¿Cómo se compara la tasa de letalidad asociada con COVID-19 con otras enfermedades respiratorias?
A: Se espera que sea superior a los casos relacionados con influenza estacional y similares al evento en 2009 pero inferior a coronavirus como SARS o MERS.
Q2: ¿Qué se puede aprender de las experiencias previas sobre la propagación global del virus?
A: El caso de la gripe H1N1 en 2009 sugiere un potencial desarrollo estacional para COVID-19, aunque medidas efectivas contra SARS y MERS podrían mitigar este riesgo.
Q3: ¿Qué impacto ha tenido la pandemia de gripe española en 1918 y cómo se puede evitar con COVID-19?
A: La pandemia causó un daño devastador, pero las medidas precautorias contemporáneas podrían ayudar a prevenir este escenario histórico.
Q4: ¿Cómo pueden las vacunas contra la influenza contribuir al control de COVID-19?
A: La acumulación anual de vacunas para la gripe ayuda a reducir su incidencia y también mitiga otros infecciones respiratorias, lo que es beneficioso para el control sanitario.
Q5: ¿Qué medidas se recomiendan para los trabajadores de la Sanidad durante una epidemia como COVID-19?
A: Se sugieren implementar medidas clásicas y asegurar un suministro adecuado del equipo protectivo.
Q6: ¿Qué factores afectan la estimación empírica de la tasa letalidad para COVID-19?
A: La estimación es sensible a factores virales y ambientales específicos del caso, así como al conocimiento temporal sobre los denominadores.
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Texto original (2020)
A pesar del debate, la epidemia de COVID-19 presenta un índice significativo pero no extremo de mortalidad y transmisibilidad. Es vital analizar su evolución en comparación con otras pandemias pasadas para prepararnos mejor ante futuras emergencias sanitarias. Lo siguiente:
A pesar del debate, la epidemia de COVID-19 no parece tener índices de mortalidad y transmisibilidad inmanejables. Quizás algo superiores a los de la gripes estacionales y la gripe pandémica de 2009, pero en todo caso inferiores a los valores de otros dos coronavirus como el SARS y el MERS.
Alma Bracho, Universitat de València
La tasa de letalidad se calcula como el número de fallecimientos dividido por el número de infectados, pero de momento cuesta hacer estimas fiables sobre el denominador.
El número de infectados, incluidos los asintomáticos, se conocerá mejor cuando se puedan disponer de los reactivos de los estudios serológicos y se pueda estimar el número de individuos con huella inmunológica de la infección.
La tasa de mortalidad a tiempo real se está estimando de manera empírica. Está sujeta a oscilaciones que dependen tanto de factores intrínsecos del virus, la parte más o menos constante del valor y por eso la más relevante, como de otros factores referidos a edad del paciente, coexistencia de patologías y a las capacidades sanitarias.
A punto de la probable declaración de la pandemia de COVID-19 por parte de la OMS, quizás es el momento de levantar la vista del recuento diario de casos de coronavirus, número de fallecimientos y la distribución de casos por países.
Es hora de intentar valorar distintos escenarios posibles y probables. Escenarios de evolución de la epidemia (agente infeccioso conocido, distribución limitada) o la pandemia (agente infeccioso nuevo, distribución global) basados en el conocimiento previo de otras situaciones comparables previas, de menor o mayor magnitud.
Si nos basamos en experiencias previas, que no tienen por qué ser ajustadas a la epidemia de coronavirus presente, se pueden esperar, al menos, tres situaciones:
Se consigue contener la epidemia del virus. Tenemos precedentes recientes en las dos epidemias de los coronavirus emergentes, SARS (2002) y MERS (2012), y la gripe aviar H5N1.
La epidemia evoluciona a pandemia y de manera progresiva el agente infeccioso pasa a ser estacional. Este sería el caso de la pandemia de gripe H1N1 (2009-2010).
Situación de pandemia extraordinaria con repercusiones devastadoras como la gripe española de 1918.
De entre estos tres escenarios el que tiene mayor consenso entre los especialistas es una situación entre la epidemia limitada por la contención y la pandemia, con un posible resultado final de epidemia estacional. Cabe recordar que en la actualidad cuatro cepas de coronavirus causantes de enfermedades respiratorias en humanos se encuentran en esta situación. El virus de la COVID-19 podría tener este destino y convertirse en el quinto coronavirus epidémico estacional.
Ya que no presentamos inmunidad específica contra el coronavirus de la COVID-19 y, en algún momento u otro, puede que nos infectemos, ¿de qué nos tenemos que ocupar?
1. Cuantos menos casos simultáneos de infección, mejor
Las medidas clásicas de contención de contagios, el aislamiento de infectados y la cuarentena probablemente no eviten que se expanda la epidemia y se declare la pandemia. Sin embargo, tendrán un papel importante en el escenario de transición de epidemia a pandemia. A mayor número de casos simultáneos en la población, los servicios de salud tienden a saturarse.
Si mediante las medidas de contención se consigue ralentizar la dispersión del coronavirus de la COVID-19 en la población, se puede manejar de manera más eficaz la epidemia.
2. Si le preocupa el coronavirus, vacúnese contra la gripe
Para la gripe sí que existe vacuna reformulada cada temporada que protege al vacunado y a las personas de su entorno por efecto de la inmunidad de grupo.
Reducir la circulación del virus de la gripe estacional puede tener un efecto beneficioso múltiple. Por una parte, la reducción de su incidencia puede liberar recursos sanitarios para combatir la epidemia de COVID-19. También puede reducir la mortalidad al disminuir la probabilidad de coinfección de ambos virus respiratorios.
3. El personal sanitario y sus recursos son clave
Los trabajadores de la Sanidad deben disponer de equipos de protección individual suficientes. El acopio infundado de material sanitario por parte de la población general no debería llegar al punto de desabastecer de equipos de protección y otros recursos al sistema sanitario.
4. A medio plazo, la epidemia podría desarrollarse en oleadas
Esto ha ocurrido en otras pandemias. A medida que avance la primavera y el verano en el hemisferio boreal, el número de casos puede tender a disminuir, como ocurre con otros virus respiratorios sensibles a las temperaturas ambientales altas y humedad baja.
La epidemia podría entonces presentar una segunda oleada con aumento de casos en el invierno del hemisferio austral. Llegados a este punto podría reactivarse una tercera oleada durante el invierno 2020-2021 en el hemisferio norte a partir los casos diseminados que hayan superado el verano o bien de los importados del hemisferio sur.
Afortunadamente, todavía hay margen para actuar y prevenir. Y ganar tiempo para obtener una vacuna y un medicamento eficaz.
Alma Bracho, Genética evolutiva, investigadora del área de Genómica y Salud (FISABIO), Universitat de València
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
