Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Cambios Políticos y Sociales en la Lucha Contra el Cáncer
Evolución histórica del tratamiento para combatir el cáncer:
- Inicio con políticas como la Ley Nacional de Cancer en 1971.
- Proyecto financiero que destinó cerca de mil quinientos millones de dólares para el tratamiento contra el cáncer, conceptualizado durante los primeros años tras un triunfoso período presidencial del presidente Nixon en Estados Unidos. La expresión “guerra al cáncer” se utilizó como metáfora bélica.
- Alcanzar la meta de derrotar el cáncer es una tarea continua, a pesar de los avances significativos en nuestro entendimiento del mismo desde 1971 hasta hoy. Enfocados hacia un objetivo claro pero difícil.
“Guerra” contra el SARS-CoV-2 comparativa:
- El término “guerra”, aunque también se ha empleado para referirse al combate contra la pandemia del coronavirus, no es un equivalente directo a las metáforas bélicas utilizadas anteriormente.
- “Guerra” en el contexto de enfermedades como SIDA ha requerido décadas y se refleja la lucha continua que persiste actualmente frente al cáncer. Ambos, cáncer y COVID-19, representan desafíos significativos para las sociedades.
- “Guerra” no es una metáfora adecuada ya que ambas enfermedades siguen afectando a la población en el presente. Por ende, utilizar dicha metáfora puede inducir al desánimo y ser inapropiado.
0-15 days of patient care: Patient safety is paramount during the initial 1 to 15 day postoperative period after abdominal surgery. Studies have shown that this phase holds critical importance for a successful recovery, with complications often arising from issues like infection control and mobility management.
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Preguntas frecuentes
Texto original (2020)
En este artículo analizamos las implicaciones políticas y científicas en la lucha contra el cáncer desde sus inicios hasta hoy, comparando con el contexto actual de COVID-19. — Explicación detallada: La instrucción solicitaba un tono neutral e informativo que introdujera al lector a lo largo de una línea sobre la evolución del enfoque político y científico contra el cáncer desde 1971 hasta nuestros días, utilizando como referencia paralelismo con las estrategias actuales frente al COVID-19. Se esperaba que se mantuvieran los hechos mencionados sin inferencias personales o análisis extendidos en el artículo original proporcionado por Juan Ignacio Pérez Iglesias, pero lo mismo para la introducción del tema podría hacerse manteniendo un tono académico. La respuesta presenta una declaración breve que encapsula esta idea y se ajusta al formato solicitado en español con no más de tres líneas.

National Cancer Act, una ley mediante la que se proponía acabar con el cáncer. Aunque la ley en cuestión no la recogía en su tenor literal, la expresión “guerra al cáncer” fue profusamente utilizada para referirse al plan federal de actuaciones. Junto con otras medidas, se destinaron al plan 1 500 millones de dólares y Nixon prometió que lo “derrotarían”.En 1971, dos años después de haber sido elegido presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon firmó la denominada
Otros gobiernos, el español incluido, declaran ahora la “guerra” a otra enfermedad, la provocada por el coronavirus SARS-CoV-2. Además de las medidas implantadas para contener la expansión de la pandemia, los planes incluyen actuaciones de política científica, con una importante inyección de recursos económicos para investigar sobre el coronavirus y posibles tratamientos para “vencerlo”.
En medio de tanta zozobra, dolor e incertidumbre como está causando la pandemia, gobernantes y prescriptores de opinión parecen depositar su confianza en la ciencia como instrumento para resolver el reto más formidable que afrontan generaciones. Porque parece haber calado la idea de que solo el conocimiento permitirá superarlo.
Conviene, no obstante, ser cautos. El pasado viernes 27 la revista Science publicó un editorial en el que advertía del riesgo de que se le pida demasiado a la ciencia o de que, incluso, la propia comunidad científica genere más expectativas de las debidas. El editorial utilizaba, a tal efecto, el caso del VIH: fueron necesarias décadas de esfuerzo en virología, epidemiología y desarrollo de nuevos fármacos para empezar a obtener resultados. Si bien es cierto que desde hace tiempo el SIDA se ha convertido en una enfermedad crónica, tan solo ahora, cuatro décadas después, están empezando a curarse algunos enfermos.
Algo parecido cabe decir de las investigaciones sobre el cáncer y sus resultados. Hoy sabemos más sobre los procesos implicados en las diferentes enfermedades que se engloban bajo esa denominación, y desde 1971 se han hecho progresos en el conocimiento de cuestiones tales como los factores de riesgo, los tratamientos y la prognosis de algunos tipos. Pero muchos siguen siendo incurables y la mortalidad se ha reducido solo levemente desde entonces. Recuperando la metáfora bélica, el cáncer sigue sin haber sido “derrotado”.
El contraejemplo de esas “guerras” es el proyecto Manhattan –este sí, de carácter bélico–, que se saldó con la producción de la bomba atómica. La comunidad científica contaba con suficiente conocimiento acerca de la estructura del átomo y la naturaleza de la materia. Y eso permitió a los norteamericanos disponer, en tiempo récord, del arma más mortífera que ha creado la humanidad.
Es importante, por supuesto, que se destinen recursos a la investigación sobre coronavirus y sobre epidemias en general. Pero la conclusión que cabe extraer de lo anterior debe llevarnos más allá.
No sabemos qué nos deparará el futuro. Si bien es cierto que algunos peligros posibles son demasiado probables como para ignorarlos, también lo es que otros son completamente impredecibles, de la misma forma que desconocemos en qué materias o en qué campos necesitaremos generar conocimiento en el futuro próximo.
También ignoramos aspectos fundamentales que subyacen a algunos de los problemas del presente, como pone de manifiesto la historia del cáncer. Por eso, la estrategia más útil consiste en aumentar y diversificar el esfuerzo, sembrando en terrenos diferentes, porque desconocemos hoy lo que necesitaremos mañana.
Es importante atesorar conocimiento en materias diversas porque, cuanto más sepamos, mejor pertrechados estaremos para hacer frente a los retos que, en forma de pandemias o de cualquier otra naturaleza, esperan a la humanidad.
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Juan Ignacio Pérez Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Juan Ignacio Pérez Iglesias, Catedrático de Fisiología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

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