- Impacto Biopsicosocial del Aislamiento en las Personas Mayores durante la Pandemia de COVID-19
- Preguntas frecuentes
- Texto original (2020)
- ¿Cómo influye el aislamiento y la soledad?
- Un rayo de luz: el apoyo social percibido y el tacto afectivo
- Las medidas preventivas no están exentas de efectos secundarios
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Impacto Biopsicosocial del Aislamiento en las Personas Mayores durante la Pandemia de COVID-19
Introducción:
La pandemia provocada por el SARS-CoV-2 ha tenido consecuencias significativas en las respuestas salud pública, con medidas como confinamiento y distanciamiento social para mitigar la propagación del virus. En España, un 86% de los fallecidos son mayores de más de 70 años, muchos llevando otras enfermedades asociadas.
Prevención versus Iatrogenia:
Los efectos adversos del aislamiento extremo en personas mayores no han sido adecuadamente considerados por las medidas de prevención. La soledad y el aislamiento, que juegan un papel fundamental según la Comisión Económica para América Latina y Caribe de Naciones Unidas y la OMS, requieren revisión.
Inflamación Biológica:
- La respuesta inflamatoria excesiva ha sido crucial en casos críticos de COVID-19. La activación inadecuada o prolongada puede llevar a un estado proinflamatorio, dañando órganos y contribuyendo al fallecimiento.
- El apoyo social influye positivamente sobre los marcadores inflamatorios detectables en sangre de las personas afectadas por COVID-19. Los estudios demuestran una mayor susceptibilidad a la inflación sistémica y al daño orgánico.
Influencia Psicosocial:
- La investigación en Neuropsicopharmacología muestra que estresores sociales pueden aumentar la actividad proinflamatoria. Una desconexión y soledad prolongadas tienen consecuencias para el bienestar emocional.
Genética Transcripcional:
- La conexión social tiene un impacto en la expresión genómica. La investigación de PLoS Genetics evidencia que ante adversidades, los genes favorecen o reducen las respuestas inflamatorias y antivirales.
Informe Final:
Es crítico reconsiderar el equilibrio entre la prevención, los efectos adversos como iatrogenia, y las implicaciones biopsicosociales del aislamiento en personas mayores. El apoyo social tiene un papel indispensable no solo para la salud emocional sino también para influir positivamente sobre respuestas inflamatorias sistémicas.
Conclusión:
La soledad y el aislamiento tienen un impacto considerable en las personas mayores durante la pandemia. Se debe fomentar la investigación interdisciplinaria para comprender completamente los efectos biopsicosociales del confinamiento extenso e identificar estrategias de apoyo social que mejoren tanto el bienestar emocional como las respuestas sistémicas al COVID-19.
Preguntas frecuentes
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026] What percentage of death certificates in Spain during the pandemic cited preexisting health conditions as a contributing factor?<|end_of_solution
[Answer]: The document mentions that “86% of all fatalities are people aged over seventy years, many carrying other illnesses associated,” which implies that an extensive percentage of death certificates likely cited preexisting health conditions as contributing factors. However, the exact figure for these specific cases is not provided in detail within this document snippet; therefore, a precise number cannot be determined from the given information alone. To find accurate statistics regarding the contribution of existing illnesses to COVID-19 fatalities among elderly individuals, one would need more detailed data or access to comprehensive research studies on Spanish death certificates during the pandemic period.
[Following Question 2] How do social support systems potentially mitigate biological inflammatory responses in older adults with COVID-19?<|end_of_solution
[Answer]: The document suggests that there is a positive influence of social support on the markers of systemic inflammation detectable in the bloodstream, which can affect individuals who have contracted COVID-19. Specifically, it mentions studies showing “greater susceptibility to systemic and organ damage.” While detailed mechanisms are not described explicitly within this snippet, it is reasonable to infer from broader scientific literature that social support might help mitigate biological inflammatory responses through various psychosocial pathways such as stress reduction. This can lead to less activation of the body’s proinflammatory networks and a more balanced immune response. Maintaining emotional well-being in the face of illness is essential, given that heightened stress levels are associated with increased inflammation. Thus, robust social support systems for elderly individuals may help minimize systemic damage by promoting psychological resilience and possibly modulating immune responses during COVID-19 or similar infectious diseases.
[Following Question 3] What evidence is there regarding the impact of prolonged isolation on emotional well-being in older adults?<|end_of_solution
[Answer]: The document provides a hint towards this topic through its discussion about social stressors and their relationship to proinflammatory activity. It cites research from Neuropsychopharmacology that indicates “prolonged isolation has consequences for emotional well-being.” While the exact studies or data points are not presented in detail within the snippet, it is established across various fields of study — including psychology and geriatrics — that prolonged social disconnection can lead to adverse effects on mental health. These may include increased feelings of loneliness, anxiety, depression, and stress, all of which have been linked with deteriorating emotional well-being in older adults. The exact mechanisms by which isolation affects mood disorders are complex and multifaceted but often involve alterations to the brain’s chemistry, reduced opportunities for positive social interactions (which can serve as a buffer against stress), and potential impacts on cognitive functioning due to lack of mental stimulation.
Texto original (2020)
La pandemia de COVID-10 ha desafiado las respuestas salud pública en todo el mundo, llevando a medidas como confinamiento y distanciamiento social. Mientras estas medidas buscan disminuir la propagación del virus entre personas mayores de 70 años que constituyen una gran proporción de muertes relacionadas con COVID-19 en España, existen preguntas críticas sobre los efectos psicosociales y biológicos a largo plazo. Este artículo explora las implicaciones del aislamiento para la salud mental y física de esta vulnerable población mediante un análisis interdisciplinario que abarca campos como el apoyo social, la genética clínica y los estados proinflamatorios.

La COVID-19 está suponiendo un reto de salud pública para una gran parte de países del mundo. En España el 86 % de los fallecimientos son de personas de más de 70 años, y un 95 % de ellos ya tenía otra patología asociada. Entre las medidas instauradas por una parte de los países, incluida España, están el confinamiento y el distanciamiento social con el fin de reducir la tasa de contagio. Ambas pueden tener consecuencias para la salud.
Aunque el virus tiene una actividad patógena directa, los casos más graves parecen evolucionar peor, no tanto por el propio virus, sino por la respuesta inflamatoria excesiva que se produce en el organismo para frenarlo, ya que dicha respuesta puede provocar daños colaterales en diversos órganos. Estos daños pueden llevar al fallecimiento de una gran parte de los enfermos.
La Comisión Económica para América Latina y Caribe de Naciones Unidas reconoce que la soledad y el aislamiento juegan un papel importante respecto a la capacidad de las personas mayores para responder ante la enfermedad. A su vez, la OMS destaca la importancia de garantizar que las medidas de protección hacia las personas mayores frente al COVID-19 no aumenten su situación de vulnerabilidad.
La mayor parte de profesionales sanitarios y científicos buscan factores biológicos que permitan explicar y predecir esta evolución. Pero, ¿y si fueran decisivos los factores psicosociales? ¿Y si la situación de confinamiento y de aislamiento extremo a la que están siendo abocados nuestros mayores, al privarles de la compañía y el apoyo familiar, está jugando un papel fundamental que apenas se ha tenido en cuenta en el desarrollo de esta crisis? Los mayores con síntomas o indicadores de COVID-19 tienen restringidas las visitas en su totalidad en algunos hospitales de España y en otros solo permiten una visita corta diaria. La entrada en las residencias de mayores no es permitida.
¿Cómo influye el aislamiento y la soledad?
Al hablar de respuesta inflamatoria nos referimos a los mecanismos que pone en marcha el organismo para coordinar nuestras defensas frente a algo que percibimos como amenazante. Se manifiesta a través de la activación de ciertas células o la producción de ciertas sustancias o marcadores inflamatorios que pueden ser detectados en la sangre o en los tejidos.
Esta respuesta es beneficiosa, siempre que esté ajustada al estímulo que la produce. Cuando está ya activada por encima de lo habitual sin existir un motivo evidente (lo que se denomina estado proinflamatorio), o se prolonga más tiempo o con una intensidad mayor de lo realmente necesario, es frecuente que haya consecuencias para el organismo.
En un estudio publicado en 2017 en Neuropsychopharmacology se revisa el conocimiento actual acerca de cómo la conducta social influye sobre la respuesta inflamatoria. Se ha demostrado que ciertos estresores sociales, como el rechazo, la separación y pérdida de seres queridos, el sentirse evaluado y la existencia de algún conflicto interpersonal, pueden aumentar de forma transitoria o a largo plazo la actividad proinflamatoria del organismo. Al prolongarse en el tiempo, supone una situación de gran desgaste y deterioro.

Author provided
Un hallazgo importante ha sido la influencia de la conexión social sobre el patrón de expresión de nuestros genes. Ya sabemos que somos seres sociales, y necesitamos generar vínculos estrechos y seguros para nuestro desarrollo global, tal como puso de manifiesto la teoría del apego formulada por John Bowlby.
Una investigación publicada en 2014 en la revista PLoS Genetics revisa lo que se ha denominado respuesta transcripcional conservada ante la adversidad. Según esta, ante una situación de amenaza, indefensión o de desconexión social, se produce una activación de genes que favorecen la respuesta inflamatoria (quizá como compensación y preparación del organismo ante la falta de apoyo social que no se va a recibir). A su vez, existe una inhibición de los genes relacionados con la respuesta antiviral. Si recordamos qué mecanismos se observan en las personas en las que se produce una peor evolución de COVID-19, parecen existir ciertas similitudes que sería importante tener en cuenta en el futuro.
Se ha comprobado que las personas que se sienten solas tienden a una mayor activación de la respuesta inflamatoria, medida por determinados marcadores en sangre. Este hallazgo es especialmente relevante en ancianos. Un estudio de 2019 llevado a cabo en Reino Unido ha podido demostrar la mayor susceptibilidad de los varones ancianos a las consecuencias derivadas de la soledad, con una mayor elevación de marcadores de inflamación, como la proteína C reactiva, el fibrinógeno o la ferritina.
Para respaldar más aún todos estos hallazgos, un estudio experimental publicado en 2019 en la revista Brain, Behavior and Immunity ha demostrado que en hombres jóvenes sometidos a vacunación, aquellos que sienten una mayor soledad presentan una mayor elevación de uno de los principales marcadores inflamatorios, la interleuquina-6, tras la inmunización, lo que significa que su organismo es más proclive a desencadenar una respuesta inflamatoria exagerada.
Un rayo de luz: el apoyo social percibido y el tacto afectivo
Donde hay sombra, es porque cerca se puede encontrar luz. Y esto es lo que ocurre respecto al tema que nos ocupa. Cada vez ha quedado más demostrada la función de amortiguación de un buen apoyo social sobre la susceptibilidad a infecciones respiratorias. Un estudio publicado en 2015 en la revista Psychological Science midió en 404 participantes el apoyo social percibido, la presencia de conflictos interpersonales y el número de abrazos recibidos en los días previos a un periodo de confinamiento en el que se les inocularon mediante gotas nasales dos posibles virus, el de la gripe o un rinovirus. Del total, se infectaron 315 (78 %), y enfermaron 127 (31,4 %). La presencia de conflictos interpersonales aumentaba el riesgo de infección, pero dicho riesgo era amortiguado cuando había mayor apoyo social y mayor número de abrazos antes del periodo de cuarentena.
Las medidas preventivas no están exentas de efectos secundarios
El intervencionismo acusado en el ámbito de la prevención clínica y de salud pública necesitaría recurrir a la prudencia, puesto que las medidas preventivas no están exentas de efectos adversos de manera individual, aunque a priori parecieran conllevar grandes beneficios para la comunidad.
No medir las consecuencias para la salud del aislamiento extremo y su consecuente percepción de soledad de las personas mayores, nos obliga a revisar el trinomio de “prevención-iatrogenia-salud pública”. Se entiende por iatrogenia, el daño o morbilidad atribuible a las decisiones en el proceso de atención sanitaria, sea clínica (individuos) o de salud pública (poblaciones).
Sería interesante reflexionar sobre si las decisiones de salud pública se están tomando en su dimensión biopsicosocial, tal y como propone la definición de salud de la OMS, o están desvinculadas de la evidencia científica psicosocial en la progresión a enfermedad física. En el caso de la COVID-19, ¿es el aislamiento preventivo total en las personas mayores, la medida más eficiente para reducir la morbilidad y mortalidad en esta población? La evidencia científica presentada propone una revisión del modelo.
En este artículo ha colaborado Juan Manuel Morillo Velázquez, Doctor en Odontología, Especilista en genética clínica, Máster en educación y prevención del sida, Experto en inteligencia emocional, apego y trauma.
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Silvia Giménez Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Silvia Giménez Rodríguez, Co-Directora del Observatorio para el Análisis y Visibilidad de la Exclusión Social. Docente e investigadora área de Sociología, Universidad Rey Juan Carlos

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