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Crisis pandémica y aceleración de la historia

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

El impacto del COVID-19 en las sociedades: un punto crítico para cambios significativos

Este artículo examina el impacto de la pandemia del coronavirus en las sociedades, sugiriendo que puede ser un punto crítico para cambios significativos. Destaca cómo dicha crisis ha revelado profundas desigualdades y abriría camino a un nuevo ciclo político más establecido por el conflicto interno de las sociedades occidentales, la aparición del populismo global y una posible reactivación del poder chino en asuntos mundiales. El autor debate si estos cambios serán simplemente un ajuste al nuevo contexto o representarán una ruptura moral que altere fundamentos sociales profundamente.

El conflicto político y la solidaridad europea

En el caso particular europeo, se plantea como solución sistémica un mayor eficaz integración europea para garantizar su continuidad. Se argumenta que sólo a través de una enérgica reforma, la cual pone antes las cuatro libertades básicas y además promueve igualdad y solidaridad frente al populismo, puede evitar el recrudecimiento del conflicto social.

Resultado Exclusivo

  • El artículo examina los efectos sociopolíticos de la pandemia en las sociedades occidentales, destacando cómo puede propiciar un cambio significativo. El autor plantea que este evento podría ser el catalizador para una nueva era política.

  • Se destaca cómo esta crisis ha revelado desigualdades y abierto paso a ciclos políticos alterados por la aparición del populismo global. Además, se menciona como posible reactivación del poder chino en asuntos mundiales.

  • El autor debate si estos cambios serán simplemente un ajuste al nuevo contexto o representarán una ruptura moral que altere fundamentos sociales profundamente, especialmente en el caso europeo. Se argumenta la necesidad de mayor integración europea para garantizar su continuidad.

Preguntas frecuentes


Impact of COVID-19 on Societies: A Critical Point for Significant Changes – FAQs
05) How does the pandemic reveal profound inequalities within societies?
Respuesta: La crisis sanitaria ha expuesto desigualdades significativas en términos de acceso a recursos y servicios esenciales, así como diferencias evidentes en la respuesta política para protegerse frente al virus.

6) What are the implications of populism on European politics?
Respuesta: El surgimiento del populismo plantea desafíos importantes a los valores democráticos y sugiere un declive de la confianza en las instituciones tradicionales, lo que podría llevar a tensiones sociales e incrementar el conflicto político.

7) How might the COVID-19 crisis affect China’s role in world affairs?
Respuesta: La pandemia puede representar una oportunidad para la reactivación del poder chino en asuntos mundiales, ya que algunos analistas ven a China como manejando de manera más eficiente el brote y pudiendo aumentar su influencia global.


Texto original (2020)

El artículo examina el impacto de la pandemia del COVID-19 en las sociedades, sugiriendo que puede ser un punto crítico para cambios significativos. Destaca cómo dicha crisis ha revelado profundas desigualdades y abriría camino a un nuevo ciclo político más establecido por el conflicto interno de las sociedades occidentales, la aparición del populismo global y una posible reactivación del poder chino en los asuntos mundiales. El autor debate si estos cambios serán simplemente un ajuste al nuevo contexto o representarán una ruptura moral que altere fundamentos sociales profundamente, especialmente en el caso europeo donde la crisis pone de manifiesto desequilibrios económicos y podría propiciar nuevas alianzas. Al final, se plantea cómo puede responder a esta situación una solución sistémica que promueva la mayor integración europea basada en igualdad y solidaridad frente al populismo.

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Spainter_vfx / Shutterstock

El estallido de una crisis planetaria debido a la expansión de la Covid-19 ha supuesto un shock para la opinión pública de una envergadura desconocida en la historia reciente. Más allá de la preocupación por la presión a la que se han visto sometidos los sistemas sanitarios, la incertidumbre generada por la «hibernación» de la economía ha multiplicado la inquietud por el alcance de las imprevisibles consecuencias sociales de esta plaga de resonancias bíblicas.

Está por ver si una vez superada la emergencia sanitaria será posible restaurar lo que había o si, más bien, ésta nos sumerge en algo totalmente nuevo. Son muchos los que ya apuntan que esta crisis constituye un punto de inflexión en nuestro modo de ver las cosas, en las dinámicas que guían las relaciones sociales y en el orden de valores socialmente aceptados. Algunos pensadores se han pronunciado en esta dirección, aunque en sentidos totalmente divergentes. Coinciden en general a la hora de despedir el mundo de ayer, pero disienten sobre la clase de mundo que saludaremos mañana.

Política y retórica del conflicto

Nos encontramos en el instante que Gramsci definió como el interregno en el que lo viejo muere y lo nuevo no termina de nacer. Por eso, está por ver si de la crisis puede surgir una sociedad más justa e igualitaria. En todo caso, no se puede olvidar que toda reorganización del poder no sólo entraña beneficios, sino también costes, y, por tanto, encuentra la resistencia de quienes más tienen que perder.

Más allá de la popularidad que ha alcanzado la retórica identificación del virus con un enemigo a batir (evocadora imagen del inmemorial anhelo humano de domeñar las fuerzas de la naturaleza con las armas de la ciencia y la técnica), la invocación de la guerra revela la dimensión de conflicto que subyace a toda alteración de los equilibrios de poder. Conviene aquí recordar cómo Foucault invierte el famoso dictum de Clausewitz: no es la guerra la continuación de la política por otros medios, sino la política la continuación de la guerra.

Esta dimensión conflictiva atraviesa toda la política moderna, al menos desde la época de las revoluciones burguesas y socialistas. Un punto y aparte fue el intento de superar el conflicto a través del Estado social configurado en la posguerra del 45, lo cual condujo al «agotamiento de las energías utópicas» que articulaban la lucha de clases, como Habermas señaló años atrás.

No obstante, la progresiva erosión del Estado de bienestar y el dramático aumento de las desigualdades, especialmente tras el crash financiero de 2008, ha relocalizado el conflicto en el interior de las sociedades occidentales, abriendo la puerta a un ciclo político más inestable y al auge del populismo. Al mismo tiempo, tras décadas de incontestable hegemonía norteamericana, la emergencia de China como potencia capaz de disputar la influencia global de EE.UU. reactiva la dialéctica de Estados como motor de la historia universal.

Un nuevo contrato social

Pues bien, en función de cómo se resuelvan estas tensiones, tanto domésticas como globales, podría surgir un nuevo equilibrio de fuerzas que haga posible un contrato social más justo que beneficie a todos. Como ha sucedido con otras grandes crisis, la del coronavirus podría acelerar la historia y ser el catalizador de ese nuevo estado de cosas.

Ahora bien, conviene ser prudentes. Sabemos que el mundo no volverá a ser como antes, pero eso no excluye que pueda ser peor. La constelación de fuerzas que resulte de la crisis depende esencialmente de cuál sea el principio rector que guíe el cambio: ¿se tratará de un ajuste sistémico a unas nuevas circunstancias, o consistirá, más bien, en la afirmación de un nuevo principio moral que altere sustancialmente los cimientos de la sociedad? La pregunta no es irrelevante, pues en función de su respuesta podremos juzgar si lo nuevo que está por nacer es una continuación de lo viejo bajo otra forma o si lo viejo ha sido definitivamente dejado atrás.

La encrucijada europea

En el caso particular europeo, una solución sistémica planteada con las anteojeras de la ortodoxia neoliberal debilitaría enormemente a los Estados mediterráneos.

Sería difícil mantener un frágil statu quo que asegurase en el corto plazo la estabilidad de las clases y territorios más beneficiados por la moneda común. La arquitectura europea amenazaría constantemente con derrumbarse: la pérdida de legitimidad que experimentaría la Unión Europea movilizaría una pulsión rupturista en el seno de las sociedades más perjudicadas. Ciertamente, las ataduras de la deuda soberana dejarían poco recorrido en solitario a los Estados sureños, sin embargo, la falta de horizonte en el club europeo podría empujar a muchos a buscar nuevas alianzas en el nuevo escenario internacional multipolar que aseguren su supervivencia. La capacidad de despliegue de China y Rusia en el sur de Europa en el contexto de esta crisis no permite descartar del todo esta posibilidad.

Por eso, en el contexto de esta crisis, la mejor solución sistémica y la más inteligente (aquella capaz de garantizar la continuidad de la UE a medio plazo) es, justamente, la que conduce a una mayor y más eficaz integración europea.

En efecto, en el interés de quienes más se han beneficiado del mercado único y la moneda común está asegurar su continuidad, y ésta sólo puede pasar por una enérgica reforma que anteponga a las cuatro libertades básicas (libre circulación de mercancías, servicios, trabajadores y capitales) un proyecto igualitario que garantice la prosperidad de todos los Estados miembros.

En este sentido, la solución sistémica óptima coincide con la necesidad de articular medidas efectivas que satisfagan las demandas de solidaridad de los países más afectados por las consecuencias socioeconómicas de la pandemia. Ello redundaría en una relajación del conflicto social, en un más amplio apoyo ciudadano frente a los populismos y, en definitiva, en mayores cotas de legitimidad de la Unión.

La alternativa es únicamente el recrudecimiento de la condición de guerra que subyace a la política. La historia nos muestra que esa dinámica puede terminar en un horror de dimensiones apocalípticas, una pesadilla que los europeos hace tiempo lograron exorcizar.

The Conversation

Francisco Fernández-Jardón recibe fondos del Ministerio de Universidades a través de un contrato FPU. Su investigación se enmarca en el proyecto financiado por la Agencia Estatal de Investigación “Fronteras, democracia y justicia global” (PGC2018-093656-B-100).

Juan Carlos Velasco recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación. Es en la actualidad el Investigador Principal del Proyecto “Fronteras, democracia y justicia global” (PGC2018-093656-B-I00) del Plan Estatal I+d. Asimismo, es el responsable del grupo de “Filosofía Social y Política” (FISOPOL) del Instituto de Filosofía del CSIC.

Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Francisco Fernández-Jardón, Investigador contratado predoctoral FPU, Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS – CSIC)