- Atención Primaria Médica: La Contribución Especialista del Dr. Ignaz Philipp Semmelweis
- La investigación y las hipótesis iniciales
- La implementación de la práctica antiséptica
- La respuesta crítica profesional y el desenlace trágico
- Reflexión sobre la importancia contemporánea del legado semmelweisseniano
- La relevancia contemporánea: Semmelweis como antepasado antiseptico en tiempos modernos
- Inspiración para enfrentar desafíos contemporáneos como el COVID-19
- Preguntas frecuentes
- FAQs sobre Semmelweis y el avance del lavado de manos en Medicina Primaria Médica
- Texto original (2020)
- Una mortandad puerperal del 96%
- Un doctor dispuesto a encontrar la causa
- ¿Por qué los estudiantes eran más mortales?
- El contacto mortal autopsias-parturientas
- Resultados inmediatos
- Un trágico final
- Una idea revolucionaria
- Pasteur, Koch y los microorganismos
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Atención Primaria Médica: La Contribución Especialista del Dr. Ignaz Philipp Semmelweis
Contexto histórico y médico: En el siglo XIX, la mortalidad por fiebre puerperal en los hospitales era desconocida para sustancias externas como microorganismos. La tasa de mortalidad entre mujeres que daban a luz alcanzaba alrededor del 96%, un hito sin precedentes.
La investigación y las hipótesis iniciales
- Observaciones de Semmelweis: Ambos pabellones contaban con dos tipos distintos de personal atendiendo a la maternidad, estudiantes de medicina versus aprendices y manronas. Las tasas de mortalidad variaban notablemente entre ellos. Se observó que tras un cambio en el personal del pabellón dirigido por Dr. Klin (tasa baja), las tasas aumentaron significativamente, mientras que la estadística permaneció más favorable bajo el mando de Bartch.
- Información crucial: Semmelweis identificó un potencial factor externo tras observar que los estudiantes hacían autopsias y mencionar casos recientes como la muerte del Dr. Kolletschka, una decepción en sus prácticas médicas.
- Hipótesis: Semmelweis propuso que el contagio podría estar relacionado con un “materia cadavérica” transmitido por contacto directo a través del lavado manual de manos, especialmente significativo antes y después de las atenciones.
La implementación de la práctica antiséptica
Medidas: Semmelweis promovió el lavado manual con cloroformo (agua caliente y lejía) antes del contacto directo con las pacientes. Esta medida llevó a una drástica disminución de la tasa mortalidad, bajo un 0,23%.
La respuesta crítica profesional y el desenlace trágico
- Resistencia cultural: El sistema médico resistente a las alteraciones en sus prácticas tradicionales.
- Retroceso del estigma social y profesional de Semmelweis, que culminó con su internación voluntaria para autopsias (con instrumental utilizado anteriormente) como un intento final por demostrar la veracidad de sus teorías.
- Conclusión: A pesar del reconocimiento posterior a Semmelweis, durante su vida fue desacreditado y finalmente internado en manicomio antes de morir debido al infarto causado por las mismas prácticas que él defendía.
Reflexión sobre la importancia contemporánea del legado semmelweisseniano
“Cuando se hace historia de los errores humanos, hay ejemplos tan especializados y competentes que parecen no haber sido capaces de prevenirlo.”
La relevancia contemporánea: Semmelweis como antepasado antiseptico en tiempos modernos
“En pleno siglo XIX, se consideraba que las patologías provenían principalmente del interior del cuerpo. Sin embargo, la investigación posterior de Pasteur y Koch sobre los microorganismos revolucionó esta perspectiva.”
Inspiración para enfrentar desafíos contemporáneos como el COVID-19
- “La idea de Semmelweis, hoy en día incomprendida y resistida por sus pares, es fundamental para la lucha actual contra pandemias como el del nuevo coronavirus (SARS-CoV-2).”
- “Además de ser una lección histórcial vital, Semmelweis sirve ahora como un guía inspiradora que demuestra la importancia continua y necesaria del lavado de manos en cualquier entorno médico.”
“Semmelweis es reconocido hoy día en vida por su contribución pionera a la antisepsia, algo que él pretendía con toda su existencia dedicada al cuidado de las madres y la salud materna.”
Preguntas frecuentes
FAQs sobre Semmelweis y el avance del lavado de manos en Medicina Primaria Médica
- ¿Cuál fue la tasa inicial de mortalidad por fiebre puerperal antes de las intervenciones antisépticas?
Antes del reconocimiento y aplicación del lavado manual con cloroformo, la tasa de mortalidad causada por la fiebre puerperal en hospitales era tan alta como alrededor del 96%. Esta estadística se consideraba una tragedia médica.
- ¿Cómo observó Semmelweis los cambios de tasa mortalidad entre los diferentes personales atendientes a las madres?
Semmelweis notó que después del cambio en el personal, cuando estudiantes de medicina comenzaron a trabajar con mujeres nuevas al nacer y aprendices se retiraron para lavar manos antes de cada atención médica, las tasas de mortalidad subían significativamente. Esto sucedía mientras los manóscopios mantenían sus rutinas.
- ¿Qué medidas propuso Semmelweis para reducir la transmisión del patógeno?
Semmelweis promovió el lavado manual de manos utilizando cloroformo (agua caliente con lejía) antes y después de cada intervención médica. Su implementación llevó a una drástica reducción en la tasa mortalidad, que bajó al menos hasta un 0,23%.
- ¿Qué resistencia cultural y estigma social enfrentó Semmelweis por sus teorías e innovaciones?
Semmelweis fue recibido con escepticismo y rechazo del sistema médico establecido, que se mostraba hostil a cualquier cambio en las prácticas tradicionales. Esta resistencia cultural contribuyó al fracaso de reconocer sus hallazgos durante su vida.
- ¿Cómo son recordados los logros y contribuciones semmelweissenianas en la medicina actual?
El legado de Semmelweis continúa siendo significativo, reconocido como un pionero del lavado antiséptico. A pesar de ser criticado durante su vida, fue retrospectivamente aclamado por sus importantes contribuciones para la higiene médica.
Texto original (2020)
A finales del siglo XIX se produjo una tasa mortal sin precedentes por fiebre puerperal en el Hospital General de Viena. La cifra ascendía al 96% entre las mujeres que daban a luz, marcando un periodo gris oscuro para la medicina médica del momento y poniendo fin abruptamente a una vida prometedora para el propio Ignaz Semmelweis. Este artículo examinará las rutas de su investigación, sus esfuerzos por prevenir muertes incontrolables en la maternidad y su lucha feroz contra una cultura médica resistente a cualquier cambio radical. En un intento para encontrar las causas de muerte semejantes entre mujeres tratadas tanto por estudiantes como por aprendices, Semmelweis observaba que la diferencia principal era el tipo de persona atenderlos: los matronas o alumnos de medicina. Al observar una reducción significativa en muertes tras un cambio, sugiere inicialmente que las prácticas estudiantiles podrían ser responsables del alto índice mortalidad observado entre las mujeres atendidas por el Dr. Klin y los alumnos de medicina anteriores a la implementación generalizada del lavado manual de manos con cloroformo, una práctica que llevaría tiempo demostrarse eficaz contra microorganismos patog%C3%A9nticos. 0
“Cuando se haga historia de los errores humanos se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y provocarán asombro que hombres tan competentes, tan especializados, pudieran, en su propia ciencia, ser tan ciegos, tan estúpidos”.
Semmelweis, de Ferdinand Céline.Ferdinand Ritter von Hebra en
Los médicos no siempre se han lavado las manos. Esta técnica, tan promovida en estos tiempos de pandemia, se remonta tan sólo al siglo XIX. Sus antecedentes también están ligados a un país, Austria, y a un lugar: el Hospital General de Viena. Durante este tiempo fue considerado uno de los más grandes y mejores hospitales de Europa. Entre los muchos casos que se trataban en este centro, llama con especial atención los dos grupos médicos que trabajaban con parturientas.
Una mortandad puerperal del 96%
Su mención no se debe al buen trabajo de estos profesionales, sino al elevadísimo índice de mortandad en las mujeres que daban a luz. En diciembre de 1842, las pacientes llegaron a sucumbir una media de 33 mujeres de cada 100 alumbramientos, pero la cifra se hizo alarmante en 1846, cuando la mortandad ascendió a la trágica media de un 96%. La causa siempre era la misma: fiebre puerperal.
En este hospital se elevaban dos pabellones de idéntica construcción dedicados a maternidad. En uno de ellos trabajaba el doctor Philip Ignaz Semmelweis, protagonista de esta historia, y era dirigido por el doctor Klin.
Semmelweis se dio cuenta de que morían más mujeres en su ala del hospital que en la otra capitaneada por el Dr. Bartch. La única diferencia que encontraba entre un pabellón y otro era que en el suyo estaban los estudiantes de medicina y en el otro se encontraban las aprendices de matronas.
Wikimedia Commons
Un doctor dispuesto a encontrar la causa
Lo primero que pensó fue que la razón de la muerte de las pacientes podría deberse a los violentos tocamientos de los alumnos al examinar a las mujeres; palpaciones que les ocasionaba una inflamación mortal. Para comprobar su hipótesis solicitó a Klin y a Bartch cambiar a los estudiantes de medicina y a las matronas de una maternidad a otra.
Los efectos del cambio no se hicieron esperar y el índice de mortandad disminuyó en el área dirigida por Klin, mientras que, para disgusto del Dr. Bartch, en su pabellón las muertes ascendieron de forma drástica. Obviamente, éste último solicitó de nuevo el cambio de personal y Klin no dudó en despedir a 20 de los 40 estudiantes que trabajaban para él.
¿Por qué los estudiantes eran más mortales?
A partir de ese momento Semmelweis centró su atención en los jóvenes médicos. Pese a su esmerada supervisión no encontró nada fuera de lo común en sus prácticas y la media de mortandad no descendía. Poco después se dio cuenta de otra diferencia: los estudiantes de medicina hacían autopsias como parte de su formación.
Además, conoció el caso del Dr. Kolletchka, profesor de anatomía, que murió por una infección a consecuencia de una herida durante una estas disecciones.
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El contacto mortal autopsias-parturientas
Semmelweis comenzó a fraguar la idea de que trabajar con parturientas después de haber estado manipulando cadáveres podría ser la razón de un contagio producido por lo que él llamó una “materia cadavérica” que se quedaba impregnada en las manos de los jóvenes doctores. Esta materia cadavérica se transmitía a las pacientes al tratarlas; la razón de la muerte era, por tanto, una especie de contagio mortal.
Para comprobar su hipótesis, Semmelweis hizo instalar unos lavabos en las salas de atención y pidió a los médicos lavarse las manos antes de tratar a las parturientas. Cuando el doctor Klin, su jefe, exigió una explicación para tal medida, Semmelweis no supo darla y, debido a una mala contestación, sólo consiguió que le despidieran.
Resultados inmediatos
Afortunadamente, el Dr. Bartch lo aceptó dentro de su pabellón, lo que permitió que Semmelweis siguiera indagando las causas de las muertes de las pacientes. Volvió a la carga y solicitó a las estudiantes de matrona y a todo aquel que atendiera a una paciente lavarse las manos con cloruro cálcico. Tras un mes de aplicación de la nueva técnica de lavado, la mortandad de las mujeres por fiebre puerperal en el pabellón de Bartch llegó a ser de tan sólo un 0,23%.
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Un trágico final
Aún así, la nueva técnica de lavado resultaba incómoda y las críticas fueron aumentando entre todo el personal; tanto fue así que Semmelweis terminó siendo destituido de su cargo y desacreditado como científico.
Pero su obsesión por sostener sus ideas era tan grande que llegó a cortarse a sí mismo, con instrumental usado en las autopsias, frente al semblante atónito de sus compañeros. Su intención era probar, con su propia infección, la verdad de sus palabras. No solo no consiguió la atención que solicitaba sino que fue internado en un manicomio, donde moriría al poco tiempo debido a la infección.
Una idea revolucionaria
Ahora nos parece obvio que un médico se lave las manos antes de atender a un paciente, pero hay que pensar que todavía en pleno siglo XIX se seguía creyendo que el origen de las enfermedades se debía a lesiones internas o, de existir un contagio, éste tenía su origen en la influencia miasmática (emanaciones fétidas transmitidas por el aire).
Es decir, las patologías provenían, principalmente, del interior del cuerpo. No se creía que efectos externos pudieran influir en las enfermedades. Desde este paradigma, no extraña que los médicos no tuvieran ningún interés en una rigurosa asepsia (ni siquiera una escasa limpieza) a la hora de atender a los pacientes.
Pasteur, Koch y los microorganismos
Más adelante se dio paso a un estudio posterior de los microorganismos (contagium animatum) en el tratamiento de enfermedades infecciosas. Dos figuras sobresalen a este respecto: Louis Pasteur y Robert Koch. Sin embargo, lo más importante es que a partir de ese momento la realidad médica fue vista de forma diferente.
Los pacientes ya no sólo enfermaban por factores internos de su cuerpo, sino que también podían contraer patologías por factores externos transmitidos por microorganismos (virus y bacterias).
Así que, de alguna manera, debemos, primero a Semmelweis y después a Pasteur y Koch, las medidas que proponemos en contra del coronavirus SARS-CoV-2. Medidas que todavía a principios del siglo XIX eran desdeñadas como absurdas.
Semmelweis es reconocido en la actualidad como uno de los padres de la antisepsia (lo que él pretendía era quitar el olor de las emanaciones miasmáticas) y como salvador de las madres. Por desgracia, no llegó a disfrutar de estos renombres en vida y murió denostado por sus colegas.
Ramón Ortega Lozano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Ramón Ortega Lozano, Profesor de Antropología de la salud y Comunicación humana en la Facultad de Ciencias de la Salud San Rafael-Nebrija, Universidad Nebrija
