- Influencia de la Imagen en el Autorretrato Digital
- Preguntas frecuentes
- Texto original (2020)
- El autorretrato y la construcción de la identidad
- Las fotografías y las redes sociales
- Filtros y retoques
- Cirugía estética y modificación corporal
- Cuando la cirugía plástica no es medicina
- Filtros permanentes
- Dismorfia de Snapchat
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Influencia de la Imagen en el Autorretrato Digital
Paul Géraldy: “Seducemos valiéndonos de mentiras y pretendemos ser amados por nosotros mismos,” dice que dijo, refiriéndose a los selfies.
Las fotografías personales pueden generar una gran falsa sensación de felicidad pero también frustración y baja autoestima al compararse con las promociones en redes sociales. La construcción de la identidad se basa en nuestras percepciones corporales, que son influenciadas por factores externos e internos.
- La relación complicada que tenemos con nuestra imagen y fotografías.
- La importancia del autorretrato en las redes sociales como un importante herramienta o distracción.
Los filtros, retoques e incluso la cirugía estética se pueden utilizar para cambiar significativamente nuestra apariencia. Sin embargo, es crucial distinguir entre acciones saludables y dañinas relacionadas con estas prácticas.
- Los filtros neuronales de Photoshop que pueden alterar la percepción del “normal.”
- La necesidad de asegurarse de que los cirujanos estéticos sean profesionales calificados y éticos.
- El trastorno dismórfico corporal-TDC, una obsesión con la apariencia poco saludable en el autorretrato digital.
Es imperativo que los cirujanos plásticos y estéticos aseguren su capacidad para proporcionar una autoimagen más adecuada, mejorando así la calidad de vida del paciente. La salud física y emocional debe ser siempre el objetivo principal en estas intervenciones.
Preguntas frecuentes
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Q1: How does selfie culture influence our perception of ourselves?
A1: Selfie culture can lead to a distorted view as we often compare our images with heavily edited photos on social media, impacting happiness and causing frustration or low self-esteem.
Q2: What is the role of digital alteration in identity construction?
A2: Digital alterations such as filters and retouches help construct an idealized image online, but it’s crucial to distinguish between healthy self-expression and damaging practices.
Q3: What potential issues arise from the use of Photoshop for creating digital portraits?
A3: Using filters like neuronally based Photoshops can alter our perceptions of normalcy, making it important to understand their impact.
Q4: Why is professional conduct in plastic and aesthetic surgery vital?
A4: Professionalism ensures that surgeries aimed at improving physical health also support emotional well-being, as unethical practices can lead to disorders like TDC.
Q5: What should be the primary focus of cosmetic procedures?
A5: The main goal of any procedure that impacts physical appearance should always prioritize enhancing both mental and physical health, aiming to improve overall quality of life.
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Texto original (2020)

“Seducimos valiéndonos de mentiras y pretendemos ser amados por nosotros mismos”, dicen que dijo el poeta Paul Géraldy. Estas palabras podrían haber sido pronunciadas hoy en referencia a los selfis, imágenes cuajadas de pequeñas y grandes mentiras visuales. Estas pueden llevar a un alto nivel de frustración y de baja autoestima cuando se intentan equiparar los “me gusta” y seguidores de las redes con los del entorno presencial.
El autorretrato y la construcción de la identidad
La imagen corporal, la autopercepción que tenemos de nuestro cuerpo, es una representación mental influida por factores externos e internos que varían. Hay diversas experiencias, incluida la interacción personal, que influyen en este proceso en constante desarrollo.
La imagen de una persona es percibida y decodificada en el contexto social. Este proceso es especialmente complejo en un tiempo tan hiperconectado y visual, en el que el ideal de belleza está cada vez más vinculado a la Inteligencia Artificial o a la Realidad Aumentada y menos a la realidad humana, despertando numerosas insatisfacciones.
Las fotografías y las redes sociales
Tenemos una relación complicada con nuestra imagen y, por tanto, también con nuestras fotografías. Los procesos de imitación e identificación, que forman parte de la adaptación de nuestra imagen al contexto, se adecuan al entorno de las redes sociales y la inmediatez de las comunicaciones.
En este contexto, el selfi (o el autorretrato) puede convertirse en una importante herramienta a través de la fotografía familiar o de prácticas performánticas que incluso podrían considerarse como turismo identitario.
También puede ser una vía de escape en situaciones en las que es necesario distanciarse de la realidad por medio de la autoficción. Durante el confinamiento de la COVID-19, por ejemplo, el actor Octavi Pujades se transformó fotográficamente en Hulk, Spiderman…
Filtros y retoques
Nos hemos acostumbrado a vivir en las redes sociales a través de nuestros selfis, a usar filtros y mucha edición en ellos, y hay investigaciones sobre sus efectos positivos (como la conexión) pero también negativos (como la excesiva preocupación por la propia apariencia o la baja autoestima).
Lo peligroso no son las herramientas fotográficas, o las imágenes, sino el uso que se hace de ellas. Los filtros neuronales de Photoshop son muy interesantes, pero cuando se dejan en manos de la Inteligencia Artificial pueden estar afectando peligrosamente a la percepción de lo que es “normal”, algo que se ha denunciado en aplicaciones como Snapchat por filtros tan cuestionables como uno bautizado Bob Marley o los que blanquean la piel.
Cirugía estética y modificación corporal
Los cánones de belleza varían y cambian porque están vinculados a un tiempo, a un contexto social e histórico. A lo largo de la historia se han dado diferentes formas de provocar alteraciones corporales para alcanzar parámetros estéticos que han afectado seriamente la salud de muchas personas: desde los conocidísimos corsés, a los pies vendados de las mujeres chinas o los famosos aros en el cuello de las mujeres Padaung.
Tampoco es nuevo que, mientras muchas personas sienten miedo a las intervenciones quirúrgicas, haya otras “adictas” a ellas. Las motivaciones son variadas. Desde lo que en psicología se ha denominado como Síndrome de Dorian Gray por la obsesión con la eterna juventud, hasta el deseo de parecerse a muñecos o a personajes famosos.
Por ejemplo, Henry Rodríguez, un tatuador que se ha realizado (según sus propias palabras) alrededor de 15 “modificaciones extremas”, que él atribuye a un “modificador” y no a un cirujano, para parecerse a Red Skull, un supervillano de Marvel.
Cuando la cirugía plástica no es medicina
En este contexto es importante aclarar que no todas las intervenciones están realizadas por cirujanos cualificados y que no toda intervención es cirugía plástica o estética.
Cuando el uso de técnicas de cirugía estética no está indicado, ni se da en un entorno seguro, pero se emplea igualmente por causas económicas, no puede hablarse de medicina. De hecho, un buen cirujano ha de saber decir no.
Cuando este tipo de prácticas son cuestionables, o incluso directamente censurables, ponen en peligro la vida de los pacientes e incluso la salud mental de los mismos porque una intervención equivocada o mal hecha conlleva graves consecuencias psicológicas.
Filtros permanentes
Seguramente lo novedoso es que el modelo a seguir en una operación sea la imagen idealizada de uno mismo, con casos como el de la cantante Anitta, que afirma haber diseñado su cara con Photoshop. En una encuesta anual, los cirujanos plásticos reportaron que el 55% de sus pacientes en 2017 decían que su mayor razón para operarse era mejorar su apariencia en los selfis (tres años antes eran el 42%) solicitando ojos mayores y narices más delgadas incluso que en los filtros fotográficos.
Dismorfia de Snapchat
Los expertos ya hablan de la dismorfia de Snapchat (en inglés Snapchat selfie dysmorphia). Esta es identificada entorno a 2015 y está ligada al trastorno dismórfico corporal-TDC que la American Psychiatric Association (APA) clasifica dentro del espectro obsesivo compulsivo.
Este es un trastorno que afecta a millones de personas que buscan la perfección de un modo no saludable, centrándose en cómo ocultar sus supuestos “defectos”.
Sumemos esto a colectivos que se identifican, e incluso socializan, con sus selfis obtenidos con aplicaciones como Snapchat, cuyos filtros generan rasgos físicos incompatibles con la salud y nos encontramos con casos extremos, como cirujanos que han de aclarar a sus pacientes que no podrían respirar con la nariz que les piden o que no podrían caminar con esas piernas.
En el horizonte los investigadores ven banderas rojas: hay pacientes que, más que cirugía estética, necesitan asesoramiento o terapia.
La finalidad de la cirugía plástica-estética no es únicamente embellecer, sino proporcionar una autoimagen más adecuada y positiva, ofreciendo mayor calidad de vida. El problema físico, real o imaginario, puede ser causa de profundas sensaciones de marginación, angustia, vergüenza o baja autoestima. Muchos consideran que eliminándolo cambiará su situación.
En este contexto, se ha de remarcar la importancia de acudir a cirujanos plásticos y estéticos cualificados para los que la prioridad sea la salud del paciente: un paciente con el que se habla y al que se comprende en su totalidad.
Finalmente, son necesarias y urgentes las consideraciones sobre bioética y obligaciones profesionales en temas estéticos. Especialmente en una época en la que los selfis, cuajados de filtros poco realistas con nuestra naturaleza, parecen estar marcando tendencias poco saludables en la cirugía estética.
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Rebeca Pardo recibe fondos de MICINN y de la Fundación Grifols.
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Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Rebeca Pardo, Profesora de fotografía y Vicedecana de Investigación, Universitat Internacional de Catalunya

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