Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Impacto psicológico y social en diferentes poblaciones durante la pandemia por COVID-19
En el año 2020, con la extensión de una enfermedad causada por un nuevo coronavirus (COVID-19) desde China a lo largo del mundo.
- El rápido aumento de casos en España llevó a niveles elevados de estrés, ansiedad y depresión especialmente notables entre los jóvenes y adultos mayores (18-60 años) debido al confinamiento.
- En la Comunidad Autónoma Vasca se observó que el estrés aumentaba con el tiempo, afectando más a las mujeres que a los hombres.
- Se identificaron niveles de ansiedad y depresión en mayores debido al confinamiento. Afectados por enfermedades crónicas tenían peor respuesta psicológica.
- Los jóvenes estudiantes experimentaron un elevado nivel de estrés añadido a la adaptación del nuevo contexto educativo sin presencialidad, aumentando las tasas de abuso de sustancias y ansiedad. Un estudio piloto fue realizado para enseñar técnicas de relajación.
- El personal sanitario sufrió altos niveles de estrés laboral debido a jornadas prolongadas, sobrecarga del trabajo y escasez de equipamientos protectores. Esto generó mayores sintomatologías psicológicas en mujeres y profesionales más ancianos.
- “Culpabilidad infantil” se sentía entre los niños menores, creyendo que podrían infectar a sus abuelos/as.”
- Se detectó una necesidad urgente de conexión social para los jóvenes y un impacto psicológico positivo en las personas mayores debido al confinamiento.
- El estrés se manifestó especialmente intensamente entre mujeres profesionales más ancianas, afectadas por enfermedades crónicas o con mayor síntomatología. Los jóvenes mostraron una menor respuesta emocional gracias a no tener responsabilidades en el hogar.
- “Necesidad de abrazos” es un término propuesto para la ansiedad infantil causada por confinamiento y ausencia social durante pandemias. Esta necesidad afecta tanto a los niños como a las adolescentes.
- “Culpabilidad en la infancia” se sentía entre los menores, que creían ser responsables por posibles infecciones a sus abuelos/as.”
- La necesidad de adaptación y relajarse es crucial para el bienestar emocional durante situaciones desconocidas.
- “Mujeres en crisis” se refiere al elevado estrés experimentado por mujeres profesionales mayores, afectadas por enfermedades crónicas o con mayor sintomatología psicológica.
Preguntas frecuentes
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Q: ¿Cómo ha impactado la pandemia de COVID-19 el estrés en las poblaciones jóvenes y adultas mayores?
La rápida propagación del virus causó un aumento notorio en los niveles de estrés, ansiedad y depresión entre jóvenes y personas adultas mayores (18-60 años), especialmente debido al confinamiento.
Q: ¿Cuál es el impacto del COVID-19 en la comunidad autónoma Vasca, considerando género?
El estrés relacionado con la enfermedad por COVID-19 ha ido aumentando de forma significativa a lo largo del tiempo y tiene un efecto mayor sobre las mujeres que entre los hombres.
Q: ¿Cómo han sido afectados las personas mayores durante el confinamiento?
Los ancianos han experimentado niveles elevados de ansiedad y depresión debido al aislamiento. Además, aquellos con enfermedades crónicas o síntomatología psicológica mayormente están en riesgo.
Q: ¿Qué impacto ha tenido la pandemia COVID-10 en los jóvenes estudiantes?
Los estudiantes han experimentado un elevado nivel de estrés, con una mayor tasa de abuso de sustancias y ansiedad. Se llevó a cabo un estudio piloto para enseñar técnicas de relajación.
Q: ¿Cuál ha sido la respuesta psicológica del personal sanitario durante la pandemia?
Los profesionales de la salud han enfrentado altos niveles de estrés laboral, incluyendo jornadas prolongadas y sobrecarga. Esto se traduce en mayores sintomatologías psicológicas especialmente entre mujeres y personas más ancianas.
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Texto original (2020)

A principios del año 2020, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus (COVID-19) comenzó a extenderse por toda China. El mundo en que vivimos cambió de la noche a la mañana como resultado de una pandemia sin precedentes que, como se ha comprobado en otras situaciones de alarma, no deja indiferente a la sociedad. Más allá de los riesgos médicos, su impacto psicológico y social parece indiscutible.
Sin ir más lejos, en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) el primer afectado fue detectado el 28 de febrero, y en marzo el número de casos ya se había disparado. Este rápido aumento de confirmaciones de casos (y fallecimientos) generó estrés, ansiedad y depresión. Las investigaciones que llegaron de China, primer país afectado, ya apuntaban a que el miedo a lo desconocido y la incertidumbre podían desembocar en problemas de salud mental, somatización y conductas como aumento de consumo de alcohol y tabaco.
Para comprobar hasta qué punto es así en España, dos equipos interdisciplinares de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) realizaron al principio de la pandemia un estudio con 976 personas de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV). Los datos obtenidos mostraron que los niveles de estrés, ansiedad y depresión en la muestra recogida en la CAV fueron menores que los recogidos en el estudio realizado en China.
Además, los resultados evidenciaron, como era de esperar, que las personas que respondieron que padecían enfermedades crónicas acusaban también más estrés, ansiedad y depresión en comparación con las personas sanas. Asimismo, se halló que el estrés y la depresión aumentaban según avanzaba el tiempo de encierro, con mayor sintomatología en mujeres que en hombres.
Culpabilidad en la infancia
¿Qué han sentido los niños y las niñas en el confinamiento por el COVID-19? Los estudios en el rango de edad entre 2 y 14 años muestran cómo esta nueva realidad les afecta en los planos físico, emocional, social y académico. Concretamente, para valorarlo recopilamos las respuestas a preguntas cerradas y los dibujos de más de 1 000 menores.
Analizándolos concluimos que, sobre todo, los menores sienten miedo y culpabilidad al pensar que pueden infectar a sus abuelos/as. Y eso les genera conflictos sociales y emocionales. Paralelamente, se detecta una necesidad urgente de juntarse con los iguales y salir al exterior.
Parece importante, pues, que los gobiernos tengan en cuenta a los menores en la gestión de las políticas sociales e inclusivas para paliar los posibles efectos de la pandemia.

Jóvenes y adultos estresados
En nuestros estudios identificamos también niveles muy elevados de estrés, ansiedad y depresión en el grupo de edad entre 18 y 25 años, por encima del rango de 26 a 60 años. Dado que la muestra más joven de este estudio eran mayoritariamente estudiantes, se podría explicar por el estrés añadido que han vivido los y las jóvenes estudiantes ante la necesidad de adaptarse al nuevo contexto educativo sin clases presenciales.
En este sentido, y aunque las instituciones educativas pusieron en marcha estrategias de formación online desde un primer momento, parece que no sirvió para tranquilizar a la juventud en estos momentos de incertidumbre. Por eso el equipo de investigadoras decidió realizar un estudio piloto para enseñar técnicas de relajación a los estudiantes para bajar sus niveles de ansiedad y evitar las altas tasas de abuso de psicofármacos que hay actualmente en España.
En esta misma línea, nuestro equipo de investigación publicó una guía de recomendaciones para el alumnado universitario.
¿Y qué hay de las personas mayores? Pese a que se han llevado la peor parte, por su vulnerabilidad al SARS-CoV-2, desde el punto de vista psicológico no han salido mal parados. Tanto los adultos jóvenes (18 a 30 años) como los adultos de 31 a 59 años tienen niveles más altos de estrés, ansiedad y depresión en comparación con las personas mayores (60 a 82 años). De hecho, en un estudio realizado con 260 personas mayores de 60 años, observamos que la mayoría de los participantes no mostraban estrés ni depresión, excepto los afectados por enfermedades crónicas, con mayor sintomatología psicológica.
El estrés de los trabajadores sanitarios
estresores laborales muy intensos, incluyendo jornadas laborales prolongadas, sobrecarga de trabajo, instrucciones y medidas de seguridad estrictas, necesidad permanente de concentración y vigilancia, escasez de equipamientos de protección y reducción del contacto social. Para colmo, se han visto obligados a realizar tareas para las que muchos no estaban preparados. Nadie discute a estas alturas que los trabajadores sanitarios se han enfrentado a
En uno de los estudios realizados en la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra los resultados han demostrado que la pandemia de la COVID-19 ha generado entre el personal sanitario síntomas de estrés, ansiedad, depresión e insomnio. Con niveles especialmente altos entre las mujeres y profesionales de más edad. Variables como haber estado en contacto con el virus desencadenaron una mayor sintomatología.
A nuestro entender, merece la pena seguir identificando las necesidades psicológicas que puedan aparecer como consecuencia de la pandemia que estamos viviendo. Sobre todo para poder dar una respuesta eficiente y prevenir las diferentes consecuencias psicológicas que pueda traer la pandemia. Solo así estaremos preparados para hacer frente a las futuras amenazas epidemiológicas, incluidas sus consecuencias para la salud mental.
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Amaia Eiguren recibe fondos del Grupo de investigación del Gobierno Vasco KideOn, con referencia IT1342-19 (categoría A)
Maitane Picaza Gorrotxategi recibe fondos del Grupo de investigación del Gobierno Vasco KideOn, con referencia IT1342-19 (categoría A).
Maria Dosil recibe fondos del Grupo de investigación del Gobierno Vasco KideOn, con referencia IT1342-19 (categoría A).
Nahia Idoiaga Mondragon recibe fondos del Grupo de investigación del Gobierno Vasco KideOn, con referencia IT1342-19 (categoría A)
Naiara Berasategui Sancho recibe fondos del Grupo de investigación del Gobierno Vasco KideOn, con referencia IT1342-19 (categoría A).
Iratxe Redondo Rodríguez, Joana Jaureguizar Alboniga-Mayor, and Naiara Ozamiz do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Naiara Ozamiz, Profesora adjunta en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Educación, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

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