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“El día en que me convertí en un estúpido número”: El viaje la refugiada Zozan Khaled a Europa

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2016. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

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Zozan Khaled Musa: Un Viaje desde Siria hasta Alemania

La experiencia de Zozan Khaled Musa, que relata su viaje desgarrador por el Mar Egeo para escapar del conflicto en la Guerra Civil siria y buscar refugio en Europa, es un llamamiento a la conciencia sobre los dificultades extremas que enfrentan muchos asiáticos musulmanes al intentar llegar allí. En este relato se exponen las esperanzas atrofiadas de encontrar asilo y el estrés continuo derivado del proceso migratorio.

La Historia en Alemania

  • 3 de octubre, año 2015:** Zozan llega a la pequeña isla griega de Nera después del viaje por el Mar Egeo.
  • Encontrándose en una habitación con otras mujeres y niños debido al espacio limitado, recuerda su tiempo allí como un momento inolvidable pero también agotador para la familia reunida después de separaciones prolongadas durante sus viajes.
  • 31 de mayo, año 2016:** El relato se publica originalmente en PRI.org y retoma su difusión a través del portal LoQueSigue con la aprobación para incluirlo bajo licencia.

“Nunca olvidaré el día en que me convirtió un estúpido número…” refleja Zozan sobre su experiencia de ser catalogado como parte del gran flujo migratorio, donde cada persona recibe una etiqueta numérica y se condena a luchas injustas para alcanzar la seguridad que tanto buscan. La vergüenza por el trato humano dado es un recuerdo doloroso en su viaje hacia un futuro más establecido, lejos de las ciudades devastadas del conflicto sirio.”

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Preguntas frecuentes

FAQs sobre la narrativa y el contexto histórico detrás del relato “Zozan Khaled Musa: Un Viaje desde Siria hasta Alemania”

¿Cuál es el trasfondo de Zozan Khaled Musa en su viaje hacia Europa?** Su historia se origina durante la Guerra Civil siria, donde busca refugio y seguridad lejos del conflicto. Ella emprende un periplo desgarrador por el Mar Egeo como parte del flujo migratorio asiático musulmán.

¿Qué experiencias atrofiadas vivió Zozan durante su viaje?** Durante la travesía, se vio obligado a pasar tiempo en una habitación con otras mujeres y niños debido al acoso sistemático de los migrantes. Esta situación era tanto agotadora como inolvidable para ella.

¿Cómo fue su llegada a Alemania?** Zozan arriba en la pequeña isla griega de Nera el 3 de octubre, luego continuó sus caminatas buscando refugio hacia Europa y finalmente consiguiendo asilo.

¿Por qué es importante este relato?** El testimonio sirve como un llamamiento a la conciencia sobre los desafíos extremos enfrentados por muchos asiáticos musulmanes que intentan emigrar hacia Europa, destacando las dificultades de su viaje y el estrés continuo derivado del proceso migratorio.

¿En qué año se publicó originalmente este relato?** El 31 de mayo en PRI.org fue cuando Zozan Khaled Musa compartió sus experiencias ampliamente, aunque el relato ha circulado y sido revisado más recientemente bajo licencia para incluirlo a través del portal LoQueSigue.

FAQs sobre la publicación y difusión de su historia

¿Cuándo se hizo público el relato?** Publicado originalmente en PRI.org, con una fecha específica del 31 de mayo.

¿Qué ocurrió después del lanzamiento inicial del relato?

  • El relato ha sido revisado y retomado para su difusión a través del portal LoQueSigue bajo licencia aprobada.

FAQs sobre la experiencia personal de Zozan Khaled Musa en el flujo migratorio asiático musulmán hacia Europa

¿Qué recuerdos dolorosos tuvo durante su viaje por el Mar Egeo?** Uno de los momentos más desgarradores fue ser catalogado como un número y no una persona, lo que condujo a una experiencia humillante.

¿Cómo describió Zozan la sensación al llegar a Alemania para buscar asilo?

  • “Nunca olvidaré el día en que me convirtió un estúpido número…” fue su reflexión sobre ser tratado como mero contenido numérico durante la lucha por llegar a Europa.”

FAQs relacionadas con las reacciones sociales y el acoso hacia los migrantes en Europa y Grecia

¿Cómo fue la recepción de Zozan Khaled Musa al llegar a Alemania?** A pesar del tratamiento humillante que recibió durante su viaje, obtuvo asilo gracias al trabajo humanitario y solidario realizado por las organizaciones.

FAQs sobre la reaparición de sus experiencias en otros medios

¿Ha habido intentos adicionales para compartir el relato de Zozan Khaled Musa?** Su historia ha sido revisada y retomado por PRI.org bajo licencia aprobada, ampliando su visibilidad e impacto.


Texto original (2016)

En este artículo, Zozan Khaled Musa relata su viaje desde Siria hasta Alemania en busca de refugio y protección durante la Guerra Civil siria. La experiencia, desgarradora por naturaleza, expone las dificultades que muchos individuos asiáticos musulmanes encuentran al intentar ingresar a Europa para escapar del conflicto en su país de origen. El relato es un llamado a la atención sobre el proceso tumultuoso y emocionalmente agobiante por el cual los refugiados asiáticos musulmanes pasan al intentar llegar a Alemania, desde las esperas prolongadas en campos de concierto hasta los obstáculos que encuentran durante su viaje.

Este ensayo de Zozan Khaled Musa, de 25 años, se publicó originalmente en PRI.org el pasado 31 de mayo de 2016, y se republica aquí con permiso. Retomado para LoQueSigue de Global Voices bajo licencia (CC). 

Zozan Khaled Musa | Foto: Global Voices (CC)

Tras un largo y oscuro viaje por el Mar Egeo, llegué a la pequeña isla griega de Nera alrededor de las 3:30 de una fria mañana, el 3 de octubre de 2015. Había muchos pescadores locales que nos ayudaron cuando el barco alcanzó la orilla. Querían conseguir el motor del barco, que era una valiosa posesión para ellos

Fue un alivio increíble sentir nuestros pies pisar tierra de nuevo. Decidimos descansar en una habitación pequeña cerca de la playa. No había espacio suficiente para todos nosotros, así que sólo las mujeres y los niños se quedaron en el interior. Improvisé una almohada con mi bolso y una manta con mi chaqueta, pero hacía tanto frío que no podía cerrar los ojos. Cuando hubo suficiente luz, caminamos hasta la estación de policía local. Estaba a dos millas y media de distancia.

Muchos barcos llegaron a la isla esa noche. Cientos de personas estaban de pie en una fila esperando su turno para ser registradas y poder tomar otro barco a la isla principal de Kos. En Nera, cuando llegó mi turno de entrar en la oficina, escribieron el número “17” sobre mi mano. Nunca olvidaré el día en que me convertí en un estúpido número de una larga e inhumana lista. Qué vergüenza para la humanidad que tantas personas desamparadas dejaran de ser humanos en ese preciso momento. Cumplimenté todos los procedimientos lo mejor que pude y me dirigí a Kos, donde las autoridades nos esperaban con un papel con cada uno de nuestros nombres en él. Ese documento nos permitió coger un barco a Atenas. Fue un viaje de 12 horas. Llegué a Atenas a la mañana siguiente y me separe de la familia del amigo de mi marido para encontrarme con un amigo griego que me ayudó a coger un autobús que se dirigía a la frontera con Macedonia. Eran las 11 de la noche.

“En Nera, cuando llegó mi turno de entrar en la oficina, escribieron el número “17” sobre mi mano. Nunca olvidaré el día en que me convertí en un estúpido número de una larga e inhumana lista”.

Cuando llegué a la frontera a las 6 de la mañana, tuve una breve discusión con un guardia de seguridad porque no estaba siendo justo. Algunas personas habían estado esperando durante mucho tiempo, pero él estaba dejando pasar primero a los recién llegados. “Parece usted nerviosa. Si quiere puede volver a su país y permanecer allí”, me dijo. No me habría callado, pero un amigo me calmó. Ser un refugiado o una víctima de la guerra no significa que tenga que callarme cuando me tratan mal. No había huido de Siria para obtener dinero o beneficios financieros de Europa. Había huido porque el mundo entero se había vuelto de repente deliberadamente ciego, sordo y mudo para con el desastre ocasionado por los humanos en Siria.

Pagamos 25 euros (27 dólares) cada uno para subir a bordo de un viejo montón de basura que llamaban tren. No tengo palabras para describir la suciedad y el terrible olor. Cuando todo el mundo estaba apilado, comenzó a moverse pisando huevos. Está es la expresión que usamos en Siria para referirnos a las cosas que van muy despacio. Pero, finalmente, estaba en la frontera con Serbia. Fue entonces cuando empecé a desear no haber iniciado nunca este viaje. La peor experiencia llegó después de caminar un largo trecho, unas cuatro millas, en dirección hacia la primera ciudad donde estaba el centro de registro. No puedo recordar el nombre de la ciudad. Estaba muy cansada. Pero me gustaría recordarlo para poder decirle al mundo lo terrible que es ese sitio. Se suponía que era un lugar para que la gente pudiera descansar. Sin embargo, los refugiados permanecían fuera en las calles y se les permitía entrar sólo por unos pocos minutos para consignar sus datos en unos papeles y convertirse de nuevo en otro número. Fue todo un choque ver a miles de personas esperando y empujándose unos a otros, y lo mal que todo el mundo estaba siendo tratado por la policía serbia. Es una experiencia por la que nadie querría pasar a menos que estés verdaderamente desesperada. Algunas personas que encontré allí me dijeron que habían estado durmiendo en la calle durante días a la espera de cumplimentar aquél estúpido papel de registro.

Nada en un viaje así es racional o humano.

Después de aquella desesperada espera, conocí a una periodista serbia. Era una mujer agradable que me ayudó a entrar. Incluso logró ayudarme a conseguir permiso para subirme a un autobus a Croacia durante unas horas. Gracias a ello pude ver otro lugar completamente diferente, donde la gente se comportaba de manera diferente. Vi a seres humanos reales con auténtica compasión. Eran personas extraordinariamente respetables. Me dieron un poco de té caliente y me permitieron descansar. Ese mismo día tomé el tren a Hungría. En ese tren, por fin pude dormir un poco.

En Hungría, no pude ver nada puesto que llegué de noche e inmediatamente subí a un tren. Pero pude ver las nuevas vallas en la frontera con Croacia, vallas que se cerrarían sólo una semana después de mi llegada a Alemania. Otra puerta cerrada en la cara de los refugiados. En unas horas llegué a Viena, Austria. Pasé una noche en un complejo deportivo convertido en sitio de acogida para los refugiados. Esa noche dormí como si nunca antes hubiera dormido, a pesar de que era un lugar abierto donde todas las personas podían verte.

Por la mañana fui a la estación de tren principal y saqué un billete para Alemania. Tenía tanto miedo de quedarme atrapada en Passau, la ciudad de Alemania que está en la frontera con Austria. Me moría de ganas de ver a mi marido, que ya estaba en Alemania. En el camino no pronuncié ni una sola palabra árabe para que nadie pudiera saber que era una refugiada. Conocí a unos estadounidenses en el tren. Eran turistas. Tuve una breve charla con ellos sobre su viaje. Hablamos también de los refugiados. La mujer no estaba contenta con ellos en absoluto. Ninguno de los dos supo que yo misma era una refugiada hasta que llegamos a la frontera. Vi a la policía alemana esperando para entrar en el tren. Fingí estar durmiendo. Pero podía oír lo que estaba pasando. Mantuve los ojos cerrados alrededor de una media hora, un momento que se me hizo una eternidad. Los emigrantes y refugiados eran capturados y los sacaban fuera del tren. En cuanto a mí, tal vez mi capacidad de hablar un poco de inglés y el hecho de que no llevaba un hiyab- la mayoría de las otras mujeres lo llevaban puesto- me permitió no ser descubierta.

Cuando las puertas del tren se cerraron, suspiré aliviada. Abrí los ojos de mi sueño fingido y pude ver desde las ventanas cientos de niños, mujeres y hombres – viejos y jóvenes – de pie en una fila con la policía rodeándoles. Esa fue mi primera experiencia en Alemania. Estaba feliz de haber podido pasar sin incidencias, pero no fue agradable ver a todas esas personas indefensas ahí fuera como si fueran delincuentes, especialmente aquellos que no querían alojarse en Alemania. Me pongo en sus zapatos. Es doloroso cuando ves que los otros te miran de una cierta manera, asumiendo que vienes a causa de la pobreza. Eso es lo que la mayoría de la gente piensa cuando oye la palabra “refugiado”.

Zozan es la esposa de Yilmaz. Ahora vive en una pequeña ciudad de unos 5.000 personas en el norte de Alemania, cerca de los Países Bajos. Hace poco fue requerida para una entrevista con la oficina de inmigración. Después tendrá que esperar la aprobación para obtener un visado de residencia por tres años. Sólo entonces podrá moverse a Berlín, donde se reunirá con Yilmaz.