Icono del sitio Lo Que Sigue – IA, Tecnología y Tendencias

El impacto medioambiental de la sociedad de la información

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Impacto medioambiental y humano de las tecnologías de la información

Tabla de contenido:
  • Desde el ámbito educativo hasta los medios de comunicación en general, se ha observado que durante el último tercio del siglo XXI, cada 18 a 24 meses se introducen nuevos teléfonos inteligentes debido al cambio masivo entre diferentes modelos.
  • Los ordenadores portátiles y de sobremesa requieren cerca de 3 kilogramos (kg) de combustibles, 220 gramos químicos especializados en pintura electrónica, y aproximadamente un litro de agua para su producción completa.
  • Un equipo informático consiste hoy en más de mil materiales diversos; algunos pueden ser tóxicos o peligrosos si se manejan sin el adecuado protector personal contra los químicos y fácilmente expuestos a altas temperaturas.
  • El consumo energético para la visualización de vídeos en línea, entre otros servicios digitales, genera un enorme impacto medioambiental. Se estima que una hora de reproducción puede equivaler a emisiones similares a las producidas por el sector agrícola del país.
  • La basura electrónica se ha convertido en uno de los problemas ambientales más significativos debido al alto volumen y cantidad tóxica de residuos generados, siendo responsables anualmente unas 6.5 kg por cada persona con una ciudadanía global que suma aún mayor.
    • Televisión
    • La extracción de los minerales para la fabricación es intensiva en recursos naturales y a menudo asociada con conflictividad por «minería del conflicto», donde se explota materias primas que financian actores armamentistas.
      • Producción de dispositivos electrónicos
      • La manufactura global requiere una gran cantidad de agua y químicos, algunos con riesgos para la salud humanitaria. A su vez, los trabajadores encienden unas 137 mil centrales eléctricas cada año.
        • Consumo energético de las pantallas
        • El tráfico por Internet y los centros de datos representan una parte significativa del uso total de la energía eléctrica global, consumiendo anualmente entre 30 a 40 teravatios (TWh) en servicios digitales.
          • Basura electrónica
          • La disposición de residuos informáticos genera un alto volumen y cantidad tóxica que si bien se exportan a países en desarrollo para su procesamiento, frecuentemente terminan siendo desmantelados sin protección adecuada ni prevención ambiental.
            • Reflexión y sostenibilidad

            Es imperativo reconocer el impacto medioambiental e humano asociado con la tecnología digital para fomentar un desarrollo que valora tanto los avances como una consciencia ambiental. La responsabilidad colectiva debe dirigirse hacia políticas de sostenibilidad, reciclaje adecuado y consumo crítico.

    Preguntas frecuentes

    «`html




    Frequently Asked Questions about the Environmental and Human Impact of Information Technology**Question: How often are new smartphone models released?**<br> *Answer: Every 18 to 24 months.* <p><strong>Question: What materials and substances are needed for producing a computer (laptop or desktop)?</strong><br>A full PC requires about three kilograms of fuels, approximately twenty-two grams of chemicals specialized in electronic paint, as well as roughly one liter of water.</p> <p></p><p><strong>Question: What are the risks associated with handling an IT equipment?**<br> *Answer: Some components may be toxic or hazardous and can cause harm if not handled properly. They also pose a risk when exposed to high temperatures.*</strong></p> <p><strong>Question: How significant is digital content consumption on energy use compared to other sectors, such as agriculture?</strong><br>Answer: The electricity used for streaming videos or similar online activities generates emissions equivalent to that of the entire country’s agricultural sector.</p> <p></p><p><strong>Question: What are e-waste challenges and its global impact on a yearly basis per individual with digital citizenship?</strong><br>Answer: With electronic waste reaching 6.5 kilogsoft per person globally for digitized individuals, it significantly contributes to annual environmental pollution.</p> <p><strong>Question: How does the extraction of minerals used in TV production impact natural resources and contribute to conflict?</strong><br>Answer: Mining practices often lead to intensified exploitation of natural resources. In some cases, this is linked with ‘conflict mining’ where profits from raw material sales fund armed factions.</p> <p><strong>Question: How many power stations are typically fired annually for manufacturing electronic devices?</strong><br>Answer: Approximately 137 million central electricity generators start every year just to support the production of digital devices.* Question: What is the annual energy consumption in terawatts (TW) attributed to Internet traffic and data centers, especially within the context of digitally consumed services?** Answer: The global internet usage and processing by data centers together account for an estimated 30 to 40 TW annually.*</p> <p><strong>Question: What environmental concerns arise from improper disposal practices of electronic waste in developing countries?</strong><br>Answer: E-waste disposed into less developed nations is frequently mishandled, often ending up being dismantled without appropriate protection or preventative measures against pollution.* Question: Why should we recognize the environmental and human impacts associated with digital technology development?** Answer: Understanding these impacts prompts a societal shift towards balanced growth that appreciates technological advances while maintaining environmental consciousness, leading to policies on sustainability, proper recycling, and responsible consumption.*<br> <br> </p>

    «`


    Texto original (2020)

    Shutterstock / Polina MB

    Las tecnologías de la información y la comunicación juegan un papel fundamental en nuestra sociedad, prueba de ello es su gran expansión: mientras en los últimos 50 años la población mundial se ha duplicado, el consumo de dispositivos electrónicos se ha multiplicado por 6 en ese mismo período de tiempo.

    Los beneficios de esta revolución tecnológica son claros, sobre todo en la actualidad: la crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha acelerado y consolidado la digitalización de la sociedad.

    No obstante, la tecnología no es neutral. Su diseño, la obtención de materias primas para su fabricación, su uso y posterior desecho tienen un grave impacto medioambiental y humano que necesita de nuestra atención para fomentar un consumo sostenible de las pantallas.

    Diseño y obsolescencia programada

    El impacto medioambiental de los dispositivos electrónicos comienza con su diseño. Este tiende a favorecer la obsolescencia programada, que reduce artificialmente la vida útil de los aparatos con la finalidad de fomentar el consumo. La bombilla eléctrica es el primer caso documentado de aplicación de esta estrategia. En el terreno de los canales de información, Motorola fue pionera en los años 50 al fabricar una de las primeras radios portátiles irreparables.

    La obsolescencia planificada ha encontrado en las tecnologías de la comunicación un desarrollo sin igual durante el siglo XXI: en los países desarrollados, el ciclo de vida de un teléfono inteligente se sitúa entre los 18 meses y los 2 años. Esto significa que cada 24 meses 2 800 millones de personas cambian de móvil.

    Los ordenadores portátiles y de sobremesa, rúteres, videoconsolas y equipos de televisión pertenecen también a la categoría de productos electrónicos con mayor tasa de reposición.

    Extracción de materias primas y fabricación

    La producción de las tecnologías de la comunicación está asociada con los llamados minerales de sangre o de conflicto, ya que su explotación sirve para financiar grupos armados. La República Democrática del Congo es un ejemplo ilustrativo de esta problemática.

    En 2017, el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea aprobaron un reglamento que entra en vigor en el año 2021 para impedir el acceso de minerales de sangre en la UE. Una medida importante, aunque considerada insuficiente porque se aplica sólo a materias primas y no a productos acabados.

    La fabricación de los dispositivos es un proceso complejo que requiere toneladas de agua, químicos y combustible. Por ejemplo, para producir un ordenador de mesa se necesitarían 240 kilos de combustibles, 22 kilos de productos químicos y 1500 litros de agua, casi la misma cantidad de recursos necesarios para fabricar un automóvil. Por otro lado, un equipo informático demanda la utilización de más de 1 000 materiales, muchos de ellos tóxicos.

    Unido al impacto medioambiental de la producción de los dispositivos está el humano. Diversas organizaciones han denunciado condiciones laborales abusivas, así como graves riesgos para la salud derivados del manejo de materiales peligrosos sin los equipos de protección correspondientes.

    Consumo de las pantallas

    El investigador Jörg Becker afirma que sin el uso de internet, Alemania podría ahorrarse el funcionamiento de dos centrales nucleares.

    Aunque la creciente digitalización de diversos aspectos de la vida en sociedad es considerada como un proceso beneficioso para el medioambiente, el desarrollo de aplicaciones para las tecnologías de la comunicación y la construcción y funcionamiento de la infraestructura necesaria para su ejecución genera un fuerte consumo energético.

    Los dispositivos electrónicos son responsables del 4 % de la emisión de gases de efecto invernadero. En 2025 esta cifra podría situarse en el 8 %. Con la actual tasa de crecimiento, la huella global de carbono de estas tecnologías representaría el 14 % en 2040.

    El tráfico de datos supone más de la mitad del impacto medioambiental global de la tecnología digital: representa un 55 % de su consumo energético cada año, con una tasa de crecimiento anual del 25 %. Por ejemplo, en 2018 la visualización de vídeos en internet generó más de 300 toneladas de CO₂ y se estima que plataformas como Netflix y Amazon Prime produjeron tantas emisiones de gases de efecto invernadero como el conjunto de Chile.

    Una razón importante para explicar esta fuerte demanda energética son los centros de datos, necesarios para almacenar y transmitir la información, que todavía dependen en buena medida de combustibles fósiles. En Madrid (España), el mayor centro de datos de la región consume tanta energía como una población de 200 000 habitantes.

    La basura electrónica

    Los residuos electrónicos, consecuencia del consumo desbordante de todo tipo de dispositivos, contienen sustancias tóxicas que sin un tratamiento adecuado pueden ser peligrosas.

    De media, se calcula que cada persona genera 6 kg de basura electrónica al año. En 2018 se produjeron mundialmente 44,7 millones de toneladas métricas de este tipo de basura. De ellas, solo un 20 % fue reciclada correctamente. Ese mismo año, se arrojaron 1,7 millones de toneladas de residuos electrónicos junto a desechos orgánicos.

    Entre el 50 % y el 80 % de la basura electrónica es exportada ilegalmente a países empobrecidos, habitualmente como ayuda internacional o como bienes usados. La mayoría acaba en vertederos ilegales como Agbogbloshie en Ghana o Guiyu en China.

    Una invitación a la reflexión

    En síntesis, aunque los beneficios de las nuevas tecnologías son indiscutibles, necesitamos impulsar un consumo reflexivo y crítico. Debemos ser conscientes de la cantidad y la ubicuidad que las pantallas han ido adquiriendo en nuestra vida cotidiana y tomar conciencia sobre su impacto medioambiental y socioeconómico.

    Como podemos observar cada día con mayor evidencia, la digitalización tiene una cara que se aleja de la aparente inocencia de los nombres utilizados para referirse a muchas de sus aplicaciones tales como el concepto de nube. La sostenibilidad del entorno digital es un requisito imprescindible para avanzar hacia un equilibrio ecológico y social.

    Fernando Tucho es miembro de Setem y Aire Comunicación.

    Javier González de Eusebio y Miguel Vicente no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

    Fuente: The Conversation (Creative Commons)
    Author: Javier González de Eusebio, Doctorando en Ciencias de la Comunicación. Miembro del colectivo de investigación ImpacTIC. Co-autor del blog ecologiaymedia.info, Universidad Rey Juan Carlos

    Salir de la versión móvil