Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Populismo Epidemiológico y Gestión Sanitaria
El populismo epidemiológico se refiere a la toma de medidas que pretenden evitar el contagio por COVID-19 sin una finalidad clara ni un plan de actuación científicamente respaldado. Esto incluye afirmaciones alarmistas, promesas vacilantes sobre tratamientos y vacunas insuficientemente probadas.
- Afirmaciones Simplificadas: Minimizar riesgos o culpar a grupos específicos de la situación epidemiológica pueden ser percibidos como simplistas y poco respetuosos hacia los afectados.
- Medidas Ineficaces:** El cebo en las medidas llamativas sin base científica, tales como prácticas de temperatura aeroportuaria o certificaciones falsas “libres de COVID”, crean una ilusión segura pero ineficaz.
- Tratamientos y Vacunas no Aprobadas: Experimentar con tratamientos que carecen del suficiente apoyo científico o promover la distribución de vacunas sin verificaciones adecuadas incrementa los riesgos para el público.
- Inversiones Desproporcionadas:** Enfocar recursos en infraestructuras con dudosa eficacia es una decisión aparentemente populista pero potencialmente insostenible económicamente y sanitaria.
- Cultura Científica Fuertes: Fomentar la cultura científica en la sociedad puede actuar como defensa contra el ataque del populismo epidemiológico, ya que una población informada es menos susceptible a mensajes simplistas.
- Eficiencia Gestión Crisis: La mejor gestión de cualquier crisis será aquella basada en evidencia científica y respaldada por la ciencia, como alternativas más racionales al populismo.
Es imperativo que los ciudadanos ejerzan presión sobre sus mandatarios para asegurarse de que las decisiones se basen en evidencia científica y promuevan la transparencia. La transferencia adecuada del conocimiento científico hacia una sociedad comprendida es fundamental para combatir este nuevo populismo.
Críticas al Manifiesto Original
El artículo original presenta un análisis y propuesta de maneras efectivas contra el populismo epidemiológico. Sin embargo, los comentarios destacados aquí reflejan una visión más crítica centrada en la necesidad urgente de fortalecer nuestra sociedad científica para combatir mejor estas tácticas.
- Enfoque Propio y Limitado: Aunque el artículo aborda varios aspectos del populismo, se podría enfatizar más en las estrategias de prevención robustas y medidas científicas sostenibles para evitar futuras crisis.
- Consideraciones Económicas: El artículo subraya la importancia de invertir bien, pero no se hace énfasis en cómo estas inversiones pueden contribuir a una economía fuerte y sostenible.
- Gestión Gubernamental Adecuada: Se menciona la necesidad de actuaciones basadas en ciencia, pero un debate adicional sobre cómo los gobiernos pueden mejorar su respuesta podría ofrecer consuelo y esperanza a las personas.
- Eficacia Real: En el artículo se discute la ineficacia de ciertas medidas populistas, pero también es importante cuestionar cómo tales prácticas pueden ser reemplazadas por estrategias comprobables y robustas.
- Transferencia del Conocimiento: Se aboga por la transferencia efectiva de conocimientos científicos, pero se podría profundizar en cómo esto puede ser facilitado con más eficacia para beneficiar a todas las sociedades.
- Efectividad del Artículo: Aunque el artículo presenta un mensaje importante, la crítica sugiere que se podría ampliar y profundizar en áreas clave para crear una mayor resonancia e impacto.
- Efectos a Largo Plazo: El artículo foca mucho en las acciones de curso, pero también se podrían examinar cómo estos actos y políticas pueden afectar el futuro sanitario más amplio.
- Inmersión Cultural Científica: Aunque es un tema importante, sería beneficioso explorar con mayor profundidad como la cultura científica puede ser cultivada a largo plazo para fortalecerla frente al populismo.
- Fortalecimiento Social:** Existen menciones breves en torno a ciudadanos formados y participación, pero se podría expandir discutiendo cómo la sociedad puede cohesionarse para resistir el ataque del populismo.
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Referencias:
- . (2dezubre de 2021). Populismo Epidemiológico y Gestión Sanitaria. The Conversation.
Preguntas frecuentes
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FAQs sobre el Populismo Epidemiológico y la Gestión Sanitaria
¿Qué es el populismo epidemiológico?
Respuesta: El populismo epidemiológico se refiere a medidas tomadas sin un plan científicamente respaldado para evitar la propagación de enfermedades como COVID-19.
¿Por qué las afirmaciones simplificadas pueden ser dañinas?
Respuesta: Minimizar riesgos o culpar a grupos específicos puede resultar en que se menosprecien los impactos reales de la situación epidemiológica y resulte poco respetuosa hacia las personas afectadas.
¿Por qué pueden ser ineficaces cebarse con medidas alarmistas sin base científica?
Respuesta: Medidas llamativas como la temperatura aeroportuaria o certificaciones falsas crean una ilusión de seguridad pero no previenen eficazmente el contagio.
¿Cómo pueden los tratamientos y vacunas insuficientemente probados incrementar los riesgos para la población?
Respuesta: Experimentar con tratamientos sin un fuerte apoyo científico o distribuir vacunas antes de verificaciones adecuadas puede poner en peligro no solo a las personas directamente involucradas sino también al público general.
¿Qué implica invertir desproporcionadamente recursos?
Respuesta: Enfocar recursos ineficazmente es una decisión que puede parecer popular pero no es sostenible desde el punto de vista económico ni sanitario.
¿Cómo promover la cultura científica actúa como defensa contra el populismo epidemiológico?
Respuesta: Una población informada y enfocada en la ciencia es menos susceptible a mensajes simplistas, ya que puede discernir mejor entre información veraz y propaganda.
¿Cómo se ve afectada una crisis por un énfasis demasiado fuerte en medidas populistas sin base científica?
Respuesta: La gestión ineficiente de la crisis puede llevar a resultados peores, pérdida de confianza y mayor estrés social debido al uso indebido del tiempo o los recursos.
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Texto original (2020)
Populismo epidemiológico es pretender evitar la llegada de infectados tomando temperaturas en los aeropuertos. Prometer test masivos sin una finalidad definida y un plan de actuación. También realizar afirmaciones alarmistas e interpretaciones sesgadas sobre la situación epidemiológica, en beneficio propio. O aconsejar tratamientos sin aval científico y prometer vacunas que no han pasado todas las fases de prueba. Incluso invertir recursos públicos en servicios e infraestructuras de dudosa eficacia.
Este artículo propone destapar algunas de estas actuaciones y buscar alternativas para una mejor gestión de la pandemia.
En opinión del profesor Benjamin Moffitt, autor de Populismo, este fenómeno no consiste en una ideología fija, sino en un estilo político: no es tanto un sistema de creencias como una forma de hablar, actuar y presentarse a uno mismo. Hablar de populismo en epidemiología y control sanitario, por tanto, no es una crítica a un color político, sino una denuncia del recurso tramposo que hacen algunos mandatarios al recurrir a conceptos científicos, tecnologías, e incluso inversiones desproporcionadas en instalaciones, para lograr réditos electorales durante una crisis sanitaria.
Al cierre de este artículo, los contagios en los últimos siete días suman 58 347 y buena parte de España presenta más de 200 casos acumulados por 100 000 habitantes en los últimos 14 días, los peores datos de Europa. Es difícil predecir el futuro, máxime cuando la información epidemiológica públicamente accesible es a menudo incompleta y poco homogénea, pero algunas regiones, como Aragón, comienzan a arrojar datos alentadores.
El coronavirus sigue circulando y debemos adaptarnos a su presencia. Atentos, pero sin alarmismo y evitando ser víctimas de la desinformación, cuya representación más llamativa son los denominados grupos negacionistas.
Una epidemia de populismo
Este contexto de incertidumbre en torno a la evolución inmediata de la pandemia, sumado a la preocupación por el horizonte económico, es terreno abonado para el populismo. El nuevo populismo epidemiológico tiene muchas formas.
Puede consistir en afirmaciones simplistas que minimicen los riesgos o culpen a otros de la situación (China, la región vecina, el gobierno, los inmigrantes). También en poner en marcha medidas llamativas a sabiendas de que son poco efectivas. O en apoyar tratamientos que carecen de base científica suficiente, realizar grandes inversiones sin fundamento o, incluso, en forzar los tiempos necesarios para el desarrollo de vacunas eficaces y seguras.
La toma de temperatura en aeropuertos, por ejemplo, es una medida claramente insuficiente para evitar la entrada en el país de personas infectadas que, además, crea la falsa sensación de que se hace algo.
Otra acción que genera una falsa seguridad son las certificaciones “libre de COVID” que lucen algunas empresas e instituciones.
De igual manera, las pruebas masivas de diagnóstico se aplican con frecuencia de manera populista, pretendiendo dar con ellas una imagen de eficacia y capacidad a quien las promueve. Sabemos que las pruebas serológicas rápidas pueden dar falsos positivos por falta de especificidad, y pueden no detectar anticuerpos en individuos (falsos negativos) que sí han pasado la COVID-19. La información que proporcionan es, por tanto, incompleta.
Las pruebas PCR, que informan de infección actual, también tienen limitaciones. Un negativo hoy puede ser positivo al día siguiente, y no hay capacidad para mantener tantas pruebas a lo largo del tiempo. Por tanto, realizar pruebas una sola vez, a la vuelta de vacaciones, detectará algunos positivos o sospechosos, pero proporcionará nuevamente esa falsa sensación de tranquilidad pues no habrá forma de detectar infecciones posteriores a no ser que las pruebas, con todo su coste, se repitan con regularidad.
Todo esto podría desembocar en un mayor riesgo de transmisión del virus a las personas.
Resulta peor todavía apoyar tratamientos que no cuentan con el suficiente aval científico, o vacunas que no han pasado todos los filtros de calidad. El presidente Trump apoyó primero la cloroquina y después el plasma de convalecientes, pero ninguno de esos dos tratamientos cuenta con ensayos y evidencia científica suficiente para aconsejar su uso.
El presidente Putin, por su parte, presentó en agosto una vacuna llamada “Sputnik”, un nombre con reminiscencias de la guerra fría y la carrera espacial, cuyos ensayos simplificaron de forma manifiesta los filtros de seguridad que debe pasar cualquier medicamento.
Son dos ejemplos de populismo, como también lo es anunciar a bombo y platillo la participación en un ensayo clínico, o poner fecha a la distribución de las primeras dosis de vacuna de algún fabricante. Esto genera esperanzas en una solución cercana que puede no estarlo tanto. Los riesgos no solo estriban en que puedan llegar al público vacunas menos seguras y de dudosa eficacia –algo muy improbable en el mundo occidental–, sino, sobre todo, en alimentar la desconfianza del público frente a las vacunas en general.
Las cosas bien hechas
¿Cómo evitar que los mensajes populistas, por definición fáciles de vender, lleguen mejor al público que la evidencia científica? Generando una vacuna contra ellos: la respuesta está en el conocimiento científico.
Por una parte, una sociedad informada y con cultura científica será menos permeable a los mensajes simplistas del populismo y, por tanto, mucho más libre.
Por otra, la mejor gestión de cualquier crisis será aquella que esté respaldada por la ciencia. En lugar de mediciones de temperatura, por ejemplo, parece más razonable exigir una PCR reciente o una cuarentena –aún a costa de desincentivar (aún más) los viajes–.
Las pruebas masivas pueden aportar información muy valiosa, pero solo si se utilizan con un plan definido. Por ejemplo, para monitorizar la situación epidemiológica, preferentemente mediante pruebas basadas en la detección del antígeno y con repeticiones periódicas, o para el cribado masivo en situaciones de muy alta prevalencia de infectados o en colectivos de especial riesgo como los de las residencias. De lo contrario, parece más sensato recurrir a pruebas no invasivas y en pool, como las PCR en saliva, o aplicar técnicas de detección ambiental del ARN.
Una vez superada la peor parte de la crisis sanitaria, en vez de grandes inversiones, parece más sensato apostar por invertir en personal (atención primaria y profesores) que en ladrillos.
Nuestra sociedad debe exigir a los responsables basar sus decisiones en la evidencia científica, y primar la transparencia y la cultura científica.
Para que los ciudadanos puedan reclamar esta responsabilidad a nuestros dirigentes, y para que puedan tener criterio para valorar las actuaciones de los gobiernos, debe incrementarse la transferencia de conocimiento científico a la sociedad de una manera entendible y rigurosa.
En estos momentos de crisis sanitaria, más que nunca, la investigación ha de ser por y para la sociedad, y no solo para la comunidad académica. De esta manera se conseguirá que cultura y conocimiento científicos no sean asuntos de minorías.
Estar bien informado nunca fue tan necesario. El conocimiento científico es la mejor vacuna para combatir el populismo epidemiológico, y puede salvar vidas. Trabajemos en su transferencia a la sociedad para conseguir ciudadanos mejor formados científicamente, que sean capaces de neutralizar este nuevo populismo.
The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Christian Gortazar, Catedrático de Sanidad Animal en el IREC, responsable del grupo SaBio, Universidad de Castilla-La Mancha
