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El sistema inmune contra el SARS-CoV-2: víctimas del fuego amigo

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Comparación entre la infectividad del SARS-CoV-2 y otros virus

Avances recientes en el combate al SARS-CoV-2:

  • Se han identificado mecanismos por los cuales el SARS-CoV-2 evita la acción de interferones y utiliza células hACE2 para entrar en las células.
  • La producción de citocinas excesivas puede conducir a una respuesta inflamatoria desmedida, potenciando efectos dañinos como la disminución de presión arterial y acúmulo de líquido pulmonar (tormenta de citocinas).
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  • Respuestas inmunitarias iniciales frente al SARS-CoV-2:
    • La respuesta innata es rápida pero no específica.
    • Los interferones juegan un papel crítico en la lucha contra el virus, aunque su producción puede ser inhibida por SARS-CoV-2. Este mecanismo parece influir negativamente en la gravedad de COVID-19.

El papel crucial y los desafíos relacionados con interferones contra el SARS-CoV-2

Relevancia de la infección por parte del SARS-CoV-2:** El virus puede inactivar partes importantes para la producción y acción de los interferones, disminuyendo el potencial defensivo contra las infecciones virales.

  • “Pasamos mal”: La falta o reducción del sistema interferón parece estar vinculada con la gravedad de COVID-19, aunque no se han identificado todavía todos los detalles sobre cómo esto afecta.

Estudios recientes y tratamientos emergentes contra el SARS-CoV-2

Potencial de nuevos enfoques:** Se está explorando la posibilidad que algunos anticuerpos puedan bloquear citocinas inflamatorias como IL-6, y otros podrían evitar el acceso al virus a las células. Estos tratamientos se centran en equilibrar respuestas inmunitarias para combatir eficazmente la infección sin exacerbar reacciones inflamatorias dañinas.

  • “Más allá de nuestro mejor aliado”: El sistema interferón juega un papel crítico en defender contra infecciones, pero el SARS-CoV-2 puede aprovecharse para minimizar su eficacia. Los tratamientos emergentes buscan fortalecer esta respuesta natural y asegurar que nuestras células no sean fácilmente infectadas por el virus.

Preguntas frecuentes

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Q: ¿Cómo evita el SARS-CoV-2 la acción de los interferones y utiliza las células hACE2 para ingresar a ellas?
A: El virus ha desarrollado mecanismos que inactivan componentes clave en la producción y acción de los interferones, reduciendo su eficacia contra el SARS-CoV-2. Además, aprovecha las células hACE2 para entrar a ellas.

Q: ¿Qué papel juegan los interferones en la respuesta inicial al SARS-CoV-2 y cómo es influenciado este mecanismo por el virus?
A: Los interferones son importantes para una rápida pero no específica respuesta inmune frente al SARS-CoV-2. Sin embargo, su producción puede ser impedida intencionalmente por el virus, lo cual parece influir negativamente en la gravedad del COVID-19.

Q: ¿Cómo afecta a la gravedad de COVID-19 una disminución o falta del sistema interferón?
A: La capacidad reducida para producir y usar los interferones parece estar relacionada con el mal resultado en personas infectadas por SARS-CoV-2, aunque no se comprenden completamente todos los detalles.

Q: ¿Qué nuevos tratamientos emergentes están siendo investigados para combatir la infección del SARS-CoV-2?
A: Los enfoques actuales incluyen anticuerpos que pueden bloquear citocinas inflamatorias como IL-6 y otros que podrían prevenir el acceso al virus a las células, buscando un equilibrio para combatir eficazmente la infección sin causar daños por reacciones inmunitarias excesivas.

Q: ¿Cómo se está explorando la potencia de los anticuerpos contra el SARS-CoV-2?
A: Se están realizando estudios para ver cómo ciertos anticuerpos podrían bloquear citocinas inflamatorias y evitar que el virus infecte células, con un enfoque especializado en equilibrar respuestas inmunitarias.

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Texto original (2020)

El artículo explora los avances recientes y desafíos en la lucha contra el SARS-CoV-2 al comparar sus mecanismos infectivos con otros virus conocidos, analiza las respuestas inmunitarias iniciales del cuerpo humano frente a este patógeno nuevo y discute cómo estas reacciones pueden influir en la gravedad de su enfermedad. Se presentan estudios recientes sobre el papel crucial que jueguan los interferones, destacando las consecuencias negativas cuando estos no actúan como se esperaba y señalando tratamientos emergentes para fortalecer nuestra defensa inmunitaria contra este patógen.

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

peterschreiber.media / shutterstock

Poco más de un siglo ha pasado desde el descubrimiento del primer virus –gracias a los trabajos de Dimitri Ivanovski– hasta la aparición del SARS-CoV-2. Aunque nuestro conocimiento sobre los virus tiene poco más de un siglo de historia, estos microorganismos han acompañado al ser humano durante millones de años de evolución.

En todo ese tiempo siempre hemos contado con un aliado fiel para enfrentarnos a ellos: El sistema inmunitario. Pero, ¿podría nuestro mejor aliado frente al SARS-CoV-2 volverse en nuestra contra?

Saltan las alarmas: la infección por SARS-CoV-2

Empecemos por el principio. Los virus son parásitos obligados, lo que implica que necesitan infectar una célula para reproducirse. Esto se debe a que su material genético (esa especie de enciclopedia que contiene toda la información sobre un ser) contiene muy pocos datos. El SARS-CoV-2, causante de la pandemia que ha infectado a más de 3.8 millones de personas en el mundo y causado más de 270.000 víctimas, no es una excepción.

Para explicar cómo un virus infecta a otro ser vivo podríamos pensar en el funcionamiento de una llave y una cerradura. El virus posee en su superficie una “llave molecular” capaz de abrir una “cerradura” localizada en la célula y así colarse en su interior.

Desde prácticamente el origen de la pandemia, y gracias a su parecido con el mecanismo de entrada en las células del SARS-CoV-1, se ha podido saber cómo ocurre esta incursión. Sabemos que la “llave” es la proteína S de la superficie del virus, que se une a un receptor en la membrana de nuestras células (la “cerradura”) denominado enzima conversora de la angiotensina (hACE2), que regula la presión arterial.

Sabemos también que, una vez dentro, el virus “secuestra” la sala de máquinas de nuestras células y la obliga a trabajar en su propio beneficio. Además, recientemente ha sido descrito con gran detalle el mecanismo de entrada del virus a las células, desentrañando las claves sobre su infectividad y evasión del sistema inmunitario

Cuando las defensas nos dañan

Cada día entramos en contacto con potenciales agentes infecciosos de muy diversa naturaleza, desde virus y bacterias hasta hongos o helmintos. Gracias a la respuesta de nuestro sistema inmunitario, dividida en respuesta innata y adaptativa, podemos hacerles frente.

El sistema inmunitario innato se encarga de hacer frente de manera rápida a cualquier posible patógeno con el que entremos en contacto, independientemente de su naturaleza y en apenas 96 horas. Lo cual, en muchas ocasiones, resulta más que suficiente para eliminar la amenaza.

Esta inmunidad innata está mediada por elementos solubles y células como las Natural Killer o los macrófagos, siendo estos últimos responsables de la denominada “tormenta de citocinas”. Las citocinas actúan como “mensajeros”, ayudando y coordinando la respuesta inmunitaria. Sin embargo, cuando se producen de manera excesiva, provocan que el sistema inmunitario se descontrole.

El problema radica en que esas citocinas inducen la permeabilización de las paredes de los vasos sanguíneos, permitiendo el paso de las células a los tejidos para que luchen contra la infección. Cuando se producen en avalancha, los pulmones se llenan de líquido, disminuye la presión arterial y provoca que se originen trombos.

Un as en la manga del SARS-CoV-2

Si bien anteriormente hacíamos referencia al pequeño tamaño del genoma de los virus, el SARS-CoV-2 contiene aproximadamente tres veces más información que un virus medio (unos 30kb frente a 10kb). Es decir, su enciclopedia de la vida contiene “páginas extra” que le confieren algunas ventajas.

Una de esas ventajas tiene que ver con otro de los elementos más importantes en la respuesta innata: los interferones. Se trata de una familia de moléculas solubles que permiten bloquear la propagación de los virus mientras se prepara una respuesta más específica. El SARS-CoV-2 contiene en esa “información extra” genes, como nsp1 o nsp3, capaces de bloquear la actividad y producción de interferones de tipo I y III.

Además, recientemente ha sido descrito que el gen que codifica hACE2, esa cerradura que emplea el virus para infectar nuestras células, es estimulado por interferón. Dicho de otra forma, el virus es capaz de inutilizar en parte nuestros mecanismos de defensa e incluso aprovecharlos para aumentar su capacidad para penetrar en las células, transformando la debilidad en ventaja. Esto ha provocado que el uso de interferón como tratamiento se encuentre actualmente en entredicho.

Recuperando a un viejo amigo frente al SARS-CoV-2

Los datos disponibles hasta la fecha parecen indicar que una respuesta deficiente por parte de los interferones, así como una respuesta proinflamatoria desmedida, definen la gravedad de la infección en los pacientes de COVID-19.

Actualmente existen diversos tratamientos sobre la mesa cuyo objetivo es ayudar a que nuestro sistema inmunitario actúe de manera eficaz contra el virus. Desde anticuerpos que bloquean citocinas como la IL-6 (responsable en parte de la tormenta de citocinas), a anticuerpos que impiden la entrada del virus en las células. Es posible que el tratamiento frente al SARS-CoV-2 pase por recuperar para la causa al sistema inmunitario.

The Conversation

Seila Lorenzo Herrero recibe fondos de EntreChem S.L.

Christian Sordo Bahamonde and Segundo González Rodríguez. do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Christian Sordo Bahamonde, Doctorando en el grupo de Inmunología Tumoral, Departamento de Biología Funcional, Facultad de Medicina, Universidad de Oviedo