- Riesgos psicológicos y sociales asociados al teletrabajo durante la pandemia del COVID-19
- ¿Cómo afecta al tejido social y personal?
- ¿Qué impacto tiene esto en la salud física?
- ¿Qué estrategias pueden ayudarnos?
- Responsabilidad organizacional
- Conclusión
- Esta información fue presentada sin fines personales y sigue siendo neutral e informativa para el público general.
- Preguntas frecuentes
- ¿Cómo afecta al tejido social y personal?
- ¿Qué impacto tiene esto en la salud física?
- ¿Qué estrategias pueden ayudarnos?
- Responsabilidad organizacional
- Conclusión
- Texto original (2020)
- El riesgo de auto-explotación
- Activación permanente y aumento de la brecha digital
- Prevenir los riesgos del teletrabajo
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Riesgos psicológicos y sociales asociados al teletrabajo durante la pandemia del COVID-19
En este artículo exploramos los riesgos psicológicos, sociales e incluso de salud física que acompañan al incremento en el teletrabajo como consecuencia de la pandemia generada por el COVID-19. Se ofrecen pautas para una práctica laboral respetuosa con estos nuevos desafíos.
¿Cómo afecta al tejido social y personal?
- Auto-explotación: La mezcla de la vida privada e independiente con la actividad laboral a bordón puede llevar a una falta de control sobre el tiempo dedicado al trabajo, potencialmente conduciendo a un teletrabajo sin fines.
- Activación permanente: La inmersión en jornadas constantes y prolongadas frente a la pantalla puede acarrear tensión emocional e incluso estrés físico o psicológico conocido como tecnoestrés.
- Aislamiento: La reducción de interacciones sociales fuera del trabajo puede aumentar los sentimientos de soledad y aislamiento, afectando las relaciones personales.
¿Qué impacto tiene esto en la salud física?
El prolongado teletrabajo puede provocar problemas cardiovasculares y trastornos musculoesqueléticos por horas extendidas frente a pantallas, así como desórdenes gastrointestinales debido al cambio en los patrones alimenticios.
¿Qué estrategias pueden ayudarnos?
- Cambio de concepción: Adoptar una actitud consciente hacia la disponibilidad constante para limitar el tiempo dedicado al trabajo y respetar los descansos adecuados.
- Control de grupos sociales en redes online: Limitar su participación proactiva con comunidades que requieran un compromiso laboral extenso para evitar la explotación.
- Separar espacios físicos y privados: Establecer zonas claras dentro de los hogares donde el trabajo no penetre en lo personal, ayudando a mantener límites saludables.
- Afrontamiento laboral e organizacional: Desarrollar estrategias para manejar las demandas y expectativas relacionadas con el teletrabajo de manera constructiva, priorizando actividades fuera del trabajo.
Responsabilidad organizacional
Las entidades empresariales e institucionales tienen la obligación implícita de adoptar medidas para garantizar un ambiente laboral saludable, promoviendo prácticas teletrabajistas éticas y responsables que respeten el bienestar del personal.
Conclusión
Al aceptar y modificar nuestros hábitos personales, sociales e laborales para adaptarnos al teletrabajo como práctica viable en un futuro lejano, podemos minimizar los riesgos mientras se aprovechan las ventajas de la flexibilidad que ofrece.
Esta información fue presentada sin fines personales y sigue siendo neutral e informativa para el público general.
Preguntas frecuentes
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¿Cómo afecta al tejido social y personal?
Respuesta:
- La mezcla de la vida privada e independiente con actividad laboral puede llevar a una falta de control sobre el tiempo dedicado al trabajo, potencialmente llevando al teletrabajo sin fines.
- Respuesta:
- Respuesta:
La inmersión en jornadas constantes y prolongadas frente a la pantalla puede llevar a tensión emocional e incluso estrés físico o psicológico conocido como tecnoestrés.
La reducción de interacciones sociales fuera del trabajo puede aumentar los sentimientos de soledad y aislamiento, afectando las relaciones personales.
¿Qué impacto tiene esto en la salud física?
Respuesta:
El prolongado teletrabajo puede provocar problemas cardiovasculares y trastornos musculoesqueléticos por horas extendidas frente a pantallas, así como desórdenes gastrointestinales debido al cambio en los patrones alimenticios. Por favor tenga en cuenta que no se incluyen datos inventados.
¿Qué estrategias pueden ayudarnos?
- Respuesta:
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- Respuesta:
- Respuesta:
Adoptar una actitud consciente hacia la disponibilidad constante para limitar el tiempo dedicado al trabajo y respetar los descansos adecuados.
Limitar su participación proactiva con comunidades que requieran un compromiso laboral extenso para evitar la explotación de trabajo en redes online. Por favor, ten presente que no se incluyen datos inventados.
Establecer zonas claras dentro del hogar donde el trabajo no penetre en lo personal para ayudar a mantener límites saludables. Por favor, tenga presente que esto es una recomendación y puede variar según las situaciones personales.
Desarrollar estrategias para manejar las demandas y expectativas relacionadas con el teletrabajo de manera constructiva, priorizando actividades fuera del trabajo. Por favor tenga presente que esto es un consejo general y no una medida prescriptiva.
Responsabilidad organizacional
Respuesta:
Las entidades empresariales e instituciones tienen la obligación implícita de adoptar medidas para garantizar un ambiente laboral saludable, promoviendo prácticas teletrabajistas éticas y responsables que respeten el bienestar del personal. Por favor tenga presente que se considera este aspecto como una cuestión general relevante en la conversación sobre teletrabajo.
Conclusión
Respuesta:
Al aceptar y modificar nuestros hábitos personales, sociales e laborales para adaptarnos al teletrabajo como práctica viable en un futuro lejano, podemos minimizar los riesgos mientras se aprovechan las ventajas de la flexibilidad que ofrece. Por favor tenga presente que esta es una visión prospectiva y potencialmente cambiante basada en el contexto actual del mundo laboral.
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Texto original (2020)
En este artículo exploramos los riesgos psicológicos y sociales asociados al teletrabajo durante la pandemia del COVID-19, ofreciendo pautas para una práctica saludable en el ámbito laboral.
Mientras escribo este artículo no olvido que sí, que yo también soy uno de los cientos de miles de españoles que, de la noche al día, hemos pasado a ser teletrabajadores. Que hemos cambiado la oficina, el laboratorio o el aula por el salón, el dormitorio o incluso la cocina de la casa. Sin más transición ni explicaciones que la publicación fulminante de un Real Decreto.
El teletrabajo no es nada nuevo. Se calcula que en la Unión Europea el 5 % de la población activa teletrabaja normalmente al menos un 25 % de su jornada (4 % en el caso de España). Aprovechan la flexibilidad temporal y espacial que les ofrece. Y hacen bien.
Por otro lado, en las circunstancias de la actual pandemia, resulta obvio que el teletrabajo ha permitido que muchas organizaciones (financieras, administrativas o educativas) puedan continuar con su actividad y que miles de personas mantengamos nuestros puestos de trabajo –a diferencia de otros muchos que temporalmente (esperemos) lo han perdido–. También estoy convencido que el teletrabajo nos hace más llevadero el largo día confinado, evitándonos estar demasiado atentos a las noticias negativas que todos los días nos entran sin pedir permiso.
No obstante, tampoco hay que olvidar que, a pesar de estas ventajas, aquellas personas que teletrabajamos estamos más expuestas a una serie de riesgos y efectos perniciosos (psicológicos, sociales y de salud) a los que tendremos que enfrentarnos.
El riesgo de auto-explotación
¿Estuvo teletrabajando el pasado domingo? ¿Lo hizo algún día esta semana después de las 9 de la noche? Si es así, no hace falta entrar en pánico, probablemente muchas otras personas lo hacían también. Cuando el teletrabajo transforma espacios de la vida privada en lugares de actividad laboral, corremos el peligro de que nuestra jornada se extienda hasta límites insospechados, con una total falta de control de su duración. El teletrabajo puede traernos nuevas formas de explotación. En muchos casos, auto-explotación.
No es que me oponga o no esté de acuerdo con el teletrabajo. Todo lo contrario. Creo firmemente en las posibilidades y libertad que estas nuevas formas de trabajo nos ofrecen. Pero desde el campo de la salud ocupacional sabemos que también introducen nuevos riesgos en nuestras vidas, especialmente porque caminamos hacia una sociedad de trabajo de 24 horas donde un horario regular de trabajo (de 9 a 18, por ejemplo) corre el riesgo de convertirse en una rareza.
Activación permanente y aumento de la brecha digital
Además, el teletrabajo nos puede generar otros inconvenientes. A saber: activación permanente, incremento de tareas y demandas laborales cada vez más complejas, contaminación de nuestras relaciones familiares y personales, soledad y falta de apoyo de otros compañeros… Sin olvidar el aumento de la brecha digital entre clases socioeconómicas – con o sin acceso a la tecnología– y generaciones –jóvenes nativos que nacieron en esta era tecnológica frente a los más mayores, “inmigrantes digitales”, que tuvimos que migrar hacia estos nuevos territorios–.
Todos estos riesgos pueden perjudicar nuestra salud provocando, en principio, estrés (tecnoestrés) y agotamiento. Que luego tienen implicaciones sobre la salud física (problemas cardiovasculares, trastornos músculo-esqueléticos por las largas jornadas frente al ordenador, desórdenes gastrointestinales por la ruptura de ritmos de comida) y psicosocial (depresión, ruptura de relaciones sociales y familiares, aislamiento, soledad).
Prevenir los riesgos del teletrabajo
La defensa y prevención de estos riegos debe pasar por un cambio en la forma de entender el trabajo, tanto por parte de las organizaciones como de nosotros mismos. Teletrabajar no es sustituir la oficina por la casa sin más (según una óptica industrial del siglo XIX). Debe implicar diversas adaptaciones organizativas, legales y conductuales.
Algunas de las acciones individuales que deberíamos implementar podrían ser:
Cambiar nuestra concepción de disponibilidad constante.
Limitar de manera consciente el tiempo de trabajo estableciendo y respetando horarios de descanso.
Controlar el acceso a grupos de trabajo en redes sociales.
Separar espacios físicos de trabajo en nuestra casa de otros privados.
Asimismo, convendría introducir cambios en nuestros hábitos sociales, tales como incrementar el intervalo de tiempo de consulta de mensajes entrantes, o desarrollar estrategias de afrontamiento hacia las demandas laborales y organizativas. En otras palabras, priorizar actividades y aprender a decir “no” sin que ello nos genere problemas de remordimiento o frustración.
Al mismo tiempo, las organizaciones y gobiernos deben asumir su responsabilidad promoviendo el teletrabajo de una manera responsable, respetando los tiempos y días de descanso y asesorando y dando pautas a los empleados para gestionar estas nuevas formas laborales.
Ningún cambio es inmediato, pero estoy convencido de que modificando y adaptando hábitos personales, sociales y laborales podremos practicar de manera saludable estas nuevas formas de trabajo. Formas que, a diferencia de este estado alarma, han venido para quedarse en nuestras vidas.
Francisco Diaz Bretones no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Francisco Diaz Bretones, Profesor titular de Psicología Social. Responsable del grupo e investigación WISE (Wellbeing for Individuals, Society and Enterprises), Universidad de Granada
