- Posicionamiento de Trump y Le Pen en Tratados Comerciales
- Ruptura con la Acumulación Por Desposesión
- Política Comercial Revisada por Trump
- Implicaciones Económicas y Sociales
- Ruptura con la Unión Europea
- Crítica a los Actuales Regímenes Políticos
- Preguntas frecuentes
- FAQs sobre el Posicionamiento de Trump y Le Pen en Tratados Comerciales
- Texto original (2017)
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2017. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Posicionamiento de Trump y Le Pen en Tratados Comerciales
El artículo examina cómo la política comercial del Gobierno Trump, marcada por un nacionalismo calificado como proteccionista, refleja estrategias similares a las de su homólogo europeo Le Pen. Ambos presentan una retórica que desalienta los tratados de libre comercio y busca mantener o expandir el acaparamiento económico por parte de ricos minorías, en contra del bienestar social.
Ruptura con la Acumulación Por Desposesión
Desde un punto de vista enciclopedista y archivístico neutral, el artículo destaca cómo las estrategias declaradas por Trump y Le Pen perpetúan una acumulación económica a costa del resto. A pesar de la aparente ruptura con los tratados anteriores como TTIP o CETA, en realidad no se produce un cambio sustancial.
Política Comercial Revisada por Trump
- Objetivos del Gobierno Trump:
- Defender y expandir la soberanía económica de Estados Unidos.
- Responder a las distorsiones en la competencia libre.
- Opacar normas de la OMC e impulsar tratados bilaterales que beneficien especialmente al capital transnacional estadounidense.
Implicaciones Económicas y Sociales
El artículo sugiere una perspectiva crítica sobre las implicancias económicas del nacionalismo proteccionista, destacando cómo tales políticas no altera significativamente la desigualdad o acumulación por parte de los ricos. En vez de cambios estructurales beneficiosos para el pueblo común y una mejora en las condiciones laborales y sociales, se anticipa un aumento del conflicto entre proteccionismo nacionalista e internacionalización económica.
Ruptura con la Unión Europea
Se especula que si Trump decide priorizar negociaciones comerciales con el Reino Unido sobre su relación UE, podría exacerbar las tensiones y divisiones dentro de la UE. Dicha postura implicaría una continuación del esfuerzo nacionalista europeo pero bajo un liderazgo estadounidense.
Crítica a los Actuales Regímenes Políticos
El artículo finaliza condenando la falta de mecanismos redistributivos en el continente y cómo dichas políticas perpetúan inequidades, sin incluir respuestas constructivas para transformar las estructuras económicas.
Preguntas frecuentes
FAQs sobre el Posicionamiento de Trump y Le Pen en Tratados Comerciales
¿Cómo se relacionan las políticas comerciales proteccionistas del Gobierno Trump con la postura europea de Marine Le Pen?
Tanto el nacionalismo calificado como proteccionista, adoptado por Donald Trump y su homólogo europeo, representa estrategias similares desalentando los tratados de libre comercio para mantener o expandir el acaparamiento económico por parte de ricos minorías. Ambos buscan contradecidos en la igualdad social.
¿Qué objetivos hacen del proteccionismo una prioridad para Trump?
- Defender y expandir la soberanía económica de Estados Unidos.
- Responder a las distorsiones en competencia libre.
- Opacar normas de la OMC e impulsar tratados bilaterales que beneficien especialmente al capital transnacional estadounidense.
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¿Cuáles son las posibles implicancias económicas del nacionalismo proteccionista según el artículo?
El nacionalismo no cambiaría significativamente la desigualdad o acumulación por parte de los ricos. Se anticipa un aumento en conflictos entre estrategias proteccionistas y tendencias económicas internacionales, sin efectividad estructural para el bienestar social.
¿Cómo podría la priorización de negocios por parte del gobierno estadounidense con Reino Unido afectar a su relación UE?
- Podría exacerbar tensiones y divisiones dentro de la UE.
- Se podría considerar como continuación del esfuerzo nacionalista europeo bajo un liderazgo estadounidense, lo que llevaría a desafíos más pronunciados en el ámbito comercial con Europa.
¿Qué crítica se hace al régimen político actual de la Unión Europea?
La falta de mecanismos redistributivos en el continente y cómo dichas políticas perpetúan inequidades sin incluir respuestas constructivas para transformar las estructuras económicas.
Texto original (2017)
Este artículo examina la posición de Trump y Le Pen en relación con los tratados comerciales, especialmente el TTIP. Mientras que ambos presentan narrativas nacionalistas propulsadas por un proteccionismo falso, su apoyo a dichos acuerdos refleja estrategias similares para la acumulación y desposesión dentro de sus propias naciones e internacionalmente en el contexto del capitalismo neoliberal. La introducción destaca cómo estos tratados comerciales pretenden ser “de nueva generación” pero no representan un cambio fundamental, sino más bien una continuación o potenciación de los modelos económicos existentes que perpetúan la desigualdad y el proteccionismo real.
Por Adoración Guamán y Gabriel Moreno. Publicado originalmente en CTXT y republicado bajo licencia Creative Commons
Entre las muchas coincidencias que pueden encontrarse en el discurso electoral de Trump y Le Pen se encuentra el rechazo, al menos en el plano formal, de los Tratados de Libre Comercio de nueva generación y en concreto del TTIP y del CETA. Revestidos de una retórica calificada de “proteccionismo”, primero Trump en su campaña y ahora Le Pen han hecho suyo un discurso antitratados que ni parece que vaya a materializarse ni aporta ninguna alternativa en beneficio de las mayorías sociales.
Desde luego, es innegable que la llegada de la Administración Trump ha marcado un punto de inflexión en las relaciones comerciales entre la UE y Estados Unidos. Partiendo de esta afirmación, el interés radica en elucidar si la política comercial de Estados Unidos está dando un giro real o si la tan publicitada ruptura con el modelo anterior es un elemento más del discurso electoral/populista sin que exista un cambio real de modelo. El abandono del proceso de ratificación del Tratado Transpacífico, la paralización de las negociaciones del TTIP, la voluntad de renegociar el NAFTA han sido claros golpes de efecto destinados a mostrar un cambio de ruta del que aún no sabemos cuál es su alcance ni naturaleza exacta.
Lo cierto y verdad es que la contraposición entre “proteccionismo” y “globalización”, que tanto y tan bien explota la extrema derecha a ambos lados del Atlántico, no es una traslación automática de la lucha entre soberanía o democracia frente a neoliberalismo o libre mercado sin frenos. Aunque sea ese el relato del que Trump o Le Pen intentan aprovecharse, la dicotomía en el fondo es falsa, puesto que en ella subyace una similar estrategia de acumulación por desposesión, que se da tanto en el interior de los países que gobiernan o pretenden gobernar como en sus relaciones con el resto de regiones y Estados de la periferia.
La lectura del documento sobre la estrategia comercial de Trump, que se ha filtrado el pasado mes de marzo, nos da buena cuenta de ello. En el mismo se afirma que la nueva política significa un cambio “real” respecto de la sostenida por la Administración anterior (lo que en teoría “venden”), aunque un análisis pormenorizado de las propuestas revela el sostenimiento de una línea que nunca se ha perdido: América para los americanos, sí, pero fundamentalmente para algunos y contra la mayoría.
Según el documento, el objetivo actual de la política comercial de Estados Unidos es la expansión del comercio de manera que éste sea más libre y más abierto para los estadounidenses. Todas las acciones comerciales, continúa el texto, tendrán como objetivo el crecimiento económico y la promoción del empleo en los Estados Unidos y la protección de las empresas, trabajadores, sectores y mercancías de los Estados Unidos frente a los del resto de países. En este sentido, se van a primar los acuerdos bilaterales frente a los regionales y se resistirá frente a los intentos de la OMC de debilitar la postura de Estados Unidos en los diversos tratados multilaterales. En realidad, nada nuevo bajo el sol ni diferente a lo que la gran potencia ha venido realizando en las últimas décadas.
En concreto, Trump se fija los siguientes objetivos: defender y expandir agresivamente la soberanía de Estados Unidos en materia comercial; responder agresivamente a las distorsiones a la libre competencia, incluso si son toleradas por la OMC; sortear las normas de la OMC e impulsar tratados bilaterales que mejorenla apertura de las fronteras de otros países respecto de los productos y servicios estadounidenses; expandir el comercio a nuevos mercados clave y renegociar tratados ya en vigor, en concreto el NAFTA. Es decir, nada que no estuviera, al menos señalado, en la agenda anterior (Obama y Clinton ya apostaron por renegociar el NAFTA), nada que implique un cambio radical (en lugar del TPP se van a negociar tratados bilaterales con cada uno de los países implicados) y nada que no estuviera presente en la negociación del TTIP.
Como se recordará, el 17 de julio de 2013 el Consejo de la Unión Europea aprobó las Directrices de negociación relativas a la Asociación Transatlántica sobre Comercio e Inversión, entre la Unión Europea y los Estados Unidos de América, más conocido como TTIP. Este documento, que no se desclasificó hasta el 9 de octubre de 2014, contiene los objetivos y contenidos fundamentales del acuerdo, estableciendo como finalidad primordial el aumento del comercio y la inversión entre la UE y los Estados Unidos. Para ello, el documento enmarca los contenidos del Tratado en tres grandes pilares: el acceso al mercado, las cuestiones reglamentarias y barreras no arancelarias (cooperación reguladora) y la producción de normas comunes de obligado cumplimiento, incluyendo un mecanismo de solución de controversias inversor-Estado (ISDS). Este amplio contenido ha justificado que el TTIP, al igual que el CETA, sea bautizado como un “Tratado de Nueva Generación”, ya que su objetivo principal no es el de eliminar aranceles, sino el de servir de marco jurídico para que el capital transnacional proteja sus intereses frente a la discrecionalidad, soberana, de los Estados. Y aunque tras el cambio en la Administración estadounidense las negociaciones se han paralizado, no se han dado por concluidas; al contrario, parece que ambas potencias están apostando por retomarlas.
Sin duda, una nueva apertura de las mismas vendrá marcada por una notable posición de fuerza de los Estados Unidos que mantendrá las líneas rojas que ya estancaron las negociaciones en el otoño pasado. Cuestiones como la apertura de los mercados de la contratación pública con la derogación o modificación de la Buy American Act o el reconocimiento de las Denominaciones de Origen ya se plantearon como concesiones imposibles por parte de la Administración Obama y en estos momentos se pergeñan como líneas infranqueables, con más agresividad aún. Así las cosas, y con el as en la manga que supondría dar prioridad a un tratado de nueva generación con el Reino Unido antes de negociar con la UE, el Gobierno de Trump puede coger el mando de las negociaciones con una Unión Europea a la que la negociación de estos tratados está provocando fisuras cada vez más amplias.
En esta coyuntura, el objetivo actual de la política comercial de Estados Unidos es la expansión del comercio de manera que éste sea más libre y más abierto para los estadounidenses. Sea como fuere, la Administración Trump se encontrará delante con una UE aún más desunida y débil, con las contradicciones inherentes a su propio proceso de integración abiertas en canal. La primacía de lo económico y del mercado en la configuración misma de la UE, sin la necesaria dimensión social que los atenúe, unida a los últimos ataques neoliberales desde sus instituciones a los derechos y al bienestar de las mayorías sociales del continente, han suscitado un sentimiento de rechazo hacia el proyecto que ha sido, por el momento, canalizado con mayor intensidad por la derecha. La ausencia de mecanismos redistributivos a nivel continental y la consagración jurídica, al mismo tiempo, de la estabilidad presupuestaria como indiscutible camisa de fuerza para las posibilidades de intervención económica de los Estados han provocado que las libertades económicas fundamentales (de movimiento, de capitales, de servicios y bienes…) hayan seguido operando sin diques que las frenen, aumentando la desigualdad y la acumulación de la riqueza a través, y por encima, de los países.
El descontento, por ende, se hará aún mayor si no somos capaces de dar un giro rotundo a la arquitectura misma de la Unión Europea, y la extrema derecha seguirá creciendo si su relato, falso, sigue teniendo un asidero real en Bruselas al que agarrarse. Ellos, Le Pen y Trump, se erigen en los salvadores de la comunidad, de la Nación y de la seguridad, laboral y social, frente a la globalización institucionalizada y al mundo de las frías cifras del establishment de Washington o de las instituciones de Bruselas. Pero ellos también, a la vez, no dejan de defender en el fondo los mismos planteamientos que subyacen a las consecuencias que critican y de las que se aprovechan en el descontento generalizado. Trump seguirá con el libre comercio sin trabas, lo potenciará incluso, y la acumulación de unos pocos y la desigualdad para los muchos aumentará. Lo hará, eso sí, desde un vigorizado discurso nacionalista y neoproteccionista, mientras sus millonarias cuentas no pararán de crecer y sus empresas, cual metáfora de su misma ideología, no cesarán de saltar de un país a otro protegidas por los tratados de nueva generación auspiciados por EEUU.
à la mode. El Brexit, por su parte, no supondrá un renovado impulso para la democracia en el Reino Unido, que, de la mano de May y los tories, ya está comenzando a abrazar de nuevo la posibilidad de aumentar los neoliberales lazos con Estados Unidos y de convertir Londres en un paraíso para estos nuevos tratados que amparan, recordemos, la impunidad total de un capital transnacional dueño y señor de los mecanismos tradicionales de poder.Le Pen, de ganar, no acabará con la base socioeconómica que alimenta la desigualdad, la injusticia social y el descontento, como tampoco lo hará Macron, por mucho que ahora ambos decidan que criticar el CETA está
Frente a la atomización social, el individualismo extremo, el empobrecimiento de amplias capas de la población y el aumento de la desigualdad, el capitalismo neoliberal, precisamente la causa de todos estos factores, parece haber encontrado una vía de escape para seguir conservando la acumulación que alienta: el nacionalismo de los falsos proteccionismos que en el fondo no solo no cambian, sino que profundizan, la acumulación por desposesión que estamos sufriendo. El TTIP que viene tendrá posiblemente otro nombre y otras formas, pero detrás estarán los mismos intereses de siempre al servicio de quienes, desde hace demasiado tiempo ya, vampirizan el futuro de las generaciones presentes y venideras.
Adoración Guamán. Profesora titular de Derecho del Trabajo en la Universitat de València. Gabriel Moreno. Investigador en Derecho Constitucional en la Universitat de València.
Fuente: https://ctxt.es/es/20170503/Firmas/12557/TTIP-ceta-internacional-tribunas-Trump-Le-Pen.htm
Foto: Global Justice Now (CC)
Vía: Rebelión (CC)

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