Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Percepciones Adolescentes del COVID-19: Una Mirada psicoanalítica al Riesgo Sexual y Social
El artículo aborda la compleja dinámica en que los jóvenes adoletos están sumergidos ante el virus COVID-19, explorando sus maneras distintas de lidiar con este nuevo reto. Desde una perspectiva psicoanalítica, se examina cómo estas conductas riesgosas son impulsadas por ilusiones propias y sirven como mecanismo para comprender e intentar mediar entre las necesidades sexuales personales del adolescente y los deseos sociales.
- Adolescencia prolongada: La pubertad se ha convertido en un periodo más largo, añadiendo complejidad a la experiencia emocional de los jóvenes. El virus COVID-19 pone en juego el desafío del distanciamiento social.
- Emoción y identidad: Los adolescentes están atrapados entre su emergente sexualidad y la imposición de límites externos, un conflicto que se ve agravado por las medidas preventivas impuestas.
- Ilusiones y defensa: Unos creen en sus propias respuestas frente a los riesgos causados por el virus COVID-19, mientras que otros se apoyan mutuamente para explorar la sexualidad.
- Necesidades emocionales y bienestar: El distanciamiento social exacerbado por las medidas preventivas genera angustia, lo que influye en su búsqueda de satisfacción emocional y sexual.
- Acción vs. Represión del Riesgo: Algunos jóvenes optan por comportamientos riesgosos para explorar la sexualidad, mientras otros buscan formas seguras de expresión.
- Responsabilización y apoyo social: La articulación preventiva debe fomentar hábitos seguros en adolescentes que ya tienen medidas para protegerse, alentándol0llamente el recurso de su entorno.
- Reflexión y visibilización social: Se necesita la concienciación sobre los efectos adversos del COVID-19 en ciertos grupos jóvenes, potenciando un sentido comunitario de cuidado.
- Mecanismos disciplinares: La irresponsabilidad por parte del grupo que busca emanciparse sexualmente debe ser abordada con medidas justificadas para mantener la seguridad y el bienestar.
- Contribuciones académicas: José Ramón Ubieto Pardo, Profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación. Psicoanalista, ofrece un análisis detallado sin beneficiarse personalmente financieramente del artículo.
Preguntas frecuentes
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Q: ¿Cómo ha afectado el COVID-19 a las experiencias de los adolescentes durante la pubertad?
A: La pubertad se ha convertido en un periodo más largo debido al virus, lo que añade complejidad emocional.
Q: ¿Qué conflicto está experimentando el adolescente con respecto a su identidad y sexualidad?
A: Están atrapados entre una emergente sexualidad y la imposición de límites externos, exacerbado por medidas preventivas.
Q: ¿Cómo están los adolescentes respondiendo a las ilusiones sobre el COVID-19?
A: Algunos confían en sus propias respuestas frente al riesgo, mientras que otros se apoyan mutuamente para explorar la sexualidad.
Q: ¿Cómo influye el distanciamiento social en las necesidades emocionales y bienestar de los adolescentes?
A: El distanciamiento agrava angustia, influenciando la búsqueda de satisfacción emocional y sexual.
Q: ¿Qué tipos de comportamientos estudiantiles representan riesgos durante el COVID-19?
A: Algunos jóvenes optan por actitudes inseguras para explorar la sexualidad, mientras otros buscan expresión segura.
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Texto original (2020)
En este artículo se analiza cómo los jóvenes lidiados con el virus COVID-19 buscan maneras distintas para expresar y explorar su sexualidad, en un contexto donde la distancia social ha limitado las interacciones cara a cara. Se examina desde una perspectiva psicoanalítica cómo estas conductas de riesgo son impulsadas por ilusiones creadas como mecanismo para comprender y mediar entre sus necesidades sexuales y el deseo social, confrontando así las dinámicas que afectan su bienestar emocional.
La adolescencia –hoy más larga que nunca– es un riesgo en sí misma. Contiene un virus que los parásita a ellos/as. Es el virus del cuerpo que descubre su condición de sexuado y que se hace presente en forma de imperativo: ¡Goza! No se le puede ignorar, nadie es inmune a él y hace falta todo un recorrido para generar anticuerpos.
Freud usó una metáfora muy esclarecedora para ilustrar el impasse de la pubertad: están en medio de un túnel oscuro y deben cavar dos salidas al mismo tiempo. La que les convertirá en miembros de una sociedad adulta en la que llevar a cabo sus proyectos y aquella otra que les permitirá subjetivarse como hombres o mujeres, elegir una pareja o una manera propia de obtener la satisfacción sexual.
Momento de experimentar
La primera salida es la que los adultos les recordamos más a menudo, si bien la que les preocupa más es la segunda, porque para esa andan más cortos de referencias. Hay muchos influencers para ayudarles a elegir profesión, empezando por los propios padres, pero no hay ninguno para arreglárselas con la sexualidad. Entre otras cosas porque, a diferencia de las matemáticas o la historia que se pueden enseñar, la experiencia de la sexualidad no se puede transmitir. Como la propia palabra indica, solo se puede experimentar y eso empieza siempre de nuevo para cada uno/a. Hay clases de sexología, pero eso no garantiza que lo enseñado pueda replicarse como modelo.
Por eso, los jóvenes confían en ellos mismos y se refugian en el grupo para esas iniciaciones, las sexuales y otras (consumos, aventuras, transgresiones).
El grupo produce la ilusión de un saber compartido y alivia la angustia de la soledad ante las metamorfosis de la pubertad. Aquí ni siquiera sus influencers más destacados tienen mucho que decir. Por eso sus especialidades (juegos, moda, libros, música) se mantienen alejadas de la sexualidad.
El verdadero riesgo vital de los jóvenes
Cada uno y cada una tiene que domesticar ese cuerpo que no cesa de enviarles señales de tensión. Lo musculan, lo tunean, lo intoxican, lo manipulan, e incluso lo abandonan dejándolo tirado. Ese es el verdadero riesgo vital de las adolescencias.
¿Por qué debe preocuparles el coronavirus, si ellos ya tienen su propio virus con el que luchan día a día? ¿Cómo pensar en distanciarse de aquellos con los que pueden reconocerse, autoafirmarse, vivir de manera “auténtica”? ¿Cómo eso se considera problema si justamente esa es su solución?
Una de sus principales armas son las ilusiones que se crean y que alimentan. Esas fantasías son operativas porque les ayudan a comprender el (su) mundo y les permiten trazarse objetivos. Las hay de varios tipos y, junto a las que van dando forma al presentimiento que todos tienen de que un día se harán adultos y tendrán sus propias cosas, hay también las que pueden dejarlos atrapados en el túnel.
Una de esas fantasías es la de la invulnerabilidad, la creencia de que ellos por su condición joven estarían a salvo de los límites que impone el cuerpo (degradación, enfermedades, capacidades). Eso los empuja a las llamadas conductas de riesgo. Que además, en este caso, muchos sean asintomáticos no hace sino confirmarlos en su tesis.
Otra ilusión es que los límites impuestos derivan de una norma encarnada por los adultos (padres/madres, gobierno, sanitarios) y, por tanto, posible de transgredir. Desconocen así que el virus impone sus propias leyes y lo hace de manera implacable y sin negociación ni transgresión posible.
La tercera ilusión es que el contagio no puede venir de lo familiar (amigos, conocidos, familiares) ya que se trata de un ente extranjero que sólo los extraños podrían portar.
Claves para protegerse y proteger
Es cierto que no todos los jóvenes ignoran las medidas de protección: algunos las respetan. Seguramente aquellos que menos apoyo encuentran en el grupo para resolver sus dudas sobre cómo abordar la nueva realidad sexual que les acosa. Ellos y ellas aceptan mejor el distanciamiento porque esa era ya antes su fórmula de transitar la adolescencia. Y la distancia les da más tiempo para pensar las respuestas.
¿Pero cómo animar al resto a protegerse, a ellos y a su entorno?
En primer lugar, sabiendo que es más importante el lugar desde donde se escucha algo que el contenido de lo que se dice. Como nosotros, los adolescentes escuchan a aquellos a los que suponen algún saber, a sus influencers. Por eso, los mensajes preventivos deberían tomar en cuenta eso y promover contactos seguros. Aceptar un No requiere primero recibir un Sí: sí a los lazos, no a la irresponsabilidad.
En segundo lugar, hay que tener presente que los contenidos deben apuntar no a la normativa sino a producir efectos de responsabilidad vinculados a otros (amigos, familia) para los que sus actos podrían tener consecuencias graves. Una suerte de empatía por los más vulnerables.
En tercer lugar, es clave visibilizar social y mediáticamente –influencers mediante– los efectos graves que la COVID-19 tiene también entre algunos jóvenes.
Finalmente, y para cuando falle lo anterior –porque sabemos que no todo es educable y que no todos consienten a renunciar a su satisfacción– existen las sanciones y la vigilancia. Su irresponsabilidad, a diferencia de los que la justifican con su cinismo, es una falsa salida temporal.
José Ramón Ubieto Pardo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: José Ramón Ubieto Pardo, Profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación. Psicoanalista, UOC – Universitat Oberta de Catalunya
