- La introducción del artículo
- La relevancia de los corticosteroides
- Historia y propiedades básicas
- Dexametasona y COVID-19: un ensayo prometedor para la enfermedad
- Ensayo RECOVERY y los futuros avances terapéuticos
- Noticias actualizadas
- Preguntas frecuentes
- ¿Qué es la dexametasona y cuál podría ser su relevancia con respecto al manejo a largo plazo de complicaciones graves por COVID-19?
- ¿Cuál es el "Síndrome de liberación de citoquinas" y cómo está relacionado este fenómeno con los tratamientos farmacológicos en pacientes infectados por COVID-19?
- ¿Cuáles son los efectos secundarios potenciales y limitaciones conocidas del uso de corticosteroides, incluyendo la dexametasona?
- ¿Cuál es el Ensayo RECOVERY y cómo puede influir su resultado sobre la dexametasona como tratamiento para COVID-19?
- ¿Cuál es la importancia actualizada respecto a las investigaciones sobre el uso potenional de la dexametasona para COVID-19 y qué esperamos aprender más pronto?
- ¿Qué efectos secundarios específicos se podrían presentar con la administración prolongada o excesiva del corticoide dexametasona?
- ¿Cómo se estudia el impacto de los corticoesteroides como tratamiento para COVID-19 en ensayos clínicos controlados por comparación?
- Texto original (2020)
- ¿Qué propiedades aporta la dexametasona?
- COVID-19: la tormenta perfecta
- ¿Por qué los corticoides?
- España también investiga los corticoides
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
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La introducción del artículo
En una semana notable, la Universidad de Oxford ha anunciado que la dexametasona , un medicamento perteneciente a los corticoides (o corticosteroides), tiene poten_cialidad para reducir significativamente el riesgo de muerte en pacientes con COVID-19 presentando complicaciones respiratorias. A pesar del reciente reconocimiento médico, es fundamental destacar que todavía no se dispone de datos publicados relacionados directamente este medicamento y la enfermedad mencionada en un estudio controlado por ensayos clínicos comparativos.
La relevancia de los corticosteroides
Los fármacos pertenecientes a esta familia son esenciales para el manejo de patologías como el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), y otras relacionadas con reacciones alérgicas e inflamatorias. También se utilizan en situaciones críticas tales como choques anafilácticos o para reducir los efectos secundarios de tratamientos contra el cáncer.
Historia y propiedades básicas
- Descubrimiento: La historia del uso terapéutico con corticosteroides se remonta a 1843, donde el médico inglés Thomas Addison describió la insuficiencia suprarrenal en pacientes que presentaban síntomas como debilidad general y falta de energía.
- Primer corticoide: En 1935, Edward Calvin Kendall junto a sus colegas hallaron “compuesto E”, una sustancia con propiedades similares al hormona suprarrenal llamada cortisona.
- Premio Nobel: Este descubrimiento les valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1950. Posteriormente, se desarrollaron más compuestos sintéticos derivados que mejoran las propiedades farmacocinéticas y aumentan su potencia.
- Dexametasona: Uno de estos corticoides es la dexametasona, conocida por sus altas potencias y menor cantidad de efectos adversos en comparación con los corticosteroides naturales.
Dexametasona y COVID-19: un ensayo prometedor para la enfermedad
La utilización de corticoides como tratamiento tiene su justificación en el contexto del manejo agudo debido a sus propiedades antiinflamatorias. En casos severos, donde se desarrolla una respuesta inflamatoria sistémica que puede conducir a la “tormenta de citoquinas” y exacerbar las complicaciones pulmonares en pacientes con COVID-19 graves.
- “Síndrome de liberación de citoquinas”: Se refiere a una respuesta inflamatoria sistémica aguda que puede surgir como un mecanismo defensivo del cuerpo, pero en exceso y sin control adecuado.
- “Dexametasona vs. otros corticoides”: La dexametasona es 7.5 veces más potente que la prednisona o prednisolona, e incluso hasta 30 veces superior a la hidrocortisona.
Ensayo RECOVERY y los futuros avances terapéuticos
La Universidad de Oxford anunció el inicio del Ensayo RECOVERY, cuyo objetivo es evaluar la eficacia de diferentes fármacos contra COVID-19. Los resultados preliminares indican que la administración de dosis bajas y cortas de dexametasona pueden ser beneficiosas en el manejo a largo plazo para pacientes con complicaciones graves, aunque no es universalmente aplicable.
Noticias actualizadas
La universidad ha proporcionado datos preliminares que sugieren una prometedora reducción de la mortalidad y otras complicaciones asociadas a COVID-19. Aunque los estudios son necesarios para confirmar estos hallazgos, muestran un futuro potencial significativo para este fármaco en el tratamiento del COVID-19.
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Preguntas frecuentes
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¿Qué es la dexametasona y cuál podría ser su relevancia con respecto al manejo a largo plazo de complicaciones graves por COVID-19?
La dexametasona, un corticoide potente derivado del glucocorticoides endógenas como el cortisol, se utiliza para controlar la inflamación en diversas patologías. Aunque su uso clínico está bien establecido, recientemente ha surgido evidencia que indica una posible aplicación adicional en pacientes con COVID-19 severos o complicaciones pulmonares.
¿Cuál es el “Síndrome de liberación de citoquinas” y cómo está relacionado este fenómeno con los tratamientos farmacológicos en pacientes infectados por COVID-19?
“El Síndrome de Liberación de Citoquinas” es una respuesta inmune sistémica excesiva y descontrolada que puede ser perjudicial para el organismo. En el contexto del COVID-19, esta situación se conoce como tormenta de citoquinas debido a la liberación masiva de estos factores en el cuerpo.
¿Cuáles son los efectos secundarios potenciales y limitaciones conocidas del uso de corticosteroides, incluyendo la dexametasona?
Los corticoesteroides como la dexametasona pueden presentar diversos efectos adversos en el organismo debido a su capacidad para influir profundamente en los sistemas inmunitario y metabólico. Aunque poseen un papel crucial en situaciones médicas urgentes, sus usos prolongados requieren monitoreo cuidadoso.
¿Cuál es el Ensayo RECOVERY y cómo puede influir su resultado sobre la dexametasona como tratamiento para COVID-19?
El Ensayo RECOVERY, llevado a cabo por la Universidad de Oxford, está evaluando varios fármacos contra el COVID-19. Preliminariamente indica beneficios significativos en términos de mortalidad y complicaciones asociadas con una terapia que incluye corticosteroides como parte del tratamiento.
¿Cuál es la importancia actualizada respecto a las investigaciones sobre el uso potenional de la dexametasona para COVID-19 y qué esperamos aprender más pronto?
A pesar del hecho de que no existe datos confirmatorios, los resultados preliminares sugieren un futuro prometedor para el uso de fármacos como la dexametasona en pacientes con COVID-19 severo. Sin embargo, es fundamental seguir investigando y validando estos hallazgos antes de considerar su inclusión ampliamente aceptada en protocolos terapéuticos.
¿Qué efectos secundarios específicos se podrían presentar con la administración prolongada o excesiva del corticoide dexametasona?
La dosis y duración elevadas pueden provocar ajustes hormonales, aumento de peso, resistencia al azúcar en sangre, niveles bajos de magnesio y otros efectos secundarios debido a la interferencia del medicamento con varios sistemas corporales.
¿Cómo se estudia el impacto de los corticoesteroides como tratamiento para COVID-19 en ensayos clínicos controlados por comparación?
Se evalúan mediante estudios clínicos, donde grupos de pacientes reciben diferentes tasas y duraciones del fármaco. Los resultados se comparan con los obtenidos al utilizar tratamientos convencionales para determinar la eficacia relativa.
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Texto original (2020)
La introducción del artículo debe ser neutral e informativa. A continuación se proporciona un posible texto introductorio para el blogger expert en tecnología y desinformación mencionado anteriormente: “En una semana notable, la Universidad de Oxford ha anunciado que la dexametasona puede reducir significativamente el riesgo de muerte en pacientes con COVID-18 presentando complicaciones respiratorias. A pesar del reciente reconocimiento médico de esta afirmación prometedora, es crucial destacar que aún no se dispone de datos publicados relacionados directamente este medicamento y la enfermedad mencionada en un estudio controlado por ensayos clínicos comparativos. La Universidad ha iniciado el Ensayo RECOVERY para evaluar la eficacia de diferentes fármacos contra COVID-19, y mientras esperamos más resultados concretos, este avance nos desvela una nueva perspectiva en tratamiento que podría cambiar las curas del futuro.”

Esta semana, la Universidad de Oxford (Reino Unido) aseguró mediante una nota de prensa que la dexametasona reduce el riesgo de muerte en pacientes de COVID-19 con complicaciones respiratorias. Aunque todavía no se ha publicado estudio alguno, el anuncio despertó expectación por formar parte del ensayo RECOVERY, cuyo objetivo es evaluar la eficacia de diferentes fármacos contra el coronavirus.
La dexametasona pertenece a la familia de los corticoides (o corticosteroides), que tienen propiedades antiinflamatorias, inmunosupresoras y antialérgicas. Estos fármacos son esenciales en el manejo de patologías como el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el distrés respiratorio agudo, las alergias broncopulmonares, nasales, cutáneas y oculares. También se usan para los choques anafilácticos, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, el edema cerebral e incluso reducir los efectos secundarios de la quimioterapia, entre otros trastornos.
La historia de los corticoides se remonta al año 1843, cuando el médico inglés Thomas Addison describió por primera vez algunos casos de insuficiencia suprarrenal en pacientes que presentaban “un estado general de languidez y debilidad, desfallecimiento en la acción del corazón, irritabilidad en el estómago y un cambio peculiar en la piel”. Estos, inevitablemente, fallecían.
Posteriormente, en 1935, Edward Calvin Kendall y sus colaboradores de la Cínica Mayo (EE. UU.) aislaron, a partir de glándulas suprarrenales de buey, seis sustancias desconocidas. Una de ellas fue denominada como “compuesto E”: para no confundirla con la vitamina E, cambiaron su nombre por “cortisona”. Este fue el primer corticoide de origen natural.
El descubrimiento les valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1950. Durante los años siguientes se obtuvieron otros compuestos sintéticos, derivados de la cortisona, mediante cambios en su estructura química. Así se mejoraron sus propiedades farmacocinéticas y, sobre todo, su potencia.
¿Qué propiedades aporta la dexametasona?
Uno de estos corticoides sintéticos es la dexametasona. Esta tiene una gran potencia, pero sin muchos de los efectos adversos de corticoides naturales como la cortisona. Es muy liposoluble, lo que aumenta su absorción en el tubo digestivo y su penetración en los tejidos, lo que mejora su eficacia terapéutica. Por todo ello, supuso una novedad en su momento.
La dexametasona actúa como un potente antiinflamatorio e inmunosupresor: disminuye o elimina la respuesta de los tejidos a la inflamación. Sin embargo, aunque reduce los síntomas asociados a este proceso, no trata la causa que lo genera.
En otras palabras, este fármaco impide la acumulación de células inflamatorias como macrófagos y leucocitos, la fagocitosis, la liberación de enzimas lisosomales y de mediadores de la inflamación. El tiempo de acción es prolongado y su efecto es 7,5 veces superior al de otros corticoides como la prednisona y la prednisolona, y 30 veces mayor que el de la hidrocortisona.
COVID-19: la tormenta perfecta
La inflamación es un mecanismo que se desencadena ante una amenaza, infecciosa o no, y cuya finalidad es mantener la homeostasis de nuestro cuerpo. Sin embargo, es necesario que esta respuesta sea regulada de forma precisa, tanto en intensidad como en duración, para que sea beneficiosa.
En caso contrario puede surgir el “síndrome de liberación de citoquinas”. Esta “tormenta de citoquinas” es causada por una respuesta inflamatoria sistémica aguda, mediada por unas sustancias naturales proinflamatorias que fabrica nuestro organismo; las citoquinas. Puede desencadenarse por una amplia variedad de factores, como infecciones y reacciones a algunos medicamentos.
En pacientes afectados por la COVID-19, cuando la repuesta del sistema inmune no es capaz de controlar eficazmente al coronavirus, como puede suceder en personas mayores, el virus se propaga de forma más agresiva. Esto produce daño en los tejidos pulmonares, lo que activa a los macrófagos y granulocitos y conduce a la liberación masiva de citoquinas proinflamatorias.
Todo este proceso inflamatorio puede complicarse, lo que da lugar a la “tormenta de citoquinas” observada de forma frecuente en pacientes graves de COVID-19. También aumentan los neutrófilos y se ve reducido el número de linfocitos totales. Otros marcadores inflamatorios también han sido detectados en sangre a niveles elevados en pacientes de COVID-19.
¿Por qué los corticoides?
Dada su potencia antiinflamatoria, los corticoides son muy utilizados para el tratamiento de la COVID-19 en sus estadíos más graves. Pero no hay que olvidar que suprimen el funcionamiento del sistema inmunológico, por lo que no se pueden emplear en las etapas iniciales de la enfermedad: solo son útiles en la etapa inflamatoria.
Así, la desametaxona se usa en estos pacientes para detener parte del daño producido cuando el sistema inmunológico se sobreactiva en esta tormenta de citoquinas, mientras el organismo intenta luchar contra el coronavirus.
El uso de corticoides en pacientes COVID-19 positivos ya se ha planteado en protocolos de diferentes países, incluida España, sobre todo en pacientes adultos graves ingresados en UCI. Sin embargo, aún no se ha estandarizado una dosis ni una pauta terapéutica concreta. De forma habitual se utiliza en dosis bajas y durante cortos periodos de tiempo, con el objetivo de minimizar el riesgo de efectos adversos.
Aunque la evidencia científica es escasa, los primeros datos aportados por la Universidad de Oxford son muy alentadores. Parecen confirmar que la dexametasona, en dosis de 6 mg una vez al día durante diez días, reduce la mortalidad en un tercio de los pacientes que necesitaron ventilación artificial y en un quinto de los pacientes que recibieron oxígeno.
Sin embargo, no se han apreciado beneficios entre aquellos pacientes que no requirieron asistencia respiratoria. Según estos resultados, la dexametasona podría evitar una muerte de cada ocho pacientes tratados que requieran ventilación, y una muerte de cada 25 entre aquellos que reciben oxígeno.
Aunque se trata de datos preliminares, los investigadores trabajan en la obtención de los datos definitivos de este ensayo en el menor tiempo posible.
España también investiga los corticoides
Los datos aportados, aunque provisionales y sin publicar, son muy prometedores, tal como han comunicado recientemente responsables de la Organización Mundial de la Salud. Parecen confirmar una notable reducción de la mortalidad y de las complicaciones asociadas a la infección.
También en España se investiga el uso de corticoides en ensayos clínicos ya autorizados y en fase de reclutamiento de pacientes en estadíos avanzados.
La dexametasona puede convertirse en el estándar de atención en este grupo concreto de pacientes de COVID-19 pues, además, es muy económica, su disponibilidad es absoluta y se puede usar de inmediato para salvar vidas en todo el mundo.
Pero no se debe confundir el hecho de que este fármaco pueda ser prometedor para pacientes concretos con su uso generalizado en todos ellos, ni para tratar o prevenir esta enfermedad. El empleo de corticoides sin control médico es sumamente peligroso, debido al desarrollo de efectos adversos graves, como la inmunosupresión y la insuficiencia adrenal aguda por la supresión brusca del tratamiento.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Francisco López-Muñoz, Profesor Titular de Farmacología y Vicerrector de Investigación y Ciencia, Universidad Camilo José Cela

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