Skip to content

La ‘fatiga Zoom’, un nuevo cansancio

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.


Cansancio asociado a las videollamadas durante el confinamiento global
0b53cee1a2926c7faeedc4ddebeffecafacd10ccddbf8dbdaaaaffcdcaeaefabbbabbdefaaaafeebefeebeeeffeef) =>

Cansancio asociado a las videollamadas durante el confinamiento global

“In the midst of global lockdown, fatigue associated with video calls has intensified. This article examines how we have embedded these technologies in our daily lives and their impact on social rituals as well as potential harm to our emotional and psychological health.”

“The Fatigue of the Telediary” Photo Report by Ymphotos / Shutterstock, 2023.

  • “Bodies trapped between uncertainty and fear experience fatigue as one classical sign of depressive affect.”
  • “The constant interaction with technology displaces the body image permanently frozen on screens, lacking natural accompaniments such as face or voice expressions that provide emotional context in person-to-person encounters.”
  • “Increased screen time replaces physical movement and ritual variations experienced during real social interactions which can cause boredom and exhaustion over prolonged periods of video calls.”

“While it’s undeniable that the advantages of connectivity are clear, especially in times like a pandemic. These platforms maintain relationships, create virtual communities while not excluding us from recognizing their limitations and potential adverse effects on our well-being.”

“Separation for Balance” Recommendations by José Ramón Ubieto Pardo.

  • “To prevent fatigue, it is advisable to limit video calls and occasionally disconnect from screens focusing solely on voice.”
  • “Despite the allure of digital connections during lockdowns for maintaining relationships, these virtual interactions should complement but not replace in-person encounters when possible.”

“The current crisis does not justify forgetting that there is life beyond constant screen time. Separation and balance between physical presence and digital communication may offer a healthier approach to maintaining connections during such times of global challenges.”

Preguntas frecuentes


FAQs: Cansancio asociado a las videollamadas durante el confinamiento global

Canciones de fatiga relacionadas con llamadas por video durante la cuarentena mundial

¿Qué impacto tienen las videollamadas en nuestro estado emocional y psicológico?
El constante uso tecnológico desplace al cuerpo fijo en pantallas, lo que se asocia con fatiga como señal depresiva y puede causar una sensación permanente sin contexto emotivo.

¿Cómo afecta el mero uso tecnológico a nuestro autoconcepto?
Fomenta un estado en que se desplaza constantemente la imagen corporal, desaprovechando las expresiones del rostro y voz que proveen contexto emocional durante interacciones cara a cara.

¿Cómo pueden prolongadas sesiones en video causar fatiga?
Reemplaza el movimiento físico e innovaciones rituales de la vida social, lo que puede conducir al aburrimiento y cansancio con el tiempo.

“Concienciándonos para una Balanza” Recomendaciones por José Ramón Ubieto Pardo

¿Cómo podemos evitar la fatiga durante las videollamadas?**
Es aconsejable limitar el uso de video llamadas y ocasionalmente desconectarse del dispositivo focalizándose únicamente en el lenguaje hablado.

¿Deberíamos reemplazar completamente las videollamadas por interacciones cara a cara?**
A pesar de la atracción digital durante periodos del confinamiento, estas tecnologías actúan como complemento en lugar de sustituto para encuentros personales cuando sea posible.


Texto original (2020)

En medio del confinamiento global se ha intensificado un nuevo cansancio asociado a las videollamadas. Este artículo examina la incrustación que han desarrollado nuestras vidas cotidianas con estas tecnologías, su impacto en los rituales sociales y cómo esta nueva moda de comunicación puede ser más malsana para nuestra salud emocional y psicológica. Informe: “La Fatiga del Telediario”

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Ymphotos / Shutterstock

El confinamiento nos ha traído una nueva y paradójica modalidad de cansancio: la fatiga de las videollamadas. Paradójica porque, a pesar de que ahora los cuerpos no se desplazan por pasillos de metro, calles abarrotadas o atascos interminables, terminan el día, sin embargo, más agotados que antes.

Cuerpos atrapados en las pantallas

La primera razón parece obvia: si no circulan libremente es porque están atrapados entre la incertidumbre y el miedo, la angustia y la pesadumbre. El cansancio es uno de los signos clásicos del afecto depresivo, junto a otros como la tristeza, el lloro o la falta de ganas (apetito, sexual, placer…).

Pero hay otras razones derivadas específicamente del uso de la tecnología. Las salas virtuales donde “nos reunimos” por videollamada con colegas, pacientes, amigos o familiares dislocan la imagen y el cuerpo. En las pantallas aparece a la vista de todos nuestra imagen, sí, pero más fija y rígida que de costumbre, a veces incluso temporalmente congelada. Mientras que en la intimidad (familiar) tenemos el cuerpo.

Ese simple hecho tiene sus consecuencias porque, en lo presencial, cuerpo e imagen se acompañan y se sostienen juntos, con el añadido de la palabra. Los tres se anudan según el estilo de cada persona (introvertido, extrovertido, extravagante, discreto…).

Sostener la imagen y esa mirada de las pantallas que no cesa resulta cansado, porque además no tenemos los otros recursos expresivos (gestos faciales y del cuerpo). Ni siquiera el silencio (que forma parte de la voz) podemos usarlo a nuestro antojo. No hay que obviar que, a veces, ese silencio se nos impone por deficiencias de la conexión sin que podamos saber si es intencional (del interlocutor) o ajeno a él.

No nos queda otra, pues, que fijarnos nosotros también a la pantalla y escrutar los múltiples estímulos en galería de todos los demás participantes, en un intento desesperado de reducir la distancia de los cuerpos.

Mismo lugar, mismo semblante

También hemos perdido la opción de los cambios de ritmo que implican los desplazamientos y que aligeran la mente y el cuerpo. Ahora “nos reunimos” en el mismo espacio con amigos, familia o colegas, todo sin salir de casa. La supuesta diversidad se reduce a más de lo mismo.

A esto se suma que, en la vida presencial, los seres hablantes nos inventamos un semblante (apariencia) para ir por el mundo. Una manera, cada uno la suya, de anudar el cuerpo, la palabra y la imagen, que se compone y descompone en los ceremoniales del encuentro: saludo, contacto, despedidas, diversos según cada cultura, costumbre o estilo.

Ahora, sin embargo, esos ceremoniales se han reducido a una sola versión, la digital. Y al final resulta que esa repetición de lo mismo nos agota y nos aburre. Los hay, incluso, que buscan fondos de pantalla para en sus reuniones digitales imaginar otros espacios y otras sensaciones.

¡Atención es dinero!

La desaparición de los rituales, Herder, 2020) tiene ya cierto recorrido. Surgió hace unos años de la preocupación de algunas firmas tecnológicas, desesperadas por un nuevo modelo de negocio que implicaba captar la atención constante de la gente. Eso llevó a estudiar la “economía de la atención”, porque de esa atención dependían sus dividendos. Este fenómeno, al que el filósofo Byung-Chul Han, ha dedicado su último libro (

En la medida que los contenidos y las informaciones crecen ilimitadamente –aumentando la oferta y devaluándola económicamente–, el recurso más escaso y más valioso es la atención. Esto genera una competencia salvaje y propulsa fórmulas novedosas de retener al consumidor el mayor tiempo posible. De esta manera, se hace posible la extracción de información que se produce durante la conexión, lo cual aumenta y produce más beneficios. Es la base de la minería del Big Data.

Fijar la atención es sobre todo fijar la mirada, lo que no hay que confundir con un ejercicio de concentración intelectual que produciría un saber analítico. Fijar la mirada es gozar de esa mirada, satisfacer lo que los psicoanalistas Freud y Lacan llamaron la pulsión escópica. La pulsión es un empuje a una actividad repetida, que no cesa y cuya satisfacción está en el mismo hecho de su repetición. Si además eso puede monetizarse, como ocurre en lo digital, miel sobre hojuelas. Todos ganan: el internauta y los proveedores.

La hiperatención resulta, además, una terapia frente a la angustia, diferente y más aceptable que los ansiolíticos. Si tengo dudas sobre quién soy, mi valor social, cómo me perciben los demás, eso que llaman autoestima, la exposición a las pantallas me ofrece algunas respuestas. Si bien hay que admitir que suelen ser insatisfactorias o poco duraderas.

Lo virtual no sustituye lo presencial

Las virtudes de la conectividad son evidentes, y más en tiempos de pandemia. Mantienen y crean algunos vínculos, e incluso forman comunidades virtuales. No hay que desdeñar ese efecto ni separarlo radicalmente de lo presencial, como hace Han. La clave no está, como él piensa, en la comunicación, sino en la satisfacción obtenida. Todos los rituales –incluidos los virtuales– velan el hecho de que nuestra satisfacción tiene un inevitable matiz autista. Ocultan el hecho de que gozamos solos con nuestro objeto (las pantallas). De ahí la necesidad de reproducir esos mismos encuentros presenciales en la red.

El problema surge cuando el abuso de las videollamadas y las pantallas –esa fijación pulsional non stop– termina produciendo aburrimiento y cansancio. La buena noticia es que hay vida más allá de esta especie de zumbido constante de la zoomvida en la que estamos. Para ello, conviene separarse un poco del efecto hipnótico, reducir los encuentros virtuales y velar la mirada (pantalla) de vez en cuando, restringiéndola a la voz.

La crisis actual no debería hacernos olvidar que lo virtual puede complementar, pero no sustituir, el encuentro presencial.

The Conversation

José Ramón Ubieto Pardo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: José Ramón Ubieto Pardo, Profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya