- La Humanización en la Atención Sanitaria: Un Aprendizaje Continuo
- Cuidados Humanizados: La Vulnerabilidad como Punto de Cruz
- La Humanización como Principio Fundamental
- Cuidar y Ser Cuidados
- La Importancia del Tacto y la Mirada
- Fortalecer el Sistema Sanitario y su Cultura
- La Humanización como un Futuro Ético y Sostenible
- Conclusión
- Preguntas frecuentes
- FAQs About the Importance of Humanized Care in Medicine
- In Conclusion
- Texto original (2020)
- La ética del cuidado
- Cuidar en la soledad
- Cuidar a los cuidadores
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
La Humanización en la Atención Sanitaria: Un Aprendizaje Continuo
En un mundo cada vez más tecnológico pero que aún persiste con sus desafíos sanitarios, el concepto del cuidado toma una nueva dimensión. Albert Jovell resalta esta transformación al afirmar: “Yo ya acepto que no me van a curar, pero me costará mucho trabajo cambiar la cultura médica e incorporar el concepto de cuidado”. A lo largo del siglo XX y hasta nuestros días, hemos visto una tendencia culturalmente arraigada en las prácticas sanitarias: el principio fundamental ha sido siempre tratar. Pero ¿cómo podemos redefinir esta cultura para acomodarse al nuevo paradigma de la atendade humanizada? Este artículo explora estos cuestiones, abarcando desde los inicios del enfoque centrado en el paciente y hasta cómo las redes sociales han influido positivamente en este cambio.
Cuidados Humanizados: La Vulnerabilidad como Punto de Cruz
La vulnerabilidad humana, ya sea a causa del nacimiento o la enfermedad, nos remueve y nos exige actuar con ética. Vivimos conscientes que estamos inmunes pero ha demostrado lo contrario nuestra vulnerabilidad ante desastres naturales e incluso una pandemia global como el COVID-19. Esto resurge la importancia de ser solícitas y solidarios, especialmente para los profesionales sanitarios que tienen su misión alineada con cuidar éticamente a quienes están en necesidad.
La Humanización como Principio Fundamental
Por la experiencia compartida durante crisis de salud, los profesionales han demostrado su capacidad para adaptarse y mantener el cuidado. Sin embargo, es fundamental que seamos conscientes de las limitaciones actuales debido al alto número de casos por lo cual ha generado un verdadero desafío a la hora del manejo del cuidado en situaciones tales como esta pandemia.
Cuidar y Ser Cuidados
Es esencial promover una cultura de humanización para fortalecer los servicios sanitarios. La responsabilidad individual hacia nuestro sistema saludario debe ser constante, como muestra la necesidad del cuidado que prestamos a quienes lo ofrecemos. El reconocimiento y el apoyo son fundamentales en esta relación de poder para garantizar un bienestar generalizado.
La Importancia del Tacto y la Mirada
El tacto físico, que resulta inefectivo debido a medidas de protección personal obligatorias como el uso de gafas protectoras o guantes, es una herramienta fundamental para ejecutar un cuidado ético. La importancia del contacto visual en las últimas horas antes de la muerte subraya cómo nuestras prácticas humanizadoras son tan reconfortantes como los aplausos que damos a estos profesionales.
Fortalecer el Sistema Sanitario y su Cultura
La pandemia puede ser una oportunidad para fortalecer nuestro sistema sanitario. Mientras nos esmeramos por mantener la distancia social, debemos reconocer los sacrificios que hacen estos profesionales de salud en momentos tan difíciles.
La Humanización como un Futuro Ético y Sostenible
Desde este artículo surge la necesidad de no solo promover una cultura humanizada, sino también incorporarla para que resplandezca incluso en tiempos difíciles. La responsabilidad humana debe extenderse más allá del sistema sanitario hacia todos los aspectos de nuestras interacciones cotidianas.
Conclusión
La redefinición y la expansión cultural en el campo de la atención humanizada es un desafío continuo que debe ser abordado con responsabilidad individual e institucional. La cultura del cuidar no sólo reside entre los profesionales sanitarios sino también dentro de cada uno de nosotros.
Preguntas frecuentes
“`html
FAQs About the Importance of Humanized Care in Medicine
What does Albert Jovell suggest about changing medical culture?
Albert Jovell acknowledges that while he may not get cured, altering the deeply entrenched medical culture to incorporate humanized care will require a lot of effort.
How has patient-centered care evolved over time and what are its benefits?
Patient-centered care originated in the 20th century as part of cultural shifts towards treating patients. It focuses on providing compassionate, respectful service to each individual’s needs, leading to improved patient satisfaction.
Why is vulnerability considered a catalyst for humanized care?
Vulnerability highlighted by life events such as birth or illness calls upon us to provide ethical and considerate care that respects the inherent dignity of each person.
How do social networks influence patient-centered medical practices?
Social media platforms have provided a space for sharing experiences, which in turn fosters empathy among healthcare professionals and patients alike. This communal exchange promotes the humanization of care.
What challenges do hospitals face during peak crises like pandemics?
During high-crisis situations, such as a global health emergency, hospitals struggle with resource limitations and an increased patient load. Despite these hurdles, professionals adapt to maintain ethical care delivery.
Why is it important for individuals not only in the medical field but also society at large to take responsibility?
Recognizing our collective role ensures a sustained commitment to uphold and support healthcare workers, particularly during challenging times. This sense of shared duty strengthens societal well-bein.
What is the significance of tactile sensations in ethical patient care?
While protective equipment may reduce direct physical contact, maintaining a caring environment remains essential for delivering compassionate and personalized medical attention. The absence of touch challenges healthcare providers to find alternative ways to convey empathy.
How can society support frontline workers during crises?
Acknowledging the sacrifices made by those in high-risk jobs, like first responders and caregivers. Showing appreciation for their dedication helps to sustain morale.
Why is a humanized approach crucial not just within healthcare but also globally?
Beyond medical contexts, applying principles of compassion and respect in everyday interactions can create more ethical societies. It’s about extending kindness universally as part of our cultural evolution.
In Conclusion
What continuous challenge does the medical community face regarding humanized care?
The ongoing task is to reshape and sustain a culture that emphasizes ethical, compassionate treatment as part of its core values. This cultural shift must permeate beyond healthcare settings into all aspects of society.
“`
Texto original (2020)
En un mundo cada vez más tecnológico pero que aún persiste con sus desafíos sanitarios, el concepto del cuidado en la atención sanitaria toma una nueva dimensión. Albert Jovell resalta esta transformación al afirmar: “Yo ya acepto que no me van a curar, pero me costará mucho trabajo cambiar la cultura médica e incorporar el concepto de cuidado”. A lo largo del siglo XX y hasta nuestros días, hemos visto una tendencia culturalmente arraigada en las prácticas sanitarias: el principio fundamental ha sido siempre tratar. Pero ¿cómo podemos redefinir esta cultura para acomodarse al nuevo paradigma de la atención humanizada? Este artículo explora estos cuestiones, abarcando desde los inicios del enfoque centrado en el paciente y hasta cómo las redes sociales han influido positivamente en este cambio. Asimismo, se examina la vulnerabilidad humana como punto crucial que reafirma su importancia a nivel personal e institucional dentro de una práctica sanitaria centrada en el paciente y cómo los profesionales del cuidado pueden fortalecer esta cultura para optimizar sus servicios.
En la atención sanitaria, no se puede entender la humanización de la salud sin aludir al concepto de cuidado. Albert Jovell fue un médico y paciente oncológico que lo supo expresar de manera contundente:
“Yo ya acepto que no me van a curar, pero me costaría aceptar que no me van a cuidar”.
Ha costado mucho trabajo cambiar la cultura médica e ir incorporando el concepto de cuidado. Si se revisa la historia, la labor del médico siempre ha sido la de curar. En el pasado, el médico que se encontraba frente a un paciente cuya enfermedad no era tratable, se lo comunicaba a él o a su familia, y le dejaba: su labor ya había terminado.
Muchos acontecimientos (todos ellos recientes) han logrado modificar esta tradición de miles de años. Por mencionar uno, la enfermera y trabajadora social (después médica) Cicely Saunders promovió en 1967 en Londres la creación del primer centro médico dedicado a la atención de enfermos terminales que será referencia para todo el mundo: St. Christopher Hospice. Comienzan así los cuidados paliativos y, oficialmente, aparecen profesionales de la salud y unidades médicas cuya misión ya no es curar, sino cuidar, acompañar y brindar confort.
La ética del cuidado
Parece indiscutible que no se puede contar con una cultura de la humanización sanitaria sin priorizar la labor del cuidado. Por ello, debe regirse filosóficamente por una disciplina acorde: la ética del cuidado. Que pone especial énfasis en la idea de vulnerabilidad.
En otros artículos escritos para The Conversation mencionaba que somos conscientes de nuestra vulnerabilidad en la niñez, la vejez y la enfermedad. Según Francesc Torralba (2002), “la idea de vulnerabilidad nos recuerda que tenemos que vivir con la mortalidad y que debemos cuidar al otro como sujeto frágil”.
Esta pandemia también nos ha devuelto nuestra conciencia de vulnerabilidad. Vivíamos confiados, nos creíamos protegidos e inmunes. Los desastres naturales, las guerras, el hambre… era algo que ocurría allá, lejos, en otros rincones del mundo. No había amenaza previsible. Hasta que, de pronto, nos vimos confinados.
En los últimos meses hemos visto saturados nuestros medios sanitarios, sufrimos la pérdida de miles de vidas y la distancia física ha pasado a formar parte de nuestro día a día. Aunque no hayamos contraído COVID-19 ahora somos conscientes, más que nunca, de nuestra vulnerabilidad.
Eso nos hace, a su vez, conscientes de la vulnerabilidad del otro. Estar frente a una persona vulnerable nos remueve y nos exige actuar de forma solidaria, ética y responsable. Especialmente a un profesional de la salud, que se ha formado con la intención de ayudar a las personas cuando la enfermedad sobreviene, o lo que es lo mismo, cuando el estado de fragilidad aflora. Por esta razón, cuando un sanitario quiere ejercer su profesión con ética debe atender la llamada que el sujeto, presa de su enfermedad, le hace.
Cuidar en la soledad
¿Pero cómo vamos a cuidar al paciente cuando una crisis como esta pandemia nos supera? Muchos profesionales de la salud ya llevan el cuidado en su actividad diaria. Ya cuentan con una cultura de la humanización sanitaria. Sin embargo, esta situación ha supuesto un verdadero reto.
Además de la saturación por el alto número de casos, uno de los principales problemas a los que se han enfrentado es el aislamiento de los pacientes. La mirada y el tacto han perdido su efectividad debido a los equipos de protección personal.
Los pacientes no han podido ver a sus sanitarios a los ojos o sentir el contacto de la piel cuando les sujetaban la mano. Y como dice Francesc Torralba, “el tacto es fundamental para el ejercicio del cuidar, pues resulta imposible cuidar éticamente a un ser humano sin ejercer el tacto”. Otro tanto se podría afirmar sobre la importancia de la mirada.
Los centros hospitalarios son sitios eficientes, asépticos y tecnificados, pero también son lugares fríos. A esta realidad habitual se le ha sumado, por culpa de esta pandemia, la imposibilidad de que los familiares pudieran visitar a su pariente enfermo. Muchos de ellos no pudieron siquiera tener una última conversación mirándose a los ojos, despedirse de esos seres queridos o celebrar un funeral con el apoyo de otros familiares y amigos. Las últimas horas para muchas víctimas del COVID-19 fue en compañía de los profesionales de la salud que los cuidaban.
Cuidar a los cuidadores
Desde el comienzo de la pandemia, los profesionales de la salud se han tenido que enfrentar a la situación con escasez de recursos y, sobre todo, con unas inadecuadas medidas de protección personal para ejercer su labor de forma segura.
Algunos profesionales han denunciado esta situación a través de los hashtag #NiHeroesNiMartires o #MareaBlancaCoronavirus. Muchos incluso ven con frustración e impotencia las primeras medidas de desahogo.
Ver las imágenes de personas apelotonadas en la calle, en donde apenas se puede guardar la distancia de protección, debe generarles mucho desasosiego. Ellos han librado una verdadera guerra durante este tiempo y, pese a sus esfuerzos, han tenido que presenciar la muerte de muchos pacientes, e incluso la de algunos de sus compañeros.
Hemos sobrecargado nuestro sistema sanitario y, por este motivo, es fundamental que como sociedad actuemos con responsabilidad. Que nos esmeremos por mantener la distancia social será tan reconfortante para los profesionales de la salud como lo son los aplausos desde nuestros balcones. También debería ser una buena oportunidad para fortalecer nuestro sistema sanitario.
Quizá gracias a esta pandemia nos volvamos más responsables. Ahora nos toca a nosotros cuidar a nuestros profesionales de la salud y a nuestro sistema sanitario.
Tenemos que fortalecerlo, e incluso me atrevo a decir que tenemos que mimarlo. Porque ellos han estado ahí por nosotros, y a partir de ahora nos toca a nosotros devolverlo. Otorgar el premio Princesa de Asturias a los sanitarios es un buen gesto, pero el cambio debe ser más profundo y duradero.
Debemos crear una cultura de la humanización sanitaria, más allá de las modas. Sólo así será posible tenerla incorporada en los hábitos cotidianos para que salga a la luz incluso en tiempos de pandemia. Para que ni las gafas protectoras, ni los guantes consigan parar los cuidados humanizados. Pero, lo dicho, esta cultura la tenemos que promover también los usuarios. Empecemos siendo más humanos nosotros mismos.
Ramón Ortega Lozano ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son poste universitaire.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Ramón Ortega Lozano, Profesor de Antropología de la salud y Comunicación humana en la Facultad de Ciencias de la Salud San Rafael-Nebrija, Universidad Nebrija
