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Las 10 claves para sobrevivir en la escuela ‘online’

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Recomendaciones para la transición a la educación online y híbrida durante una pandemia

Referencia: Decálogo para la mejora de la educación online, Albert Sangra Morer, Catedrático de Educación – Especializado en Educación Digital.

Preguntas frecuentes

FAQs sobre la transición a la educación en línea durante una pandemia: Guía basada en el texto

¿Cuáles son las consideraciones clave para seleccionar plataformas y sistemas adecuados de trabajo online?Respuesta: Al seleccionar un sistema o plataforma, es fundamental escoger aquellos apropiados para las edades estudiantiles involucradas. Esto implica evaluar el nivel tecnológico del alumnado y la capacidad de los mismos para manejar dichos recursos.

¿Cómo se puede organizar eficazmente a un grupo de estudiantes en casa?Respuesta: Para una organización efectiva, es necesario proporcionar consejos sobre cómo configurar el espacio doméstico para la labor docente-estudiante y establecer rutinas horarias claras que guíen a los estudiantes en su estudio diario.

¿Qué factores se deben considerar al rediseñar el curso para una modalidad online/hibrida?Respuesta: Al reestructurar un curso, es importante definir claramente las actividades con duraciones específsicas y asegurarse de que haya comunicación constante entre docentes y estudiantes para mantener la estructura del aprendizaje.

¿Cuáles son algunos recursos didácticos recomendados para fomentar una resolución activa por parte de los alumnado?Respuesta: Se debe elaborar un conjunto diverso de materiales educativos que promuevan el trabajo colaborativo y asuman diferentes roles entre docente-alumno, lo cual impulsa la participación activamente en su propio aprendizaje.

¿Cómo se puede facilitar la reutilización de recursos didácticos en un entorno virtual?Respuesta: Asociaciones con contenidos abiertos y el uso personalizado para crear resúmenes adaptables permiten su fácil replicación entre profesores, potenciando así una educación sostenible y compartida.

¿Cuáles son las mejores prácticas para mantener sesiones en tiempo real efectivas?Respuesta: Utilizar herramientas como Google Meet o Microsoft Teams para realizar sesiones síncronas y actividades cortas con objetivos bien definidos es clave. Limitar la duración a 25-30 minutos ayuda a mantener la atensencia del estudiante.

¿Cómo pueden los docentes explicar diferentes modelos de evaluación continua en un entorno virtual?Respuesta: Los profesores pueden diversificar las tareas y actores involucrados para que la evaluación sea flexible e integral, abarcando distintas tipologías como proyectos semanales o presentaciones periódicas.

¿Cómo se puede fomentar una presencia social virtual entre los estudiantes?Respuesta: Crear dinámicas interactivas y promover el uso de mensajería dentro del grupo ayudará a combatir la soledad y mantener un sentido de comunidad.

¿Qué medidas se pueden tomar para enseñar al estudiante cómo interactuar con tecnologías seguras en línea?Respuesta: Fomentar los procesos metacognitivos que faciliten la discernimiento entre prácticas beneficiosas y riesgosas, incluyendo el análisis de casos como ‘fake news’ para ejercitar la crítica digital.

¿Cómo se puede mejorar la colaborazndo docente en un entorno virtual?Respuesta: Desarrollando y fortaleciendo procesos metacognitivos compartidos entre los profesores ayuda a optimizar su rendimiento educativo online.


Texto original (2020)

 

Shutterstock / FamVeld

La pandemia que nos azota ha interrumpido el normal funcionamiento de los centros educativos y ha hecho que más de 900 millones de alumnos se hayan visto afectados por el cierre de las aulas desde el mes de marzo hasta ahora, cuando la vuelta a las clases es paulatina pero irregular.

Un largo lapso de tiempo en que los centros, cerrados de improviso, y sus docentes han tenido que organizar su enseñanza de manera remota, mediante el acceso a plataformas telemáticas y, en el caso de América Latina, por ejemplo, también a través de la radio y la televisión.

A pesar del esfuerzo y de la indudable y férrea voluntad de los docentes de que el proceso educativo de sus alumnos no se viera interrumpido, lo cierto es que esta situación de emergencia, no solo sanitaria, sino también educativa, ha hecho que emerjan problemas a los que el sistema educativo deber hacer frente, incluso algunos que parecía que tenía relativamente controlados.

Por un lado, las necesarias dotaciones de conexión y de dispositivos de los que muchas familias no pueden aún disponer. Nada que la Administración no pueda resolver con voluntad. Por otro, se ha puesto de manifiesto que los niveles de competencia digital de los docentes en la mayor parte del mundo no son todavía los necesarios en este tipo de situaciones, y que a la competencia digital ciudadana le queda todavía mucho camino por recorrer.

Los alumnos no estaban habituados a ese uso intensivo de la tecnología para aprender y se han tenido que adaptar como han podido y sin tiempo; y las familias a menudo han dudado de cuál debía ser su papel y de si los docentes estaban cumpliendo con el suyo, fundamentalmente a causa de su poca experiencia en la denominada educación online o, en una situación de normalidad aún lejana, los modelos educativos híbridos.

Hay quien en este proceso ha descubierto que la educación no presencial no significa solo entrar en casa de los alumnos mediante una videoconferencia. Otros se han dado cuenta de que eso tan vilipendiado como la docencia online era algo más complejo y que exigía mayor preparación y dedicación para poderla ejercer bien.

Estos problemas no pueden resolverse de forma inmediata, pero quizás pueden paliarse con algunas recomendaciones. Los confinamientos parciales de alumnos se sucederán en nuestras escuelas a lo largo de todo este año académico, pero eso no significa que deban interrumpir su formación, ni que dejen de relacionarse con sus compañeros.

Recomendaciones para docentes y familias

El grupo de investigación Edul@b, formado por docentes expertos en el uso de las tecnologías en educación, ha facilitado unas recomendaciones que pueden ser de utilidad, tanto a los docentes para su aplicación, como a las familias para la comprensión del hecho que estamos viviendo, ayudando así al objetivo común que es continuar con la educación de los niños y niñas.

Estas son las diez recomendaciones que pueden ayudar a transitar de manera más fluida a la educación online de mayor calidad:

Selección del sistema y las herramientas de trabajo más adecuadas. Apropiadas a las edades del alumnado y utilizables en los dispositivos que ya usan habitualmente. Es buena idea facilitar tutoriales para que a todos, familias incluidas, les resulte fácil su aplicación.

Organización del alumnado. Ayudar a los alumnos a autoorganizarse con consejos sobre el espacio de trabajo en casa, a imponerse una rutina que los ayude o a establecer mecanismos para que identifiquen el inicio y el final de cada una de las actividades. Las familias pueden ayudar a hacer crecer la autonomía personal de sus hijos e hijas, de forma proporcional a sus edades.

Rediseñar el curso. Generar secuencias de trabajo claras que tengan una duración específica a lo largo de varios días, y en las que los estudiantes perciban el acompañamiento docente. Por ejemplo, con un vídeo de inicio, una videoconferencia corta al final y un par de mensajes durante la semana.

Los espacios de comunicación permanente (Telegram, Whatsapp, foro en el espacio digital) también son de ayuda, asegurándose de dar siempre respuesta a cada alumno y de hacerlo por su nombre. Es importante destacar que no en todas las actividades deben coincidir maestros y alumnos al mismo tiempo, sino que la flexibilidad de la asincronía debe aprovecharse.

Elaborar un conjunto de actividades con recursos didácticos que ayuden a los estudiantes a resolverlas. Usar, en lo posible, imágenes, esquemas o mapas para captar su atención y sorprenderlos. Dividirlas en subactividades cortas (de entre 10 y 15 minutos) y animarlos a participar. Las actividades deben hacerlas los alumnos, y para ello pueden contactar, hablar, escribirse, interaccionar con otros compañeros. Esto no es perder el tiempo, es construir el aprendizaje de forma conjunta.

Asociar un conjunto de recursos a las actividades. Hay contenidos abiertos que están disponibles en los diferentes repositorios a disposición de los docentes. También pueden elaborar recursos para sus alumnos, de forma individual o con otros compañeros/as, y difundirlos para que otros colegas los puedan reutilizar.

Crear dinámicas de interacción activa en el entorno virtual para mantener a los estudiantes conectados y motivados. Ofrecer herramientas que faciliten el trabajo colaborativo (Google Meet, Microsoft Teams, etc.). También es buena idea diseñar algunas situaciones síncronas, las imprescindibles, si son cortas y con objetivos muy claros. Es importante destacar que las sesiones de videoconferencia no deberían durar más de 25-30 minutos como máximo, sin centrarse en “dar la lección”, sino más bien en resolver dudas y aclarar conceptos.

Explicar el modelo y los criterios de evaluación. La evaluación continua facilita el seguimiento de los estudiantes y da información valiosa. Debe ser lo más diversificada posible: distintos tipos de actividades evaluativas, con distintos actores. Además del docente, los alumnos pueden evaluarse unos a otros y autoevaluarse. Lo importante es que dispongan de más información sobre lo que ya saben hacer y, sobre todo, lo que aún no saben hacer bien. La evaluación debe tener utilidad formativa, y no ser una finalidad en sí misma.

Generar presencia social. Para que el alumnado no se sienta solo, hay que hacerle sentir que forma parte de una comunidad. Se pueden crear espacios de intercambio de mensajes entre los propios alumnos e incluso entre las familias, y de esa forma, implicarlas más.

Desarrollar el espíritu crítico de los estudiantes respecto a la tecnología. Es importante que se den cuenta de los beneficios del uso de las tecnologías, pero también de sus riesgos. Analizar fake news, por ejemplo, puede ayudarles en ese sentido.

Aprovechar para trabajar de forma colaborativa con los docentes más cercanos. Intercambiar las prácticas docentes en línea, los recursos o crear un espacio compartido al que todo el mundo tenga acceso ayudará a que la enseñanza en línea sea más efectiva.

Estas recomendaciones han sido publicadas en un libro de acceso abierto y gratuito, Decálogo para la mejora de la docencia online. Propuestas para educar en contextos presenciales discontinuos.

Es de esperar que pueda apoyar el ingente trabajo de maestros y maestras que están dando lo mejor de sí para hacer que la escuela supere esta situación.

Albert Sangra Morer no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Albert Sangra Morer, Catedrático de Educación – Especializado en Educación Digital, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

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