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Las crisis económicas, incluida la de COVID-19, ponen en riesgo nuestra salud mental

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Impacto Psicológico y Económico de las Crisis en la Sociedad

Las crisis económicas generan un considerable sufrimiento para la sociedad, empobreciendo familias y acentuando inseguridades. Sus efectos negativos se hacen sentir casi instantáneamente sobre las poblacries más desfavorecidas.

Mecanismos que Explican los Efectos de las Crisis en la Salud Mental

Consecuencias del Doble Golpe en Salud Mental de Dualidad: COVID-19 y Crisis Económica Activa

El combate simultáneo contra la pandemia del SARS-CoV-2 y una grave crisis económica actúa como un doble golpe para nuestra salud mental. La incertidumbre, restricciones de confinamiento y falta de certeza sobre el futuro generan estrés significativo.

Impacto Prolongado en la Salud Mental Post-Crisis

A pesar del fin oficial de la crisis económica, las tasas elevadas de desempleo y una grave recesión tienen el potencial para marcar efectos duraderos o incluso permanentes en la salud mental.

Importancia de Respuestas Sanitarias eficaces

La respuesta a las crisis económicas y sanitarias es urgente para evitar la agudización o prolongación de los efectos en salud mental, especialmente entre grupos vulnerables. La iniciativa requiere un compromiso colectivo que priorice tanto el bienestar como la recuperación económica.

Fuente

Fundación de Investigaciones en Economía y Salud, Universidad de Castilla-La Mancha. Juan Oliva Moreno – Coordinador del estudio. Publicado con financiamiento del Ministerio de Sanidad.

Preguntas frecuentes

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FAQs: Impact of Crises on Psychological and Economic Wellbeing

Q: What are the immediate effects of economic crises on society?A: Economic crises cause significant suffering, impoverishment, and insecurity within families, particularly affecting the most vulnerable populations almost instantly.

Q: How do psychological mechanisms explain the impact of economic downturns on mental health?A: Factors like job risk-related stress due to unemployment, forced migrations and sudden changes in housing contribute significantly. Additionally, a perception of unfair reward or treatment can lead to conflicts at home, antisocial behavior, violence.

Q: What is the 'Effect Budget' during economic crises?A: The term refers to how individuals and families alter their time management and financial resource allocation due to stress from a crisis situation. This can lead to other mental health issues.

Q: How does the dual impact of COVID-19 and an ongoing economic crisis affect our wellbeing?A: Combating both simultaneously amplifies stress as uncertainty, confinement measures, and future unpredictability exacerbate anxiety.

Q: What are the potential long-term effects of an economic crisis on mental health?A: High rates of joblessness and deep recessions may have lasting or permanent impacts on individuals' psychological wellbeing.

Q: Why are effective social and medical responses crucial after a crisis like COVID-19?A: Proper interventions can mitigate mental health damages. Inclusive policies prevent societal exclusion, especially of vulnerable populations. `;

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Texto original (2020)

Shutterstock / Theera Disayarat

Las crisis económicas generan un enorme sufrimiento a la sociedad, empobreciendo a muchas familias y sumiéndonos en profundas inseguridades. Sus efectos negativos pueden hacerse sentir casi inmediatamente, sobre todo en los grupos de población más desfavorecidos. Aun cuando la macroeconomía nos indique que una crisis ya ha pasado de largo, sus cicatrices seguirán siendo visibles durante mucho tiempo, puesto que la recuperación no llega a la misma velocidad para todos. Una de las dimensiones más negativamente afectadas es la salud mental.

Estrés y sensación de injusticia

Existen diferentes mecanismos que pueden explicar la relación entre las crisis económicas y la salud mental.

El primero es el incremento de estrés generado por el riesgo de desempleo y precariedad laboral, las migraciones y los cambios forzados de vivienda (por ejemplo, desalojos por impago de hipotecas). La propia anticipación de los posibles problemas futuros, el desvanecimiento de la esperanza o el incremento de conflictos de pareja están estrechamente asociados a este primer elemento.

Un segundo mecanismo es el de la frustración percibida por no recibir una recompensa merecida y la sensación de recibir un trato injusto. Ello puede traducirse en agresiones, comportamientos antisociales, violencia intrafamiliar y al consumo de alcohol y otras drogas.

Existe un tercer mecanismo, que recibe el nombre de “efecto presupuesto”. Tiene que ver con la gestión que hacemos de nuestros recursos –tiempo, dinero, energía–, cuyo coste cambia durante las crisis económicas y pueden desencadenar o agravar problemas de ansiedad y otros trastornos mentales.

Adicionalmente, la pérdida del empleo o la imposibilidad de encontrar otro pueden suponer un serio golpe para la autoestima de muchas personas, comprometiendo su sentido de la identidad y contribuyendo a su aislamiento social.

Por otra parte, las crisis económicas pueden suponer, por la aplicación de políticas presupuestarias restrictivas, una merma de recursos para el sistema sanitario. Al tiempo, el objetivo principal de las políticas se consagra a alcanzar la deseada “recuperación económica”, dejando fuera de la agenda otros objetivos como la salud de la población.

Dicho lo anterior, no hay dos crisis económicas iguales ni una misma crisis afecta de igual manera a dos poblaciones de distintos países. La intensidad, duración y velocidad de la caída de la economía, así como el contexto institucional, cultural, sanitario y social –incluyendo las redes de seguridad previas y las respuestas públicas y sociales a las crisis– condicionan la adaptación de la sociedad y de los grupos que la conforman. En algunos casos estos elementos amortiguan los efectos negativos sobre la salud mental y el bienestar de las personas; en otros, los agravan.

Lo que aprendimos de la Gran Recesión

En la última década se ha generado abundante literatura científica acerca de los efectos sobre la salud de la llamada Gran Recesión, es decir, de la crisis económica iniciada en el año 2008. Estos trabajos confirman sus efectos negativos sobre la salud mental, especialmente en aquellas personas en situación de desempleo o con empleos precarios, y en aquellas con problemas de carácter financiero. De lo que se deduce que son las políticas sociales, sin relegar las sanitarias, las que potencialmente tienen más capacidad para mitigar y revertir los efectos de las crisis en la salud mental.

Por otra parte, no hay que olvidar que los estudios disponibles, al ser contemporáneos a la propia crisis o ser realizados poco tiempo después, únicamente observan los efectos de corto plazo. Sin embargo, tras el final oficial de la crisis hemos seguido padeciendo elevadas tasas de desempleo y precariedad, así como alarmantes indicadores de pobreza y riesgo de exclusión social. Por ello, existe un claro riesgo de que los efectos de la anterior crisis sobre la salud mental se prolonguen (o incluso sean permanentes) para muchas personas que pertenecen a grupos de población vulnerables.


Shutterstock / Lightspring

El doble golpe del SARS-CoV-2

Y ello nos lleva a la situación actual. Apenas repuestos, o incluso con serias dudas sobre la recuperación de la salud mental de la población tras el golpe anteriormente sufrido, el SARS-CoV-2 amenaza con la amarga promesa de un doble impacto en materia de salud mental.

El primero tiene que ver con la enorme incertidumbre a la que nos ha sometido la COVID-19 por su alcance y extensión, por la incierta duración de la propia pandemia, los problemas iniciales en la disponibilidad de mascarillas, las propias medidas de confinamiento, la incierta promesa de una vacuna, las noticias contradictorias… A lo que se suma la pérdida de certeza sobre el gobierno de nuestras vidas, generadora de fuerte estrés por sí misma.

A ello debemos unir el segundo impacto en forma de aguda crisis económica, crisis como no hemos conocido en tiempos modernos, y que está llevando a una caída de la economía en solo tres trimestres tan fuerte como la acumulada durante la anterior Gran Recesión.

Pese a todo, existen razones para el optimismo. Aunque nos falte mucho por saber, nunca antes se habían movilizado y coordinado de manera unánime tantas mentes brillantes contra un problema de salud. En pocas ocasiones tantos gobiernos han mostrado una voluntad clara para abordar un problema. El conocimiento adquirido de crisis recientes nos hace cobrar conciencia de que la situación actual supone un grave riesgo para la salud mental de la población. Por ello, ahora es tiempo de poner en marcha soluciones, no relegando las mismas a la llegada de la recuperación económica.

La crisis económica y la COVID-19 está sometiendo a una dura prueba a nuestras sociedades. Nuestras respuestas para evitar ahondar en desigualdades previas y nuestra capacidad para no dejar a nadie en el camino nos definirán en el futuro. La salud mental debe ser uno de los ejes centrales de nuestros empeños.

La Universidad de Castilla-La Mancha recibió financiación del Ministerio de Sanidad para realizar un trabajo de investigación sobre los efectos de la anterior crisis económica en la salud de la población residente en España. Juan Oliva fue el coordinador del trabajo. El resultado de dicha investigación puede encontrarse en este enlace: https://acortar.link/cSOKp

Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Juan Oliva Moreno, Profesor de Economía de la Salud, Universidad de Castilla-La Mancha

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