Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2013. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
La lucha contra el bullying: Un desafío contemporáneo
Los padres e incluso observadores pueden ser claves para reconocer y combatir comportamientos dañinos dentro del hogar o aula. La intervención firme pero compasiva puede ayudar a guiar hacia una conducta más respetuosa y solidaria.
¿Qué consecuen0ntes pueden surgir de un solo acto dañino? Las víctimas sufren profundamente, tanto emocional como físicamente. En muchas situaciones, la represión socializada permite que se generen ambientes donde los chismosos y desagradables reciben una “carpeta”.
- Los padres descubren a sus hijos lastimándose para no enojar, obteniendo el “respeto” o evitando la negativa de unirse al grupo.
- Situaciones donde las reglas sociales se ignoran y podrían llevar represalias por parte del “grupo popular”.
La tragedia radica en casos extremos, incluyendo reacciones suicidas tras el acoso.
Qué hacer ante un grupo que impone sus reglas a través de la intimidación? Es preciso romper este ciclo y recordarles al observador que es hora de actuar. La intervención puede consistir en mostrar escenarios reales, pero con el respeto por los niños involucrados.
- Iniciar conversaciones sobre cómo hablar y defenderse contra situaciones incómodas sin poner a prueba al acusado de forma inapropiada. Ajustarse fuera del confort social para apoyarlo.
“Tengo que moverte”. Esto puede ayudar a comprender el daño y la urgencia, sin exagerarlo.
- Explorar formas seguras de escapación junto con un modelo sencillo para evitar situaciones similares. El observador puede sugerir alternativas saludables que no exponan a los involucrados al peligro.
“Se pueden mover”. Mostrar el significado de la decisión y poder del acosado para evitar situaciones dañinas, enfatizando su derecho a ser libremente. Esto puede disminuir las herramientas utilizadas por los acosadores.
- Evidenciar al observador que podría distraer la situación sin exponerse, como decir “necesito tu ayuda”.
“Es hora de moverse ahora mismo” o otras frases similares pueden ser efectivas para demostrar la necesidad del cambio. El observador puede alentar activamente su propia salida.
¿Quién es el responsable en tales situaciones? La culpa no reside únicamente con los acosadores, sino también aquellos que ayudan a crear la normalidad de esta conducta dañina. Es tiempo para una revisión y cambio.
- “No te cuiden bien”, lo cual puede ser señalado por un observador como acusación del bullying sin confrontarse directamente con el acosador, pero manteniendo la conversación positiva. Esto deja claro que no es culpa suya.
“Es hora de cambiar”. El tema puede ser extendido a institucries como escuelas donde se observa un comportamiento similar, discutiendo la importancia del refuerzo positivo y el apoyo emocional. Esto incluye considerar cuestiones sobre reglas escolares.
- “Es hora de cambiar” puede ser una frase clave para alentar a los padres, educadores e incluso observadores a reconsiderar las políticas y prácticas actuales contra el bullying. Esto promueve un ambiente seguro.
“Es hora de salir del ‘bien con lo mal’. La lucha contra el acoso requiere reflexión profunda sobre los valores y las estrategias que se adoptan para ayudar a aquellos afectados.
- “Es hora de cambiar”. Este mensaje puede ser un llamado general para la acción colectiva, recordando al público en general la importancia del apoyo y no tolerancia hacia el bullying. Esto fomenta una cultura de empatía.
Preguntas frecuentes
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¿Qué consecuencias pueden surgir de un solo acto dañino?
Las víctimas sufren profundamente, tanto emocional como físicamente. En muchas situaciones, la represión socializada permite que se generen ambientes donde los chismosos y desagradables reciben una “carpeta”.
- Los padres descubren a sus hijos lastimándose para no enojar, obteniendo el “respeto” o evitando la negativa de unirse al grupo.
- Situaciones donde las reglas sociales se ignoran y podrían llevar represalias por parte del “grupo popular”.
¿Qué pueden hacer los observadores ante un grupo que impone sus reglas a través de la intimidación?
Es preciso romper este ciclo y recordarles al observador que es hora de actuar. La intervención puede consistir en mostrar escenarios reales, pero con el respeto por los niños involucrados.
- Iniciar conversaciones sobre cómo hablar y defenderse contra situaciones incómodas sin poner a prueba al acusado de forma inapropiada. Ajustarse fuera del confort social para apoyarlo.
¿Quién es responsable en tales situaciones? ¿Cuál es la dinámica de culpa aquí?
La culpa no reside únicamente con los acosadores, sino también aquellos que ayudan a crear la normalidad de esta conducta dañina. Es tiempo para una revisión y cambio.
- “No te cuiden bien”, lo cual puede ser señalado por un observador como acusación del bullying sin confrontarse directamente con el acosador, pero manteniendo la conversación positiva.
¿Cómo puede un observador alentar activamente a la salida de aquellos que son objetivos del acoso?
“Es hora de moverse ahora mismo” o otras frases similares pueden ser efectivas para demostrar la necesidad del cambio. El observador puede alentar activamente su propia salida.
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Texto original (2013)
La lucha contra el bullying es un desafío contemporáneo, donde una acción simple puede tener consecuencias profundas en la vida emocional y física de las víctimas. Los padres e incluso observadores pueden ser claves para reconocer comportamientos dañinos dentro del hogar o aula; su intervención firme pero compasiva puede convertirse en un faro guiador hacia una conducta más respetuosa y solidaria.
¿Me estás diciendo que una sola acción puede contribuir al desorden interior de una víctima de bullying?
No hace falta ser tan perspicaces o ir más lejos, desafortunadamente se cuentan por montones los casos en los que una niña se derrumba porque otra “no quería ser su amiga”, porque le fue negado el derecho a formar parte de un grupo o porque se divulgó una situación embarazosa en público.
Y qué decir de los casos en los que los padres descubren a sus hijos lastimándose los brazos porque de no ser así difícilmente tendrán el “cariño” o el “respeto” de sus compañeros, o de las vergonzosas situaciones en las que si no se respetan las reglas de un grupo “popular” o dominante, las víctimas podrían ser objeto de represalias. Lo más lamentable es que existen casos en los que las personas llevan a la realidad sus ideas suicidas como consecuencia de haber sido acosadas.
Entonces en el caso de las reglas que impone un grupo “popular” los acosadores no nada más son quienes intimidan ¿cierto? ¿Qué pasa con quienes simplemente ven que hay situaciones de bullying y no hacen nada?
Una de las formas más poderosas de generar violencia es la omisión, pero a ellos no se les puede ni debe juzgar, al menos no con el mismo rigor. Ante el temor a represalias en su contra, lo más lógico es que estas personas encubran los actos ofensivos y denigrantes de otros. Ahí es donde –con una acción sumamente sencilla– los padres o en dado caso los (verdaderos) amigos pueden hacer la diferencia:
En algún momento del día el “observador” puede poner sobre la mesa las situaciones que le parecieron “chistosas” de su jornada –incluidas las que tienen que ver con la persona acosada– pero si los padres o los amigos toman el tema con la seriedad que se requiere y se hace conciencia de que es cómodo utilizar frases como “A ti te gusta que te hagan esas cosas” para justificar su accionar cuando lo ideal es salir de la zona de confort para proteger a los que se sienten marginados, se estaría frenando a acosadores en potencia.
A los observadores se les tendría que explicar que hay algunas maneras sencillas y seguras para ayudar a la persona acosada a escapar de la situación. Sin embargo, si lo hacen, hay que dejarles claro que no deben exponerse al peligro. Este tipo de personas pueden crear una distracción de la manera más sutil que se pueda imaginar: Un observador puede ayudar al acosado a salir de escena diciendo algo como, “Oye, me dijeron que necesitan verte en este momento” o “Vamos, necesitamos de tu ayuda.”
Hay que hacerles ver que en cuanto comienza una situación de acoso, ellos pueden apretar el botón de mute. Con ello el acosador entiende que no es más una persona “entretenida” y puede dejar poco a poco el mal hábito de intimidar a alguien.
Tal parece que la responsabilidad es compartida
Así es. El bullying es un problema social que tiene muchas aristas y puede ser visto por distintos frentes, por ejemplo el que tiene que ver con lo que sucede dentro de las instituciones educativas. A estas alturas posiblemente pueda preguntarse qué sucede con los maestros, tal vez se pregunte si la culpa de que se de el bullying es de ellos y la realidad es que aun cuando no se puede generalizar, sí se puede focalizar la atención en aquellos que minimizan el asunto o “se lavan las manos”.
Hay quienes aseguran que protegerán a las víctimas de acoso pero fallan en la práctica porque “se resuelve” que la culpa de lo sucedido no es de los acosadores, sino del acusado “por dejarse”.
Están también los maestros que aseguran tener “todo bajo control” cuando realmente dejan “a su suerte” al (la) alumno (a) acosado(a) o quienes –con la mano en la cintura– suspenden y/o expulsan a las víctimas de sus planteles por pelearse pero no por ser violentadas.
Hoy es un buen día para cambiar las reglas y pensar que todo debe ser diferente. Las escuelas que se jactan de ofrecer educación integral deberían invertir en un departamento psicopedagógico de calidad para apoyar a los alumnos con estrategias que los ayuden a salir de la engorrosa situación que viven.
Vale la pena preguntarse ¿Por qué dentro de las instituciones educativas no se ubica a la conducta como un punto importante que permita que los niños se reinscriban o no? Los agresores deben estar advertidos de que no pueden acarrear un problema más y que su derecho a permanecer en un aula está condicionado.
Volvamos con el tema del individuo que es acosado ¿Qué herramientas puedo darle como padre para que pueda defenderse o salir de esa situación?
Difícil pregunta, sobre todo porque quien suscribe no es padre, pero puede responder como hijo. El bullying petrifica a la persona que lo sufre y la solución no es tan fácil como la pintan pero –por principio de cuentas– sería importante contar con un recurso extra para apuntalarse. Hay personas que gustan de leer, dibujar, cantar o bailar y el hecho de contar con un tiempo para realizar este tipo de actividades puede renovar a las personas.
Es difícil involucrarse de manera objetiva, pero lo mejor que pueden hacer es recordar a la víctima que lo que se está buscando es el escape pacífico de una agresión y que es necesario darle herramientas para que se defienda y en el mejor de los sentidos se empodere.
Los padres deben velar por sus hijos, en el caso de quienes son menores de edad es significativo que se aseguren de que la víctima tiene amigos que lo quieren y apoyan, adultos que se asegurarán de escucharlo y apoyarlo y elegir lugares seguros en donde hay reglas, disciplina y consecuencias lógicas para los niños o familias que no respetan.
El abuso ya no es una situación que queda en los límites de las escuelas, hoy trasciende las aulas y es justo reconocer que hay un problema de fondo y que tenemos que romper la escalera de la violencia para generar espacios libres de burlas y maltrato físico o sexual.
Es importante que desde el núcleo de la sociedad (la familia) se trabaje para generar espacios más amables y se creen nuevas formas en las que se dé la resolución pacífica de los conflictos.
