Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
La comunidad mundial enfrenta desafíos únicos durante la pandemia
Sin cambios: Tras casi un año de pandemia, el mundo entero ha modificado su vida para adaptarse a una nueva normalidad. Las medidas preventivas como las mascarillas y los geles hidroalcoholicos se han convertido en partes imprescindibles del día a día.
- Violación de normas: A pesar de disponer amplias informaciones, medidas de prevención y protocolos para combatir la propagación viral, se observa constante despreocupación por parte del público. Las redes sociales y otros medios reflejan situaciones donde las personas ignoran los procedimientos adecuados.
- Implicancia en comunicación: Este fracaso puede estar relacionado con el discurso de la otredad, un mecanismo que excluye y percibe como amenazante lo desconocido o diferente. Se cree erróneamente seguro sin seguir las medidas recomendadas.
- Ejemplos específicos: La conducta de no usar mascarillas en espacios cerrados para reuniones familiares y eventos públicos se manifiesta como una manifestación clara del discurso sobre la otredad, donde lo propio se ve como seguro.
- Referencias históricas: El concepto de enfermedades como “otredad” tiene precedentes en el siglo XX con movimientos poscoloniales y feministas que identificaron la otredad, aunque su presencia se ha popularizado recientemente.
- Consideraciones sociales: El discurso sobre enfermedades puede ser dañino, llevando a la exclusión de grupos vulnerables. Las memorias históricas destacan este fenómeno en casos como los del SIDA.
- Influencia política y sociocultural: El contexto político actual ha alimentado percepciones xenófobas hacia el origen de la enfermedad. La propaganda nacionalista que denigra a poblaciones específsuit como los chinos, por ejemplo.
- Propuesta académica: El campo interdisciplinario entre ciencia y humanidades ofrece una nueva perspectiva sobre la comunicación efectiva en salud. Se insiste en que las decisiones personales tienen impacto inmediato en el bienestar colectivo.
- Conclusión: Para combatir los discursos dañinos, es crucial analizar la estructura y propósito de nuestra comunicación. Aunque algunas personas pueden no mostrar síntomas clínicos debido a infecciones asintomáticas, sigue siendo responsabilidad común seguir las medidas precautorias.
Preguntas frecuentes
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Q: ¿Cómo afecta el discurso de la otredad a la adopción de medidas preventivas durante una pandemia?**A: El discurso de la otredad puede llevar a un despreocupado comportamiento ante las medidas prevenciales, como ignorar el uso obligatorio de mascarillas y gel hidroalcohólicos. Esto se refleja en situaciones observadas tanto en redes sociales como mediáticas.
Q: ¿Cuáles son ejemplos concretos del discurso sobre la otredad?**A: Un ejemplo es el comportamiento de no usar mascarillas durante reuniones familiares y eventos públicos, donde se percibe un sentido irreal de seguridad.
Q: ¿Cuál es la historia del discurso sobre enfermedades como “otredad”?**A: Este concepto tiene precedentes en el siglo XX con movimientos que identificaron y cuestionaron la otredad. Su popularización se ha intensificado recientemente.
Q: ¿Qué impacto social puede tener un discurso sobre enfermedades?**A: Puede ser dañino, llevando a la exclusión y estigmatización de grupos vulnerables. Este fenómeno se ha visto históricamente en casos como el del SIDA.
Q: ¿Cómo pueden los discursos xenófobos relacionados con las enfermedades influir en la sociedad?**A: Los discursos xenofanos han alimentado percepciones negativas hacia el origen de enfermedades, como ciertas nacionalidades o grupos étnicos.
Q: ¿Qué perspectivas académicas se ofrecen para una comunicación efectiva en salud pública?**A: La interdisciplinariedad entre la ciencia y las humanidades sugiere que entender el impacto de nuestras decisiones personales es crucial, ya que influyen directamente en el bienestar colectivo.
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Texto original (2020)

Tras casi un año de pandemia, el mundo entero ha modificado su vida para adaptarse a una nueva normalidad en la que las mascarillas y los geles hidroalcohólicos son parte imprescindible del día a día. Sin embargo, es común ver en redes sociales y medios de comunicación a personas que conocen las normas y se las saltan, especialmente si hay actividades de ocio o familiares de por medio.
La pandemia de coronavirus será uno de los mejores casos de estudio para la comunicación en salud y las humanidades médicas del siglo XXI. En ninguna otra pandemia la población general había tenido acceso tan directo e inmediato a información, medidas de prevención y protocolos de actuación gracias a internet, los medios de comunicación y las redes sociales.
A pesar de esta información –también infoxicación– sobre cómo frenar la propagación del virus y qué hacer si presentamos síntomas compatibles, la constante violación de las medidas de prevención y seguridad nos hace preguntarnos qué está fallando. Una de las claves parece estar en la comunicación. Personas que se quitan la mascarilla para estornudar o toser en público, fiestas familiares en espacios cerrados y sin mascarilla y bodas que se convierten en tragedias nacionales son solo algunos ejemplos.
¿Cómo podemos explicar esto? A través del discurso de la otredad.
El discurso es una serie de creencias que funcionan durante el momento de la comunicación. Este depende del contexto histórico y social y, como señala el filósofo francés Michel Foucault, instituciones y personas participan en él reforzándolo o cuestionándolo a través del lenguaje, los signos e incluso las acciones.
La otredad es uno de los conceptos más populares del siglo XX. El teórico poscolonial Edward Said considera la otredad como el mecanismo que justifica siglos de colonialismo británico. Los otroslas otras de la historia en su obra El segundo Sexo (1949). (los pueblos que hay que colonizar) no son como nosotros y, por tanto, son el enemigo. En el movimiento feminista del siglo XX, la filósofa francesa Simone de Beauvoir definió a las mujeres como
El discurso de la otredad también está presente en el ámbito médico-sanitario y tiene un doble uso. Por una parte, se trata de un mecanismo de defensa que nos permite vivir sin sucumbir a la hipocondría, porque no es práctico pensar que padeceremos las mismas enfermedades que el resto del mundo. Este mecanismo también tiene un lado negativo ya que la enfermedad o amenaza se ve como algo que ocurre fuera de nuestro ámbito, especialmente del más íntimo: los espacios familiares.
Se crea entonces un discurso en el que lo propio (lo nuestro, lo familiar, lo querido) se percibe como seguro y sano, y se define por contraposición a la amenaza que representa el otro (lo desconocido, lo infectado, lo peligroso). Así se explican conductas tan llamativas como el uso de mascarillas en el supermercado para comprar comida para una reunión familiar que se celebrará en un espacio cerrado y en la que todas las personas irán sin mascarilla. Porque, «¿cómo voy a tener el coronavirus yo?», «¿cómo lo van a tener mis padre, hermanos, primos o sobrinos?».
El problema es que estas ideas no se basan en pruebas científicas, como PCR o análisis de anticuerpos, sino en nuestra falsa percepción de seguridad del ambiente familiar.
articuló en 1982 desde las humanidades lo que la comunidad médica ya sabía: el cáncer no es un monstruo externo, sino que nace en el cuerpo. La enfermedad como otredad no es un concepto nuevo en la historia de la medicina, aunque su presencia se ha popularizado en las últimas décadas a través del lenguaje bélico de la «lucha contra el cáncer» en la que los pacientes «ganan o pierden la batalla» contra la enfermedad como si fuese un ente externo. Sin embargo, la filósofa búlgara Julia Kristeva
A nivel social, la otredad de la enfermedad puede tener consecuencias muy negativas y, siguiendo las propuestas de Said y de Beauvoir, puede tener como resultado la discriminación contra ciertos grupos de personas. El ejemplo más reciente y que todavía pervive en las memorias de muchos de nosotros sería la discriminación y el estigma de los enfermos de VIH/SIDA.
El discurso que rodea al coronavirus se ha visto además especialmente influido por otros factores políticos y sociales. En 2020 la otredad del coronavirus está intrínsecamente ligada a la procedencia del virus, el actual clima político y el auge de la extrema derecha en países como en EE.UU., donde el presidente Donald Trump llamó al coronavirus «el virus chino» en varias ruedas de prensa a pesar de las tensiones internacionales. Intentaba así reforzar la otredad del virus para apoyar sus políticas nacionalistas. Por desgracia, este tipo de conductas se observó en más países, incluido España, obligando a embajadas y organismos a denunciar la discriminación contra la comunidad china.
En esta situación, no queda más que recordar que la ciencia y las humanidades tienen que unir fuerzas para hacer llegar un mensaje fuerte, coherente y adaptado a las necesidades de la población. Las humanidades médicas demuestran que en la comunicación en salud es tan importante cuidar qué se dice como la forma en la que se dice.
Para luchar contra los discursos imperantes en el ámbito médico-sanitario tenemos que analizar cómo llega el mensaje y cómo este se relaciona con los discursos sociales, históricos y humanos. Mientras tanto, debemos insistir en que los estudios demuestran que una gran parte de las personas infectadas son asintomáticas mientras son contagiosas y que esta Navidad el virus puede no estar en el metro o en la panadería, sino dentro de nosotros.
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Elena Avanzas Álvarez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Elena Avanzas Álvarez, Profesora asociada y traductora médica. Humanidades Médicas, Inglés y Literatura., Universidad de Oviedo

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