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“Los sismos, al igual que el gobierno, nos quieren aplastar y desaparecer”: Abel Barrera

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2017. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Solidaridad Emergente Tras El Terremoto En México

El artículo examina la solidaridad que surge tras un terremoto y su reflejo de los valores de resistencia contra injusticia en México.

  • La respuesta humanitaria a desastres naturales se compara con el silencio oficial ante las víctimas ambulantes del caso La Noche Bala, mostrando similitudes sorprendentes entre ambos tragedias.

“Fundidos en un abrazo” refleja la sensación de dolor compartido por todos ante el colapso de los edificios. Las personas se vieron obligadas a reaccionar frente al desastre natural, y su comportamiento revela una fuerza social que trasciende las circunstancias.

  • “Varias compañeras y compañeros en México sintieron como la ciudad se estremecía” durante el terremoto. Testigos presenciaron cómo los mexicanos de todas partes llegaron a ayudar, llenando las oquedades del derrumbamiento.

“Los sismos, al igual que un poder impúdico” pretenden aplacar y desaparecer. El artículo subraya cómo la sociedad responde manteniéndose firmes en su lucha por el futuro de sus hijos.

  • “Miles de mexicanos que han salido a las calles para adentrarse” en los edificios derrumbados, emularon la solidaridad histórica manifestada durante grandes movimientos sociales como el Grito de Dolores.

“Esas vitalidades expresadas por la sociedad que va en auxilio” se han convertido ahora en un símbolo del espíritu combativo y colectivo mexicano. Su determinación permanece fuerte, como evidencia de su compromiso con justicia.

  • “A pesar del silencio impuesto por el gobierno”, la solidaridad en México continúa unida gracias al espíritu combativo. Los mexicanos han sido testigos no solo de las devastaciones naturales, sino también del olvido a su propia crisis.

“La misma CIDH ha emplazado al gobierno federal para que atienda” las investigaciones por parte del GIEI. Sin embargo, el gobierno mantiene una postura inflexible defendiendo la versión oficial de los hechos y obstaculizando cualquier indagación crítica.

  • “Cuando empujamos en las investigaciones propuestas por el GIEI”, se encuentran con “los lacayos del gobierno” que obstruyen su paso y protegen a los implicados en la desaparición de estudiantes.

“Este sentimiento de solidaridad es una fuerza viva, un pilar para avanzar hacia justicia” continúa inspirando al pueblo mexicano. Su resistencia se manifiesta cada vez más en el rechazo del silencio oficial y la esperanza por cambios significativos.

Preguntas frecuentes

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¿Cómo ha manifestado México su solidaridad frente a los terremotos?
Respuesta: Muchos mexicanos han salido a las calles para ayudar, llenando las brechas causadas por el sismo.

¿Cómo se compara la solidaridad frente al terremoto con los movimientos sociales histósricamente en México?
Respuesta: Al igual que durante el Grito de Dolores, ha habido una fuerte manifestación colectiva y combativa.

¿Qué respuestas se han observado tras un terremoto en términos de solidaridad?
Respuesta: Ha habido un sentimiento compartido de dolor que ha llevado a reacciones humanitarias espontáneas.

¿Qué dificultades enfrenta el GIEI para realizar sus investigaciones?
Respuesta: Enfrentan obstáculos del gobierno, que impide la investigación y protege a los involucrados por desapariciones.

¿Cómo ha evolucionado el sentimiento de solidaridad en México después del terremoto?
Respuesta: El espíritu combativo se manifiesta cada vez más, abogando contra el silencio oficial y aspirando a cambios significativos.

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Texto original (2017)

En este artículo se examina la solidaridad emergente tras el terremoto y cómo refleja los valores de resistencia contra injusticia en México. Se contrastan las respuestas humanitarias ante estos desastres con los avatares del caso La Noche Bala, mostrando una similitud sorprendente entre la tragedia ambulante y el silencio oficial impuesto a sus respectivas víctimas.

En una emotiva carta publicada en La Jornada el Director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan Abel Barrera expresa su solidaridad con los damnificados con el terremoto del pasado 19 de septiembre y compara la tragedia con lo que han pasado los últimos 3 años que se cumplen este 26 de septiembre:

Te compartimos un fragmento:

Fundidos en un abrazo en medio del dolor

El sismo de este 19 de septiembre también lo sentimos estando juntos en la normal, cuando planeábamos nuestras actividades en la capital del estado y en Ciudad de México. Todo se cimbró, creíamos que nuestra escuela se derrumbaría. Nos mantuvimos en pie y también los edificios permanecieron incólumes. Ya no pudimos realizar nuestro acto político cultural de las 43 esperanzas, porque la tragedia nos embargó a todos. Varias compañeras y compañeros que se encontraban en México sintieron cómo se estremecía la ciudad, y ante el colapso de los edificios fueron testigos de cómo llegó la gente de todos lados para extender sus brazos y rescatar a las personas atrapadas.

Sentimos muy fuerte su dolor, porque sabemos lo que significa luchar sin descanso para encontrar a los seres que amamos. Los sismos, al igual que el gobierno, nos quieren aplastar y desaparecer. Se obstinan en sepultar lo que más queremos: la vida y el futuro de nuestros hijos. Pese a esta arremetida de la naturaleza y de un poder impúdico, tenemos en México una fuerza muy grande expresada en la solidaridad de miles de mexicanos que han salido a las calles para adentrarse en las oquedades de los edificios para rescatar vidas. Esa vitalidad de la sociedad que va en auxilio de la gente que es víctima de la devastación, es la misma gente que nos ha abrazado, que nos ha acompañado en las grandes marchas de Ciudad de México. Es el gran movimiento de ciudadanos que nos ha dado la fuerza para romper el muro de la impunidad y resquebrajar un sistema de justicia obtuso que protege a los perpetradores y que encubre a los policías y militares que participaron en la desaparición de nuestros hijos. Estos brazos que hoy pasan de mano en mano los botes de concreto, son los mismos brazos que se han extendido para cobijarnos y hacer menos cruento nuestro dolor.

Por ellos nuestra lucha sigue viva. Gracias a su acompañamiento nos mantenemos unidos y con el espíritu combativo. Hemos llegado muy lejos ondeando la bandera de los 43. La misma CIDH ha emplazado al gobierno federal para que atienda las líneas de investigación del GIEI. La loza más pesada que no hemos podido remover es la postura inflexible del gobierno que defiende a ultranza su verdad histórica. Cuando hemos empujado en las investigaciones propuestas por el GIEI, los lacayos del gobierno nos obstruyen el paso para remachar que la incineración de los 43 estudiantes en el basurero de Cocula es su hipótesis más consolidada.

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