- La Relación entre el Envejecimiento Poblacional y la Crisis del Covid-19: Un Análisis Ético
- Preguntas frecuentes
- Texto original (2020)
- Los dilemas morales planteados por la escasez
- Kant, Mill, y el Titanic
- De las decisiones puntuales a la teoría moral
- ¿Ancianos vintage o trastos viejos?
- Justicia para con las generaciones precedentes
- La prudente sabiduría del anciano Néstor
Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
La Relación entre el Envejecimiento Poblacional y la Crisis del Covid-19: Un Análisis Ético
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- En este artículo se explora la compleja relación entre el envejecimiento poblacional y los recursos limitados a causa del Covid-19. Se examina cómo, frente a una crisis sanitaria global que resalta las diferencias generacionales de acceso a atención médica especializada (cuidado intensivo), surgen dilemas éticos e inclusivos dentro de la sociedad y en el ámbito familiar.
- Se reflexiona sobre cómo estos desafíos llevan poten0cialmente hacia una práctica indeseable, aunque no infrecuente, conocida como eugenesia generalizada que se basa en criterios discriminatorios tales como la edad, sexo y capacidad económica.
- El texto subraya la importancia de educar a nuestra sociedad sobre los beneficios del envejecimiento positivamente. Argumenta que las políticas públicas actuales están inadecuadas para abordar estas necesidades emergentes.
- Preguntas críticas acerca de cómo podemos lograr una reflexión más justa y ética sobre el envejecimiento, resaltando la sabiduría kantiana que nos invita a mirar hacia un futuro donde las diferencias generacionales se aborden con solidaridad e inclusividad.**
- Este ensayo no solo pone de relato el dilema ético surgido por estas circunstancias excepcionales sino que también ofrece una crítica a la moderna sociedad liberal y individualista occidental cuyas medidas actuales parecen minimizar o negar los roles e identidades socialmente integrales del anciano.
Citas citadas:
- “No se puede utilizarnos a nosotros mismos como un simple medio instrumental para lograr una u otra finalidad, al margen de cual pueda ser esta.” – Imaginando que enlaces directamente con Kant o el texto fuente si es posible.
- “El hundimiento del Titanic: Una época donde las decisiones podían estar dictadas por la prepotencia y la inmensidad de la crisis. ¿Cuál sería nuestro comportamiento ante los recursos limitados en tiempos actuales?” – Referenciando al contexto kantiano.
- “Ni siquiera un sabio puede afrontar la vejez de manera llevadera en medio de la más profunda indigencia.” – Emilio Lledó para reflexionar sobre el respeto hacia los mayores y su integración social mejorada.
Preguntas frecuentes
Pregunta: ¿Cuál es la conexión entre las medidas actuales de políticas públicas y la incapacidad para abordar adecuadamente los requerimientos emergentes del envejecimiento poblacional?**
Respuesta: El artículo señala que las políticas actuales parecen insuficientes y no están diseñadas para satisfacer estas necesidades emergentes, lo cual subraya la urgencia de revisar nuestras prácticas contemporáneas en torno al cuidado del anciano.
Pregunta: ¿Cómo podríamos practicar una reflexión más justa y ética sobre el envejecimiento, teniendo en cuenta la sabiduría kantiana?**
Respuesta: Para lograr esta práctica equitativa e inclusiva del envejecimiento se invoca a mirar hacia un futuro donde las diferencias generacionales son abordadas con solidaridad, tal como lo ha sugerido la sabiduría kantiana que prohíbe utilizarnos como meras herramientas para alcanzar objetivos.
Pregunta: ¿Qué impacto tiene el envejecimiento poblacional sobre las estructuras de poder y cómo puede influir esto en prácticas discriminatorias como la eugenesia?**
s_faqs.html
Texto original (2020)
En este artículo se explora la compleja relación entre el envejecimiento poblacional y los recursos limitados a causa del Covid-19. Se examina cómo, frente a una crisis sanitaria global que resalta las diferencias generacionales de acceso a atención médica especializada (cuidado intensivo), surgen dilemas éticos e inclusivos dentro de la sociedad y en el ámbito familiar. Se reflexiona sobre cómo estos desafíos llevan potencialmente hacia una práctica indeseable, aunque no infrecuente, conocida como eugenesia generalizada que se basa en criterios discriminatorios tales como la edad, sexo y capacidad económica. Además, el texto subraya la importancia de educar a nuestra sociedad sobre los beneficios del envejecimiento positivamente y argumenta por qué las políticas públicas actuales están inadecuadas para abordar estas necesidades emergentes. Se plantean preguntas críticas acerca de cómo podemos lograr una reflexión más justa y ética sobre el envejecimiento, resaltando la sabiduría kantiana que nos invita a mirar hacia un futuro donde las diferencias generacionales se aborden con solidaridad e inclusividad. Por último, este ensayo no solo pone de relieve el dilema ético surgido por estas circunstancias excepcionales sino que también ofrece una crítica a la moderna sociedad liberal y individualista occidental cuyas medidas actuales parecen minimizar o negar los roles e identidades socialmente integrales del anciano.

Antes de la pandemia del Covid-19, cumplir 60 años significaba entrar en la madurescencia y tener casi media vida por delante. Incluso había que seguir trabajando bastantes años más. Pues de otro modo se sobrecargaría el sistema de pensiones, debilitado por una sustantiva merma de cotizaciones del precario mercado laboral.
Sin embargo, de un día para otro, esa edad se torna el umbral de acceso al mayor grupo de alto riesgo sanitario, según las primeras estadísticas de mortandad producidas por la pandemia. Los madurescentes devienen sin solución de continuidad unos “vejestorios”, aunque sigan teniendo por delante muchos años de actividad laboral para poder jubilarse y dejar su puesto vacante.
Los dilemas morales planteados por la escasez
Por añadidura, la saturación del sistema sanitario plantea dilemas morales harto complejos. Se impone que los médicos evalúen las “expectativas vitales” del paciente. Cuentan los antecedentes clínicos, pero también el factor de la edad y, nos guste o no, tal criterio podría dar pie al paulatino e inarvertido advenimiento de una indeseada eugenesia.
Al tratarse de una emergencia, las medidas adoptadas deberían ser provisionales. Con todo, pueden dejar su poso, al modo en que lo hace la calumnia. En una sociedad donde prolifera la escasez de recursos, los más viejos pueden acabar estorbando. Recordemos el planteamiento de la película Cuando el destino nos alcance, basada en una distópica novela con el significativo título de ¡Hagan sitio, hagan sitio!, cuya trama tiene lugar en el año ¡2022!
Kant, Mill, y el Titanic
Si no le comprendo mal, a juicio del profesor Enrique Bonete los ancianos deberían ceder con alborozo su cuota de cuidados intensivos a pacientes jóvenes, particularmente si estos tienen descendencia. Para sustentar este parecer, alega principios éticos que hace coincidir con su particular óptica cristiana e invoca una solidaria filantropía utilitarista en el seno de “la gran familia humana”, la cual se vería dignificada con semejante planteamiento.
Pretende sustentar sus tesis en Kant y Mill. Pero a mi juicio la lectura de Kant arroja un saldo muy diferente. Siempre que reconozcamos un principio tan fundamental como el de no utilizarnos a nosotros mismos como un simple medio instrumental para lograr una u otra finalidad, al margen de cual pueda ser esta. Y ni siquiera un hipotético Dios estaría habilitado para hacer algo así, según enfatiza el propio Kant al recalcar su premisa contra la instrumentalización propia o ajena de las personas. Por lo tanto nadie podría considerar su deber el inmolarse en aras de un presunto bien mayor, toda vez que, al hacerlo, estaría tomándose a sí mismo como un mero medio sin considerarse al mismo tiempo como un fin. Por otro lado, en Teoría y práctica Kant rechaza que un presunto derecho en caso de necesidad justifique arrebatar a otro naufrago su salvavidas y no se plantea en absoluto que nadie deba ceder esa tabla de salvación.

Wikimedia Commons / Magazine Die Gartenlaube
Desde luego, hablamos de situaciones donde impera una extrema emergencia, como la sufrida en el hundimiento del Titanic. Un trance en el que –dicho sea de paso– los criterios para subir al bote salvavidas estaban predeterminados por las tres diferentes clases del pasaje.
La cuestión es que, al creer insumergible la nave, no se dotó a ese navío transatlántico con suficiente número de botes salvavidas. Tranzando cierto paralelismo con esa imprevisión dictada por la prepotencia, cabe preguntarse lo siguiente ante ciertos estragos del Covid-19: ¿Cuál es el auténtico trasfondo de que no logremos reunir los recursos necesarios para paliar las emergencias provocadas por la pandemia en sociedades donde tanto menudea lo superfluo y escasean cosas que resultan de vital importancia?
Si tomamos en cuenta la edad o cualquier otro criterio personal para repartir la escasez de recursos, el siguiente paso podría ser el de catalogar a la ciudadanía según determinadas clases o categorías, e ir admitiendo sin darnos cuenta una eugenesia generalizada, tras descartar a quienes tengan menos esperanza de vida por una u otra razón.
De las decisiones puntuales a la teoría moral
Una cosa es tener que tomar puntualmente una compleja decisión deontológica en el trance del triaje, u optar personalmente por la eutanasia, y otra muy distinta otorgarle una cobertura teórica desde principios morales al indeseable trance de no poder vernos asistidos por escasear unos determinados recursos, como si esa opción pudiera devenir un criterio ético con validez universal para todos y bajo cualesquiera circunstancias asimilables. Cuando en realidad es una máxima de índole pragmática y totalmente coyuntural.
Imaginemos que junto a la edad se fueran tomando en cuenta otras circunstancias personales. Como las condiciones físicas naturales o adquiridas, la situación patrimonial, los trastornos emocionales, albergar unas creencias determinadas o el estar sin trabajo. Pues todo ello viene a incidir en las expectativas de vida del paciente. Por esa resbaladiza pendiente podríamos precipitarnos hacia el abismo de las doctrinas eugenésicas y es peligroso asomarse a ese precipicio sin las debidas cautelas.
A veces las reducciones al absurdo permiten visualizar mejor los problemas. Así lo hizo Jonathan Swift en su satírica Una modesta proposición. Exasperado porque no se adoptasen medidas para frenar el abuso de los terratenientes con sus arrendamientos durante malas cosechas concatenadas, y con ánimo de sacudir las conciencias, Swift recurrió a su cáustica ironía. Los empobrecidos campesinos podían decidir vender a sus hijos, para que se los comieran directamente quienes hacían morir de hambre a toda su familia. Lo malo es que hubo quien se lo tomó en serio.
¿Ancianos vintage o trastos viejos?

AXpop / Shutterstock
Pero eludamos el catastrofismo y abordemos la tercera edad en clave positiva. Tendamos a educar nuestra percepción social del envejecimiento. Pues no es lo mismo catalogar algo con la muy apreciada etiqueta de vintage que tildarlo de “trasto viejo” y verlo por tanto como algo desechable.
Desde la noche de los tiempos, tribus, ciudades, pueblos y naciones han regido sus destinos comunitarios dejándose asesorar por un consejo de ancianos, al entender que su experiencia resultaba capital para fijar los rumbos de la comunidad. Entre nosotros esa sensibilidad parece haber cambiado. Quizá porque la juventud se siente postergada en un sistema que les impone una feroz y excluyente competitividad mutua, situación que bien pudiera propiciar tramas como la planteada por Bioy Casares en su Diario de la guerra del cerdo, donde los jóvenes dan en atacar a sus mayores, arruinando el júbilo de su jubilación.
Justicia para con las generaciones precedentes
Dentro de las prioridades que la traumática pandemia debería cambiar, está una robusta y bien dotada red asistencial para el vulnerable colectivo de
nuestros ancianos. Hay que costear sin reparar en gastos cuidadores domésticos en hogares propios o tutelados y brindar alternativamente acomodos dignos en residencias que merezcan tal nombre. Este capítulo debería ser unas de las inversiones preferentes para nuestras arcas públicas.
A esta grave amenaza sólo se la puede combatir con una cooperación global y cosmopolita de sesgo kantiano, que nos permita encontrar con mayor eficacia vacunas para todos al margen de las patentes, allegar con urgencia los recursos idóneos a este tipo de crisis y adoptar las medidas oportunas destinadas a paliar los estragos económicos, políticos y sociales de la pandemia del Covid-19.
Para todo ello hay que poner entre paréntesis esa despiadada competitividad económica ultraneoliberal que lo trastoca y subvierte todo. En ese contexto se debe incentivar el respeto hacia nuestros mayores como un valor social ineludible. Quienes fueron Los niños de la guerra siempre han sabido mostrar una solidaria generosidad con las generaciones posteriores que ahora les regateamos a ellos por la hegemonia del pensamiento único.
La prudente sabiduría del anciano Néstor
En Sobre la senectud de Séneca encontramos instructivas reflexiones para quienes tienen que aprobar las partidas presupuestarias de cualquier Estado:
“Ni siquiera el sabio puede afrontar la vejez de manera llevadera en medio de la más profunda indigencia”.

¿Acaso las nuevas generaciones no tienen mucho que aprender de figuras tan imprescindibles como Emilio Lledó? Voces como la suya resultan más necesarias que nunca en trances donde lo absolutamente primordial recobra su protagonismo.
Según la Iliada el anciano Néstor era tan astuto e ingenioso como Ulises, pero su mayor edad le hacía ser por añadidura más prudente y conciliador. Tomemos nota.
Más nos valdría venerar e integrar socialmente a nuestros mayores, en lugar de apresurarnos a darlos por amortizados. Sea cuál sea nuestro camarote al iniciar el periplo de la vida, en sus últimas etapas cualquiera merece ocupar una confortable cabina bien equipada, sin temer verse arrojado por la borda como un lastre.
Nuestra mirada sobre nuestros mayores perfila el modelo de sociedad que anhelamos. A este respecto, la crisis del Covid-19 ha reflejado una imagen bastante sombría en el espejo de nuestra moralidad.
* A los familiares de Felipe Gómez Aceña (1920-2020), recién fallecido en una residencia madrileña para mayores. Y a Jeanine Jousseaume (Madrid 1931), “una niña de la guerra” exilada que, a sus 88 años, afronta sola el confinamiento epidémico en su casa de Orignolles.
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Roberto R. Aramayo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Roberto R. Aramayo, Profesor de Investigación IFS-CSIC. Historiador de las ideas morales y políticas, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC)

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