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Ni libre ni ocupado: los relojes torcidos de Dios

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2011. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Análisis del Diario de Daniel Díaz sobre el Impacto de la Tecnología e Internet en las Decisiones Espirituales

Daniel Díaz, un conductor ambulante que lleva una vida entrelazada con sus viajes y reflexiones espirituales, ofrece a través del análisis de su diario, una visión intrigante sobre cómo la tecnología moderna y las redes sociales pueden influir en nuestras decisiones espirituales. Este caso particular se centra en su experiencia mientras conducía un taxi desde Canillejas a una parroquia cercana el día de la misa, revelando los efectos inesperados del cambio cultural derivado tanto de internet como de las influencias culturales globalizadas de finales del siglo XXI.

El 11:45 de un día desconocido en Canillejas, Daniel recibe una invitación casual por parte de dos ancianas vendedoras callejeras que coinciden con él al tomar asiento en su taxi.

La historia de Daniel Díaz es un retrato íntimo del viajero moderno que encuentra belleza e inspiración incluso en las parroquias más modestas y sus comunidades cercanas. A través de su texto, se puede ver cómo los avances tecnológicos pueden cambiar no solo nuestro acceso a información sino también la manera en que interactuamos con el mundo espiritual.

Preguntas frecuentes


Texto original (2011)

En esta ocasión, nos sumergimos en el diario de Daniel Díaz para analizar cómo la tecnología y las redes sociales pueden impactar nuestras decisiones espirituales. Un viaje desde Canillejas a una parroquia cercana no solo desafía su creencia personal sino que también refleja un cambio cultural inesperado influenciado por el internet moderno y la cultura pop de fin del siglo XXI.

Barrio de Canillejas, 11.45 de la mañana. Me levanta el bastón una anciana apostada en la acera junto a otra más anciana aún. Detengo el taxi a su lado, toman las dos asiento, y la más viva me dice:

– Buenos días, hijo. Queremos ir a una iglesia, lo más rápido posible.

– Eso está hecho. ¿A qué iglesia desean ir? – pregunto accionando el taxímetro.

– No lo sé. No somos de aquí. Mi nieta me ha apuntado un par de ellas. Dice que son las mejores. Mire – la anciana saca de su bolsillo una nota con dos direcciones apuntadas.

– Sí. Están en el centro -digo después de leer el papel..

– ¿Llegaremos a la misa de doce? – me pregunta la otra.

Imposible. Apenas faltan 10 minutos para las doce, y estamos lejos del centro – digo.

– Pues llévenos a la más cercana. ¡Deprisa!

Busco en el navegador la iglesia más cercana. En el menú de búsqueda selecciono “Lugares de Culto”. La iglesia más cercana se encuentra a escasos 950 metros. Iniciamos la marcha.

Durante el corto trayecto, la más anciana le dice a la otra:

parrocucha de barrio.– Tendríamos que haber salido con más tiempo, Conchita. Si tu nieta nos apuntó esas dos iglesias, por algo será. Ya sabes que no me gusta ir a lo loco y meterme en cualquier

Aun con los semáforos y el atasco, llegamos 5 minutos antes de las 12. En efecto, se trataba de una parroquia humilde de barrio.

– A menuda birria de iglesia nos ha traído, hijo.

– Era la más cercana – contesté.

– En fin. Al menos hemos llegado a tiempo. No te enojes, Maruja. Tome, cóbrese.

Me pagaron los 3,15€ de la carrera y allá que fueron. Las dos, cogidas del brazo, puntuales a su cita diaria con Dios.

Maruja no quería celebrar su misa de hoy en una parroquia de barrio. Pensé que llevaría bien a mano, en el bolso, su Tarjeta Eternal Travel con miles de puntos acumulados durante toda su vida:

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