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Pros y contras de la rutina en confinamiento

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Establecimiento de Rutinas en el Confín por la Pandemia COVID-19

Tabla de contenido:

En medio del confinamiento que sufrimos como resultado directo de la pandemia causada por el virus SARS-CoV-2, hemos reflexionado sobre cómo establecer rutinas puede ser tanto una herramienta para nosotros ni un aliado si bien no siempre resulta beneficioso.

La Rutina: Un Hábito Formado por Costumbres

  • Orden y organización del tiempo diario: A través de la rutina, encontramos una manera práctica e automática para planificar nuestro día-a-día. Aunque esta estructura puede brindarnos seguridad emocional y tranquilidad en el sueño, su excesiva repetición podría llevarnos al deterioro del ánimo.
  • Automatismo y economía de esfuerzo mental: La automatización nos permite centrarnos más intensamente en nuestras actividades e innovaciones, lo que a su vez puede generar una mayor seguridad emocional. Esta práctica costumbre se ha demostrado clave para mantener hábitos saludables durante el confín.
  • Ajuste de energía mental: La rutina, cuando aplicada con disciplina y voluntad firme puede ahorrar nuestro esfuerzo cognitivo. Así podríamos dirigirlo hacia otras tareas como el aprendizaje o la mejora personal.
  • Riesgo de tedio: Existe también el peligro inherente en que una rutina pueda volver a convertirse rápidamente en un hábito, lo cual nos lleva al riesgo del tedio y adicciones como las relacionadas con alcohol o comida.

La Ruta Alternativa: Equilibrando la Automorfismo y Personalización

En este momento insólito, en el que nos venimos inmersos repentinamente en confinamiento por motivos de salud pública global, es una oportunidad sin precedentes para replantear nuestras rutinas diarias. Establecer un equilibrio entre las costumbres establecidas y la personalización puede ser clave para gestionar eficientemente nuestras energías y evitar caos emocional.

Somos Capaces de Cambiar: La Actitud Esencial

La motivación nos permite comenzar, mientras que el hábito la mantiene. Con una actitud proactiva ante nuestros tiempos reclusivos y adoptando rutinas adaptadas a nuestras necesidades personales, podemos evitar caer en las trampas del tedio o depresión.

Consejos prácticos para la Ruta Alternativa

  • Introducción gradual: Lleva tiempo establecer nuevos hábitos, tomando en cuenta el estudio que indica un periodo de entre 15 y 254 días. Es fundamental darse crédito por los progresos pequeños.
  • Cuidado personal: Incluir rutinas eficientes para la higiene y el cuidado personal, lo que contribuye al bienestar emocional en medio del confín.
  • Actividad física intensa: Es esencial mantener una actividad física regular dentro de nuestras rutinas diarias para promover la salud mental y el bienestar corporal. Los ejercicios pueden ser sencillos, como caminatas al aire libre.
  • Mantenimiento del contacto: Fomenta mantener comunicación con seres queridos para no sentirse desconectados y por ello esencial para nuestra seguridad emocional. Las videollamadas pueden servir como alternativa viñeta.
  • Innovación: Para evitar la monotonía, combinar rutinas con aspectos de creatividad y innovación puede ser una estrategia clave para mantener un ritmo diario emocionante. La música clásica o el aprendizaje del idioma no hablado pueden formar parte.

Preguntas frecuentes

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COVID-19 Confinement Routine FAQs
026. ¿Cuánto tiempo generalmente se necesita para establecer un nuevo hábito? A: Un estudio sugiere que puede tomar entre 15 y 254 días, dependiendo de la frecuencia con la que lo hacemos correctamente.[br]

Pregunta: ¿Qué rutinas son esenciales para mantener el bienestar emocional durante el confín?
Respuesta: Rutinas eficientes en higiene personal y actividades físicas regulares, como caminatas al aire libre, juegan un papel crucial en el mantenimiento del bienestar emocional.[br]

Pregunta: ¿Cómo se puede evitar sentirse desconectado durante la cuarentena?
Respuesta: Mantener comunicación con seres queridos mediante videollamadas o llamadas telefónicas es fundamental para no sentirnos desconectados y por ende, esencial para nuestra seguridad emocional.[br]

Pregunta: ¿Qué actividades pueden ayudar a evitar la monotonía en el confín?
Respuesta: Combinar aspectos de rutina con creatividad y innovación puede ser una estrategia clave para mantener un ritmo diario emocionante. Actividades como escuchar música clásica o aprender idiomas no hablados pueden formar parte.



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Texto original (2020)

En medio del confinamiento por la pandemia COVID-19, exploramos cómo establecer rutinas puede ser tanto un aliado como enemigo. Este artículo examina si el equilibrio entre automorfismo y actividad personalizada es clave para manejar nuestras energías eficientemente sin caer en la monotonía o adicciones, ofreciendo estrategias para fortalecer nuestra resiliencia mental.

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Jamesteohart / Shutterstock

En este período insólito de confinamiento en el que nos vemos inmersos en la actualidad, no cabe duda de que tener la mente ocupada hace que el tiempo transcurra más rápido y nos aleja de estados de angustia, ansiedad o depresión. Son muchos los expertos que insisten en la importancia de establecer rutinas en la vida diaria que nos impidan estar ociosos y pensar demasiado en lo que nos rodea. Pero, ¿de verdad resulta tan beneficioso establecer rutinas?

Rutina es una palabra que proviene del francés, routine, que significa “costumbre o hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y de manera más o menos automática” (RAE, 2020). La rutina nos permite organizar nuestro tiempo de una forma práctica, automatizada.

Históricamente ha habido personas ilustres reconocidas por sus rutinas, como Nietzche, Karl Max o Emmanuel Kant. Este último era apodado “el reloj de Konigsbergh”, su localidad natal, y tenía por costumbre pasear todos los días a la misma hora, aprovechando los vecinos su paso por determinados lugares para poner en hora sus relojes.

Pues bien, con la COVID-19 acechando, nos hemos visto, de la noche a la mañana, obligados a recluirnos en nuestras casas. Hemos tenido que frenar en seco nuestra inercia cotidiana, para dar paso a una situación desconocida e insólita con repercusiones a nivel mundial. En este contexto, la rutina puede jugar el papel de aliado o de enemigo.

La rutina ahorra energía

Como aspectos positivos de la rutina, cabe destacar que nos permite alcanzar cierto nivel de orden y organizar nuestra vida, además de ganar tranquilidad, dormir mejor y obtener una mayor seguridad emocional. Por si fuera poco, la planificación reduce el estrés y la depresión, nos genera una estructura conocida y nos ayuda a movernos en nuestra “zona de confort”.

Por otro lado, la rutina nos ayuda a administrar mejor nuestro tiempo, de forma disciplinada, economizando esfuerzos. Funcionar con cierto nivel de automatismo, sin pensar, evita la sobrecarga cognitiva y nos ayuda a centrarnos mejor en nuevos aprendizajes y rutinas.

En ese sentido, podemos afirmar que con disciplina ahorramos energía mental, que podemos destinar al desarrollo de habilidades. Además, no hay que olvidar que las rutinas se transforman en costumbres, algo fundamental para mantener una actividad de manera prolongada en el tiempo.

Sin temor a equivocarnos, podemos aventurar que la repetición es la clave de la adquisición de hábitos. En un artículo que publicaba hace unos años la revista Personality and Social Psychology Bulletin, Wendy Woods y sus colegas de la University of Southern California (EE UU) aseguraban que el 40% del tiempo no pensamos en lo que hacemos: nos dejamos llevar por automatismos. Con la motivación suficiente, podemos modificar los hábitos. Aunque si estrujamos mucho la fuerza de voluntad y ésta flaquea, volveremos a caer fácilmente en esas rutinas grabadas a fuego.

Según Woods los estudios revelan que se puede tardar entre 15 y 254 días en convertir un comportamiento en hábito. Ahora que estamos confinados en casa, tenemos ante nosotros la oportunidad de adquirir hábitos saludables que en la vorágine de nuestras ajetreadas vidas nos costaba tanto establecer.

El riesgo del tedio y las adicciones

Como contrapartida, la rutina nos puede conducir a la monotonía, hacer que todos los días nos parezcan iguales, sin incentivos. Al final, corremos el riesgo de acabar perdiendo la chispa y aburriéndonos. Con el peligro que eso supone de caer en las garras de algunas adicciones peligrosas como el alcohol, las drogas, el juego o comer compulsivamente.

Para no llegar a este punto, hay que asegurarse que no decae nuestro ánimo. Pensar excesivamente en la situación generada por la pandemia puede derivando en un estado de ansiedad o depresión, que nos vuelve más vulnerables.

Cuestión de actitud

Está claro que tenemos la oportunidad de sacar provecho de la rutina, sobre todo si la aplicamos correctamente a nuestros horarios, higiene y cuidado personal. También podemos mejorar nuestra autoestima y avivar nuestra esperanza pensando en que todo esto pasará (que lo hará). Incluso aprovechar las circunstancias para ordenar algunos aspectos de nuestra vida, mantener el contacto con nuestros seres queridos, mantener una actividad física intensa y realizar actividades en común.

En cierto modo, tenemos ante nosotros una oportunidad única que no deberíamos dejar pasar. No hay que olvidar que las circunstancias no se eligen, pero sí la actitud que tenemos ante ellas.

El atleta norteamericano Jim Ryun decía que “la motivación nos ayuda a comenzar y el hábito a continuar”. Comencemos, pues, a planificar y poner en práctica rutinas que nos permitan seguir un ritmo diario. Eso sí, para evitar la monotonía no queda otra que combinarlas con cierta dosis de creatividad e innovación en otros aspectos de nuestro día a día.

The Conversation

Fernando Díez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Fernando Díez, Profesor doctor Facultad de Psicología y Educación, Universidad de Deusto