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Sobre el exilio, desde el exilio

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2013. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

La precariedad y el exilio: un inminente destino para muchas personas de habla hispana

“Una ha pasado los últimos años sabiendo que esto podía pasar, viendo como amigos, conocidas y primos se iban, recibiendo mails contando que las condiciones fuera no son necesariamente mejores.” Las experiencias de precariedad e inseguridad laboral han llevado a numerosas personas de habla hispana en un viaje doloroso donde la posibilidad del exilio se ha vuelto una realidad difícilmente solventable. En este artículo, examinamos cómo los cargos que ya formaban parte de las élites económicas les han narrado como el exilio es una elección individual y en lugar de un paso obligatorio y colectivo.

“Una sabe que quien da lecciones sobre el tema de esa forma despreocupada nunca ha tenido que preocuparse por cuánto gastar la matrícula universitaria, jamás pagó horas extra ni temió caer un ERE en su familia.” A pesar del dolor y la inseguridad cotidiana experimentada tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales, esta realidad a menudo desconocida para quienes viven adentro ha dado forma política. Estos individuos toman decisiones basadas en políticas que obligan a generaciones enteras a decidir entre resignarse ante la precariedad como una manera de vida o embarcarse sin garantía en el exilio.

  • “Una se va enterando de que el mito sobre el exilio de oro que nos habían contado no coincide con la realidad.” La percepción del “exilio dorado” difiere drásticamente con los horrores vividos. Los países que parecían ofrecer oportunidades han estado fundados en contratos a tiempo parcial sin seguridad laboral, salarios subhumanos y un futuro incierto.
  • “Una sabe que no es lo que nadie ha soñado nunca.” La tarea de emigrar como mano de obra poco cualificada e barata a ningún lado más parece imposible cuando, en la realidad, esa era su única opción.
  • “Una sabe que hacer la maleta con prisa para trabajar es lo contrario al sueño.” La infravaloración de los estudios y experiencias laborales pasadas debido a la falta del valor económico, se convierte en un desencanto.
  • “Que el ‘arréglate como puedas’ es para todos menos algunos pocos,” quienes trabajan fuera siempre por opción limitada de otros empleos disponibles.” La construcción ha sido una fuente sustancial del trabajo cualificado, pero la industria mira hacia las fronteras.
  • “Una tiene miedo que el exilio tampoco sea temporal.” Esta inseguridad permanente y no controlada es un temor constante en los migrantes asentados por años o décadas, sin una esperanza clara de regresar a su país natal.

“Una mira alrededor y va comprobando que lo que antes eran historias se convierten en realidades.” La falta del progreso hacia la mejora económica, el empleo digno o una vida estable continúa como un elemento definitorio de los días a venir.

  • “Que no hay derechos ni dignidad en esa situación.” Las personas que viven fuera y carecen del apoyo social, la seguridad laboral o incluso el acceso legal al trabajo parecen ser un destino para los exiliados.

Preguntas frecuentes

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Q1: ¿Cómo se ha influido políticamente en las personas de habla hispana la percepción del ‘exilio dorado’?
A1: A pesar del dolor y inseguridad cotidiana, los individuos toman decisiones basadas en políticas que obligan a generaciones enteras a decidir entre resignarse ante la precariedad como una manera de vida o embarcarse sin garantía en el exilio.

Q2: ¿Qué realidad se encuentra con contratos por tiempo parcial y bajos salarios?
A2: Los países que parecían ofrecer oportunidades han estado fundados en contratos a tiempo parcial sin seguridad laboral, salarios subhumanos y un futuro incierto.

Q3: ¿Cómo afecta la falta de valor económico en los estudios pasados e hijas?
A3: La infravaloración del trabajo cualificado y experiencias laborales past debido a bajos valores, se convierte en un desencanto para las familias.

Q4: ¿Cuál es el impacto de la industria trasera sobre los trabajadores calificados?
A4: La construcción ha sido una fuente sustancial del trabajo cualificado, pero la industria mira hacia las fronteras.

Q5: ¿Cómo se percibe el futuro de los exiliados en términos de permanencia o regresión?
A5: El temor a que el exilio no sea solo temporal es constante y no controlado para muchos migrantes asentados por años.

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Texto original (2013)

En este artículo se examina cómo la precariedad y el exilio han convertido a muchas personas de habla hispana en una realidad dolorosa que difícilmente puede ser solventada. ARTÍCULO COMPLETO: “”” Una pasa los últimos años sabiendo que esto podía pasar, viendo como amigos, conocidas y primos se van, recibiendo mails contando que las condiciones fuera no son necesariamente mejores , temiendo pasar el próximo cumpleaños en una ciudad lejos de la familia y los amigos.

Una ha pasado los últimos años sabiendo que esto podía pasar, viendo como amigos, conocidas y primos se iban, recibiendo mails contando que las condiciones fuera no son necesariamente mejores, temiendo pasar el próximo cumpleaños en una ciudad lejos de la familia y los amigos.

Una escucha, a la vez, cómo cargos públicos que ya formaban parte de la élite económica antes de serlo, narran las bondades de exiliarse, de buscarse la vida fuera, como si en vez de un paso en el mayor de los casos obligado y colectivo fuera una decisión individual. Una sabe que quien da lecciones sobre el tema de esa forma despreocupada nunca ha tenido que preocuparse por cómo hacer para pagar la matrícula de la universidad, nunca ha cobrado por horas, nunca ha tenido miedo de que caiga un ERE en alguien de la familia, nunca ha temido no poder independizarse jamás. Y sin embargo, son esas personas, absolutas desconocedoras de cómo vive cotidianamente la mayor parte del país, las que deciden las políticas que obligan a una generación entera a plantearse la disyuntiva entre aceptar la precariedad como forma de vida – institucionalizada y generalizada en veinte años de erosión de los derechos laborales y sociales- o saltar al vacío y probar una suerte nunca asegurada.

Una se va enterando de que el mito sobre el exilio de oro que nos han contado se corresponde muy poco con la realidad. Que la precariedad de la que huimos existe también fuera de nuestras fronteras, que los “milagros económicos” de algunos países del continente se fundan, entre otras cosas, en millones de contratos a tiempo parcial sin cobertura, salarios de miseria e incertidumbre permanente.

Una sabe que hacer la maleta con prisas para trabajar como mano de obra no cualificada y barata no es lo que nadie ha soñado nunca. Que no se ha pasado una años estudiando mucho para después no poder ser útil porque el modelo productivo se basa en la burbuja inmobiliaria y la especulación. Que los que antes trabajaban en la construcción también se van si pueden al exilio –porque el “arréglatelas como puedas” es para todos los de abajo, y sólo se libran unos pocos- y que tampoco han soñado nunca con ser mozos en un almacén en medio de la nada en un país desconocido.

Una mira alrededor y va comprobando que eso que le habían contado toda la vida –que los contratos en prácticas, la imposibilidad de ejercer tus derechos o los sueldos de 300 euros eran un tránsito temporal- es, básicamente, una gran mentira. Que la crisis y la precariedad se alargan sine die y pueden convertirse en elementos definitorios de nuestras vidas. Que una puede hasta acostumbrarse y aceptarlo, porque ya no es la excepción sino la regla, porque lo excepcional es conocer a alguien que tenga un trabajo relacionado con sus estudios y con unas condiciones dignas. Haz la prueba: ¿a cuántas personas conoces en esa situación?

Una tiene miedo de que el exilio tampoco sea temporal. O de que haya que cambiar de destino, también sin elegirlo la próxima vez. Porque nada parece indicar que los que gobiernan, cómplices de los poderosos, tengan intención de contener la sangría de paro, precariedad y exilio; entre otras cosas, porque el miedo a qué va a suceder al día siguiente es una poderosa herramienta para contener la protesta y la organización.

Una, en el exilio, tiene cada vez más claro que nadie debe acostumbrarse al miedo: al exilio obligado, a la precariedad, a la incertidumbre. Que sin derechos y sin dignidad el futuro es tan triste como estar fuera de casa cuando lo que quieres es, únicamente, estar en tu casa.