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Sobre el #TwitterBlackout del 28E y la solidaridad. Reflexión

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2012. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

El Debate Sobre la Eficacia del Blackout de Twitter

Se examina el debate generado tras el primer Blackout de Twitter, explorando las motivaciones detrás del evento y los argumentos presentes en ambos lados. Se presenta también una perspectiva personal sobre la participación individual.

La polémica involucra tensiones entre la libertad de expresión en línea y el control mediático, así como reflexiones sobre la solidaridad colectiva frente a cambios percibidos en los derechos digitales. Se menciona que personas participan con sus propias motivaciones personales o políticas.

La discusión abarca la importancia de Twitter como una herramienta comunicación que permite compartir ideas y organizarse socialmente. Se menciona cómo ha habido gobiernos parados acordes a demandas políticas utilizando el medio.

Se hace referencia al contexto histórico, citando el cierre de Megaupload para subrayar cómo políticas que se presentan públicamente como antipiratería pueden tener otros fines ocultos. Se señala una tendencia a la reducción generalizada de derechos y leyes restrictivas.

La postura personal indica que aunque puede haber razones para desacreditar las justificaciones del #TwitterBlackout, se ha lanzado un mensaje significativo a través de esta acción colectiva. La dinámica democrática y el sentido común surgen como principios importantes.

Preguntas frecuentes

Q1: ¿Por qué participaron en el #TwitterBlackout?**A1: Se presentó como una acción para expresar disconformidad con ciertas acciones o políticas del servicio, simbólicamente respondiendo a sugerencias sobre cambios que podrían afectar la libertad de expresión en línea.**

Q2: ¿Cuáles son algunas razones para el Blackout?**A2: Se mencionaron motivos infantiles y opciones simples como eliminar perfiles individualmente, sin buscar soluciones colectivas a problemas más amplios del servicio.**

Q3: ¿Cómo se relaciona Twitter con la organización social?**A3: Se subraya su papel como una herramienta para compartir ideas y organizarse, mencionando que algunos gobiernos han utilizado el medio para acordar demandas políticas.**

Q4: ¿Qué se hace en respuesta a medidas legislativas potencialmente represivas?**A4: Algunos argumentan la necesidad de responder rápidamente ante sugerencias sobre cambios que permitirían el control mediático y actuar simbólicamente para defenderse contra tales acciones.**

Q5: ¿Cuál es el contexto histórico relacionado con las medidas del Blackout?**A5: Se hace referencia al cierre de Megaupload como un ejemplo, destacando cómo políticas presentadas públicamente contra piratería pueden tener otros fines ocultos y señalar una tendencia a la reducción generalizada de derechos.**

Q6: ¿Qué se reconoce en cuanto al apoyo colectivo?**A6: Se hace énfasis en el reconocimiento del respeto mutuo y solidaridad, incluso cuando no afecta personalmente al individuo que participa.

Q7: ¿Cuál es la postura personal hacia las protestas colectivas como Blackouts?**A7: Expresa dudas sobre si apoyar tales protestas siempre sería lo adecuado, reconociendo el complejo equilibrio entre acciones individuales frente a preocupaciones colectivas y políticas públicas.


Texto original (2012)

En este artículo se examina la polémica generada tras el primer Blackout de Twitter, explorando las motivaciones detrás del evento y los argumentos presentes en ambos lados del debate. Se recoge también una perspectiva personal sobre su participación en dicho blackout. La discusión destaca tensiones entre la libertad de expresión online y el control mediático, así como reflexiones sobre la solidaridad colectiva frente a cambios percibidos en los derechos digitales. —

Tras la primer protesta contra Twitter se ha originado un interesante debate sobre la efectividad o no de la medida o si acaso es no preocupante la censura de esta red social. Estaremos publicando opiniones al respecto en este caso la que ha publicado @Raskoinistan sobre sus motivos para participar en la protesta


Publicado originalmente en El Blog de Raskólnikov

El viernes 27 de enero debatían en Twitter aquellos que pensaban que lo mejor era hacer un #TwitterBlackout, una huelga de uso de este servicio que presta una empresa privada, el sábado 28 de enero. Ese sábado debaten los que consideran que no hay suficientes motivos para hacerlo, que se está creando miedo sin fundamento alguno. Cada uno da sus razones, cada uno argumenta sus cosas, todas respetables.
 

Yo he participado en este #TwitterBlackout, y no hace falta entrar en Twitter para saber qué opinan quienes critican a los que lo han hecho. La relevancia de este medio es tal que cualquiera puede ver reflejados los comentarios en Blogs, páginas digitales de periódicos, etc. He leído comentarios infantiles, como aquellos que decían que si la gente estaba disgustada con el servicio, que eliminara su perfil y solucionado. Bien, es como si un trabajador se disgusta con su jefe y, sencillamente, la solución es no volver a acudir a su puesto de trabajo. Brillante reflexión esta de @xaviconde.

Twitter es una herramienta de comunicación que sirve para compartir ideas, para descubrir nuevas, para debatir, para organizar. Su peso en los medios tradicionales es obvio. Hay gobiernos que, a día de hoy, han parado medidas acordadas aludiendo a la presión ejercida en Twitter. Por eso, ante la más mínima sugerencia sobre cambios en las políticas de control de lo que libremente escriben sus usuarios, hay que reaccionar antes de que sea demasiado tarde. Porque, además, no todos escribimos desde España, o desde países donde se supone que estas libertades están más o menos garantizadas. Muchos hemos seguido la Guerra de Libia, por ejemplo, no solo a través de lo que los medios tradicionales contaban, sino a través también de lo que ciudadanos de las urbes en conflicto contaban sobre su día a día.

No voy a debatir sobre los motivos del NO. Repito, los respeto. Tal vez tengan razón. Pero defiendo que era la respuesta adecuada a una sugerencia de cambio de control que cede a los Gobiernos la posibilidad de controlar los contenidos en base a sus propias leyes. Porque, más allá del hecho simbólico, está el contexto. Y el contexto es el cierre de Megaupload, es la aprobación de leyes que dicen combatir la Piratería pero que esconden otras muchas cosas, porque no solo buscan favorecer los beneficios de grandes discográficas o productoras. El contexto es una reducción de derechos generalizada, una marcha atrás a la que asistimos insólitamente pacíficos.

He visto también que los amigos de @acampadasol tampoco creyeron necesario ese día sin Twitter. Están en su derecho, porque querían publicitar sus Asambleas. Tal vez esto sí me moleste. Son ya muchas las veces que anteponen lo suyo a lo de los demás. No hablo solo de las víctimas que yacen en las cunetas o de la Guerra de Libia. Eso que querían que fuese de todos (el 15M) es cada vez más suyo. Ellos sabrán.

Pero también hay otra cosa. Se llama solidaridad. Es esa extraña cualidad que permite a uno participar en algo que perjudica a otros aunque no a sí mismo. Es eso que lleva a apoyar o defender una Huelga a pesar de que por sus circunstancias personales, las reformas que llevan a ella no le afecten. Es unirse, hacer algo colectivo como protesta ante algo que, vaya o no a ocurrir, es solo el reflejo de una cadencia de pérdida de derechos. 

Hay veces que uno va al cine a ver una película o de vacaciones a un lugar porque acepta lo que sus amigos quieren ver, aunque no le motive, aunque no crea en ello, aunque piense que es un error. Se llama sentido colectivo y tiene un marcado carácter democrático. Tal vez los que hemos apoyado este #TwitterBlackout, nos equivocamos. Tal vez no. Pero se ha lanzado un mensaje, y eso es lo que importa.

En definitiva, lo más curioso de todo es que, cuando las propuestas no vienen de grandes corporaciones, las rebatimos hasta la saciedad, problematizamos de la A a la Z. Pero cuando una empresa de comunicación nos vende un producto que nos interesa (por ejemplo, la Sexta con sus programas para indignados) corremos a hacerles el negocio en Twitter cuando sabemos, o deberíamos saber, que a ellos lo único que les interesa es rentabilizar en audiencia y relevancia su producto. Y ese sí que lo consumimos con gusto.

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