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Tecnología y COVID-19: salud frente a libertades civiles

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Analisis de las Tecnologías en el Control Gripovirus

El artículo analiza cómo se emplean tecnologías como Internet of Things (IoT) y aplicaciones móviles para rastrear la transmisión del coronavirus, poniendo de relieve su uso en diversas naciones.

Avances Tecnológicos

  • Un dispositivo que se coloca en la garganta registra los cambios en las respiraciones para detectar infección antes de aparecen síntomas gracias a inteligencia artificial.
  • El Instituto Robert Koch ha desarrollado una aplicación conectada a pulseras fitness que recoge datos alterados debido al problema respiratorio, identificando signos inusuales y trazando mapas de propagación del virus.
  • Vodafone en el Reino Unido implementa cámaras térmicas para medir la temperatura y ayudar a las empresas durante la reapertura post-crisis sanitaria, teniendo como objetivo mantener seguridad.
  • Apple y Google han iniciado el despliegue de una aplicación en varios países que permite rastrear los contactos pasados con un individuo infectado para notificaciones relacionadas con la exposición al virus.

Equilibrio entre Seguridad y Privacidad

El debate sobre el uso de estos dispositivos ha aumentado las preocupaciones por una mayor vigilancia, dudando del anonimato real de los datos personales.

  • En Asia menciona China y Corea del Sur como ejemplos donde se utilizan datos sensibles a través de telecomunicaciones para seguimiento e identificación potencial de contagios. Esto ha desembocado en discusiones sobre la privacidad.
  • En Europa, soluciones que usan anonimizado y agregados datos son menesteras pero menos poderosas epidemiológicamente; el debate se abre sobre cómo equilibra la vigilancia con los derechos de privacidad civiles.
  • La Comisión Europea trabaja en directrices para uso masivo del rastreo, promoviendo consentimiento informado y buscando un balance entre seguridad pública e intervención personal. Los grupos activistas están vigilando contra cesiones de derechos.

Consecuencias Post-Crisis Sanitaria
  • La preocupación por el reuso indebido, ciberseguridad y posibles abusos en relación con los datos tras la crisis sanitaria.
  • Se menciona que las aplicaciones deben ser diseñadas para garantizar seguridad desde sus inicios. La convergencia tecnológica ha llevado a una pérdida de intimidad y privacidad, lo cual podría persistir como resultado.

Uso Indecente por Entidades Criminales

La posibilidad de que los datos caigan en manos malintencionadas es un riesgo asociado con las herramientas utilizadas para el rastreo.

  • Los dispositivos IoT y aplicaciones requieren protocolos robustos contra ciberataques, algo que los proyectos como Erasmus+ IoT Nuggets buscan abordar desde una perspectiva holística. Es vital en el desarrollo de tecnología para combatir la pandemia.

Ejemplo del Mundo Real: Contagio

La película “Contagio” es citada como un ejemplo disuasorio por su temprano apunte a lo que parece ser una realidad creciente entre ficción y la vida cotidiana.

Preguntas frecuentes


Texto original (2020)

Este artículo analiza cómo las tecnologías de Internet de las Cosas (IoT) y aplicaciones móviles están siendo empleadas en diversas naciones para rastrear la transmisión del coronavirus, destacando casos como China y el Reino Unido. Se exploran tanto los avances tecnol&oacuteogicos, tales como dispositivos de sondeo tafonocos que detectan cambios en las respiraciones antes de los síntomas aparecen, como también aplicaciones asociadas a pacientes fitness para monitorear signos inesperados. Además, se discute el equilibrio entre la seguridad pública y privacidad individualizada ante tales tecnologías en Europa, así como las preocupaciones sobre reutilización de datos post-crisis sanitaria y ciberseguridad. Finalmente, se examina la posibilidad del uso indebido de estos datos por parte de entidades criminales debido a fallas en seguridad o limitaciones tecnológicas, destacando el papel del proyecto Erasmus+ IoT Nuggets en abordar estas cuestiones desde una perspectiva hol&acutica.

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Unsplash/Matthew Henry, CC BY-SA

Pocas veces ha sido tan evidente el parecido entre ficción y realidad como en el caso de la película Contagio, que ha resultado ser inquietantemente profética. Una de las diferencias entre nuestra realidad y la película es la disponibilidad de tecnologías que están demostrando ser críticas para combatir el coronavirus.

Como la peste negra o la gripe española, la COVID-19 ha puesto de manifiesto la fragilidad humana en un mundo interconectado. Nuestro único respiro es que estamos mejor equipados para responder ante una pandemia.

China fue el primer banco de pruebas del uso intensivo de tecnología para salvar vidas, y muchos países afectados la han seguido.

Internet de las cosas (IoT) se ha convertido en una tecnología clave en la lucha contra la pandemia. El despliegue de un ingente número de dispositivos conectados (más de 14 000 millones según Gartner) ha creado un fantástico ejército para identificar precozmente infecciones y trazar la cadena de contagio. Los ejemplos son innumerables.

Existe un parche del tamaño de un sello que, pegado en la garganta, registra la frecuencia y el sonido de la respiración. Con esa información detecta la infección antes de que aparezcan síntomas gracia a la inteligencia artificial.

El Instituto Robert Koch ha desarrollado una app que conecta con pulseras fitness y recaba datos como el pulso, el sueño o los niveles de actividad. A partir de estos datos, que se alteran en caso de problemas respiratorios, detecta signos de infección y traza mapas de propagación.

Vodafone ha desplegado en el Reino Unido cámaras térmicas para medir la temperatura de los empleados. Con ellas espera ayudar a las empresas a reabrir y preservar la seguridad de sus empleados.

Apple y Google han comenzado a distribuir a más de 22 países el acceso a su aplicación, denominada “notificación de exposición”. Se trata de una app que permite rastrear las personas que han estado en contacto con un contagiado por COVID-19 en las últimas dos semanas.

En todo caso, conviene limitar las expectativas puestas en estas aplicaciones. La eficacia de estas tecnologías está en entredicho, como se desprende del reciente repunte de contagios en Singapur, que era uno de los modelos a seguir.

Privacidad frente a seguridad

El uso de los datos para rastrear el virus ha disparado los temores ante una vigilancia creciente e interrogantes sobre cómo podrían utilizarse los datos una vez terminada la crisis y si esos conjuntos de datos son verdaderamente anónimos, o al menos, se anonimizan en su explotación.

En China, Corea del Sur y Singapur las aplicaciones usan datos sensibles, por muy controvertido que sea. En estos países, las empresas de telecomunicaciones han proporcionado datos sobre personas infectadas. Con ellos se ha alertado de los movimientos de personas potencialmente contagiosas y se ha aislado a quienes han estado en contacto con ellas.

En comparación, las soluciones que utilizan datos anonimizados y agregados, como las que se están desplegando en Europa, son menos poderosas desde el punto de vista epidemiológico.

A medida que los gobiernos europeos establezcan planes para levantar el confinamiento, el debate sobre el uso de estos datos podría ser precursor de un debate más amplio sobre libertades civiles y vigilancia. La estrategia para reabrir la economía antes de que se desarrolle una vacuna podría incluir la vigilancia de los contactos de las personas infectadas. Y ello llevará a que nos planteemos cuestiones sobre el grado de restricción de la privacidad que cada sociedad está dispuesta a aceptar.

Más que nunca, se abre el debate de encontrar formas de compartir de forma segura los datos de salud. También de encontrar un difícil equilibrio entre el uso de tecnología para abordar crisis sanitarias, la protección de la privacidad, y el uso de esos datos con fines discriminatorios o comerciales. Y, todo ello, sin olvidar los riesgos de ciberseguridad.

En Europa, empresas y gobiernos insisten que la información utilizada es anónima y agregada. Sin embargo, estas afirmaciones no han calmado la preocupación de que los derechos de privacidad puedan ser dejados de lado mientras los gobiernos tratan de utilizar herramientas de vigilancia masiva para combatir el virus.

Los grupos activistas de privacidad de datos advierten del riesgo de cesión de derechos en un momento de pánico mundial y la necesidad de garantías de los gobiernos de que los datos no serán reutilizados tan pronto como la salud de las personas esté garantizada.

Por otro lado, algunos investigadores no están convencidos de que esos conjuntos de datos sean completamente anónimos. Un estudio del Imperial College reveló que es posible volver a identificar al 99,98 % de las personas con sólo 15 características demográficas.

Los gobiernos y los reguladores deben encontrar un equilibrio entre la privacidad y el interés público. La AEPD ha publicado un análisis sobre estos usos de tecnología. La Comisión Europea está trabajando en las directrices sobre el uso de aplicaciones de rastreo. Vera Jourova, vicepresidenta de valores y transparencia, dice que los ciudadanos deben poder dar un consentimiento informado.

Todo este debate puede encenderse aún más si se tiene en cuenta la posibilidad de que estos datos caigan en manos de cibercriminales por defectos o limitaciones en las medidas de seguridad de estos dispositivos.

Muchas iniciativas promovidas en Europa, como el proyecto Erasmus+ IoT Nuggets, abordan la seguridad y privacidad en el desarrollo de dispositivos IoT y apps relacionadas. Independientemente del acuerdo social del que Europa decida dotarse, la tecnología deberá estar concebida para ser segura.

La pandemia no ha hecho sino exacerbar un fenómeno, la perdida de intimidad y privacidad, que un mundo lleno de objetos conectados lleva aparejado. Veremos en los próximos años cómo se consigue este delicado equilibrio.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: José Luis del Val Roman, Catedrático de la Facultad de Ingeniería, Universidad de Deusto