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“The Revenant”… o la búsqueda de la verdad

Cuando te lo han quitado todo, ya no importa recorrer miles de kilómetros en un peregrinaje hostil para dar con quien te lo ha arrebatado. Si ya estás muerto en vida, ¿qué más da seguir coqueteando con la muerte?

Por Mun.

Con “The Revenant”, Alejandro González Iñarritu ha filmado y firmado una joya cinematográfica con un actor comprometido hasta la médula, Leonardo DiCaprio, tan injustamente ninguneado por la Academia de Hollywood. Un actor que se ha dejado la piel en los dos sentidos (magistral la escena del ataque del oso). Y como dice el cineasta que le ha dirigido, se trata aquí de “entregarlo todo para encontrarlo después”. El filme es una adaptación de una novela de Michael Punke basada a su vez en un hecho real.

El director mexicano ha mencionado en una entrevista con EFE que no quería realizar una película al uso, sino más bien una especie de sueño. Por eso utiliza flash backs de apoyo emocional, imágenes oníricas con chamán incluido y largos planos secuencia (como hizo en “Birdman”). Una historia repleta de simbolismos, como el del ojo del venado que aparece de manera recurrente a lo largo de la cinta. Sería el ojo del destino, el de la protección espiritual, que va a acompañar al explorador Hugh Glass (DiCaprio) que resulta gravemente herido por un grizzly y es abandonado en lo más profundo de un bosque nevado de América por el Judas de su equipo, John Fitzgerald (Tom Hardy).

 

Rodada en su totalidad con luz natural en las Rocosas canadienses y en la Patagonia argentina, esta producción deslumbra en cada secuencia, muchas de de las cuales nos deleitan con la inmensa y conmovedora belleza de la Madre naturaleza.

 

Con escasos diálogos, el filme posee una fuerza brutal en cada plano, en la inmensidad de esos paisajes desangelados y en la voluntad que esgrime el protagonista, implacable en su afán de encontrar al traidor que se lo quitó todo.

 

“The Revenant”, que se estrena el 8 de enero en México, resulta tan desoladora como hermosa. Y desolador sería que la Academia le negara, de nuevo, un tan merecido Oscar a ese actor que prefirió que se salvara Kate Winslet después del hundimiento del Titanic.