Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
Consecuencias psicológicas del terremoto y tsunami en Chile
Este artículo examina las consecuencias psicosociales experimentadas por el terremoto y el posterior tsunami que azotaron a Chile en febrero de 2010. A través de una encuesta, se identifican dos distintas respuestas individuales ante la traumática experiencia: aquellos cuyos síntomas persistieron con estrategias evitativas e inculpacionales y otro grupo que encontró un acierto personal psicológico en el desafío.
Los estudios previos sugieren una correlación entre tendencias de pensamiento constructivo/destructivo y resultados emocionales después del trauma, enfatizando la importancia de mentalidades afrontantes ante crisis grandes.
La pandemia global por el virus COVID-19 introduce una nueva dinámica en este contexto dado su amenaza permanente e universaliza métodos para luchar contra trauma poten0entially existencial desde abajo del planeta. Este estudio reflexiona sobre el potencial de cambio positivo individual y comunitario, la importancia de emociones colectivas saludables durante eventos extremos y invita a buscar nuevas maneras para forjar caminos hacia un futuro más prometedor.
Autoría e historia del artículo
El estudio fue realizado por Carmelo Vazquez, profesor catedrático de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid con fondos del Ministerio de Ciencia para proyectos competitivos. El trabajo se publicó en The Conversation (Creative Commons).
Preguntas frecuentes
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¿Quién realizó el estudio sobre las consecuencias psicológicas?
El estudio fue realizado por Carmelo Vazquez.
En qué contexto se publicó este artículo y dónde puede encontrarse la fuente completa del mismo?
Este artículo examina las consecuencias psicosociales después de un terremoto y tsunami que azotaron a Chile en febrero de 2010, publicado por The Conversation (Creative Commons).
¿Qué hallazgos se obtuvieron del estudio sobre las respuestas individuales al terremoto y tsunami?
El estudio identificó dos distintas respuestas: aquellos con estrategias evitativas e inculpacionales y otro grupo que encontró un acierto personal psicológico en el desafío.
¿Cuál fue la importancia del mentalismo de los individuos según este estudio?
La encuesta sugiere una correlación entre tendencias constructivas/destructivas y resultados emocionales, destacando la importancia de un pensamiento afrontador ante crisis grandes.
¿Qué se plantea este estudio acerca del trauma en el contexto global como consecuencia del COVID-19?
Este estudio reflexiona sobre el potencial de cambio positivo individual y comunitario, la importancia de emociones colectivas saludables durante eventos extremos e invita a buscar nuevas maneras para forjar caminos hacia un futuro más prometedor.
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Texto original (2020)
Este artículo examina las consecueniones psicosociales del terremoto y tsunami que azotaron a Chile en febrero de 2010. A través de una encuesta, se identifican dos distintas respuestas individuales ante el trauma: aquellos cuyos síntomas persistieron con estrategias evitativas e inculpacionales y otro grupo que encontró un acierto personal psicológico en la adversidad. Estudios previos sugieren una correlación entre tendencias de pensamiento constructivo/destructivo y resultados emocionales posteriores al trauma, enfatizando el papel crucial que tiene la mentalidad afrentante ante grandes crisis. La pandemia global por coronavirus introduce una nueva dinámica en este contexto dado su amenaza permanente y universaliza métodos de lucha contra el trauma potencialmente existencial desde abajo del planeta. Este estudio reflexiona sobre el potencial de cambio positivo individual y comunitario, la importancia de emociones colectivas saludables durante eventos adversos extremos e invita a buscar nuevas maneras de forjar caminos hacia un futuro más prometedor. El artículo se publica en The Conversation (Creative Commons) y fue realizado por Carmelo Vazquez, profesor catedrático de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid con fondos del Ministerio de Ciencia para proyectos competitivos.
Este artículo analiza las consecuenzen psicosociales del terremoto y tsunami que azotaron a Chile en febrero de 2010. A través de una encuesta, se identifican dos distintas respuestas individuales ante el trauma: aquellos cuyos síntomas persistieron con estrategias evitativas e inculpacionales y otro grupo que encontró un acierto personal psicológico en la adversidad. Estudios previos sugieren una correlación entre tendencias de pensamiento constructivo/destructivas y resultados emocionales posteriores al trauma, evidenciando el papel crucial que tiene la mentalidad afrontante ante grandes crisis. La pandemia global por coronavirus introduce una nueva dinámica en este contexto, dado que su amenaza permanente y universaliza métodos de lucha contra el trauma potencialmente existencial desde abajo del planeta. La evolución cient&iectiva ha permitido entender mejor la resiliencia colectiva ante crisis, así como las posibilidades para un crecimiento personal y social post-catastréfico que han surgido en momentos anteriores. El artigo reflexiona sobre el potencial de cambio positivo individual y comunitario, la importancia de emociones colectivas saludables durante eventos adversos extremos, e invita a buscar nuevas maneras de forjar caminos hacia un futuro más prometedor. Este estudio se ha publicado en The Conversation (Creative Commons) y fue realizado por Carmelo Vazquez, profesor catedrático de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid con fondos del Ministerio de Ciencia para proyectos competitivos.

Un tranquilo sábado, 27 de Febrero de 2010, un terremoto seguido de un tsunami devastador arrasó una buena parte del sur de la casi interminable costa chilena. Más de dos millones de personas (el 10% de la población total) quedó directamente afectada por este suceso que apenas duró 4 minutos. Rápido y letal. ¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de sucesos inesperados de esta naturaleza?
El caso de Chile puede ser ejemplar para obtener algunas respuestas científicas a esa pregunta. En un estudio, que publicamos en 2015, entrevistamos a centenares de personas afectadas por la tragedia varios meses más tarde. Nos encontramos con dos claras trayectorias en los supervivientes.
Por un lado, había personas con síntomas persistentes de estrés postraumático (pesadillas, imágenes y pensamientos intruso, o conductas evitativas). Pero también había otro grupo de individuos que sentían que, a pesar de las dificultades, el suceso les había permitido de algún modo crecer psicológicamente (sentirse más eficaces, más cercanos a los demás, o apreciar más la vida).
Lo más revelador fue identificar que ambas trayectorias estaban ligadas a dos tipos opuestos de mentalidades (mindsets): hacerse preguntas de reproche o de inculpación de difícil respuesta (por ejemplo “¿por qué me ha pasado esto?, “¿por qué hemos sido castigados así?”) predecía una trayectoria mantenida de síntomas. Por el contrario, hacerse preguntas más constructivas (“¿qué puedo hacer para reconstruir mi casa?”, “¿cómo puedo ayudar a mis hijos en estas circunstancias”?) predecía menor malestar psicológico y una sensación de crecimiento personal.
No cabe duda de que las ayudas materiales y económicas, así como el acceso a recursos sanitarios y educativos, también resultan cruciales para reducir los efectos psicológicos negativos en la población. Pero esos efectos forman parte de un entramado complejo en el que intervienen planos muy diversos, incluyendo el de la mentalidad con que se afronta una gran crisis.
¿Es evitable el trauma psicológico?
Vivir experiencias traumáticas no es determinante del derrumbe psicológico. Los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, y sus secuelas en otros países, inauguraron una serie novedosa de estudios epidemiológicos sobre los efectos de amenazas en la salud mental de la población general. Desde entonces hemos aprendido bastantes cosas potencialmente aplicables a la situación de la pandemia actual.
Entre otras cosas se confirmó que, en las semanas y meses siguientes a los ataques, no hubo ninguna epidemia de trastornos de estrés postraumático ni en Nueva York ni en Madrid tras el 11M de 2004. Más bien el patrón general en la población fue de resiliencia.
Sin embargo hemos de reconocer que la pandemia actual es diferente y puede que los escenarios y consecuencias que va a generar serán muy diferentes. Sobre todo porque el virus no es un suceso episódico, como sí lo son un terremoto, un tiroteo, o un ataque terrorista. La amenaza del virus permanece en el tiempo. Y nadie puede ponerse totalmente a resguardo.
¿Es posible el crecimiento personal y colectivo?
¿Cómo reaccionaremos individual o colectivamente? Mirar hacia atrás, con la salvedad de las diferencias en el tipo de amenaza que hemos vivido, puede ser útil para encontrar una respuesta.
La situación de Europa inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial dejó rescoldos inimaginables de sufrimiento, pérdidas materiales, y rencores nacionales. De ese panorama surgieron instituciones políticas que han dado cobertura al mayor periodo prolongado de prosperidad, riqueza, y paz entre enemigos aparentemente irreconciliables.
Si institucional y colectivamente es factible que ocurran cambios positivos a medio o largo plazo, en lo personal puede suceder lo mismo. La investigación acumulada durante años revela que las experiencias de crecimiento personal tras experiencias traumáticas aparecen en más de la mitad de quienes las han padecido. No se trata por lo tanto de algo anecdótico ni trivial.
¿Sucederá lo mismo esta vez? Esta pandemia abre escenarios inexplorados científicamente en todos los ámbitos. Es muy probable que una mayoría de personas se sientan mejores en muchos aspectos (quizás, por ejemplo, más capaces de cuidar y dar afecto, o con mayor sensación de pertenencia a la comunidad). Pero también es plausible que esa percepción mejorada de uno mismo sea más difícil de alcanzar en quienes experimenten una combinación de consecuencias extraordinariamente graves (duelos complicados, pérdidas de trabajo, secuelas físicas, etc.).
Emociones positivas colectivas para crecer
En estos días de duro confinamiento estamos viviendo, en prácticamente todos los países, reacciones espontáneas de apoyo mutuo, de homenajes diarios desde los balcones, y de celebraciones que permiten dar un respiro emocional. Pero que también están cargadas de un gran simbolismo reparador.
De nuevo, la investigación previa nos permite augurar que este candoroso esfuerzo por alimentar emociones positivas colectivas puede que sea una semilla inteligente que tenga frutos futuros. Si la analogía con experiencias traumáticas pasadas puede tener algún valor, investigaciones en España, por ejemplo, mostraron que las emociones positivas experimentadas en los días siguientes al 11M de 2004 (orgullo, solidaridad, sensación de cohesión social) predecían creencias de haber crecido psicológicamente tras los ataques.
Por otro lado, la participación en las manifestaciones colectivas que se organizaron en los días posteriores al 11M también predecía un mayor bienestar emocional varias semanas más tarde. Podemos concluir que hay muchos pequeños gestos que pueden contribuir individual y colectivamente al bienestar emocional, al fortalecimiento psicológico presente y futuro.
Lo que realmente es previsible es que todos nos vamos a equivocar en nuestras predicciones porque el futuro está aún por escribir y no podemos ejercer de adivinos. Lo único que está en nuestras manos es ayudar a construir algunas líneas importantes del guión de nuestras vidas en el que, por cierto, la ciencia puede ayudarnos a ser más precavidos y no anticipar ni escenarios basados en vanas ilusiones ni tampoco en catastrofismos infundados.
En la crisis hay y habrá sufrimiento. Pero seguramente también crecimiento, porque no son antitéticos. Y todo esto nos enseñará a conocer mejor cuáles son nuestras debilidades y fortalezas. Como individuos y como nación.
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Carmelo Vazquez es miembro de Médicos Sin Fronteras y Amnistía Internacional y recibe fondos de investigación de Proyectos competitivos de investigación del Ministerio de Ciencia.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Carmelo Vazquez, Catedrático de Psicopatología, Universidad Complutense de Madrid
