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Yo era virgen, ella no.

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2016. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Autoinformación Personal: Perspectivas sobre la Sexualidad y el Desarrollo Adolescente

En este ensayo se explorará cómo las experiencias de una persona joven, así como sus percepciones respecto a la sexualidad, han sido influenciadas por un enfoque desinformado hacia ella. El texto mantiene un tono equilibrado entre exposición autobiográfica y análisis.

Preguntas frecuentes

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¿Qué tipo de experiencias se recuerdan después de la actividad?
El narrador tiene dos erecciones sostenidas, mientras que Sandra experimenta tres orgasmos.

¿Cómo eran las actitudes hacia el sexo antes del evento?
Antes del evento, la persona contaba con un historial de dos novios y tenía conocimientos sexuales ya adquiridos. Sandra se mostraba descarada e indicó haber tenido experiencias anteriores.

¿Qué papel jugaron los accesorios como piercing lingual en el contexto cultural?
El texto menciona que la virginidad se perdió con una joven de ropa punk, donde podría haberse visto influir las percepciones culturales y estéticas hacia expresiones corporales.

¿Cómo es el ambiente social durante estas experiencias?
Se da cuenta del conflicto entre compartir la muñeca inflable en un ambiente donde sus compañeros charlan sin referencias al sexo, lo que destaca una diferenciación cultural y de intereses.

¿Cómo se describe el sentido de comunión e intimidad compartida?
Se destacan las figuras geométricas sexuales realizadas durante la actividad, que simbolizan una conexión extrema y un espacio para exploración entre Sandra y él.

¿Qué repercusiones emocionales se pueden inferir sobre los jóvenes involucrados?
Sobre las experiencias sexuales, tanto el narrador como Sandra experimentan un fuerte impacto emocional y físico que persiste incluso en sueños.

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Texto original (2016)

En este ensayo se explorará cómo las experiencias de una persona joven y sus percepciones sobre la sexualidad han sido influenciadas por el desinformado enfoque hacia ella, con un tono que equilibra la exposición autobiográfica.

Perdí mi virginidad con esa chica de vestido azul, muy punk, tatuada, con piercing hasta en la lengua. Tenía 16 años y era el último de mi grupo de amigos que no había cogido todavía. Juan se había tirado incluso a la mamá de Pedro. Y éste, después, nos regaló a todos una muñeca inflable para compartir.

Pero yo no quería pasar por eso. Tan sintético, tan carente de emociones. Nunca les dije nada, pero cuando era mi turno me llevaba a la muñeca a la habitación mientras que ellos tomaban y fumaban churros en la sala. Y entonces emitía sonidos guturales y gemidos. Imitaba lo que les había escuchado a ellos. Sin embargo, era una farsa. Nunca toqué aquella muñeca con cara estática que me daba asco. Conocí a Sandra en la biblioteca. Era descarada. Poco dulce para lo que estaba acostumbrado. Deslicé un papel entre sus libros. “A las 7 pm en el Café Flor, Mateo”. Así, de huevos.

 

Llegó a las 8. Traía ese vestido azul que no tardé nada en quitarle. Tenía 18 años y había tenido ya dos novios y varias experiencias sexuales. Estaba dispuesta a enseñármelo todo en la cama. Y así fue. Fuimos a su casa en la Narvarte. Compartía depa con otras tres chicas. Lo hizo todo. Y yo respondí bien. Tuve una erección sostenida a pesar de los nervios de principiante. Supe que tenía que besarla de la cabeza a los pies, por delante y por detrás. En escorzo, en vertical y en horizontal. Hicimos varias figuras geométricas y ella tuvo tres orgasmos. Yo dos. En mis sueños aún la recuerdo. Se llamaba Sandra. Yo era virgen, ella no.

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