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El monopolio de la palabra, ahora también en el internet

22 marzo, 2011

De como la intelligentsia esta agotada y de como las empresas de comunicación la sustituyeron por otros mecanismos, como el internet.

La comentocracia, es hoy en día, un termino utilizado para denominar al monopolio de la palabra en los medios de comunicación tradicionales (radio, televisión y prensa escrita). Una triada de segmentos y un puño de empresas, que controlan los razonamientos colectivos y generan verdades absolutas que se manifiestan en todos los espacios y tiempos disponibles que se tienen destinados para ello. Pero ahora, también existen los mal llamados medios “alternativos” en internet, como son los nuevos portales políticos mexicanos que comenzaron hace apenas un año. Para hacer uso de esos espacios “alternativos”, primero, hay que pertenecer a una élite muy cerrada, que piensa homogéneo, que estandariza sus preceptos y sus dogmas. Llámesele cofradía o grupúsculo. Utilizan además, una composición y una estructura de pensamiento que es afín a los intereses monopólicos de las empresas comunicativas, y suelen proponer temas y subtemas que modifiquen y alteren las formas del pensamiento del grueso de la población, la que esta mínimamente informada. 

En segundo lugar, hay que tener un currículum académico impresionante, para así obtener la legitimidad preciada, que otorga un PHD en Harvard o en Yale. O por lo menos, pertenecer a un círculo de hermandad, casi estilo mafia, que te otorga el derecho de entrar a este cerrado círculo de intelectuales priveligiados, por el simple hecho de haber estudiado con ellos en el CIDE, en el ITAM, en el COLMEX, en la Libre de Derecho, en el Tec de Monterrey, o en la Ibero. 

Las dos grandes televisoras, Televisa y TV azteca, las empresas radiofónicas importantes, Grupo Fórmula y Radio Acir, la prensa escrita nacional mas leída, Milenio, Reforma, El Universal y La Jornada, controlan casi la totalidad del mercado comunicacional de este país. Claro que hay grandes esfuerzos independientes, pero estos se polarizan y se disuelven, en un mar de información que también compite con las nuevas tecnologías, como son el internet (entre ellos los blogs, de los cuales hay millones). Los nuevos portales políticos como Animal Político y la Silla Rota también son ejemplo de este control que se extiende a nuevos espacios

Los esfuerzos por competir contra estos monopolios y oligopolios, son constantes y algunos rinden sus frutos. Proceso, el semanario emblemático que fundó Julio Scherer, es un ejemplo de la lucha efectiva contra el cuarto poder, que sataniza y excluye, a los que van en contra de sus intereses y atentan contra su derecho imperialista de controlarlo todo. Nada se puede mover en este país sin que ellos lo sepan, y estén de acuerdo con que se realice. 

Satanizar a los medios poderosos, sin embargo, no es la solución al problema de la falta de acceso a los mismos. Esta es una situación que también fue provocada por la ciudadanía, al preferirlos por sobre los medios independientes y alternativos. Y también es causa de la elección de gobiernos que les otorgaron concesiones, sin tener que rendir cuentas a nadie. ¿Quién los regula? ¿Quién los detiene? ¿Quién les pone el alto? Ni el gobierno federal, ni el Congreso, ni los partidos políticos lo harán. 

Son los ciudadanos, sugiriendo una utopía, los que con su elección de informarse, ante la alternativa tan amplia de medios, pueden vetar a estas empresas, que teniendo el control del rating, se sienten protegidos por la ilegalidad que otorga el poder de la comunicación. Las empresas monopólicas, interpretan las leyes a su antojo, juzgan a las instituciones y a los políticos, sin medida, abusando muchas veces del poder de la palabra. Llegan a lastimar situaciones personales y no les da ningún remordimiento de conciencia el hacerlo. Pisotean valores morales y valores éticos por el solo hecho de acabar con sus enemigos, con esa sola justificación de facto. 

Una solución para que las empresas de comunicación cambiaran la percepción que se tiene de ellas, de favorecer a los segmentos y grupos, de su preferencia, es otorgar una mayor apertura a la sociedad civil. Esto beneficiaría al público, y aportaría mayor credibilidad de lo que están ofreciendo de contenidos. Como analiza Rey Lennon, Director del Programa de Comunicación Institucional de la Universidad Católica Argentina y consultor: 

La comentocracia tampoco está exenta de sospechas. Muchas personas piensan que los comentaristas disfrazan sus propias preferencias bajo el ropaje de los análisis y que buscan influir en las opiniones de la gente. 

Los comentócratas analizan al pulso y al calor de la línea que tiran los productores de sus espacios y programas, la situación política cotidiana. Es muy raro ver a un comentarista político hablar libremente, y si lo hacen, los vetan de la mayoría de las empresas poderosas y los reducen a espacios independientes, que por lo mismo, no tienen suficiente público y lectores, por tanto, no tienen suficientes convenios y recursos para anunciarse en los medios tradicionales. La intelligentsia, es una clase atada a sus viejos prejuicios y privilegios. La intelectualidad de izquierda es monótona y beligerante, esta destinada al fracaso electoral y a ser eternamente oposición sistemática de la intelectualidad de derecha. La intelectualidad de derecha, a su vez, esta destinada a crear argumentos para defender al conservadurismo y al gatopardismo mexicano y latinoamericano. La intelectualidad que se sitúa en el centro, esta destinada a navegar con bandera de hacerse los tontos, su trabajo, es amansar las aguas y no caer en las polémicas que genera el razonamiento responsable. Generalmente, las tres están al servicio del poder en turno. 

Estas tres intelectualidades, conforman una gran intelligentsia, que ha quedado relegada, como nos dice Jorge G. Castañeda, en su ensayo Fox y los intelectuales, publicado por la revista Letras Libres: 

La comentocracia, a saber, aquellos que… , plasman sus ideas y/o estados de ánimo en las planas editoriales, los noticieros de radio y los programas de televisión (dedicados, en vista de su horario, ante todo a los veladores o porteros de noche), y, por supuesto, en los desplegados de abajo firmantes. Existen intelectuales que no son comentócratas (pocos), y comentócratas que no son intelectuales (muchos). Pero, para los fines de este ensayo, pienso que se justifica aglutinarlos en un sólo conjunto, a riesgo de ganarme algunos enemigos más.


Concluyo…


La intelectualidad de izquierda, o de centro, o de derecha, los liberales, los conservadores marxistas y los nacionalistas revolucionarios, están destinados al mismo fin. Al final del día, las empresas monopólicas, los utilizan y en el momento que ya no les sirvan, les darán una patada en el trasero y los cambiarán por los mecanismos que ellos deseen implementar. Los ciudadanos también somos cómplices de estos tiranos, de este cuarto poder, usurero y monopólico, que indirectamente elegimos con nuestro voto. Por eso, debemos desenmascarar a los nuevos portales políticos por internet, que se nos venden como esfuerzos independientes y alternativos, cuando no son más que simples extensiones de esa medusa de mil cabezas que significa el poder de los medios tradicionales… y lo peor, engañan a los lectores usando figuras o instituciones, supuestamente “ciudadanas”, con el único fin de legitimar su contenido. No, nos engañan…
Carlos Álvarez Acevedo. Publicada originalmente en El Gurú Político y reproducida aquí con permiso de su autor.
Carlos Álvarez Acevedo es politólogo con estudios en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Director General de Gurú Político: https://www.gurupolitico.com Twitter: @ElGuruPolitico
Imagen: Juan Cabrera