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‘Esa’ foto con Claudia Sheinbaum y la presunta ‘líder de la rebelión y pilota de X-Wing’, Beth Legarreta

Este 2020 ha sido un viajesote a nivel mundial por evidentes razones; pero sin duda puedo decir que muy independiente de eso, para mí fue un viaje de ida y vuelta a los confines de la Twilight Zone. No fue un año aburrido, o quizá sólo a ratos. ¿Y a qué viene todo esto? Sí, este es justamente el momento en que suena una voz en off:

Y se preguntarán cómo llegué hasta aquí…

https://twitter.com/VisionCDMEX/status/1317299038128132096

Yes, this is me. Y soy una morra ‘normal’ que terminó metida de algún modo en la guerra política o cualquier baile que se traigan los poderosos, como siempre. Soy periodista y creadora de contenido, y siempre he estado muy interesada en la comunicación del lado de los internets y las redes sociales. Para este tiempo ya me consideraba feminista (porque antes no lo era). Siempre fui muy abierta y directa en cuanto a mi visión política en redes, ¿error? Quizá.

En el viaje de los años y las redes sociales, llegué a tener algunos seguidores. Equis, nada rockstar, pero lo suficientemente vista, principalmente por incels furiosos, como para ser acosada constantemente durante más de 4 años. Cosas a las que una mujer en redes sociales se acostumbra, tristemente. ‘Nada importante’, ‘No creo que sean peligrosos’, ‘Ya se cansarán’.

Este era el panorama, mientras yo me interesaba cada vez más en el activismo digital y en las calles. Así llegué a ayudar a impulsar la Ley Olimpia en Ciudad de México, una historia que estuvo llena de trabas por parte de lxs diputadxs (ay  nooo, lenguaje incluyente, aghh). No fue hasta que mis compañeras lograron reunirse con Claudia Sheinbaum que las cosas avanzaron (blah blah político), pero lo que importaba era que las morras pudieran tener una ley que las protegiera en el mundo digital. Y hay muchas leyes en torno a este tema que aún faltan, pero esa es otra historia.

Hubo una segunda reunión con Claudia, pero la mayoría de las chicas del Frente estaban fuera de la Ciudad. Por lo menos ‘las que hablan’, así que le tocó ‘a las otras’ asistir. Mi primera reacción fue “naaah, yo ni en peda voy”. No sorpresa, mis compañeras me conocen y saben trato de evitar jalar con la banda en las grandes sillas. Nuestra lucha está en nuestras redes, no en los partidos.

Peeero… me convencieron. O convencieron a la periodista que hay en mí, a veces medio escondida. Me llevé mi cámara y dije va, voy a tomar fotitos, a mi parecer era un momento importante en la historia de la aprobación de la Ley Olimpia en CDMX, porque para eso era y fue la junta aquél día. No se dijo nada relevante, claudia trató de sacarnos información sobre una marcha que habría más tarde, le sacamos la vuelta, le hice caras, ME REGAÑARON POR HACERLE CARAS, tomé fotos, nos tomamos fotos y nos fuimos.

Al poco tiempo la Ley fue aprobada en el Congreso gracias a que muchas de las trabas sin sentido que estaban tratando de impedirlo, desaparecieron. Yo seguí mi camino y mi vida. Armando redes entre morras, saliendo a las calles y denunciando lo que se tuviera que denunciar. Durante la cuarentena, el 8 de junio, después de dudarlo mucho, decidí ir a una marcha por Melanie, la chica golpeada brutalmente por la policía de la CDMX. Dentro de mi separatismo, ganas de no meterme en pedos innecesarios y el hecho de que realmente no conocía a nadie, me mantuve a raya de las acciones que vatos random encapuchados estaban haciendo. Pero había miles de cámaras de la prensa y cero policía. Y así se creó una bomba que explotó poco después.

Algún tipo súper raro en Twitter puso fotos mías en la manifestación del 8 de junio y pidió que me identificaran, porque según él, yo era una supuesta saqueadora. Y yo, doña ninja tenía las greñas rosas y tatuajes evidentes. Pues perdón, pero no iba a matar a nadie, solo iba a una manifestación, hasta llevaba mi cartelito y megáfono para las consignas. Porque de los vatos que sí lo hicieron, ni sus luces: esos sí fueron en modo ninja.

Retomando el tema de al principio: a mí ya me conocían, especialmente ‘ese tipo’ de audiencia que lee al sujeto que lanzó la cacería de brujas. Y no les caía nada bien. De hecho una frase que solían mandarme por Instagram era que no iban a parar hasta que me suicidara. Eso no les salió, pero sí el doxearme aprovechando que ‘ya me andaban buscando’. Así dieron mi nombre completo, mi teléfono, expusieron a mi pareja, a mi familia, a mis amigas. Así me canceló parte de mi familia, porque salí hasta en Hoy (¡Saludos, prima!). Todo el mundo aseguró que YO ERA una saqueadora, que yo era la líder (!) de no sé quién y cosas que a primera leída dan risa, pero cuando ves las capturas de pantalla de trolls en una carpeta ridícula de la Fiscalía, ya no son tan graciosas. El circo entero.

Pero aquél día con Sheinbaum subí una foto a mi Instagram, misma que por el doxeo masivo, ya estaba circulando en Twitter con las acusaciones de que me paga Claudia por supuestamente saquear Oxxos y supuestamente robar Danups pixeleados o algo así. ¿Para qué? No sé. ¿Tendrá Claudia algo que ver con los cheques perdidos de Soros, esos que nomás no nos llegan a las feministas? Tampoco lo sé. Pero ahora es algo recurrente: ¡La saqueadora malvada líder de la rebelión anarquista feminista -suena bien chido- que es, al mismo tiempo, pagada por Claus para saquear Adidas¡ *Screams*. Esto eso ahora palabra de Twitter, te alabamos, pájaro azul.

Y es así como pasé mi 2020 (y seguimos) en la Twilight Zone.