Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.
La moraleja humana según la biología
Hemos establecido que las ideas éticas tradicionalmente han estado enmarcadas dentro del ámbito filosófico y religioso. Sin embargo, los avances recientes a través de la ciencia biológica están ampliando el conocimiento sobre estos conceptos morales.
Investigaciones actuales
- Los humanos como producto evolutivo: Nuestro origen se fundamenta en un complejo proceso biológico que ha requerido la cooperación para nuestra supervivencia.
- La moral humana y su relación con otras especies: Mientras que algunos animales muestran comportamientos similares a los rudimentarios de moraleja, como emociones empáticas o respuestas al dolor ajena en ciertas especies sociales.
- El papel de la moralidad en el sentido evolutivo humano: La naturaleza cooperativa y solidaria ha sido esencial para nuestra especie, lo que indica una selección natural donde la conducta altruista puede ser favorecida.
- La moral como un mecanismo evolutivo: La aparición de emociones tales como la vergüenza o el remordimiento pueden estar impulsadas por procesos evolucionistas para promover conductas altruistas en las sociedades humanas.
- La moraleja desde una perspectiva neurobiológica: Las decisiones morales se basan no solo en un juicio ético reflexivo, sino también en respuestas emocionales y procesos cognitivos complejos anclados en regiones cerebrales especializadas.
“La moralidad humana es una faceta de nuestro mundo biológico que se ha vuelto más clara a través del estudio evolutivo.” – Pablo Rodríguez Palenzuela, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular.
Implicaciones futuras
- La moral biológica frente a la ética filosófica: A pesar del avance hacia comprender el nexo entre nuestros impulsos morales y su origen evolutivo, los campos de filosofía ejercerán un papel continuo en discutir qué conductas son óptimas.
- Potencial futuro para la ética: La neurobiología podría ofrecer nuevas perspectivas sobre cómo entendemos y formulamos las morales, pero seguirá siendo una disciplina complementaria a la filosofía.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se relaciona el comportamiento moral con nuestro origen evolutivo como especies cooperativas?**
Respuesta: Investigaciones biológicas demuestran que, dado que nuestros orígenes humanos están enmarcados dentro de un complejo proceso evolutivo que requirió la cooperación para nuestra supervivencia.
¿Se ha observado alguna conducta moral rudimentaria similar a moraleja entre otras especies?**
Respuesta: Mientras algunos animales muestran comportamientos que podrían considerarse como un primer paso hacia la moral, tales como respuestas empáticas o reacciones al dolor de otros en ciertas sociedades sociales.
¿Cómo ha jugado el sentimiento cooperativo y solidario en nuestra evolución?**
Respuesta: El papel del comportamiento cooperativo y solidario ha sido fundamental para la supervivencia de nuestro linaje, lo que sugiere una selección natural donde las conductas altruistas pueden ser favorecidas.
¿De qué manera evolucionaron emociones como vergüenza o remordimiento para influir en la moralidad humana?**
Respuesta: Emociones tales como la vergüenza o el remordimiento pueden ser impulsadas por procesos evolutivos, destinados a fomentar conductas altruistas dentro de las sociedades humanas.
¿Cómo se apoya nuestro juicio moral y actitud ética en el cerebro humano?**
Respuesta: Nuestras decisiones morales no solo dependen de un juicio ético reflexivo, sino también de respuestas emocionales y procesos cognitivos complejos que están anclados en regiones del cerebro especializadas.
“La moralidad humana es una faceta de nuestro mundo biológico que se ha vuelto más clara a través del estudio evolutivo.” – Pablo Rodríguez Palenzuela, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular.
¿En qué medida el avance en nuestra comprensión biológica influirá en los debates éticos filosóficos futusivos?**
Respuesta: A pesar de que hemos hecho progresos significativos hacia entender la relación entre nuestros impulsos morales y su origen evolutivo, el campo de filosofía seguirá desempeñando un papel crucial en discusiones sobre qué conductas son consideradas óptimas.
¿Cómo podría la neurobiología contribuir a nuevas formulaciones y entendimientos de ética?**
Respuesta: La neurociencia puede ofrecer perspectivas adicionales sobre cómo entendemos moralmente nuestras acciones e impulsos, aunque seguirá siendo una disciplina complementaria a la filosofía en el estudio y comprensión de las éticas.
Texto original (2020)

Es posible que el tema de este artículo le parezca chocante o incluso provocador. Tradicionalmente, la moral y la ética han sido una provincia exclusiva de la filosofía y la religión. Sin embargo, en los últimos años la biología ha empezado a ocuparse en serio de estos temas. Después de todo, los humanos somos producto de un largo proceso de evolución biológica, seguido de otro, menos largo, de coevolución biológica y cultural.
En este artículo revisaremos de forma muy breve las investigaciones recientes en torno a tres ideas:
Primera: la moral es específicamente humana, aunque en otras especies (pocas) encontramos las emociones que constituyen el fundamento de la misma.
Segunda: la moral surgió en la evolución humana como un mecanismo útil para promover la cooperación dentro del grupo.
Tercera: existen estructuras en el cerebro implicadas en el pensamiento moral. Este campo está empezando a ser estudiado mediante las técnicas de la neurobiología y se ha visto que las emociones tienen un papel muy relevante.
La moral rudimentaria de la naturaleza
Solo un número pequeño de especies sociales y con un nivel cognitivo alto son capaces de exhibir algunos rudimentos de moral.
Los lobos, por ejemplo, son cazadores sociales que viven en grupos muy cohesionados. Si dos animales del mismo grupo se pelean, el perdedor adopta una postura de “sumisión” que inhibe por completo la agresión del vencedor. En cambio, las peleas entre individuos de diferentes grupos suelen ser mortales.
Una condición necesaria para este proceso es la empatía: la capacidad de un animal para percibir el estado emocional de otro y reaccionar apropiadamente. Los científicos han encontrado evidencias de esta cualidad incluso en ratas y ratones, pero uno de los ejemplos más dramáticos está en cómo los elefantes reaccionan a la muerte de un miembro de la manada.
Más aún, algunas especies de primates parecen tener un concepto intuitivo de “justicia”, como los monos capuchinos. En un experimento, un investigador utilizó un trozo de pepino como recompensa por haber realizado correctamente una tarea. El pepino es aceptado hasta que el animal descubre que su compañero de la jaula contigua está recibiendo algo mucho mejor: una uva. Resulta conmovedor observar la frustración del pobre capuchino ante una injusticia tan flagrante.
La evolución favorece la cooperación
La vieja idea de que la selección natural favorece la competencia entre individuos, la “supervivencia del más fuerte”, es en parte errónea. En algunos casos, la cooperación es esencial para la supervivencia y, por tanto, favorecida por la evolución.
Los humanos somos ultrasociales y cooperativos por naturaleza. El modo de vida de los cazadores-recolectores, dominante durante más del 90 % de nuestra historia como especie, depende por completo de la cohesión del grupo.
Por supuesto, todas las colectividades se enfrentan al mismo dilema: la conducta altruista es esencial para el grupo, pero la conducta egoísta suele ser beneficiosa para el individuo. La moral fue el instrumento que permitió superar los egoísmos individuales en beneficio del grupo: una comunidad muy unida y con un alto grado de parentesco, con un máximo aproximado de 150 personas.
La cooperación ha sido uno de los pilares de nuestro éxito biológico pero, desgraciadamente, tiene límites y tiende a producirse entre los miembros del grupo. Fuera de este es mucho más rara: las mismas fuerzas que nos convirtieron en un animal moral crearon también el tribalismo, que constituye uno de los aspectos más oscuros de la naturaleza humana.
En cambio, emociones universales como la vergüenza y el remordimiento tienen la función de facilitar la conducta altruista. Por ejemplo, el acto de sonrojarse es una señal social que muestra autocrítica y arrepentimiento por una acción. El hecho de que sea involuntario lo hace mucho más creíble.
La moral reside en el cerebro
La resolución de dilemas morales constituye una forma especial de cognición que tiene su asiento en regiones especializadas del cerebro. Se encuentran ligadas a la corteza prefrontal, que es donde residen la mayor parte de las funciones superiores.
La (inusual) asociación entre filósofos y neurobiólogos ha permitido descubrir que los humanos tenemos básicamente dos modos de tomar decisiones morales: una es rápida, intuitiva, emocional y con un marcado carácter personal, y está mediada por el área ventro-medial de la mencionada corteza prefrontal. Pacientes con daños en esta área concreta tienden a tomar decisiones morales más imparciales.
El otro modo de pensamiento, más lento, racional y menos influido por cuestiones personales, parece situarse en el área dorso-lateral de la corteza. La neurobiología de la moral es un área de investigación que se encuentra en su infancia y probablemente nos traiga descubrimientos sorprendentes en los próximos años.
¿Toda esta aproximación biológica se opone a los trabajos de los filósofos de la ética? En absoluto, ya que tiene como objetivo contestar a determinadas preguntas: cómo surgieron los códigos morales, si constituyen una adaptación en el sentido biológico y cuáles son los procesos neurobiológicos implicados.
Para los filósofos que han contribuido a este campo, desde Kant a Peter Singer, el problema consiste en discernir qué códigos son mejores que otros y por qué. De hecho, el gran reto de la filosofía moral es encontrar fórmulas que permitan la coexistencia pacífica de grupos con sistemas morales muy diferentes. El enfoque biológico puede iluminar algunos aspectos, pero en ningún caso puede sustituir a la ética.
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Pablo Rodríguez Palenzuela no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Fuente: The Conversation (Creative Commons)
Author: Pablo Rodríguez Palenzuela, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

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