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¡Mexicano despierta! una opinión sobre la Ley de Seguridad Nacional

4 mayo, 2011

La Ley de Seguridad Nacional,  en vigor desde el primero de febrero del 2005, en los artículos que la componen,  se busca “establecer las bases de integración y acción coordinada  de las instituciones y autoridades encargadas de preservar la seguridad nacional…”, defender a la patria de cualquier violación a nuestra soberanía, detener cualquier intento que atente contra la democracia y mantener la paz y el orden en nuestro territorio. Esta ley es una guía sobre que acciones tomar cuando la patria se vea en situaciones de riesgo grave y se guía bajo los principios de respeto a los derechos fundamentales, legalidad, responsabilidad, confidencialidad, lealtad, transparencia, eficiencia, coordinación y cooperación.  Desafortunadamente la situación actual de México pone en riesgo grave la patria, la violencia generalizada en todo el país principalmente la generada por el narcotráfico, atenta contra la democracia y la vida de todos los ciudadanos, por lo que el Ejecutivo ha propuesto modificaciones a esta ley, lo que trae atropellos en contra de los mismos ciudadanos que busca defender. A continuación busco señalar estos atropellos.

La propuesta de modificar la Ley de Seguridad Nacional en nuestro país es un claro atentado en contra de los derechos humanos de todos los mexicanos, tal como lo menciono la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF). De proceder la ley, existiría en México un estado de excepción que resulta en la suspensión de algunos derechos y garantías individuales, tal como lo establece el artículo 29 de la Constitución mexicana.  Este artículo otorga a las Fuerzas Armadas de la nación facultades extraordinarias, con el fin de combatir al crimen organizado; el ejército sería el encargado de llevar a cabo las investigaciones  de los crímenes cometidos por las organizaciones delictivas dedicadas al tráfico de droga, personas, armas y el secuestro.

También esta reforma de ley pasa por encima del artículo 21 de nuestra constitución, donde se establece que la investigación de delitos corresponde a autoridades civiles y el poder judicial. Al hacerse valida la reforma se le otorgaría al ejército y marina mexicana  la facultad de investigar y resolver los delitos cometidos por el crimen organizado.

La Ley de Seguridad Nacional, fue propuesta por el ejecutivo federal e impulsada por la mayoría de los legisladores pertenecientes a  las bancadas del PRI y del PAN. Para el ejecutivo federal, la aprobación de esta ley ofrecería mayor claridad en la persecución e investigación de delitos en todas las corporaciones, desde la policía hasta el mismo ejército, es un esfuerzo para evitar la corrupción en la policía federal y estatal, acercar a la población en contra del narcotráfico y crear una sociedad que coopere con sus “defensores”.

El problema surge cuando se ponen en jaque nuestros derechos y garantías individuales, derechos otorgados desde el momento de nuestro nacimiento. Por un lado el narcotráfico, que atenta contra nuestras vidas y nuestra dignidad de la manera más degradantes, secuestros de autobuses en Tamaulipas, fosas con más de 90 muertos en Durango, los miles de feminicidios en Ciudad Juárez, bloqueos en Monterrey, Guadalajara y un sinfín de atrocidades que día a día el ciudadano común tiene que soportar. Por el otro lado las Fuerzas Armadas, de proceder las reformas a Ley de Seguridad Nacional, atropellarán los derechos fundamentales que nos son otorgados desde nuestro nacimiento, como el libre tránsito, el derecho a la privacidad, a asociarse, de propiedad, entre otras  garantías que podrían ser violadas.
El mexicano, por lo tanto, está atrapado entre dos fuegos que buscan destruirse entre sí. Tanta violencia y salvajadas por ambos lados hacen de México un estado sin derecho, una nación dividida cuya identidad pareciera haber pasado de la gloriosa águila azteca al frio y cruel fusil que tanto capos, como militares, portan con tal orgullo como antes se portaba el escudo nacional.

La solución no está en dar más poder a los que están armados con fusiles y tanques, el Gobierno debe encontrar maneras de alejar a la ciudadanía, especialmente los jóvenes, del crimen. Abriendo oportunidades y vertientes a la violencia; la violencia generada por el narco es en primera instancia generada por el gobierno que no les dio las oportunidades de recibir una educación, de crecer lejos del crimen, de tener un techo y una vida digna. El narcotraficante se convirtió en delincuente por una necesidad, por medios legales no podría hacerse de lo que ahora tiene y ha conseguido por medio de la ilegalidad, él recurrió a esto porque nunca se le dio la oportunidad de desarrollarse dentro del marco legal establecido.

Es por eso que es necesario para la sociedad mexicana que tenemos pocos lados a donde voltear una solución. ¿A dónde volteas entonces, mexicano? Al cielo azul que te vio nacer, pero que hoy es rojo. Al tu bella orografía, los grandes volcanes, los nevados picos, pero que hoy son refugio de narcotraficantes. A tu hermosa ciudad que te recibió cuando abriste los ojos, pero que hoy te abrazo con granadas y explosiones. A la clase política esa clase olvidadiza, la que no recuerda que fue gracias a ti que están donde ahora se pavonean. No mexicano, no voltees ahí, voltea hacia los millones como tú que están hartos, somos sólo nosotros los que podemos hacer que esto se acabe, debemos detener esta guerra que nunca quisimos que empezara, que se escuche el eco en el cielo rojo que queremos ver de nuevo claro y hermoso.  Sólo en tí, mexicano, está el cambio.

Luis Humberto Rojas Pineda

Imagen: Solo