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Por qué nos cuesta tanto ordenar y borrar las fotos del teléfono

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

El Impacto Tecnológico en las Prácticas Fotográficas Personales

En este ensayo, analizamos cómo la tecnología ha transformado nuestras prácticas fotográficas personales. La introducción de los teléfonos móviles con cámara y plataformas en línea nos brinda capacidades para capturar, almacenar y compartir imágenes sin precedentes; no obstante, estas habilidades presentan desafíos únicos relacionados con la organización y preservación a largo plazo.

El Cambio en las Estrategias Fotográficas

La era digital ha multiplicado el número de fotografías que tomamos y guardamos, transformando también el contenido de imágenes capturadas mediante ciertos métodos. La tecnología nos permite producir fotos a cualquier hora del día o evento trivial. Sin embargo, organizar estas colecciones puede resultar complejo y tedioso.

La Memoria Visual en la Era Digital

Las fotografías capturadas se convierten fácilmente en un medio para sustentar visiones de pasados, refrescar recuerdos o simplemente divertirse. Por su singularidad y emocionalidad, las fotos personales tienen una gran relevancia en nuestro espacio personal de información.

Problemas Relacionados con la Preservación

A pesar del potenzal recursivo valioso que representan las fotografías, sus organizaciones y preservaciones son desafiantes en el nuevo escenario digital. El uso de dispositivos múltiples para capturar imágenes ha complicado la gestión a largo plazo.

Estrategias Efectivas: Una Solución

Para preservar adecuadamente nuestras colecciones fotográficas personales, es vital adoptar prácticas que no solo impliquen la eliminación de imágenes sin valor sino también su catalogación y etiquetado. Este paso puede simplificar en gran medida el acceso a las mismas cuando se necesiten.

Conclusión

En un mundo donde la capacidad de almacenamiento digital es inmensa, nuestras decisiones sobre qué imágenes guardar son fundamentales. La tarea no solo implica preservación sino también el mantenimiento del valor emocional y narrativo que estas fotografías aportan.

Referencias

Preguntas frecuentes

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Q: ¿Cómo ha impactado la tecnología en nuestras prácticas fotográficas personales?
A: La introducción del teléfonos móviles con cámara y plataformas digitales nos ofrece capacidades sin precedentes para capturar, almacenar y compartir imágenes.

Q: ¿Qué desafíos presentan las fotos personales en el nuevo escenario digital?
A: Organizar grandes colecciones de fotografías generadas por la tecnología puede ser complejo, y preservarlas a largo plazo presenta retos particulares.

Q: ¿Cuál es la importancia de las memorias visuales en el contexto digital?
A: Las fotos personales son significativas para representar visiones del pasado, refrescar recuerdos y proporcionar valor emocional dentro de nuestro espacio personal de información.

Q: ¿Qué estrategias pueden ayudar a preservar adecuadamente mis colecciones fotográficas personales?
A: Adoptar prácticas que incluyan la eliminación eficiente de imágenes sin valor y catalogación/etiquetado sistemático puede simplificar el acceso a las fotografías cuando sea necesario.

Q: ¿Cómo pueden influir mis decisiones sobre qué fotos conservar en la era digital?
A: Nuestras elecciones de preservación son fundamentales ya que no solo implican un manejo técnico sino también el mantenimiento del valor emocional y narrativo.

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Texto original (2020)

En este ensayo, analizamos cómo la tecnología ha transformado nuestras prácticas fotográficas personales. La introducción de los teléfonos móviles con cámara y plataformas en línea nos brinda capacidades para capturar, almacenar y compartir imágenes sin precedentes; no obstante, estas habilidades presentan desafíos únicos relacionados con la organización y preservación a largo plazo. Exploramos el impacto de estos avances tecnológicos en nuestras estrategias fotográficas e intentamos comprender cómo gestionar esta abundancia visual sin perder los momentos significativos capturados por ellas, manteniendo un equilibrio entre la memoria y la función práctica del recuerdo. (Note: Since the task is to provide an introduction for a complete article and not just extract text from it, additional content relevant to blogging about technology and personal photos would typically follow this summary.)

Nota editorial (2025): publicado originalmente en 2020. Se añadió una versión estructurada con fines enciclopédicos. El texto original se conserva íntegro como parte del archivo histórico.

Jorge Franganillo, Universitat de Barcelona

Una de las colecciones más importantes que atesoramos es la que forman nuestras fotos personales. Ya surjan de la afición por la fotografía o con el propósito de documentar de forma gráfica ciertos lugares, objetos o acontecimientos, estas imágenes representan momentos y aspectos significativos de nuestra vida.

Las fotografías encapsulan fragmentos de la realidad que nos rodea, reflejan nuestra propia historia y forman un compendio único de recuerdos y vivencias.

Hoy es difícil imaginar un viaje placentero, una celebración en familia o una cena de amigos sin dejar un testimonio gráfico. En plena era del smartphone con cámara, cualquier situación, incluso la más trivial, está a solo un toque de quedar inmortalizada en una imagen.

Hacemos fotos como apoyo a los recuerdos, si bien el deseo de retratarlo todo es una distracción que nos entorpece la memoria. Queremos fotografiar todo cuanto despierte siquiera un mínimo interés. Hacemos incluso varias tomas, por si alguna sale mal. No es mala idea, pero quizá sea mejor seleccionar y conservar solo aquello que vale la pena.

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En la época de las cámaras analógicas, la fotografía era cara. Se hacían pocas instantáneas y se seleccionaba las más significativas, que acababan en el álbum personal.
Vasilyev Alexandr / Shutterstock

Del carrete al fichero digital

En la época de las cámaras analógicas, la fotografía era un pasatiempo caro, por lo que eran pocas las instantáneas que solían tomarse de un acontecimiento. Incluso cuando se transferían a un álbum, una vez reveladas, se sometían a cierta selección.

Pero ese filtro personal de calidad no bastaba. A menudo sentíamos que las colecciones estaban desorganizadas y, a pesar de marcarnos el propósito de ponerles orden, pocas veces lo cumplíamos.

La llegada de la fotografía digital y de los teléfonos móviles con cámara ha multiplicado el número de fotografías que tomamos y guardamos. Y ha transformado, también, el contenido de las imágenes y los métodos con que las capturamos, organizamos y compartimos.

En este nuevo escenario de sobreabundancia y variedad, la tarea de organizar las fotos personales se ha vuelto más compleja y tediosa.

Por qué acumulamos tantas fotos

Al registrar experiencias propias, las fotografías tienen varios usos potenciales. Entre otros: sustentar la visión de un hecho pasado, refrescar la memoria sobre un evento o revivir instantes por mera diversión.

Además, las imágenes forman parte de nuestro espacio personal de información porque suelen generar respuestas afectivas intensas. A causa de esa relación emocional solemos cuidarnos de preservarlas durante muchos años.

Por todo ello, dedicamos cierto esfuerzo a ordenar nuestras fotografías. Al organizar nuestra colección anticipamos una necesidad futura: prevemos que en algún momento vamos a querer ver de nuevo las imágenes y revivir así esos momentos. O bien proyectamos compartirlas con otras personas, con la consiguiente recompensa emocional que se deriva en ambos casos.

La abundancia nos hizo pobres

Pese a esos beneficios potenciales, utilizamos estrategias rudimentarias para organizar las fotos personales. Tendemos a amontonarlas en colecciones que presentan una estructura bastante plana y desigual.

Tenemos grandes esperanzas de regresar más tarde a nuestra colección para filtrarla, ponerla en orden y facilitarnos la futura recuperación de imágenes. Pero está comprobado que esa pretendida reorganización rara vez se produce.

Como resultado, confiamos demasiado en la memoria autobiográfica y en tácticas primarias de ensayo y error. De ahí que a veces nos cueste tanto localizar aquella imagen concreta que “debe rondar por alguna parte”.

Esa gestión deficiente se ha visto acentuada por la convergencia de medios. El uso de varios dispositivos y procesos para crear, gestionar y almacenar imágenes representa un obstáculo importante para el mantenimiento a largo plazo.

Tanta dispersión nos disuade de gestionar. En consecuencia, adoptamos soluciones pasivas de preservación y tendemos a la mera acumulación.

Organizar fotos no es tarea fácil

Por su singularidad, las fotografías tomadas en la vida cotidiana constituyen un recurso muy valorado por quien las produce. Son documentos únicos, insustituibles. Forman una colección que tiende a crecer con el paso del tiempo y, por lo tanto, tiende a complicarse también la tarea de gestionarlas.

A pesar de las mejoras en los mecanismos de búsqueda, eludimos la tarea preparatoria de etiquetar y describir textualmente las imágenes. El esfuerzo que implica esta acción no tiene una recompensa directa.

Para encontrar imágenes, preferimos recurrir a la navegación porque de forma instintiva tendemos a activar en el cerebro rutinas espontáneas de búsqueda de objetos. Evitamos depender del procesamiento lingüístico que necesitamos para consultar por palabras clave.

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La navegación y la búsqueda activan regiones distintas del cerebro.
Benn, Y., Bergman, O., Glazer, L. et al./’Nature’

Borrar nos da pereza

Asimismo, en el paradigma digital es laxo el empeño que solemos poner en decidir qué guardamos y qué no. La enorme capacidad de las memorias digitales y el bajo coste de conservarlo todo nos impulsan a guardar en exceso y nos disuaden de hacer limpieza.

Aunque librarse de borrar u organizar parezca una ventaja, lo es solo en parte: la capacidad de almacenamiento parece no tener límites, pero nuestra capacidad de atención sí los tiene.

Borrar parece tarea fácil, pero en realidad es un proceso difícil. Lo evidencia el hecho de que muchas de las imágenes guardadas son semiduplicados, es decir, fotos casi idénticas entre sí. Eliminamos solo el 17 % de las fotos que hacemos.

¿Por qué nos cuesta tanto borrar? La respuesta es clara: determinar qué fotos son desechables requiere atención, supone un esfuerzo cognitivo y provoca una situación paradójica por el hecho de emplear un tiempo valioso en piezas sin valor.

Las plataformas digitales, el archivo del mañana

La naturaleza intangible de los formatos digitales puede provocar la sensación de que nuestras fotos se han convertido en un material efímero y perecedero. Sin embargo, la aparición de plataformas sociales para almacenar, gestionar y compartir imágenes ha traído consigo nuevas formas de organizar y difundir las fotos personales.

Espacios como Flickr, Google Fotos, 500px o PhotoShelter, entre otros, pueden utilizarse como copia de seguridad o bien como escaparate digital. Parecen tener un gran potencial como archivo personal duradero. Pero no conviene adoptarlos como solución única de preservación, ya que internet es un entorno cambiante donde todo tiene una esperanza de vida incierta.The Conversation

Jorge Franganillo, Profesor de Información y Comunicación Digital, Universitat de Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Fizkes/Shutterstock