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Por qué no olvidar el 2 de Octubre de 1968

October 2, 2010

Pocos saben en realidad lo que ocurrió en 1968. Pero se tiene certeza lo que ocurrió la tarde del 2 de Octubre: miles de jóvenes que salieron a marchar tras días de brutales represiones del ejército y la policía mexicana fueron prácticamente fusilados en la Plaza de las Tres Cultura en Tlalteloco, en el Centro de la Ciudad de México.

Se cree falsamente que la juventud en esos días -al igual que como ocurrió en muchos más países del mundo ese año- intentaba desastibilizar a los gobiernos y no. Salieron millones a las calles más que en una rebelión política a una rebelión generacional.

A decir que estaban hartos de la hegemonia cultural, política y social del PRI y de una mítica revolución que lo controlaba todo. De la falta de libertades, de que por escuchar rock y tener el pelo largo eras encerrado por la policía. Que el no estar de acuerdo era considerado peligroso. Y peor aún, tener una ideología distinta a la oficial ya fuera de izquierda o derecha era considerado un atentado.

Claro, es cierto que hubo un componente político, hubo grupos extremos, pero así también había una representación de todos los sectores de la juventud de esos días. Desde los que marcharon por un ideal claro y definido y los que  de forma válida lo hicieron porque podían hacerlo y construyeron sus ideales esos días en las calles. Se atrevieron a soñar.

La forma en que comenzaron las protestas fue como una respuesta a la brutalidad policiaca, era entendible y era también la oportunidad de que una generación que vivía bajo una dictadura “revolucionaria” – que en realidad era un régimen corporativo-  saliera a expresar sus desacuerdos y proponer sus ideas. no existían canales para hacerlo, la juventud  de esos días salió a construirlos.

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la Revolución Cubana fue una enorme influencia para las generaciones jóvenes de los 60’s no sólo en México, si no en todo el mundo. Representada como la oportunidad de pensar distinto y expresarlo, de ejercer libremente su sexualidad, de proponer su cultura, de poder divertirse y pero sobre todo, darse la oportunidad de proponer y transformar las cosas por mínimas que fueran en la sociedad.

Por querer pedir lo imposible e intentarlo es que fueorn masacrados estos jóvenes, fueron desaparecidos y se quizo mantenerlos en el olvido, disfrazarlos de conspiradores y tratar a esta fecha como un episodio qué dejar atrás y olvidarlo “para avanzar”.

La falta de justicia hace que no la olvidemos, los jóvenes de hoy, los que no lo vivimos pero les mantenemos respeto por relatos de nuestros padres, tíos y personas que nos cuentan cómo fueron esos días.

En lo personal tuve la suerte de conocer quien vivía en Tlatelolco el día de la masacre, de quien albergó en sus casas durante varios días a estudiantes de tan solo 18 años, que debían ocultarse o correr con la suerte de ser fusilados en la calle sólo por ser jóvenes. Sin juicio. Era terrible escuchar los relatos de cómo duraron días enteros las detonaciones de disparos en Tlatelolco.

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De quien cómo vio al otro día cómo llegaron camiones de agua con mangueras de alta presión a lavar la placha de la plaza y vio cómo los ríos de agua roja inundaban la zona arqueológica.

De quien supo que a los sobrevivientes los llevaron al Campo Milita Número Uno y jamás los volvió a ver. De quien supo que a decenas de ellos fueron llevados a la Base Militar de Pie de la Cuesta en Acapulco  y fueron lanzados al mar desde aviones con el fin de desaparecerlos.

De quien espero años y sigue esperando a que regresen sus hijos.

No podemos simplemente olvidarlo, ni perdonarlo porque hacerlo significa olvidarlos a ellos, los que están desparacidos desde entonces, los que fueron olvidados en la plaza y sólo quedaron sus zapatos y jirones de su ropa, de quienes han visto pasar los años sin que esté encerrado ningún culpable.

1968 fue el año en que una generación fue reprimida por querer transformar las cosas, y lo logró a pesar de que los mataron. Las ideas perduraron y a una idea no se le puede matar. Esto significó el principio del fin del PRI, de allí surgieron muchos movimientos no sólo políticos si no también culturales, intelectuales y hasta musicales. También desde entonces se vio de otra forma a la juventud. Desde entonces se le teme. Me tocó estudiar en una universidad que fue diseñada para evitar otro 68, y a pesar de eso, en nuestra generación supimos integrarnos. La juventud transforma.

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Por eso no debemos olvidarlo.

El 2 de octubre no es sólo una fecha para la izquierda como falsamente se cree, es un día para que todos lo que ahora somos parte de la gran mayoría en la población que es la juventud, casi el 40% de los mexicanos,  debemos recordar y honrar.

Justo ahora en que también miles de jóvenes desaparecen y son asesinados por querer un futuro mejor. Cuando hemos sido olvidados y nos orillan a irte del país o a muchos tentarlos a entrar al crimen organizado o a la informalidad.

También para los jóvenes que día a día no nos rendimos y buscamos emprender y luchamos contra todo por tener un mejor futuro en nuestro propio país. Los que buscamos una verdadera libertad de empresa.

Al 2 de octubre se le debe recordar como una fecha de transfromación.

También se debe pedir justicia. Hasta que se consiga.

La mejor manera de reconciliar a una nación tan dividida y asimétrica como  la nuestra es reconocer nuestros errores, castigar nuestros crimenes y así borrarlos del pasado, reconocer nuestra historia como es, sin mentiras y aceptarnos tan distintos que somos y también las muchas cosas que tenemos en común.

Por eso no olvido el 2 de octubre, porque sé muy bien que quien no conoce su historia se condena a repetirla. Y porque sé que quien entiende su historia la puede transformar.

A ellos, los que no volvieron a casa por decir lo que pensaban: ¡¡2 de octubre no se olvida!!

Olvidar el 2 de octubre es olvidar nuestro poder de transformación